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La
Isla del Tesoro
  
El
tedio, oscura sierpe, ciego
cuervo que irrumpe voraz sobre la tarde. Leo
viejas historias que
enmarañan mis sueños hasta hacerlos inútiles, mientras
que la pereza mineral se hace poso en
unas horas -humo- que presentí feroces. La
irresistible laña de tu ausencia me quiebra, cuando
siento la púrpura de tus besos lejanos, si
es que todo no es falsa ligereza o espejo, agua
vertida sobre manantiales de arena. En
una isla recóndita cuyo nombre me hurtas sé
que me esperas y ando descifrando los mapas, ayudado
por Jim Hawkins, John Silver y los otros, en
la vieja posada del Almirante Benbow. 
No
habrá mares ni abismos, miedos ni desencantos para
mi voluntad de querer encontrarte. Ni
la propia certeza de no tenerte haría desarbolar
las naves que el corazón alienta. Todo
es sombra de pronto: el sextante y mi alma. La
vencida inocencia de las viejas historias me
golpea las sienes como un mal pensamiento. La
sierpe retadora se esfuma, el cuervo se alza; he
abierto la ventana y me has mirado. Juan
Van-Halen 
Poetas
de España II
Diseño
y gráficos de Trenzas
Mayo,
2002
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