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| La autonomía es el
derecho de cada individuo a controlar las leyes y las intituciones del
Estado. Pero dentro de una democracia no existe el derecho a usurpar
una parte del territorio o de los derechos ajenos en forma de
privilegios o de secesionismo unilateral. |
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Cuando
se atraviesa
desde Burgos hacia Álava, por ejemplo, no se nota ningún
cambio físico drástico ni se escucha ningún tipo
de señal que evidencie que hay algo real que sea un frontera. La
frontera puede estar situada en un río, en unas montañas
o según una línea definida por algún medio
topográfico, pero no es nada real sino una convención de
carácter político en el sentido de que es un
límite en el que cambian las leyes, los derechos y las
relaciones entre personas o grupos. Más allá debe uno
pagar impuestos a un gobierno diferente y tiene o no derechos a elegir
diputados, puede comerciar según normas diferentes y
quizá son diferentes también las prestaciones del sistema
sanitario.
Si lo que reclaman los nacionalistas vascos que piden la independencia
es que se establezca una frontera entre Euskal Herria y el resto de
España, entonces es claro que los derechos van a cambiar a
través de ella y van a afectar a los ciudadanos. Porque a veces
parece como que sólo estuviesen pidiendo que se reconozca que el
Ebro separa Álava de Logroño, algo
como un accidente físico que existe independientemente de
nuestros deseos y que tiene pocas o nulas consecuencias
políticas. Pero se trata más bien de limitar los derechos
de los que atraviesan dicha frontera o sobre lo que les afecta a un
lado y a otro de ella.
Ahora, un residente en Ciudad Real puede trasladarse
por cualquier motivo a Bilbao, empadronarse y votar en las siguientes
elecciones. Y cosas como ésta son las que constituyen una
sociedad. Pero una frontera, la creación de una nación
distinta, supondría que tales cosas dejarían de ser
posibles
o estarían como mínimo sometidas a una legislación
diferente.
Tales restricciones de derechos suelen tener como objetivo la defensa
de unos elementos propios de tipo muy variado. En épocas
antiguas eran los intereses del rey y su soberanía los que
exigían obediencia y tributo hacia un lado de unas fronteras
bastante menos definidas que en la actualidad. En épocas
posteriores podía ser la prohibición de importar o
exportar determinados productos o la fijación de aranceles al
comercio en defensa de la industria local. O la limitación de
derechos políticos y ciudadanos a los naturales del lado
exterior de la frontera reconocida. Pero en la actualidad sería
necesario explicar qué derechos se pretenden limitar y en
razón de qué motivos, porque lo que es obvio es que eso
de las naciones sin estado o los pueblos prehistóricos no es
más que palabrería.
Tomemos por ejemplo los procesos de independencia de
los países hispanoamericanos con respecto del rey de
España. En mi opinión no se puede decir que la
independencia era
con respecto a España pues no se trataba de un estado
democrático sino de un reino del antiguo régimen. Un
monarca absoluto
tenía la soberanía sobre todos sus reinos y la
aparición
de repúblicas independientes supuso la conquista para los
residentes en los territorios americanos de su propia libertad.
También supuso la liberación respecto de un tipo de
economía que imponía un desarrollo y un comercio desigual
entre una
metrópoli favorecida y unas colonias desfavorecidas. Es decir:
suponía la liberación respecto de limitaciones de
derechos
políticos y económicos para los residentes en las
colonias.
Y eso puede considerarse justo sin duda.
En el caso de otros procesos de independencia, lo que se ha buscado es
la defensa de unos derechos sociales o culturales suprimidos o
restringidos por un poder extraño. Podía tratarse de la
lengua o de la religión como es el caso de Polonia respecto de
los zares de Rusia, o de Irlanda respecto de los reyes de
Inglaterra, o cualquier otra particularidad. Pero siempre se trata de
obtener la libertad frente a quien la niega, causa justa donde las haya
y que siempre gozará de las simpatías de cualquier
demócrata.
Pero en el caso de los actuales nacionalistas vascos
y su deseo de independencia, deberían señalar
cuáles son los derechos que se les suprimen o se les restringen
para convencernos de que sus peticiones son justas. Y sin embargo
ocurre todo lo contrario: no hay derechos suprimidos ni restringidos
sino un deseo de suprimir o restringir los de quienes no son
nacionalistas.
Para hacer verosímil su absurda exigencia necesitan ocultar el
hecho de que España tiene un sistema democrático que debe
proteger todos los derechos de todos sus ciudadanos. Porque en un
sistema democrático no existe otra restricción de
derechos que la que es necesaria para proteger los del más
desfavorecido y que los derechos tengan el requisito de universalidad.
Si estuviera
prohibido el uso o la enseñanza del vascuence, daría
igual
que el gobierno español fuese monárquico absoluto o
constitucional o incluso republicano porque negaría sus derechos
a los hablantes de ese idioma y no sería democrático. O
sería lo mismo si se impidiese la representación
política de los naturales del país o de parte de ellos.
Entonces, al no estar representados ellos y sus intereses en tal
gobierno ni permitírseles que lo estuviesen, sería justo
que tratasen de escapar a sus dictados y restaurar su libertad con un
gobierno que los respetase, tanto si rigiese toda España como
una parte cualquiera de ella o sólo el País Vasco.
Simplemente se trataría de poner en práctica la base de
la democracia: el respeto a todos los derechos y a su ejercicio.
Pero no sucede así en ningún aspecto. Las lenguas se
pueden enseñar y utilizar socialmente y en relación a la
administración pública, las ideologías se respetan
y protegen por parte del estado (subvenciones a partidos
políticos, espacios de publicidad gratuita y otras facilidades),
hay libertad de culto y todos los derechos humanos y ciudadanos
están protegidos. Entonces ¿qué restricciones
impone una frontera, un nuevo estado, ya que no defiende nada que
esté siendo reprimido?
En principio parece que se trata de un círculo vicioso: el
estado se niega a reconocer que parte de los ciudadanos tienen el
derecho a condicionar, restringir o suprimir los derechos de otros
ciudadanos. Lo demás sería pretender ignorar que la
historia ha avanzado y que la actual democracia es un sistema para
todos. Pero si el estado se niega a que una parte de sus ciudadanos
imponga sus leyes y sus límites, esto es presentado por esa
parte como una restricción, una limitación, que justifica
sus
exigencias. Y cuanto más se exige y más se niega el
estado, más se acentúa el conflicto.
Si tenemos en cuenta que el que comienza ese conflicto es el que pide
la restricción de derechos, es obvio que podrá
llegarse a la tensión o a la violencia, pero siempre como efecto
de quien lo ha iniciado. Aquí llegamos a lo que tantas veces he
denunciado en esta serie, que son las palabras y los símbolos
los que sustituyen a la realidad y la ocultan. Porque no hay derechos
humanos o ciudadanos que no sean reconocidos y que esto sea lo que
dé
lugar a reivindicaciones justas. Es el hecho de no poder restringir los
de los demás lo que se presenta como una restricción y
la libertad que se reclama es la de disminuir o negar la de los
demás y no la de afirmarse uno mismo.
A lo largo de la historia hemos podido liberarnos del integrismo
religioso cristiano, que anulaba la sociedad y sus leyes para someterlo
todo a una iglesia y su credo. Si los cristianos integristas
protestasen de que no tienen libertad para hacer un estado a su medida
y con sus leyes religiosas destruyendo el estado constitucional, creo
que todo el mundo salvo ellos diría que así es y
así debe ser, y que no vamos a regalarles la libertad de
someternos. Su ideología es injusta pues no reconoce los
derechos de los demás
y sería hipócrita si pidiesen como uno de los suyos
el poder limitar los derechos ajenos. Entonces, si esto se ve tan
claro en ese caso, ¿por qué ha de extrañarnos que
un estado constitucional impida que cualquier grupo ponga su voluntad
por encima de la igualdad? Ese grupo protestará porque se le
impide realizar sus aspiraciones, pero debemos decir que así es,
que
así debe ser y que lucharemos por que sea así.
En resumen: un estado es democrático si respeta y defiende los
derechos de todos sus ciudadanos tomados individualmente o por grupos,
y parte de esa defensa es impedir que los derechos de
unos anulen o restrinjan los de otros. Entonces todo se puede defender
dentro de un sistema democrático menos la imposición
de límites injustos a los demás. Y volvemos al tema de
la frontera de un nuevo estado, que no es nada diferente de si se
tratase
de barreras de fe religiosa o de clase social. Sólo se trata
de que un grupo de ciudadanos quiere hacer que otros pierdan parte de
sus derechos actuales. Porque el hecho de que Francia sea un estado
diferente que España no supone perder nada porque nunca se ha
tenido comunidad de derechos, salvo que nos remontemos al imperio
romano. Pero España ha sido una comunidad social y cultural, e
incluso política en
los resquicios de poder local que quedaban entre el poder de los reyes.
Y por eso, la imposición de fronteras es una negación
o limitación de derechos adquiridos a lo largo de siglos.
Y mañana más.
Sursum corda!
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