| Comentarios al volumen "El clero vasco en la Guerra Civil" |
José María Cazorla Crespo
La lectura de su contenido hizo volver nuestros recuerdos a la
desgraciada época que nos tocó vivir en nuestra niñez, pero claro, con la
lucidez que aporta el haber llegado al año 2004 , ya con 73 años. Somos
testigos directos de toda una época, y por lo tanto críticos severos de lo que
sobre ese transcendental ciclo histórico pretendan unos y otros dejar
constancia escrita. Estamos viviendo ahora otra época en la que el terrorismo
se ha hecho protagonista indeseado de la vida política de nuestra sociedad,
introduciendo una crispación en los partidos políticos que prácticamente está
dividiendo al “Pueblo Vasco” actual en dos partes difícilmente reconciliables. Comienza el volumen matizando el concepto CLERO VASCO y su
significado: El concepto “Clero Vasco” en estos volúmenes lo utilizamos en
un sentido restringido. Podríamos establecer un paralelismo entre “Pueblo
Vasco” y “Clero Vasco”. Cuando refiriéndonos a la Guerra Civil del 36 hablamos
del “Caso del Pueblo Vasco” no hacemos referencia a todo el Pueblo Vasco: lo
utilizamos en un sentido restringido. De
la misma forma cuando hablamos del “Caso del Clero Vasco” lo utilizamos en un
sentido restringido histórico. En ambos casos, en el de “Pueblo y Clero Vascos” nos referimos a un
grupo concreto y determinado, no a la totalidad de los vascos. Una vez leído el volumen tenemos que reconocer su
coherencia con la matización anterior, pero consecuentemente el título debería
haber sido “El Clero Vasco Nacionalista en la Guerra Civil”. Una guerra civil, por su definición, es una guerra entre hermanos. Si
todas las guerras no acarrean más que desgracias a todos los pueblos
implicados, ¿qué podemos decir de una contienda como ésta en la que una vez
pasada, olvidan o no hacen mención de los sufrimientos de sus hermanos en la Fe
en el Señor y en el Sacerdocio, es decir “El Clero Vasco No Nacionalista en la Guerra Civil”?. La Guerra se desarrolló prácticamente, desde el 18 de Julio de 1936 al
19 de Junio de 1937, en Guipúzcoa y Vizcaya, puesto que Navarra entera se
levantó con los Nacionales desde el principio y Alaba fue rápidamente ocupada. El Partido Nacionalista Vasco confesionalmente católico, por
conveniencia de sus planteamientos políticos, fue partidario de la República de
la que esperaba un Estatuto de Autonomía. Durante la primera parte de la guerra, mientras las tropas nacionales
se dedicaban a luchar en Guipúzcoa, que es la primera que cayó en poder
nacional hacia Octubre de 1936, Vizcaya se preparaba para la resistencia y
continuaba con su pretensión de conseguir el Estatuto Vasco, que le fue
concedido cuando quedaba prácticamente sola en la lucha contra los ejércitos
nacionales en el mecionado mes de Octubre, siendo elegido Presidente del
Gobierno Provisional de la Región Autónoma de Euskadi don José Antonio de
Aguirre Lecube el día 7. Por lo tanto, es evidente que la duración del Primer
Gobierno de Euskadi fue de algo más de nueve meses, ejercidos solamente en
Vizcaya. Fue un gobierno de concentración en el que intervinieron todos los
partidos políticos, cuyos partidarios también participaban en la lucha. Quedó
constituido como sigue: Presidencia y Defensa : José Antonio de Aguirre y Lecube
(nacionalista) Gobernación : Telesforo de Monzón (nacionalista) Hacienda : Heliodoro de la Torre (nacionalista) Justicia y Cultura : Jesús María Leizaola
(nacionalista) Obras Públicas : Juan de Astigarrabia (comunista) Trabajo, Previsión y Comunicaciones : Juan de los Toyos (socialista) Asistencia Social : Juan Gracia (socialista) Industria : Santiago Aznar (socialista) Agricultura : Gonzalo Nárdiz (Acción Nacionalista) Sanidad :
Alfredo Espinosa (Unión Republicana) Comercio y Abastos : Ramón María de Aldasoro (Izquierda
Republicana) De las hemerotecas de la Diputación de Vizcaya hemos sacado estos
datos. La población que se vieron obligados a atender se componía de 558.868
habitantes propios de Vizcaya y 51.096 refugiados que habían llegado huyendo,
lo que hace un total de 609.964 personas en 20 de Diciembre de 1936. Una terrible guerra civil entre hermanos no se debe en manera alguna
plantear como una lucha entre buenos y malos, entre los que tienen la razón y
los que no la tienen, entre opresores y oprimidos, entre perseguidos y
perseguidores, porque cuando esta terrible
tragedia de la Guerra Civil terminó, unos y otros tendieron al falseamiento
y la tergiversación, acusándose mutuamente de las atrocidades sufridas y ocultando
al pueblo y al mundo los crímenes, barbaridades, abusos e injusticias que
cometieron. Que el clero vasco, el nacionalista y el no nacionalista, tuvieron
participación en la guerra, está fuera de toda duda, puesto que entonces el
clero estaba firmemente enraizado en la sociedad. El trabajo que comentamos así
lo refleja, pero desde la vertiente de los perdedores; al así hacerlo ha caído
en el defecto de base que acabamos de comentar. Pasemos a analizarlo utilizando para nuestro razonamiento la parte que
realmente es más terrible, la que más degrada a los que se toman la justicia
por su mano, los que arrebatan la vida humana con fusilamientos y asesinatos. Cuando hablan de los sacerdotes vilmente asesinados, cosa cierta, vemos
que afecta a 16, aunque realmente son 14 los que fueron por causa de ayudar al
pueblo vasco, dado que hay uno incluido por Navarra, capellán castrense y
secretario del partido socialista, y otro incluido por Alaba, religioso que
reconocen que ha sido introducido por referencias. De los 14 mencionados, 12
fueron fusilados en Guipúzcoa entre Setiembre y Noviembre de 1936. De los otros
dos, que fueron fusilados en Vizcaya, uno de ellos lo fue en Octubre del 36 en
Amallo (Marquina), colindante con Guipúzcoa, y el otro el 19 de Mayo de 1937 en
Larrea (Amorebieta), no habiéndose asesinado ninguno con posterioridad, es decir,
después de la caída de Bilbao el 19 de Junio de 1937, con lo que se dio por
concluida la guerra en Vizcaya. Bilbao fue el reflejo de todo el fenómeno bélico de Guipúzcoa y
Vizcaya. Es tan terrible esto, que me propuse dirigir mis investigaciones a
esclarecerlo. Es una verdad comprobada que en Bilbao, además de la cárcel de
Larrínaga donde se introdujeron los primeros detenidos acusados de ser afectos
a la insurrección militar, se habilitaron como prisiones dos barcos, dos
conventos y la llamada Casa de la Galera, antiguos calabozos municipales, según
creo. Y aunque ahora parezca monstruoso, también es verdad que en esas
prisiones fueron, en distintos momentos, vilmente fusiladas 344 personas, que
estos asesinatos fueron ocultados cuidadosamente a la población y que entre los
mismos cayeron un buen número de sacerdotes. No aparecieron en la prensa estos asesinatos pero las circunstancias
que habían concurrido para desencadenar
tal reacción de odio, fueron las siguientes, que sí recogían todos los
diarios. El 25 de Setiembre de 1936 se efectuó el primer bombardeo de
consideración sobre Bilbao. Decían los periódicos al día siguiente sobre las
víctimas del bombardeo que en una relación primera y aproximada había habido un
muerto y multitud de heridos, pero que las víctimas podían calcularse en más de
20 muertos y gran número de heridos. Esta es la circunstancia que precedió al
fusilamiento indiscriminado de 70 personas en la noche de aquel aciago día en
los buques prisión Cabo Quilates y Altuna Mendi. El 4 de Enero de 1937 ocurrió el segundo bombardeo importante después
del 25 de Setiembre. Participaron 9 bombarderos y 12 cazas, pero en esta
ocasión 8 cazas republicanos salieron en defensa y pudieron abatir 3 aparatos
enemigos, muriendo 2 pilotos y el tercero, un alemán, descendió en paracaídas
en Sondica, quedando prisionero. Los daños sufridos por la población fueron
menores que en el anterior bombardeo, pero, aquella noche, fueron fusiladas 212
personas en las cárceles de Larrínaga, Angeles Custodios, El Carmelo y Casa
Galera. Era responsable de Gobernación el nacionalista Telesforo Monzón. Estos son los datos
encontrados:
Puedo garantizar la veracidad de lo anterior puesto que existe relación
nominal, con detalle de los cementerios y lugares en que los mismos fueron
enterrados. Es de justicia reconocer en la organización de las cárceles en Bilbao
de unas manifestaciones religiosas visibles y consentidas y en plena
consonancia con la religiosidad del pueblo vasco. Es un hecho significativo el
que diez sacerdotes se ofrecieran generosamente a convivir con los presos de El
Carmelo, donde curiosamente solo hubo 5 asesinatos. Pero con la misma justicia que se debe a las víctimas podemos y debemos
rememorar, puesto que así lo hace el volumen a que estamos haciendo referencia,
como se vivieron aquellas atroces fechas. Ya hemos mencionado cómo el 25 de
Setiembre del 36 la aviación nacional había efectuado una incursión sobre
Bilbao, que sembró el pánico y provocó las iras entre las turbas más
incontroladas. Cuando todavía sonaban las sirenas, silenciada apenas la última
explosión, grupos airados de hombres y mujeres se apiñaban en los muelles de
Altos Hornos donde estaban atracados los barcos prisión Cabo Quilates y Altuna
Mendi queriendo vengarse sobre los presos. A las primeras horas de la noche
comenzó la matanza en el Cabo Quilates. Los 20 milicianos y los 15 carabineros
que constituían la guardia, al mando de Pedro Garmendia, ofrecieron muy
escasa, por no decir ninguna
resistencia a las pretensiones de los asaltantes. Dueños los asaltantes de la situación, leyeron primero algunos nombres,
cuyos titulares, llevados a cubierta, maniatados de dos en dos y puestos de
seis en seis en la toldilla de popa, iban siendo barridos por las descargas.
Sacaron luego a granel, y ya sin nombrar a nadie, a algunos grupos más para el
matadero de cubierta. Hasta que, jugándoselo todo, los presos restantes se
rebelaron, quitaron la escalera de la escotilla y apagaron las luces,
dispuestos a lo peor. Sin dar el brazo a torcer, los asaltantes hicieron fuego
directamente desde el orificio de arriba sobre las sombras de la bodega,
dejando muertos y malheridos a varios presos más. Todavía, antes de marcharse,
lograron que les subieran a los heridos, so pretexto de curarlos, y los
remataron junto a los cadáveres de sus compañeros. Así, sin más trámites ni
explicaciones, quedaron sobre cubierta del Cabo Quilates 41 cuerpos humanos
como estipendio de una venganza. Algo muy parecido había ocurrido entretanto a
bordo del Altuna Mendi, con balance final de 29 víctimas.
Foto de la época del Cabo Quilates.
Más interés
ofrece para nuestro propósito la matanza ocurrida en el mismo Cabo Quilates el
2 de Octubre. Partió la iniciativa del Jaime I, fondeado también en la
ría. Primero habían intentado organizar el festín de sangre a bordo del Altuna
Mendi, pero fueron enérgicamente rechazados por la guardia. No así en el Cabo
Quilates, donde, desde las diez de la noche hasta las últimas horas de la
madrugada, camparon por sus respetos,
organizando una orgía sanguinaria cuyos horrores difícilmente podrán olvidarse. Los marinos del Jaime I hicieron acto de presencia en el Cabo Quilates
a las diez de la noche y procedieron de
inmediato a la primera ejecución. Duró el tiroteo hasta la madrugada. De los 38
asesinados, doce sacerdotes seculares, dos padres dominicos y un hermano
Marista fueron las bajas de la Iglesia en aquella matanza. Por cierto que entre
los fusilados se hallaba el que había sido capellán de San Salvador del Valle
de la Arboleda, Don Rufino Ganuza González de San Pedro, muy matizado
políticamente, según propia confesión en el barco, por su filiación
nacionalista. No menos relieve que a las sacas del Cabo Quilates ha de darse a la
irrupción de las turbas y milicianos sobre los recintos carcelarios de Los
Angeles Custodios, Larrínaga, La Galera y El Carmelo en respuesta al bombardeo
ocurrido en las primeras horas de la tarde del 4 de Enero de 1937. La furiosa
represalia costó esta vez nada menos que 212 vidas. Treinta gudaris del gobierno de Euskadi cuidaban la vigilancia y la
defensa de la primera de estas cárceles, considerada por las especiales
condiciones de sus presos – gente enferma o de salud precaria – como prisión
hospital. En atención a estas circunstancias, los presos eran atendidos por las
mismas religiosas de los Angeles Custodios, que desde el comienzo de la guerra
hubieron de ceder su colegio para estos menesteres. El mayor contingente de los presos había ingresado el 14 de Octubre, en
una cifra total de 190 detenidos. Catorce de ellos eran sacerdotes seculares,
otros dos eran jesuitas y uno era carmelita. En total 15 clérigos. Las mismas
religiosas que los atendieron aquellos meses dan testimonio del elevado
ambiente que reinaba entre los reclusos. Igual que en la zona “roja”, se producían acciones y reacciones
cortadas por el mismo patrón. La respuesta normal a los bombardeos era el
fusilamiento colectivo y fulminante de los presos políticos que se encontrasen
a mano. Apenas si mediaron tres cuartos de hora entre la última explosión y el
asalto de las prisiones. Acabada aquella a las cuatro, una masa confusa, mujeres
iracundas, soldados propiamente dichos, miembros de los batallones Asturias,
Fulgencio Mateos y Malatesta, cayó sobre la cárcel. La tardía reacción de algunos consejeros del gobierno de Euskadi y la
débil resistencia que ofrecieron los guardianes es difícil de excusar. La
matanza terminó al presentarse en la cárcel el Consejero de Gobernación
Telesforo Monzón, acompañado del comunista Astigarrabia y del socialista
Gracia, con fuerzas de policía motorizada. Ante tamaña pasividad del
responsable de Orden Público Sr. Monzón, Juan Ajuriaguerra pidió su dimisión,
que no aceptó el Lehendakari Aguirre. El informe de las religiosas de Los Angeles Custodios coincide con el
de otros dos testigos de lo que allí ocurrió. Fueron 102 detenidos que cayeron
acribillados, la mayor parte junto al pabellón inmediato a la casa y otros en
el patio de entrada. Al pie de la pared del pabellón se formó materialmente una
balsa de sangre, en tanto que las paredes quedaban salpicadas por la masa
encefálica de los inmolados. Las balas eran explosivas. Entre los cadáveres
recogidos por los camiones fúnebres iban los 11 sacerdotes. Nos ahorraremos la descripción de lo ocurrido aquel mismo día en las
otras tres prisiones asaltadas. En la
de Larrínaga se recogieron 54 cadáveres, 51 en la de la Galera y cinco en El
Carmelo. Las impresiones de la de Larrínaga fueron recogidas con la mayor
viveza por el sacerdote ex fusilado D. Diosdado Uralde. Es éste, con las
cuencas de sus ojos vaciadas por la metralla, uno de los casos más patéticos y
estremecedores a lo largo y a lo ancho de la persecución sufrida. La Guerra Civil continuó con bombardeos el primero de Abril en Durango,
Elorrio y Ochandiano. Por cierto, el de Durango fue terrible, muriendo un
sacerdote mientras celebraba misa, junto con varias religiosas. Luego vino el
terrible, vergonzoso e inolvidable bombardeo de la aviación alemana sobre
Guernica el 26 de Abril de 1937, continuando la lucha hasta el 19 de Junio de
1937, en que acabó con la toma de Bilbao la guerra en el País Vasco. Cuanta verdad encierra la frase no
hay razones para la sinrazón de la guerra y los asesinatos. Ha pasado el tiempo y la memoria colectiva ,
que debería haberse dado cuenta que en todas las guerras no hay ni vencedores
ni vencidos, que TODOS SON PERDEDORES, se transforma en memoria selectiva, solo
rememora sus muertos, sus presos, sus padecimientos, impera el nosotros, lo
nuestro y por lo tanto se ignora a todos los demás, son diferentes, no son
nuestros muertos, en definitiva, no importan.
Muelle dársena Altos Hornos Muelle dársena de Axpe Cabo Quilates Altuna Mendi Afortunadamente el olvido que aparece como
defensa y respuesta a las desagradables sensaciones de vergüenza y horror que
producen hechos como los aquí mencionados, ha hecho que, al pasar
desapercibidos, todavía permanezcan en pie los dos monumentos que se erigieron
en La Ría de Bilbao frente a los muelles donde estuvieron atracados el Cabo
Quilates y el Altuna Mendi. Si pasáis por la margen derecha de la Ría podréis
ver esas dos cruces y dedicar un recuerdo o una oración a todos los que, de
cualquier bando que fuese, padecieron y murieron aquella lucha inútil y
fratricida. Como punto final y justa reparación de olvidos difícilmente
explicables, considero que estos sacerdotes que conocemos ya con sus nombres y
apellidos deben de aparecer juntos en el recuerdo histórico de las futuras
generaciones, como juntos acudieron a la llamada del Señor para dedicarse en
cuerpo y alma a Su servicio y al de Su pueblo. Una oración por todos ellos. Víctimas del clero vasco nacionalista
En
Bilbao, a 1 de Noviembre de 2004 Festividad de Todos los Santos | ||||||||