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| Azote era un forista que
veía fascistas en todos los que le llevaban la contraria. Mejor
tomarlo a broma. |
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Lo
bueno de ver películas es que a uno le sugieren
rápidamente
título para las respuestas, aunque Forrest Gump era sin duda la
segunda
opción.
Azote es un investigador dedicado al tema de descubrir
fascistas agazapados. Para eso ha diseñado él mismo un
artilugio que
denomina fascistómetro y que da pitidos en función del
carácter
fascistoide del individuo examinado. Más fascista, más
pitidos. Y el
nene se lanzó a la calle para comprobar su eficacia
desenmascaradora,
pero se encontró con un problema: el cacharro pitaba como loco.
Se lo
acercó a una "oficina del PP" y aunque estaba en el segundo piso
y sin
puerta a la calle daba unos pitidos de espanto. Conclusión del
nene: PP
= fascistas. Después pasó por una Casa del pueblo, pero
no pudo entrar
a tomar vinos porque los pitidos del artilugio hicieron que huyera
calle abajo. Segunda conclusión: PSE = fascistas.
El aparato
funcionaba, debió de pensar, porque después se lo
acercó a un autobús
urbano y pitaba. A un cajero automático y pitaba. Con un coche
de la
Ertzaintza pitaba y pitaba. En las oficinas de Correos no paraba de
pitar. Pasó por un quiosco de prensa y ¡cómo
pitaba! Pensó cuánta razón
tenían los de la kale borroka. Y seguía pitando por la
calle, en su
portal, en el ascensor y en su misma habitación. Tercera
conclusión del
nene: todo está lleno de fascistas y me han saturado el
receptor.
Pero ¡katxis! a la semana siguiente no había dejado de
pitar y la cosa ya era alarmante. Hasta la propia amatxu lo
hacía pitar
cuando le ponía el desayuno. ¿Sería fascista?
Preocupado por la
situación lo bajó a la tienda de electrónica del
barrio para que le
pusieran en vez de un altavoz una alarma de vibración como los
móviles
para poder introducirse en los batzokis y en las herrikos a buscar
infiltrados. Lo había intentado un par de veces y el
fascistómetro
señalaba niveles máximos. Las instruciones se las dio
casi gritando al
encargado porque los pitidos no cesaban ni en la tienda. Creyó
oírle decir que volviera en una hora y eso es lo que hizo.
Al
entrar de nuevo en la tienda se alegró de no escuchar aquel
ruido de antes y
felicitó al encargado. Mientras salía de la tienda con un
temblor en
las manos que le dio muy mala espina sobre aquellos españolazos,
el
encargado le dijo: "pues no sé si hacía falta porque al
poco de salir
usted ha dejado de pitar. Usted sabrá".
28/12/2002
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