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Más cerca de mí estuvieras
y tampoco podría
verte; llegar hasta la orilla
donde permaneciste, llegar,
buscar la voz secreta, los signos de la vida,
o ante un mar ansioso los pasos fugitivos.
 
Qué vacío, qué enorme vacío
sentí, por vez primera cuando hablaste
de esa visita turbadora,
del sueño familiar
adonde con amor y miedo regresabas.
 
Me dije, yo me dije,
podría con mis manos
retener su partida, y puse
la misma voluntad, el mismo empeño
con que intentara ahora descifrar entre ruinas
(si acaso aquí estuviste)
una sola señal de tu paso en la vida.
Alfonso Costafreda

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