Ahora, al poniente morado de la tarde,
en flor ya los magnolios mojados de rocío,
pasar aquellas calles, mientras crece
la luna por el aire, será soñar despierto.


El cielo con su queja harán más vastos
bandos de golondrinas; el agua en una fuente
librará puramente la honda voz de la tierra;
luego el cielo y la tierra quedarán silenciosos.


En el rincón de algún compás, a solas,
con la frente en la mano, un fantasma
que vuelve, llorarías pensando
cuán bella fue la vida y cuán inútil.


Luis Cernuda

Poetas de España II

 

 

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