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Vendrás conmigo -dije- sin que nadie supiera

dónde y cómo latía mi estado doloroso,

y para mí no había clavel ni barcarola,

nada sino una herida por el amor abierta.

Repetí: ven conmigo, como si me muriera

y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,

nadie vio aquella sangre que subía al silencio.

Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas!

Por eso cuando oí que tu voz repetía

"Vendrás conmigo",  fue como si desataras

dolor, amor, la furia del vino encarcelado

que desde su bodega sumergida subiera

y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,

de sangre y de claveles, de piedra y quemadura.

 

 

 

 

De noche, amada, amarra tu corazón al mío

y que ellos en el sueño derroten las tinieblas

como un doble tambor combatiendo en el bosque

contra el espeso muro de las hojas mojadas.

Nocturna travesía, brasa negra del sueño

interceptando el hilo de las uvas terrestres

con la puntualidad de un tren descabellado

que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.

Por eso, amor, amárrame al movimiento puro,

a la tenacidad que en tu pecho golpea

con las alas de un cisne sumergido,

para que a las preguntas estrelladas del cielo

responda nuestro sueño con una sola llave,

con una sola puerta cerrada por la sombra.

 

Pablo Neruda

 

 

Poetas de Sudamérica

 

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Diseño y gráficos de Trenzas

Agosto, 2001

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