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Me
desordeno, amor, me desordeno
cuando
voy en tu boca, demorada;
y
casi sin porqué, casi por nada,
te
toco con la punta de mi seno.

Te
toco con la punta de mi seno
y
con mi soledad desamparada;
y
acaso sin estar enamorada;
me
desordeno, amor, me desordeno.

Y
mi suerte de fruta respetada
arde
en tu mano lúbrica y turbada
como
una mal promesa de veneno;
y
aunque quiero besarte arrodillada,
cuando
voy en tu boca, demorada,
me
desordeno, amor, me desordeno.


*


*
Busco
una enfermedad que no me acabe
sino
el dolor constante de la vida:
algo
para fingir que estoy dormida
detrás
de este temblor de escarcha grave.

Busco
un agua cósmica que lave
la
lágrima terrible que me oxida;
busco
el morir distinto, y voy herida
por
la pena vulgar que nadie sabe.

Y
así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa
de gracia y desventura,
con
el secreto horror hasta los codos;
callándome
en el verso y en la prosa,
para
que escriban en mi tierra dura:
Esta
mujer ha muerto de dichosa.
Carilda
Oliver Labra

Poetas
de Sudamérica

Diseño
y gráficos de Trenzas
Septiembre,
2001
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