SAGARRA Y BERTRANA, LUNA DE MIEL EN TAHITÍ

 

Ce n’est qu’un recul dans l’espace,
un lointain, ou bien, le lointain aboli,
une surprise des premiers instants.
Victor Segalen


La literatura de los Mares del Sur es una mezcla de libros de viaje, novelas románticas y de aventuras, utopías y cuentos exóticos, básicamente ingleses y franceses. En este mundo inédito en nuestra literatura hay que añadir dos escritores con una aportación a la altura de los clásicos. Son Aurora Bertrana y Josep Maria de Sagarra.

Los dos viajan a la Polinesia en distintas circunstancias y con diez años de diferencia, pero da la casualidad que ambos se acababan de casar, con sus respectivas parejas, y viajan de luna de miel a Tahití.

LOS NOVIOS

Aurora Bertrana, el 1926 con 34 años, residía en Ginebra y se casa con Denis Choffat. En busca de una nueva vida y nuevos horizontes se instalan en la colonia francesa de Tahití durante tres años. Fruto de la experiencia publica Paradisos oceànics (1930), que ella misma traduce al castellano, Islas de Ensueño (1933). Más tarde escribe diversos cuentos y novelas oceánicos.

Josep Maria de Sagarra, el 1936 con 44 años, huye de la guerra y se casa en el exilio de Paris con Mercè Devesa. Con el regalo de Cambó hace un largo viaje de siete meses a la Polinesia Francesa a la espera de que el mundo cambie. Mientras, escribe el libro de poesía Entre l’equador i els tròpics (1938) y el libro de viaje La ruta blava, publicado en versión castellana en 1942, traducido por él mismo con el título El camino azul, y póstumamente en versión íntegra catalana en 1964.

A pesar de que los dos están de luna de miel, no trasciende ningún sentimiento con sus parejas. Bertrana parece que viaje sola y no dice nada de su marido. En sus memorias lo llama siempre con un distante Monsieur Choffat. Entonces ya vivían separados, pero durante los primeros años vivieron una relación apasionada. Sagarra la menciona fugazmente como «mi mujer y yo». Solo aparece su nombre disimuladamente como padrinos del bautizo de una niña llamada Guillemina, Josefina, Maria de la Mercè. Robert L.Stevenson y Jack London también viajaron con sus esposas, Fanny y Charmian, y siempre están presentes en sus relatos.

Bertrana se enternece en la boda de unos maoríes. Los preparativos los encuentra dignos de Caná. En cambio, para Sagarra es una orgía de chalados que igual casan a la chica que matan al puerco. Durante el viaje coincide con otra pareja de recién casados, pero no participa de su entusiasmo: «parece que vayan rodeados de niebla, untados de deseo y consumidos de fiebre [...] tan agarrados, tan pegados el uno al otro, tan ausentes, que parece que todo lo que viven sea una cópula sin fin [...] Estas pobres criaturas pálidas, nebulosas, deshechas de deseo [...] probablemente irán a fundir la cera de su corazón bajo la sangre caliente de una flor de hibisco. Irán a morir, seguramente». Por suerte no fue así. A pesar de que no dice quiénes son, se trata de Thor Heyerdahl en su primera aventura en Fatu-Hiva antes de hacerse famoso. Es la misma isla que a Sagarra le «parece la isla del Purgatorio».

LA LITERATURA

Heyerdahl, en el relato de su viaje, dice que todos los que van a Tahití tienen ganas de escribir un libro. Esto es lo que le ocurrió a Bertrana rompiendo la oposición de su padre, el escritor Prudenci Bertrana.

Una constante en esta literatura son las referencias a los exploradores y escritores precedentes, aunque franceses e ingleses muchas veces se ignoran mutuamente. Melville recuerda a Cook, Loti a Bougainville; Stevenson y London siguen los pasos de Melville, y Segalen los de Loti y Gauguin. Aunque los dos catalanes son francófonos, y además Bertrana, que mantuvo la nacionalidad suiza, escribía también en francés, recuerdan tanto los franceses como los ingleses.

Bertrana explica que un día Monsieur Choffat llegó a casa con la novela Le mariage de Loti. La leyó de un tirón y al poco tiempo ya estaban en Tahití. Este libro también cambió el destino de Paul Gauguin mientras estaba haciendo planes para ir a Madagascar. Más tarde Bertrana escribirá un cuento sobre un gallo llamado Loti «en honor al creador de la célebre novela de feliz memoria», y otro de un gato llamado Oviri, salvaje, sobrenombre que adoptó Gauguin.

Sagarra demuestra que también lo ha leído copiando la leyenda de las cuatro lunas, y afirma que «Pierre Loti descubrió estos paraísos». Más o menos dice lo mismo de las pinturas de Gauguin que «han contribuido más que nada a crear la leyenda plástica de Tahití». En una poesía lo vuelve a citar: «entre las flores de terciopelo y bocas chatas,/ te he visto, en las pinturas de Gauguin,/ resplandor de verdes, morados y chocolates». Hace un resumen de esta literatura explicando que «los navegantes crearon la leyenda paradisíaca», después Stevenson, Loti y London le dieron consistencia literaria, y «más hacia nosotros, Joseph Conrad y Somerset Maugham han recogido todo lo picante, todo lo podrido».

Bertrana desea volver «al suave romanticismo de los tiempos de Stevenson, de Bernardin de Saint-Pierre». La obra de este último se sitúa en la isla Mauricio, lejos de Tahití, pero se puede considerar precursora de la literatura romántica de los Mares del Sur. En Peikea describe las mismas sensaciones contrapuestas que se respiran en Typee de Melville: «soñaban con las vírgenes morenas de los pequeños paraísos caníbales [...] Pero se atemorizan aún al recordar [...] los guerreros marquesanos, altos y firmes, desnudos, tatuados y feroces. Mezcla de sensaciones profundas: ¡voluptuosidad y deseo, curiosidad y miedo!». Después escribirá unos cuentos que recuerdan el estilo y el ambiente de Jack London.

En cambio, Sagarra se acuerda de los personajes de Conrad, mezcla de pieles, de olores, de idealismo, de miseria. «¡Conrad puro!», exclama. Y los misioneros son «los terribles puritanos que Somerset Maugham ha dibujado tan bien en un libro, El Archipiélago de las Sirenas». Se trata de la traducción francesa de The Narrow Corner (1932).

Menos entusiasmo muestran los dos con los escritores que encuentran durante el viaje. Sagarra conoce, aparte de Heyerdahl, a Alain Gerbault, el primero en dar la vuelta al mundo en solitario, y crítico con la colonización de la Polinesia. Afirma «yo he leído los cuatro libros de Gerbault», pero no tiene ninguna simpatía por sus ideas y lo califica de «refrito de Nietzsche [...] a la altura de cualquier maestro vegetariano [...] afectado de franciscanismo misógino». Posiblemente es uno de los libros de Gerbault, donde mezcla Wallis, Cook y Bougainville en la misma bahía, que lo induce al error de afirmar que Bougainville desembarcó en Punta Venus. Eran los ingleses quienes utilizaban esta bahía, en cambio la estancia del francés destacó por no encontrar un buen fondeadero lo cual le obligó a estarse pocos días. Aún así, cita dos párrafos del Voyage de Bougainville.

Por su parte, Bertrana conoce a Zane Grey, famoso por sus libros del oeste americano y aficionado a la pesca. En aquellos momentos estaba escribiendo Tales of Tahitian Waters (1928). Dice que «no había manera de entenderse», y solo consigue un autógrafo. Se muestra irónica con el escritor cuando prepara un montaje para filmar un pueblo que fuese «digno de la pluma de Loti y de Stevenson y de los pinceles de Gauguin».

Otra constante en la literatura de los Mares del Sur es la incorporación de palabras polinesias. Algunas se han convertido en universales a través del francés y el inglés, como tabú y tatuar. Bertrana, que llegó a aprender tahitiano, se permite incorporar algunos diálogos en esta lengua y, al final de su relato, añade unas notas explicando algunas palabras. Con su punto de vista femenino distingue una vahiné, mujer maorí, de una cortesana. En cambio para Sagarra, desde un punto de vista colonial, una vainé es una prostituta. Los dos autores incorporan a la literatura española una palabra inédita: pareo o pareu, el vestido tradicional tahitiano. No será hasta finales del siglo XX que se extenderá su uso.

DEL MEDITERRANEO AL MEDIO OCEÁNICO

Los dos muestran una especial sensibilidad a la hora de captar los paisajes y, Bertrana especialmente, las puestas de sol y la luz de la noche. El carácter mediterráneo, donde todo es a la medida humana con un clima y un paisaje de matices sin extremos, los lleva a complacerse en la descripción de los detalles de colores y luces, sin la saturación de Gauguin ni el deslumbramiento de Sorolla.

Sagarra: Todo esto es de una belleza incomparable, a veces todo es perfecto, todo obedece a una poesía y a una sinceridad sin mácula.
Bertrana: Los ojos se maravillan de tal riqueza de color [...] los tonos del cielo y del agua son infinitamente sutiles.
S: Reflejos de lágrima de novia.
B: Claridad vibrante [...] brillo temblante.
S: Armonía de índigo, morado y verde de cromo, rayada por destellos luminosos de ocres y naranjas.
B: El sol dora las montañas aterciopeladas [...] Tonos amoratados y de un verde lechoso motean el agua.
S: Desmayo líquido de azufre y menta.
B: El verde de la vegetación parecía pintado de nuevo, aún mojado y brillante de barniz.
S: Verde oliva aceitoso y barnizado.
B: El agua se teñía de una verdosidad de ópalo [...] se hacía más esmeraldina, hasta llegar a la tonalidad de un puro zafiro.
S: Cristales de esmeralda aclarada [...] Gris de platino ligeramente nacarado.

Otro color muy especial es el de la piel de las maoríes. Ya los primeros exploradores hacen esfuerzos para describir estas indígenas desconcertantes. Para La Pérouse es color moreno rojizo argelino; para Melville, color oliva del sur de Europa; Loti, ámbar como los gitanos; y Gerbault, bronceado de Sevilla. Los dos catalanes ofrecen un nuevo punto de vista. Bertrana se aproxima a las descripciones de Gauguin: «dorado como un fruto [...] lleva el sol dentro la piel»; pero va más allá al describir un «cobre bruñido [...] descantillado de luna». Por su parte Sagarra describe una mujer de piel de color «rojo calentado, tirando a café, dormido sobre una seda un punto grasa», muchachas con «muslos de mortadela tostada», y un «hombretón de color de pasas e higos».

El carácter mediterráneo de Sagarra se destaca cuando describe los frutos de la tierra. «Yo había soñado esta isla como la dulzura de una fruta [...] Me habían dicho que aquí solo tenia que alargar la mano y me caerían los especimenes más adorables de la dulzura vegetal». Pero no encuentra nada como un gajo de moscatel o una pera de Puigcerdá. Sus descripciones son inequívocamente mediterráneas: «almíbar encantado [...] olor de algarroba madura, de mosto cuando rompe a hervir [...] bocanada de un grano de moscatel helado [...] mandarina incandescente [...] verde tierno de tirabeques». Parece que se añore cuando dice que el muelle de Papeete le recuerda Banyuls, y que, acostumbrado a las playas del Mediterráneo, este mar es una engañifa «que las millonarias americanas hacen servir de bidet».

Este contraste con el trópico vuelve a surgir con el fenómeno del rayo verde de las puestas de sol. Hacía unos años que Jules Verne había escrito un libro sobre ello. Bertrana lo describe con su sensualidad, y Sagarra, que lo «consideraba una maravilla del trópico», lo ve en el viaje de vuelta en el estrecho de Gibraltar. Acaba afirmando que «cuando vamos por el mundo, el deseo de la novedad y el deseo de la caza de exotismos nos ponen unas falsas lentes delante de los ojos».

EL PARAÍSO

Sagarra se pregunta si ha llegado al auténtico paraíso. Con un espíritu crítico dice que «no quiero ser víctima, como tantos, del tópico». A pesar de que «en la leyenda no todo es absolutamente falso», la define como un «sueño semierótico y semibobalicón». «Una cosa es Tahití como espectáculo y otra cosa es Tahití como valor moral [...] el cielo prometido por una literatura abusiva».

Así como Stevenson deseaba encontrarse con un pueblo que no hubiese sido nunca conquistado por César, ni hubiese leído a Virgilio, Sagarra confiesa que le pesan los prejuicios de tres mil años de historia. «Soy esclavo de las piedras, de las maldiciones y de los ramos de tomillo de una vieja ciudad mediterránea». Acaba afirmando que prefiere ser fusilado en Europa que morir entre flores en la Polinesia. Es un comentario sorprendente en plena guerra civil española.

En cambio Bertrana dice que «es aquí donde yo querría un día morir». Aunque integrada en la vida colonial, se siente atraída por la cultura maorí. Es un descubrimiento que explotará después en conferencias, novelas y cuentos, y se quedará con la etiqueta de viajera exótica. «El hecho de ir a guisa de turista me daba horror». Sus impresiones están hechas con una mirada de mujer, y se centra en observar los personajes femeninos. Esto causó impacto en la España de entreguerras, con su romanticismo de amor libre. «La luna, la romántica y sentimental de Occidente, carente de poetas lacrimosos y de músicos románticos, es aquí [...] soberanamente indulgente para los enamorados. Aquí no hay pierrots ni arlequines transcendentales; todo son hombres y mujeres arrodillados por el deseo de amar».

Mientras la sensual Bertrana desea volver al antiguo paraíso sin civilización, el irónico Sagarra se moriría si tuviese que vivir del pez distraído.


BIBLIOGRAFIA

SAGARRA, Josep Maria de. El camino azul: Viaje a la Polinesia. Barcelona: Juventud, 1942.

—. Entre l’Equador i els Tròpics. Barcelona: Selecta, 1947.

—. La ruta blava: Viatge a les mars del sud. Barcelona: Selecta, 1964. [Incluído en Obres completes. Prosa. Barcelona: Selecta, 1986]

GÓMEZ, Maribel. Aurora Bertrana: Encís pel desconegut. Barcelona: Pòrtic, 2003.

BERTRANA, Aurora. Paradisos oceànics. Badalona: Proa, 1930. [Barcelona: La Sal, 1988 (Reproducción facsímil de la primera edición)].

—. Islas de Ensueño. Barcelona: Iberia, 1933.

—. Peikea, princesa caníbal i altres contes oceànics. Barcelona: Balaguer, 1934. [Alella: Pleniluni, 1980]

—. Ariatea. Barcelona: Albertí, 1960.

—. Oviri i sis narracions més. Barcelona: Selecta, 1965.

—. Memòries fins al 1935. Barcelona: Pòrtic, 1973.

BERTRANA, Prudenci y Aurora. L’illa perduda. Barcelona: Catalònia, 1935. [Barcelona: Pòrtic, 1988].


RIULLOP, Vicenç. Sagarra y Bertrana: Luna de miel en Tahití [En linea]. 3 may. 2005. <http://personal.telefonica.terra.es/web/vr/marsud/art/sagarra%20y%20bertrana.htm> . Homepage <Literatura de los Mares del Sur>