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Los
lenguajes son sistemas simbólicos que tratan de
representar la
realidad. Un símbolo es un signo convencional de una realidad y
una palabra no tiene más relación con lo que significa
que la aceptada por una convención social, basada en la
intencionalidad o en cualquier circunstancia. Interpretar un lenguaje
consiste, ni más ni menos, en considerar un elemento como un
indicio de una intención significativa. Cuando un perro brinca
al oír la palabra "paseo" o cuando intuye la comida por su olor
no actúa de manera diferente al comportarse ante ambos sucesos
como ante indicios de algo que va a ocurrir, ni nuestra
elaboración de conceptos se halla tan lejana de la del perro
como para que al oír la palabra "paseo" no imaginemos lo que
ocurre paseando. La diferencia se halla en la complejidad de nuestras
ideas y de nuestro comportamiento, que supera en mucho la simple
concatenación de sucesos.
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