El fútbol, un deporte, aseguraban entonces los viejos, sin futuro
en este país. Aquel entonces de la novela de Juan Cobos Wilkins "El corazón
de la tierra", estaba protagonizado por la compra de los ingleses de
los yacimientos de cobre, plata y oro existentes en la cuenca minera del río
Tinto. Y allí, en la villa de Las Minas de Riotinto, hace 130 años se estableció
el primer asentamiento de empleados ingleses de la compañía que adquirió,
por 92.756.592 pesetas, el preciado corazón de la tierra.
“Las
primeras botas que tuvieron los habitantes del pueblo se las compraban a los
ingleses. Su talla media era muy superior a la española y las botas que calzaban
les venían grandes a nuestros antepasados. Tenían que rellenarlas con algodones
para ajustárselas. Las espinilleras eran de caña y acolchadas con guata”,
dice el historiador de la Comisión Cuna del Fútbol Español, José Luis Domínguez.

Minas
de Riotinto se convirtió en la cuna del fútbol español y en el epicentro de
su difusión. De aquel negocio con la roca madre surgió una de las mayores
demostraciones del enganche y la inmediata aceptación que el fútbol generaba.
En 1917, cuarenta años en los que el pueblo había aumentado su población de
2.000 a 12.000 habitantes, existían veintiséis equipos que disputaban un campeonato
local. Aquellos clubes barriales respondían al nombre de la ciudad o provincia
del entrenador o del capitán. Ya no eran sólo los nativos de Riotinto los
practicantes, sino que los inmigrantes de todas las provincias de España llegados
allí para ganarse el pan también se vieron magnetizados por el juego. La fiebre
se propagó por toda la cuenca minera y terminó por cautivar a todo un país.
El futuro fue distinto al anunciado por los ancianos de la novela de Cobos
Wilkins. La fiebre del fútbol, como la del oro, brotó del corazón de la tierra.
En este caso, del de Las Minas de Riotinto.
"A
los ingleses que jugaban con nosotros les recuerdo jugando como si fueran
mulas de carga”. Los británicos seguían fieles a su juego directo y de choque,
mientras los nativos ya habían optado por un juego más refinado. Pilongo también
habla con recelo de la actual rigidez alimenticia de los futbolistas: “Yo
tenía que comer potaje, si no, no jugaba.
Tenía
tiempo de sobra para que me reposara la comida antes de salir a jugar. Y jugaba
como un toro”.Pero no sólo el fútbol vino a España con los ingleses de Riotinto,
también el tenis, el cricket,
Los ingleses, que con el tiempo crearon su propio barrio de estilo victoriano
aún vigente, al principio no practicaban estos deportes con los nativos. Según
atestigua el historiador Rafael Cortés: “Algunos jóvenes riotinteños sólo
estaban para recoger las pelotas a


Se respira cierta solemnidad en las tertulias futbolísticas que se improvisan en las tascas o en el Club Social que fundaron los ingleses en la villa de Las Minas de Riotinto. Al fin y al cabo se dialoga entre los herederos de los primeros practicantes del juego en España. La propia Comisión Cuna del Fútbol Español, junto a otros lugareños, lucha porque el deporte rey le dé un impulso económico al pueblo, sumido en una preocupante crisis económica por el cierre de las minas.
Uno de los contertulios, Pilongo, de setenta y dos años, recuerda un hecho que apunta directamente a una manera de jugar y a una diferencia de estilos. Él fue un cacique del área de los años 50 capaz de jugar dos partidos seguidos en un mismo día “porque me ganaba un dinero y venía bien para mi casa"

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