A mano amada,

cuando la noche impone su costumbre de insomnio,

y convierte

cada minuto en el aniversario

de todos los sucesos de una vida;

allí,

en la esquina más negra del desamparo, donde

el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

 

Unos empuñan tu mirada verde,

otros

apoyan en mi espalda

el alma blanca de un lejano sueño,

y con voz inaudible,

con implacables labios silenciosos,

¡el olvido o la vida!,

me reclaman.

 

Reconozco los rostros.

No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver más hondo,

y siento

que me apuñalan fría,

justamente,

con ese hierro viejo:

la memoria.

 

Ángel González

Diseño y gráficos de Trenzas. Septiembre, 2008

La música de esta página: Composición de F. Chopin