Retrato de Anna Ajmátova. Altman Nathan

Dedicatoria

Ante esta inmensa desgracia los montes se doblegan

y dejan de correr los grandes ríos,

pero más fuertes aún son los cerrojos de la cárcel,

que esconden los lechos de tablas

y la infinita tristeza.

Ya no sopla para ti la fresca brisa,

ni se enciende para ti el tierno ocaso.

Ya nada sabemos, somos siempre los mismos,

solo escuchamos el odioso rechinar de los portones

y el retumbar de los soldados que marcan el paso.

Despertábamos temprano, como para la misa matutina,

y atravesábamos la capital totalmente salvaje.

Confluíamos en un punto, mas inánimes que un muerto,

más opacos que el sol, más brumosos que el Neva,

pero la esperanza continuaba a lo lejos su canto.

¡La sentencia..! Y al instante saltaron las lágrimas

y me hallé aislada del resto del mundo

como si me arrancaran la vida que alberga el corazón,

o me hubieran lanzado de bruces contra el suelo.

Pero ella avanza... Solitaria... Vacila...

¿Dónde están hoy aquellas desconocidas con las

que compartí dos años de infortunio?

¿Qué formas adivinan en la ventisca siberiana?

¿Qué imaginan ver en el círculo blanco de la luna?

A todas ellas envío mi último adiós.

Anna Ajmátova

 

 

Poetas de Europa

 

 

 

Diseño y gráficos de Trenzas

Mayo, 2002

 

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