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| En las naciones
democráticas todos los derechos individuales son protegidos. Por
lo tanto, las exigencias de segregación por parte de los
nacionalistas suelen tener más que ver con un deseo de controlar
un territorio en exclusiva que con la defensa de derechos. |
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Dos
cosas son iguales si lo son en cada una de sus partes y en la forma en
la que éstas se relacionan. Pero con frecuencia basta poner una
etiqueta para que las cosas parezcan lo que no son. Que no les dejan
ser ni decidir es la última cantinela con la que nos aburren los
ultranacionalistas, pero todo es cuestión de palabras que
ocultan la realidad. Un documento, el DNI, que certifica la
nacionalidad, es decir, el derecho de ciudadanía en una sociedad
y el territorio que le pertenece es presentado como una
imposición. Pues nada, podríamos decir lo mismo del
registro de la propiedad o del de notarías o del padrón
municipal o del registro civil.
Pero creo que es muy cómodo recurrir al registro de la propiedad
para ver si la casa que nos venden está libre de cargas o
solucionar problemas de herencias utilizando los demás servicios
tanto como certificar nuestros derechos como ciudadanos exhibiendo
sólo un documento. Así que me temo que hay algo
más que lo que se dice y que lo importante está
precisamente en lo que no se dice.
Los nacionalistas pretenden crear un territorio segregado, con una
ciudadanía que pierde sus derechos sobre lo que les corresponde
fuera del País Vasco y que dentro debe resignarse a sufrir la
subordinación política a los grupos y partidos
nacionalistas. Esto sería natural o al menos inevitable, como en
el caso de algunos procesos históricos de independencia, si se
partiese de una situación inversa en la que los habitantes que
aspiran a la independencia son marginados social y políticamente
en su propio país por fuerzas extranjeras. Tenemos los casos de
los Estados Unidos respecto del rey de Inglaterra, o de las colonias
españolas de América respecto al rey de España o
de los griegos o búlgaros respecto al sultán otomano y
tantos otros. Pero en todos esos casos se trata de personas o grupos
oprimidos por un poder que los condena como extraños, que no los
deja participar en la vida política ni en la social o cultural y
cuya única vía para ser libres es alejarse de la
influencia de ese poder conquistando su independencia.
Pero el caso del País Vasco es uno muy distinto. Se ha
señalado innumerables veces la diferencia entre la
situación colonial y opresiva que sufrieron los católicos
irlandeses
de la corona inglesa y la situación de privilegio de los vascos
en la corte del rey de España. O la situación de pobreza
de Irlanda frente a la industrialización y pujanza
económica del País Vasco. O la emigración masiva
tras miles de muertos por hambre en Irlanda frente a la llegada de
miles de españoles de regiones desfavorecidas a un País
Vasco puntero en la industria y las finanzas. En fin, que más
parece que los territorios pobres de Castilla o Andalucía o
Galicia fueran los colonizados que los colonizadores, los obligados a
ser un mercado cautivo y comprar los productos vascos, catalanes o
madrileños exportando sus materias primas y
sus masas de trabajadores sin especialización.
El caso no es por lo tanto el de una colonización de un
país por otro o de una cultura por otra, sino el de
una sociedad "colonizada" por unas clases superiores que sacan provecho
de todo lo que tienen bajo su dominio. No es una España
colonizadora la que domina un País Vasco colonizado sino un
sistema económico y político que se aprovecha de las
minas de aquí y de los mineros de allá y que es dirigido
por individuos tanto castellanos como vascos, catalanes o de cualquier
otra región. En realidad la visión nacionalista de que
son las naciones las que protagonizan la historia es bastante inexacta
e incompleta. Evidentemente un grupo dominante no puede gobernar
mediante la violencia exclusivamente sino que necesita extender una
ideología de legitimación
que haga que se acepte como natural su dominio y que estructure las
fuerzas de la sociedad en su propio provecho. Y una de esas
ideologías es el nacionalismo.
Existen otras ideologías posibles y en la antigüedad
predominó la organización por el linaje, real o supuesto.
Las sociedades romana y griega tenían familias poderosas que
organizaban vastas redes clientelares que reforzaban su dominio y
elaboraban una ideología de la supuesta relación
familiar,
y fiestas o celebraciones que reforzaban esa estructura. Otras
sociedades se basaron en la religión y es curioso ver
cómo los grupos que dieron lugar a la monarquía
davídica y a los reinos de Israel y Judá que la siguieron
obtenían parte de su legitimidad de ser los ungidos por Dios,
más propiamente por sus profetas
o sacerdotes. Y podría verse igualmente la influencia de las
religiones y sus servidores en el Egipto faraónico o en otros
reinos del creciente fértil.
En el último siglo, las clases superiores o los grupos que
aspiran a serlo se enfrentan al papel cada vez más importante de
las clases inferiores. Al señor feudal del medioevo europeo le
bastaba con que los siervos le suministraran productos primarios y
servicios básicos, y que acudieran a su llamada en la guerra
como peones. Pero la sociedad moderna es muy compleja y hay una gran
cantidad de trabajadores especializados y de funcionarios o
profesionales
que son indispensables para su continuidad y que, por lo tanto, tienen
una capacidad muchísimo mayor para la presión que la del
siervo medieval. Y la mera violencia no es suficiente. De hecho es la
rebelión de los comerciantes, artesanos y campesinos lo que
precipita
la caída del antiguo régimen y la fundación de
las repúblicas americana y francesa y está en la
raíz de las independencias de las repúblicas de la
América colonial española.
El nacionalismo y su expresión extrema: los movimientos
fascistas y similares, trata de encuadrar a todo un grupo social como
miembros de una nación. El que esto nos parezca como no
problemático es la prueba de cómo estamos aún
imbuidos de esa ideología. Pero, aparte de los derechos
ciudadanos, ¿qué es la
nación? Y aún más importante, ¿por
qué
la nación se presenta como algo totalitario que subordina
o anula todos los derechos ciudadanos? Por el simple hecho de que
no hay tal nación sino que se crea una ideología que
suprime
lo real: la unión de conciudadanos con derechos iguales, para
crear lo imaginario: una especie de cuerpo místico con
inteligencia,
voluntad y existencia propia; un ente metafísico que hace creer
al ciudadano que no es en provecho de las clases superiores para lo que
trabaja y se sacrifica sino para algo de lo que misteriosamente es
parte.
Paralelamente aparecen movimientos totalitarios de raíz marxista
que hacen una labor similar sustituyendo nación por clase obrera
y apaños parecidos, pero que en último término
crean una organización totalitaria dirigida por unas clases
superiores en su propio provecho y que anulan el sujeto que pretenden
dirigir. La clase obrera y el conjunto de la sociedad desaparece para
quedar a los pies de unas organizaciones que se autodenominan partidos
comunistas, del mismo modo que el conjunto social desaparecía
para ser engullido por la organización fascista. Y es el mismo
caso de la comunidad religiosa o del clan familiar.
El caso de España es, por lo tanto, uno más de sociedad
estamental primero y clasista después que aprovecha toda la
fuerza social en beneficio de las clases dirigentes. Esa
organización llega a finales del siglo XIX y principios del XX a
un cierto grado de evolución hacia la libertad, que es truncada
por el enfrentamiento entre los movimientos más extremistas de
derecha e izquierda, degenerando en una guerra civil. Y
simultáneamente aparecen ideologías nacionalistas que
tratan de conquistar terrenos exclusivos para su dominio. Las clases
dirigentes regionales prefieren así formar sus propios cotos de
caza en vez de acudir a las grandes cacerías que había
sido el caciquismo durante la restauración. Y en ello tratan de
encuadrar a la población vecina en un grupo fiel mediante una
ideología nacionalista que haga de cada individuo no un
ciudadano
libre sino una pieza reemplazable dentro de un siniestro juego de
ajedrez
del que piensan obtener provecho.
El final de la dictadura supuso el arrumbamiento de
la ideología nacionalista-fascista que había mostrado su
peor cara durante el periodo del aislamiento y la autarquía y su
inutilidad para el desarrollo social y económico, siendo
sustituida parcialmente por una especie de remedo "tecnocrático"
de la economía liberal. Pero el desarrollo que suponen las
reformas económicas no pudo sino traer unas condiciones en las
que todos los ciudadanos fueron capaces de exigir y conquistar su
libertad. Es
por lo tanto la "descolonización" de todo un pueblo lo que
sucede
en la transición a la democracia y es el reconocimiento de los
derechos iguales de todos los ciudadanos que antes habían sido
súbditos lo que recoge la Constitución.
Si la constitución y el nuevo estado reconocen
los derechos y las particularidades de todos los ciudadanos
¿cómo se puede considerar eso una imposición en
vez de una liberación? Y un documento administrativo que
acredita ser titular de esos derechos, el DNI, ¿cómo se
presenta como algo que obliga en vez de como un reconocimiento al
titular de la igualdad ante la ley? La nacionalidad no es el mejunje
metafísicorromántico que
nos quieren vender los nacionalistas. Es algo administrativo. Y si
nadie ha rechazado un billete del Banco de España, que es un
documento
al portador que reconoce unos derechos de pago ¿por qué
hipócritamente se dice que se rechaza un DNI que reconoce los
derechos ciudadanos? Y es que digo bien, hipócritamente, porque
en realidad todos los nacionalistas se apresurarán a exigir
esos derechos ante el menor contratiempo.
Los partidos nacionalistas, por lo tanto, no son nada
más que un conjunto de ciudadanos que puede estar defendiendo
sus derechos, pero que fácilmente se entregan al servicio
de las clases superiores, económicas, políticas o mezcla
de ambas, que usan su fuerza como grupo para beneficiarse como elite
de ese grupo. Y el ciudadano paga un alto precio por la seguridad que
cree obtener del grupo y por las pequeñas ventajillas caciquiles
que algunos de hecho obtienen: pierde lo que son sus derechos sobre
el resto de lo que es suyo y se enemista con el resto de sus
conciudadanos,
que recíprocamente pierden los suyos sobre la parte que los
nacionalistas
se quedan como exclusiva.
La sociedad se divide y se enemista, los derechos disminuyen en su
extensión y con frecuencia en su intensidad. Pero esto
parecerá una gran ventaja si ponemos por delante la gloria de la
nación, para regocijo de los verdaderos beneficiarios y burla de
los demás.
Otro día más.
Sursum corda!
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