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Un
llanto, un
llanto de mujer interminable, sosegado, casi
tranquilo. En
la noche, un llanto de mujer me ha despertado. Primero
un ruido de cerradura, después
unos pies que vacilan y
luego, de pronto, el llanto. Suspiros
intermitentes como
caídos de un agua interior, densa, imperiosa, inagotable, como
esclusa que acumula y libera sus aguas o
como hélice secreta que
detiene y reanuda su trabajo trasegando
el blanco tiempo de la noche. 
Toda
la ciudad se ha ido llenando de este llanto, hasta
los solares donde se amontonan las basuras, bajo
las cúpulas de los hospitales, sobre
las terrazas del verano, en
las discretas celdas de la prostitución, en
los papeles que se deslizan por solitarias avenidas, con
el tibio vaho de ciertas cocinas militares, en
las medallas que reposan en joyeros de teca, un
llanto de mujer que ha llorado largamente en
el cuarto vecino, por
todos los que cavan su tumba en el sueño, por
los que vigilan la mina del tiempo, por
mí que lo escucho sin
conocer otra cosa que
su frágil rodar por la intemperie persiguiendo
las calladas arenas del alba. Álvaro
Mutis 
Poetas
de Sudamérica
Diseño
y gráficos de Trenzas
Enero,
2002
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