Imagen de Daniel Hahlbohm

 


La Isla del Tesoro

 

El tedio, oscura sierpe,

ciego cuervo que irrumpe voraz sobre la tarde.

Leo viejas historias

que enmarañan mis sueños hasta hacerlos inútiles,

mientras que la pereza mineral se hace poso

en unas horas -humo- que presentí feroces.

La irresistible laña de tu ausencia me quiebra,

cuando siento la púrpura de tus besos lejanos,

si es que todo no es falsa ligereza o espejo,

agua vertida sobre manantiales de arena.

En una isla recóndita cuyo nombre me hurtas

sé que me esperas y ando descifrando los mapas,

ayudado por Jim Hawkins, John Silver y los otros,

en la vieja posada del Almirante Benbow.

No habrá mares ni abismos, miedos ni desencantos

para mi voluntad de querer encontrarte.

Ni la propia certeza de no tenerte haría

desarbolar las naves que el corazón alienta.

Todo es sombra de pronto: el sextante y mi alma.

La vencida inocencia de las viejas historias

me golpea las sienes como un mal pensamiento.

La sierpe retadora se esfuma, el cuervo se alza;

he abierto la ventana y me has mirado.

 

Juan Van-Halen

 

Poetas de España II

 

Libro de Visitas

 

Diseño y gráficos de Trenzas

Mayo, 2002

  

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