Descubrimiento por Galileo de
los satélites de Júpiter

He aquí que el séptimo día de enero del presente año de mil seiscientos diez, a la hora primera de la consiguiente noche, mientras contemplaba con el anteojo los astros celestes, apareció Júpiter. Disponiendo entonces de un instrumento sobremanera excelente, percibí (cosa que antes no me había acontecido en absoluto por la debilidad del otro aparato) que lo acompañaban tres estrellitas, pequeñas sí, aunque en verdad clarísimas; las cuales, por más que considerase que eran del número de las fijas, me produjeron cierta admiración por cuanto que aparecían dispuestas exactamente en una línea recta paralela a la Eclíptica, así como más brillantes que las otras de magnitud pareja. Su disposición mutua y respecto a Júpiter era:

Ori.     *            *             O              *          Occ.
Averigüa de que satélites se trata

Esto es, por la parte oriental había dos estrellas y sólo una hacía el ocaso. La más oriental y la occidental parecían un poco mayores que la otra. Me preocupé muy poco de las distancias entre ellas y Júpiter al considerarlas fijas, como dijimos al principio. Habiendo vuelto a contemplarlas al octavo día, no sé por qué hado, observé una disposición muy otra, pues las estrellas eran todas tres occidentales, más próximas que la noche anterior unas a otras y a Júpiter y mutuamente separadas por similares distancias, tal y como se muestra en el dibujo adjunto.

Ori.                                 O      *       *      *  Occ.
Averigüa de que satélites se trata

En este punto, aun sin prestar ninguna atención al acercamiento mutuo de las estrellas, comencé con todo a preguntarme de qué modo podría Júpiter ponerse al oriente de todas las fijas mencionadas, hallándose la víspera a occidente de dos de ellas. Por consiguiente, temí que quizá su movimiento fuese directo (*), en contra del cálculo astronómico, adelantando a dichas estrellas por su movimiento propio, razón por la cual esperé a la noche siguiente con grandes ansias; pero me llevé una gran decepción al encontrarme el cielo cubierto de nubes por todas partes.


Nota (*) : Las tablas astronómicas asignaban a Júpiter en estas fechas un movimiento retrógrado (hacia el oeste) y no directo (hacia el este). Las estrellas fijas parecen moverse diariamente hacia occidente por efecto de la rotación terrestre. Aunque los planetas participan también de este movimiento aparente general, no ocupan el mismo lugar por respecto a las fijas, sino que debido a su movimiento orbital, se desplazan en general hacia el este. Sin embargo, en ocasiones presentan la apariencia de un movimiento contrario (retrógrado) hacia occidente, como si volviesen sobre sus pasos, debido a que se observan desde una Tierra también en movimiento. En el caso de los planetas superiores (los más alejados del Sol que la Tierra), más lentos que nuestro observatorio móvil (la Tierra), como es el caso de Júpiter, esos movimientos retrógrados se producen cuando la Tierra los adelanta por su trayectoria más baja, haciendo que se proyecten contra estrellas fijas situadas más al oeste, provocando la impresión de que retroceden.


Ahora bien, el día décimo, las estrellas aparecieron en esta disposición respecto a Júpiter:

Ori.                   *      *      O                        Occ.
Averigüa de que satélites se trata

Sólo había dos y ambas a oriente, mientras que la tercera, según mi opinión, se ocultaba tras de Júpiter. Como antes se hallaban asimismo en la misma recta con Júpiter y dispuestas exactamente según la longitud del Zodíaco. Viendo estas cosas, comprendiendo que no había razón alguna para atribuir a Júpiter semejantes cambios y sabiendo además que las estrellas observadas eran siempre las mismas (pues no había otras ni de ante ni detrás en un gran intervalo a lo largo de la longitud del Zodíaco), tornándose ya en admiración mi perplejidad, reparé en que el cambio aparente habría de atribuirse no a Júpiter, sino a las estrellas, determinando por ello que tenía que observar en adelante con mayor escrupulosidad y clarividencia.

Consiguientemente, el día onceno vi la siguiente disposición:

Ori.                   *      *      O                        Occ.
Averigüa de que satélites se trata

Esto es, sólo dos estrellas a oriente, de las que la del medio distaba el triple de Júpiter que de la más oriental, siendo ésta casi el doble mayor que la otra, a pesar de que la noche anterior parecían casi iguales. Así pues, determiné y establecí fuera de toda duda que en el cielo había tres estrellas errantes en torno a Júpiter, a la manera de Venus y Mercurio en torno al Sol, cosa que se vio de manera más clara que la luz del mediodía en otras múltiples observaciones sucesivas. Y no sólo tres, sino ciertamente cuatro son los astros errantes que realizan sus circunvoluciones en torno a Júpiter, de cuyas permutaciones observadas consiguientemente con mayor exactitud informaré a continuación. Medí también las separaciones entre ellos con el anteojo, según el método mas arriba explicado, anotando además la hora de las observaciones, en especial cuando hacía muchas en la misma noche, pues tan rápidas son las revoluciones de estos planetas que incluso se pueden determinar, por lo común, las diferencias horarias.

Así pues, el día decimosegundo, a la primera hora de la consiguiente noche, vi los astros dispuestos de esta manera:

Ori.                           *  * O   *                     Occ.
Averigüa de que satélites se trata

La estrella más oriental era mayor que la más occidental, aunque ambas eran muy visibles y brillantes, distando ambas de Júpiter dos escrúpulos primeros.(*)

(*)escrúpulos o minutos prímeros (nuestros minutos), que se subdividen a su vez en escrúpulos o minutos segundos (nuestros segundos).

La tercera estrellita que antes no se veía nada, comenzó a asomar a la tercera hora, tocando casi a Júpiter por la parte oriental y siendo notablemente pequeña. Todas se hallaban en la misma recta, ordenadas según la longitud de la Eclíptica.

El día decimotercero vi por vez primera las cuatro estrellítas con la siguiente disposición respeto a Júpiter:

Ori.                           *    O  * * *                  Occ.
Averigüa de que satélites se trata

Había tres occidentales y una oriental, formando una línea, casi recta, pues la del medio de las occidentales se alejaba un poco de la recta hacia Septentrión. La más oriental distaba de Júpiter dos minutos, siendo cada uno de los intervalos de las restantes y de Júpiter de un solo minuto. Todas las estrellas presentaban la misma magnitud y, aunque pequeñas, eran con todo mucho más brillantes que las fijas de su misma magnitud.
El día decimocuarto hubo tiempo nuboso..........