El fútbol, un deporte, aseguraban entonces los viejos, sin futuro en este país. Aquel entonces de la novela de Juan Cobos Wilkins "El corazón de la tierra", estaba protagonizado por la compra de los ingleses de los yacimientos de cobre, plata y oro existentes en la cuenca minera del río Tinto. Y allí, en la villa de Las Minas de Riotinto, hace 130 años se estableció el primer asentamiento de empleados ingleses de la compañía que adquirió, por 92.756.592 pesetas, el preciado  corazón de la tierra.

“Las primeras botas que tuvieron los habitantes del pueblo se las compraban a los ingleses. Su talla media era muy superior a la española y las botas que calzaban les venían grandes a nuestros antepasados. Tenían que rellenarlas con algodones para ajustárselas. Las espinilleras eran de caña y acolchadas con guata”, dice el historiador de la Comisión Cuna del Fútbol Español, José Luis Domínguez.

  Aquella firma entre el gobierno de la 1ª República y la Río Tinto Company Limited del 14 de febrero de 1873 supuso el germen de la bendita epidemia que padecieron y padecen los futboleros y peloteros de España.

Texto de Ladislao J. Moñino. publicado en el periódico   el 13 de febrero de 2003
Fue aquí donde por primera vez se jugó al fútbol en España
 El respetado saber de los viejos, de aquella vejez de aquel entonces de la novela de Cobos Wilkins, erró en sus pronósticos. Aquel deporte, que escandalizaba a las madres de la población, hasta el punto de prohibirles a sus hijas ver los partidos en “los que los ingleses golpeaban una pelota con el pie en paños menores”, se extendió como un virus. En las tabernas. “Ellos se alojaron primero en casas alquiladas. Los domingos, día que dedicaban al deporte, practicaban el fútbol y luego explicaban en las tabernas, a los nativos, los secretos del juego. En una carta de la compañía se aconsejaba a los futuros empleados de la mina que metieran en su equipaje la ropa y el material para jugar al fútbol”, afirma Rafael Cortes, el otro historiador de la Comisión.

Minas de Riotinto se convirtió en la cuna del fútbol español y en el epicentro de su difusión. De aquel negocio con la roca madre surgió una de las mayores demostraciones del enganche y la inmediata aceptación que el fútbol generaba. En 1917, cuarenta años en los que el pueblo había aumentado su población de 2.000 a 12.000 habitantes, existían veintiséis equipos que disputaban un campeonato local. Aquellos clubes barriales respondían al nombre de la ciudad o provincia del entrenador o del capitán. Ya no eran sólo los nativos de Riotinto los practicantes, sino que los inmigrantes de todas las provincias de España llegados allí para ganarse el pan también se vieron magnetizados por el juego. La fiebre se propagó por toda la cuenca minera y terminó por cautivar a todo un país. El futuro fue distinto al anunciado por los ancianos de la novela de Cobos Wilkins. La fiebre del fútbol, como la del oro, brotó del corazón de la tierra. En este caso, del de Las Minas de Riotinto.

"A los ingleses que jugaban con nosotros les recuerdo jugando como si fueran mulas de carga”. Los británicos seguían fieles a su juego directo y de choque, mientras los nativos ya habían optado por un juego más refinado. Pilongo también habla con recelo de la actual rigidez alimenticia de los futbolistas: “Yo tenía que comer potaje, si no, no jugaba.

Tenía tiempo de sobra para que me reposara la comida antes de salir a jugar. Y jugaba como un toro”.Pero no sólo el fútbol vino a España con los ingleses de Riotinto, también el tenis, el cricket, el polo, el squash y el golf se difundieron desde la cuenca minera. De hecho, en la misma carta en la que se aconsejaba a los trabajadores completar el equipaje traído desde Inglaterra con los materiales necesarios para jugar al fútbol, se les invitaba también a incorporar palos de golf, raquetas y pelotas de tenis. 

Los ingleses, que con el tiempo crearon su propio barrio de estilo victoriano aún vigente, al principio no practicaban estos deportes con los nativos. Según atestigua el historiador Rafael Cortés: “Algunos jóvenes riotinteños sólo estaban para recoger las pelotas a cambio de unas sustanciosas propinas”.

Se respira cierta solemnidad en las tertulias futbolísticas que se improvisan en las tascas o en el Club Social que fundaron los ingleses en la villa de Las Minas de Riotinto. Al fin y al cabo se dialoga entre los herederos de los primeros practicantes del juego en España. La propia Comisión Cuna del Fútbol Español, junto a otros lugareños, lucha porque el deporte rey le dé un impulso económico al pueblo, sumido en una preocupante crisis económica por el cierre de las minas.

Uno de los contertulios, Pilongo, de setenta y dos años, recuerda un hecho que apunta directamente a una manera de jugar y a una diferencia de estilos. Él fue un cacique del área de los años 50 capaz de jugar dos partidos seguidos en un mismo día “porque me ganaba un dinero y venía bien para mi casa"