Soy incapaz de resistirme a la magia de un buen retablo. Cuando José Alfonso me pidió que le diera mi opinión sobre el retablo de Valdeande, pensé que me había tocado la lotería con la posibilidad de estudiar tan magnífico ejemplar del Renacimiento castellano. Al llegarme las primeras fotografías en alta resolución, vi que se trataba de un ejemplar, extraordinario por cierto, de la Escuela de Berruguete.

No soy experta en arte, ni lo pretendo. Mi campo más bien es la historia, y dentro de ella la simbología de la herejía juanista, o de Juan el Bautista para denominarla con mayor propiedad. Es posible que la mayoría de ustedes crean que es la primera vez que oyen hablar de ella. No es así, sin duda habrán leído, escuchado y aún discutido sobre muchas de sus manifestaciones. Por qué... ¿quién no ha oído hablar de los visigodos arrianos, de los cátaros, de los templarios o de los Rosa-Croix? ¿Sorprendidos? No hay motivo. Lo cierto es que si existe un nexo que compartan todos esos brotes de heterodoxia es la veneración a Juan el Bautista. Y algo peligroso debe tener el asunto, puesto que la Iglesia católica no ha dudado en arremeter contra estas manifestaciones hasta el exterminio. Ahí están los autos de fe inquisitoriales y las hogueras para atestiguarlo.

Para que puedan comprender las imágenes y comparaciones que he preparado, voy a explicarles de forma resumida en qué consiste la herejía juanista, muy de moda en este momento debido al éxito de “El Código da Vinci” y el enorme protagonismo que ha adquirido una de sus principales protagonistas, María Magdalena. Aunque debo decirles, y lo siento por todos aquellos entusiastas de Dan Brown, que el tema ni es nuevo, ni tampoco en esta ocasión se han mojado en hacer pública la verdad, a la que si bien es cierto que no se le ha hecho demasiada publicidad durante los últimos 2.000 años y ha permanecido custodiada y oculta en el seno de algunas órdenes caballerescas, adscritas a determinadas Casas Reales, también lo es que, a fin de que se transmitiera adecuadamente y no se perdiera, se ha codificado y disimulado en las obras de importantes artistas de nuestra civilización. Ya que no hay mejor forma de esconder algo que colocándolo bien a las vistas.

La herejía de Juan es, ante todo, una herejía Real, puesto que va ligada a las sucesiones monárquicas y al personaje histórico de Jesucristo Rey de los Judíos. Se origina en el momento mismo de la muerte de Jesús y tiene que ver con la sucesión del Rey de los Judíos. Según la muy católica Iglesia de Roma, Jesús designó sucesor suyo a Pedro, su hermano menor. Para ello se basa en las citas bíblicas en que Cristo le dice a Pedro: “Tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi asamblea” y en la que dice: “Yo te daré las llaves del reino y todo lo que atares en la tierra quedará atado en el cielo...” La doctrina que más adelante formuló la iglesia entra en el campo de la teología, que no es ni mucho menos el que interesa a esta charla. Pero si de algo es imposible acusar a la iglesia católica es de falta de coherencia o de fidelidad a la sucesión de Pedro.

Los juanistas, en cambio, mantienen que Jesús, debido al mal comportamiento manifestado por Pedro durante la pasión, se arrepiente de esta decisión y en el momento de su muerte nombra heredero a su hermano Juan el Bautista, al que había arrebatado el cetro real con no muy claras artes. Cierto es que para que esto fuera cierto Juan el Bautista no podía haber muerto a manos de Herodes Antipas, según se nos ha dicho. Los seguidores de Juan dan una explicación bien distinta del significado que tiene el baile de Salomé y la petición de la cabeza del Bautista en una bandeja. Como pienso venir en más ocasiones a Valdeande, me reservaré la incógnita para una nueva charla. Tan sólo adelantaré que María Salomé, que no fue Magdalena puesto que como ella misma reconoce en el evangelio de Tomás no tenía hijos, fue, según Hegésipo y Eusebio de Cesárea, la esposa de Jesús.

Los juanistas se basan para certificar su demanda en el pasaje del Evangelio de Juan en que Jesús le dice a Juan: “He ahí a tu madre” y a su madre: “Mujer, he ahí a tu hijo”, aduciendo que es una designación sucesoria en toda regla puesto que tal como exige la ley judía elige a su madre albacea testamentaria, cosa que no ocurre con Pedro.

Mientras los seguidores de Pedro alcanzan el poder sacerdotal de Occidente. Los de Juan pelean soterradamente como Príncipes Negros para conseguir la Herencia que creen les pertenecen. Por avatares de la política consiguen entroncar con la Casa Real Merovingia y transmitir, por medio de la Unción Griálica al Heredero, el linaje de Juan. Cuando desaparece del sur de Francia la estirpe merovingia con Dagoberto y su hijo Segismundo IV, el Grial de Juan lo guarda una de sus ramas, la de los Condes de Barcelona que lo pasan a la Casa de Aragón, llevando allí la herejía y los símbolos del Rey de Jerusalén. Pero ese no era el conocido Grial del Reino de Aragón, cuya historia está documentada desde el año 257 y se sabe sin ningún género de dudas que era un Grial Piedra, es decir legitimado por la Iglesia de Roma y no por la Herencia de Juan. Es bien conocida la historia del Grial con el que se ungía a los sucesores del Reino de Aragón. Con ese Grial se ungieron a todos los herederos del linaje aragonés, al que Sancho el Mayor y luego su hijo Ramiro I convirtieron en Real, hasta la entrada de la Casa de Trastamara en Aragón, considerada ilegítima y nunca aceptada del todo en los territorios de la Corona aragonesa. Tal vez por ello, el Grial no volviera a usarse más y repose inactivo en la catedral de Valencia. Es el Grial que han utilizado los dos últimos Papas durante sus visitas a Valencia...

Este es solo el comienzo de la charla que se dió, y que duró alrededor de 2 horas. En la foto de abajo, aparece un recorte de periodico del Correo de Burgos, donde hace referencia a dicha charla.

Pinchar aquí para acceder al enlace del video de la charla dada por Marisa Azuara en Valdeande

Y aquí para oir la entrevista que le hizo la Cadena Ser a Marisa Azuara, sobre el retablo de Valdeande.

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