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El pensador 21




Los ciudadanos de una nación democrática tienen sus derechos protegidos por instituciones y, por encima de todos, los relativos a controlar el Estado desde los derechos individuales. Pero no hay derechos que permitan recortar los ajenos en mayor medida que los propios.
Cuando nos olvidamos de la realidad cualquier cosa parece posible. Una paloma pidió a los dioses que le quitaran el aire para poder volar más rápido sin que le hiciera resistencia. Éstos, divertidos por su ingenua petición, se lo concedieron y la paloma cayó al suelo y empezó a asfixiarse por lo que rogó que urgentemente se lo devolvieran. Por lo tanto hay que examinar qué efectos reales se siguen de una hipótesis y no quedarnos simplemente con la ilusión más optimista, que desconoce los problemas y dificultades que se siguen de ella y que a primera vista se nos escapan. De lo contrario, también nosotros nos caeremos y asfixiaremos.

El ser humano no es algo totalmente independiente de la sociedad y los fenómenos de aislamiento en grandes ciudades y la necesidad de afiliarse a algún grupo protector deberían convencernos. Por eso es absurdo negar que hagan falta instituciones que protejan los intereses de un grupo de cualquier naturaleza. Hace falta una directiva para un club, un presidente para una comunidad de vecinos, una iglesia para un grupo religioso, un partido para un grupo político o un estado para una nación. Y del mismo modo es necesario un gobierno local que proteja las peculiaridades de un territorio. El caso de España y sus particularidades culturales no es extraordinario. Italia tiene sus dialectos y Alemania los suyos, Francia tiene sus territorios y dominios de ultramar, los Estados Unidos son lo que indica su nombre y así cualquier país que visto de lejos parece homogéneo es en realidad variado y plural.

Las características que se dan en exclusiva en el País Vasco son derechos de sus habitantes y deben ser protegidas si, como tantas veces he dicho, deseamos un sistema democrático. No se puede creer que el vascohablante no necesite que las instituciones le defiendan y que todo se deje simplemente al resultado de las presiones sociales mayoritarias. Si pedimos que se proteja nuestra opción política y que podamos formar un partido sin más límite que la ley, entonces debemos reconocer el mismo derecho a cualquier grupo sean las que sean las relaciones que reúnen a sus miembros. Ésta es la base de la democracia, del estado de autonomías y del respeto a los derechos históricos, no la preexistencia de un estatus independiente que pertenece al margen de la historia a un pueblo vasco al margen de la realidad social.

Cuando un nacionalista dice que no le dejan ser vasco me parece que dice algo legítimo si protesta de que no se protege su lengua y su cultura. Pero esto no es verdad en la democracia y más de veinte años de gobierno de los nacionalistas le deberían hacer más prudente en sus palabras. Ni siquiera fue totalmente verdad en épocas de monarquías feudales, absolutas, constitucionales o dictaduras pues tenemos la historia llena de nombres vascos que mandaban no sólo sobre su caserío sino sobre el ejército o el estado de España. Así que decir algo como eso en plena democracia tiene mucho de ingenuo o de malintencionado. Pero es que muchas veces lo que hay debajo de esas palabras es el deseo de controlar en exclusiva el territorio, la población y los recursos. No se trata de que se pidan derechos sino de que se desean recortar los de los demás.

¿Qué es lo que implica una frontera? Que los de dentro son los propietarios y autorizan o no a los de fuera a pasar, establecerse, comerciar y decidir sobre los asuntos locales. Una independencia, que es en menos palabras ese derecho a decidir, es en realidad un recorte de derechos. Ya tenemos derecho a decidir y sólo conseguiríamos poder decidir menos ahora que la unión de Europa nos hace necesario decidir sobre cada vez más. Son leyes de ámbito europeo las necesarias para resolver problemas de ese ámbito y hay unos iluminados que nos quieren vender con palabras de charlatán que es una ventaja no poder ni siquiera decidir sobre lo que pase en La Rioja o Cantabria, donde tantos vascos tienen casas de veraneo, por ejemplo. Es la fuerza de la unión la que necesitamos y no, ser los dueños exclusivos de nuestro tiesto de geranios. Y ese derecho a ser para decidir se traduce también por un recorte en el ámbito cultural, pero se presenta como la ampliación hasta el infinito del derecho a caminar para alguien que apenas podrá moverse. Naturalmente que el estado y en especial las administraciones autonómicas deben proteger las características culturales de los habitantes, pero dado esto ¿qué ventaja trae el considerar nuestras lenguas maternas como ajenas y extranjeras? Pues sólo la ventaja que el vasallaje da al señor contra el vasallo. Tú me reconoces como superior y yo te dejo vivir en tu propia casa. Pero esto en la época de la democracia no se tendría que poder oír sin silbidos de desaprobación y aquí sin embargo tenemos a los charlatanes vendiéndonos todo el día lo bien que vamos a estar cuando ellos manden y nosotros nos arrodillemos. Y de regalo una manta zamorana.

Las ventajas económicas que ha tenido a lo largo de la historia el que España fuese un mercado cerrado y exclusivo para la economía del País Vasco, o de Cataluña no lo olvidemos, parece que cayeron del cielo en forma de maná y que no han generado el derecho recíproco para los españoles de cualquier región a participar del desarrollo de las empresas beneficiadas. En el mejor de los casos, sólo parece dar derecho a trabajar sacando hierro de las minas, en la siderurgia o la construcción naval o un poquito en la máquina-herramienta, pero sin reivindicar los propios nombres, las culturas, la historia y los derechos ciudadanos. Sin embargo, los vascos cuando han emigrado no han hecho sino ejercer sus derechos, fundar sus casas vascas y dar sus cursillos de euskera. Lo que diferencia al ultranacionalista es que eso que ve normal para él no lo reconoce para los demás y como al pez, es la boca lo que lo pierde, pues su injusticia es paralela a su hipocresía.

Se supone por parte de los propagandistas del nacionalismo que la independencia va a traer beneficios económicos al País Vasco así que vamos a analizar los dos casos: que no tengan razón o que la tengan. Si no tienen razón es escasa ventaja la que ofrecen a los que nos preocupamos más del bienestar y del progreso que de machacarnos los oídos con historias, y como la mayoría prefiere vivir mejor a bailar aurreskus, dudo mucho de que expongan la realidad si la conocen. Y si tienen razón, me parece que nuestro aprecio y el de todos los españoles por ellos va a caer a niveles abismales. Imaginen que dicen simplemente y con descaro la verdad: que desean llevarse la mejor parte del pastel económico que se ha hecho con la colaboración de todos. Supongo que no creerán que los perjudicados van a sentarse y a aplaudir la feliz ocurrencia del tramposo cuando pueden oponerse con todas sus fuerzas. Un nuevo ataque a los derechos en el plano económico se presenta como una reivindicación de algo que es propio, pero propio no es el BBVA que estableció su sede social en Bilbao tras la fusión BBV-Argentaria, ni lo es Iberdrola que hizo lo mismo al fusionarse Iberduero con Hidroeléctrica Española. Y lo mismo pasa con la siderurgia que viene de Altos Hornos de Vizcaya y tantos otros casos. La mayoría de los accionistas y de los intereses económicos están fuera del País Vasco: ¿es normal llamar derechos a lo que en unos casos es un robo y en otros una ruina?

Alcanzado el tamaño habitual dejaremos el resto para otro número.

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