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 WormHole CiFi

Revista Literaria Digital Bimensual       

Edición  1 de Septiembre 2005

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El Sueño de la Patera (Inmigrantes) PVP 6€  Secuencia Ediciones

 "El Sueño de la Patera(Inmigrantes)" poemario a cargo de Martín Cintrano.

Editado por Secuencia Ediciones

 

 

Diseño por:

WormHole Pro.

 

 

La torre           

 

Las sombras del atardecer comenzaban a mezclarse con los espectros de las copas de los oscuros árboles, la tarde estaba en sus últimos visos y en el cielo una radiante e intensa luz anaranjada se difuminaba en el horizonte con los tonos oscuros que la noche portaba consigo. A medida que el mortecino sol se hundía en las fauces de las altas montañas eternamente cubiertas de un manto nevado, cimas azotadas por vientos gélidos que a medida que descendían por sus laderas con dirección al valle azotaban las copas de los árboles llevando consigo reminiscencias de las frías cumbres.
        

En la verde inmensidad del valle junto a una oscura, a los ojos de la noche, laguna de aguas tranquilas, erguida orgullosa superviviente. Edificada hace siglos como parte integral del castillo, antaño dominador de toda la región y ahora sumido en fatalidad de la derrota y de la devastación, asperjado por la desdicha y abandonado por sus antiguos muertos. Ahora sus salones y sus muros eran pastos del tiempo, restos de un pasado olvidado del que solo sobrevivía la altiva construcción de muros oscuros plagados de gris hiedra que ascendía por su cuerpo, ultimo vestigio de la gloria pasada, un recordatorio a los ingenuos viajantes que antaño hubo una época de esperanza y buenaventura.

Después de cerca de una década de silencio, sus entrañas volvían a albergar vida. En la cámara de su cima, una luz iluminaba el interior, y una luz parpadeante amarillenta se extendía al exterior, como un faro de luz en un mar boscoso, cada vez mas sumida en los oscuros pozos de la noche, que con su manto se había apoderado de todo el valle.

Oculto a la tenue luz que escapaba del interior, refugiado en el frío de la noche, sobre las almenas desgastadas por el paso del tiempo y el incisivo ambiente gélido procedente de las cotas montañosas, la oscura figura reflexiva observaba las estrellas que la fría noche había traído consigo de los confines del mundo, para esparcidas por el cielo formando constelaciones, en un tachonado manto de diminutos puntos brillando en un parpadeo hipnótico. Al igual que el haz de una estrella fugaz surca el cielo, en la arrepentida mente surgió un oscuro pensamiento que había olvidado ocho años antes, pensamiento que creía olvidado en un rincón oscuro de su mente, del que nunca volvería a emerger, y que ahora al estar de nuevo en aquel punto de su vida pasada, volvía a porfiar sus pensamientos.

Ocho años atrás en el tiempo, ocho años atrás en su vida delictiva, volvía a estar en el mismo punto; irónicamente sonrío, antes de llegar a la reunión, esperaba que quizás todo siguiese igual, obviamente se engañaba, pero en su interior, esperaba que todo fuese como antaño, que los viejos amigos fueran siempre los mismos, quizás que tras el paso de los años, sus triunfos no se hubiesen perdido, que sus sueños no hubiesen sido asesinados, ahora se veía como un grupo de fracasados, sentía tal asco de su vida que no podía permanecer mucho tiempo cerca de ellos, ahora siempre le acompañaba un desagradable sentimiento de incomodidad, algo que nunca hubiese sentido ocho años atrás. Su mente volvió a volar, recordando las viejas hazañas, las primeras luchas que quién sabe pareciesen heroicas, pero también recordó las muertes inútiles, de cómo él mismo, que vivía en la romántica idea del ladrón fue degradándose, convirtiéndose en algo más oscuro, sin alma ni sentimientos, pervirtió su nobleza simplemente por sobrevivir, terminando por alquilar su espada como mercenario, como ladrón que robaba a quien más lo necesitaba para darlo al que todo lo tenia, de cómo él, del mismo modo se volvió más frío, mas duro, alguien a quien todo el mundo temía y odiaba, quizás no se odiase por lo que era o hacia, quizás simplemente el mundo en que vivía habíase tornado mas duro, viejos sentimientos habían muerto, dando paso a una gélida indiferencia que asustaba tanto al dueño de tales pensamientos que intento apartarlos de si, expulsarlos.

Algo que resultó del todo inútil, Kurt se había tornado en un frío guerrero que ya no perseguía la consecución de lo que por derecho le pertenecía; el pueblo había aclamado a Liar como soberano. Ante la idea de perder aquello por lo que había sido preparado en una vida entera, perder sus aspiraciones le había convertido en una sombra de lo que una vez fue, ahora simplemente vagaba por el mundo, buscando aquello por lo que una vez luchó, con el único consuelo de Katherine, quizás su único vinculo con la cordura, por un momento volvió a sonreír irónicamente. Aquella cordura que hubiese hecho falta tras la muerte de Robin, que poco a poco fue perdiendo Krhym, diluyéndose siempre en el alcohol, buscando la muerte a cada paso, en cada taberna, tras cada palabra que pronunciaba a cada extraño, retando a quien simplemente se cruzase en su camino, aquel que una vez fue un legendario guerrero, maestro de las artes de lucha, aquel amigo dispuesto a escuchar a quien se lo pidiese, se había tornado en un vagabundo eternamente ebrio buscando el consuelo de la bebida, aquello con lo que se topo hiciera un mes, un hediondo borracho que se arrastraba por el fango, no aquel noble guerrero que una vez combatiera espalda con espalda, aquella persona a la que debía su vida incontables veces, aquel que una vez fuese su único consuelo, su apoyo y su esperanza.

 

El gélido frío volvió a azotarle, moldeando a su antojo su larga melena, por un momento, comparo a los que fuesen sus amigos con aquella torre, había formado parte de algo glorioso, fuerte y arrogante, pero ahora simplemente sobrevivía, no era nada malo, pero si bastante degradante. Sus negros pensamientos, volvieron hacia el resto del grupo, encaminadose hacia aquella trascendental encrucijada de sus vidas, la que siempre creyeron que fue su amiga, aquella a quien más quiso Leir, aquella por la que hubiese dado la vida, Ann, que vilmente los traicionó, los vendió a su más odiado enemigo, Kroeguer, dejándolos desamparados en manos de aquel hijo de puta, de los dos años que paso en aquella sucia celda, suplicando una muerte rápida que le aliviase.

Por un solo instante sintió el frío de la oscuridad, con su mano derecha peinó sus cabellos, sumido en sus negros pensamientos, no escuchó repentinamente la puerta que daba acceso a las almenas, el leve sonido que produjo pasó inadvertido para aquel que caía en el negro pozo de la fatalidad. Instintivamente se volvió bruscamente, había escuchado unos pequeños pasos, delicados en su concepción, la tranquila imagen, suave y tranquila, de la que por mas de ocho años fue su ángel, aquel motivo que todos tenemos para vivir, aquella que por dos largos años le acompañó en sus noches, se encontraba allí, las palabras parecieron atragantarse en su garganta, aquellos ojos azules, tan intensos como penetrantes, su largo cabello lacio cayendo por sus hombros como un torrente dorado, su pequeña boca rosada contrastando con la palidez de su rostro, el hermoso talle de porcelana, que lo envolvía todo. Pero no podía hablar, tiempo atrás, en la soledad de su sucia celda había pensado cada palabra que le hubiese dicho, incluso en su locura, había ensayado cada moviendo, corrigiendo cada error, ahora todo aquello no existía, solo existía el presente, ella notó toda su dureza exterior, su arrogante frialdad, solo bastó un pensamiento para echar por tierra todo lo que durante horas había estado pensando, allá sola, junto a los demás. Contrariada, se volvió, dando la espalda al guerrero, que contrariado se maldijo interiormente por estúpido.

- Rilwen.

Aquello pronunciado por él sonaba distinto, echaba por tierra toda su dureza, su frialdad ante todo, aquello tenia calor y humanidad. La joven extrañada de que aun recordase su nombre se giró. Quizás confiara en algo más, pero de momento solo aguardaba, el frío de la noche continuaba envolviéndolos a ambos, la tormenta sonaba en la lejanía, como un distante redoble, a los ojos de ella había cambiado, ya no era solo un frío guerrero, un malvado mercenario ni un despreciable ladrón, había algo en su interior, quizás un poco de esperanza.

- Por favor no te marche,... nuevamente.- aquello ultimo pareció costarle de sobremanera.

Ella le miró, pareció clavarle la mirada, esperaba algo más, algo que quizás él no pudiese darle. Levemente hizo un amago de marcharse.

- Por favor,... - casi susurró.

La lluvia fina y constante comenzó a castigarlos a ambos, de manera progresiva, así tras varios minutos, ambos estaban totalmente empapados. Las gotas resbalaban por sus rostros, el solitario guerrero se fue acercando hasta ella, como lo haría un pequeño gatito, temeroso y a la vez contento, Rilwen, empapada por la lluvia, sonrío, mostrando sus perfectos pequeños dientes tan blancos como una pequeña nevada. Con mucho cuidado, casi con torpeza, se acerco a ella.

- Desde el primer momento que... - con sus hermosos dedos, tapó la boca del enamorado, sus ojos pretendían esconder la incipiente sonrisa que comenzaba a dibujarse en su boca.

- Yo solo quería...

- Cállate, Melril.

Los dos se fundieron en un abrazo, ella colocó su cabeza sobre el pecho del guerrero, él hundió su nariz en su cabello, que aunque empapado, despedía aquel olor que nunca había podido describir, aquello que albergó tanto tiempo en su subconsciente, más tranquilo volvió a hablar.

- Siempre me acompañaste, allá donde fuese tu recuerdo siempre me ha acompañado, eres mi musa, mi inspiración, mi única esperanza de vida.

Nuevamente ella tapó su boca, Melril sonrío, ella, con cuidado se alzó suavemente sobre sus talones, sus dos labios se buscaron, uniéndose en un beso, quizás no demasiado grandioso, pero a ambos les pareció lo mas importante en ese momento en su mundo. Tras eso, Melril, llorando la abrazó contra sí.

La muchacha sonrío nuevamente. Melril, embargado por la alegría, le preguntó suavemente.

-¿ Qué?

- Solamente te buscaba por que la cena esta lista. - terminó, mostrando una vez más su alegre sonrisa.
 

©2005 Carlos Antonio Carmona Peral/Abelardo Manzano Martín.  ficha                                   Publicado el 1 de Septiembre 2005 en WormHole CiFi.com

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Creada 16 de enero de 2004  Última actualización: 14 de septiembre de 2005.