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| Los ciudadanos de una
nación democrática tienen sus derechos protegidos por
instituciones y, por encima de todos, los relativos a controlar el
Estado desde los derechos individuales. Pero no hay derechos que
permitan recortar los ajenos en mayor medida que los propios. |
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Cuando
nos olvidamos de la realidad cualquier cosa parece posible. Una paloma
pidió
a los dioses que le quitaran el aire para poder volar más
rápido sin que le hiciera resistencia. Éstos, divertidos
por su ingenua petición, se lo concedieron y la paloma
cayó al suelo y
empezó a asfixiarse por lo que rogó que urgentemente
se lo devolvieran. Por lo tanto hay que examinar qué efectos
reales se siguen de una hipótesis y no quedarnos simplemente con
la ilusión más optimista, que desconoce los problemas y
dificultades que se siguen de ella y que a primera vista se nos
escapan. De lo contrario, también nosotros nos caeremos y
asfixiaremos.
El ser humano no es algo totalmente independiente de la sociedad y los
fenómenos de aislamiento en grandes ciudades y la necesidad de
afiliarse a algún grupo protector deberían convencernos.
Por eso es absurdo negar que hagan falta instituciones que protejan los
intereses de un grupo de cualquier naturaleza. Hace falta una directiva
para un club, un presidente para una comunidad de vecinos, una iglesia
para un grupo religioso, un partido para un grupo político o un
estado para una nación. Y del mismo modo es necesario un
gobierno local que proteja las peculiaridades de un territorio. El caso
de España y sus particularidades culturales no es
extraordinario. Italia tiene sus dialectos y Alemania los suyos,
Francia tiene sus territorios y dominios de ultramar, los Estados
Unidos son lo que indica su nombre y así cualquier país
que visto de lejos parece homogéneo es en realidad variado y
plural.
Las características que se dan en exclusiva en el País
Vasco son derechos de sus habitantes y deben ser
protegidas si, como tantas veces he dicho, deseamos un sistema
democrático. No se puede creer que el vascohablante no necesite
que las instituciones le defiendan y que todo se deje simplemente al
resultado de las presiones sociales mayoritarias. Si pedimos que se
proteja nuestra opción política y que podamos formar un
partido sin más límite que la ley, entonces debemos
reconocer el mismo derecho a cualquier grupo sean las que sean las
relaciones que reúnen a sus miembros. Ésta es la base de
la democracia, del estado de autonomías y del respeto a los
derechos históricos, no la preexistencia de un estatus
independiente que pertenece al margen de la historia a un pueblo vasco
al margen de la realidad social.
Cuando un nacionalista dice que no le dejan ser vasco me parece que
dice algo legítimo si protesta de que no se
protege su lengua y su cultura. Pero esto no es verdad en la democracia
y más de veinte años de gobierno de los nacionalistas le
deberían hacer más prudente en sus palabras. Ni siquiera
fue totalmente verdad en épocas de monarquías feudales,
absolutas, constitucionales o dictaduras pues tenemos la historia llena
de nombres vascos que mandaban no sólo sobre su caserío
sino sobre el ejército o el estado de España. Así
que decir algo como eso en plena democracia tiene mucho de ingenuo o
de malintencionado. Pero es que muchas veces lo que hay debajo de esas
palabras es el deseo de controlar en exclusiva el territorio, la
población y los recursos. No se trata de que se pidan derechos
sino de que se desean recortar los de los demás.
¿Qué es lo que implica una frontera? Que los de dentro
son los propietarios y autorizan o no a los de fuera a pasar,
establecerse, comerciar y decidir sobre los asuntos locales. Una
independencia, que es en menos palabras ese derecho a decidir, es en
realidad un recorte de derechos. Ya tenemos derecho a decidir y
sólo conseguiríamos poder decidir menos ahora que la
unión de Europa nos hace necesario decidir sobre cada vez
más. Son leyes de ámbito europeo las necesarias para
resolver
problemas de ese ámbito y hay unos iluminados que nos quieren
vender con palabras de charlatán que es una ventaja no poder ni
siquiera decidir sobre lo que pase en La Rioja o Cantabria, donde
tantos
vascos tienen casas de veraneo, por ejemplo. Es la fuerza de la
unión
la que necesitamos y no, ser los dueños exclusivos de nuestro
tiesto de geranios. Y ese derecho a ser para decidir se traduce
también
por un recorte en el ámbito cultural, pero se presenta como la
ampliación hasta el infinito del derecho a caminar para alguien
que apenas podrá moverse. Naturalmente que el estado y en
especial
las administraciones autonómicas deben proteger las
características
culturales de los habitantes, pero dado esto ¿qué ventaja
trae el considerar nuestras lenguas maternas como ajenas y extranjeras?
Pues
sólo la ventaja que el vasallaje da al señor contra el
vasallo.
Tú me reconoces como superior y yo te dejo vivir en tu propia
casa.
Pero esto en la época de la democracia no se tendría que
poder
oír sin silbidos de desaprobación y aquí sin
embargo
tenemos a los charlatanes vendiéndonos todo el día lo
bien
que vamos a estar cuando ellos manden y nosotros nos arrodillemos. Y de
regalo una manta zamorana.
Las ventajas económicas que ha tenido a lo largo de la historia
el que España fuese un mercado cerrado y exclusivo para la
economía del País Vasco, o de Cataluña no lo
olvidemos, parece que cayeron del cielo en forma de maná y que
no han generado el derecho recíproco para los españoles
de cualquier región a participar del desarrollo de las empresas
beneficiadas. En el mejor de los casos, sólo parece dar derecho
a trabajar sacando hierro de las minas, en la siderurgia o la
construcción naval o un poquito en la
máquina-herramienta, pero sin reivindicar los propios nombres,
las culturas, la historia y los derechos ciudadanos. Sin embargo, los
vascos cuando han emigrado no han hecho sino ejercer sus derechos,
fundar sus casas vascas y dar sus cursillos de euskera. Lo que
diferencia al ultranacionalista es que eso que ve normal para
él no lo reconoce para los demás y como al pez, es la
boca
lo que lo pierde, pues su injusticia es paralela a su hipocresía.
Se supone por parte de los propagandistas del nacionalismo que la
independencia va a traer beneficios económicos al País
Vasco así que vamos a analizar los dos casos: que no tengan
razón o que la tengan. Si no tienen razón es escasa
ventaja
la que ofrecen a los que nos preocupamos más del bienestar y del
progreso que de machacarnos los oídos con historias, y como la
mayoría prefiere vivir mejor a bailar aurreskus, dudo mucho de
que
expongan la
realidad si la conocen. Y si tienen razón, me parece que nuestro
aprecio y el de todos los españoles por ellos va a caer a
niveles
abismales. Imaginen que dicen simplemente y con descaro la verdad: que
desean llevarse la mejor parte del pastel económico que se ha
hecho con la colaboración de todos. Supongo que no
creerán que los perjudicados van a sentarse y a aplaudir la
feliz ocurrencia
del tramposo cuando pueden oponerse con todas sus fuerzas. Un nuevo
ataque a los derechos en el plano económico se presenta como
una reivindicación de algo que es propio, pero propio no es el
BBVA que estableció su sede social en Bilbao tras la
fusión
BBV-Argentaria, ni lo es Iberdrola que hizo lo mismo al fusionarse
Iberduero
con Hidroeléctrica Española. Y lo mismo pasa con la
siderurgia
que viene de Altos Hornos de Vizcaya y tantos otros casos. La
mayoría
de los accionistas y de los intereses económicos están
fuera del País Vasco: ¿es normal llamar derechos a lo
que en unos casos es un robo y en otros una ruina?
Alcanzado el tamaño habitual dejaremos el resto para otro
número.
Sursum corda!
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