Sc! Sursum corda!

Sursum corda!   Indice general   El sueño de la razón

El pensador 16




La voluntad de ruptura con el exterior conduce a un progresivo enconamiento de los conflictos y a una mayor ruptura, en un círculo vicioso de justificación de la agresión contra los de fuera y cierre de filas de los de dentro .
En un ingenioso libro de Raymond Smullyan se plantean los problemas de un recién llegado a una isla donde los "caballeros" siempre dicen la verdad y los "escuderos" siempre mienten. Por enrevesada que parezca la situación, el hecho de que cada grupo siempre se comporte del mismo modo la simplifica bastante y la reduce a un ejercicio de lógica recreativa. Pero la situación del mundo real es muchísimo más complicada pues aquí se dice la verdad o se miente según convenga. Uno en su ingenuidad se puede preguntar si no sería más sencillo no intentar engañar, pero podemos ver que esto es demasiado improbable. Y hace falta la misma ingenuidad para extrañarse de que los seres humanos tengan conductas ventajistas e incluso violentas.

El estudio del comportamiento ha identificado las bases de esta situación y ha propuesto un modelo: los "halcones" y las "palomas", como tipos extremos entre los que puede modularse el comportamiento de cada individuo. Para que la situación sea lo suficientemente complicada para que merezca la pena tanta teoría, un mismo individuo puede ir desde un variable nivel de "paloma" hasta uno variable de "halcón", es decir, desde unos máximos a unos mínimos de comportamiento de retirada o de agresión que pueden ser distintos en cada individuo. La teoría de la evolución presta aquí un gran servicio al explicar cómo si estas estrategias son cualidades heredables, es necesario que se llegue a un punto de equilibrio y no es posible que todos los individuos de una población tengan comportamientos de retirada o todos de agresión.

Las mentiras, los pequeños conflictos o los grandes son por lo tanto lo que se puede esperar en cualquier grupo humano aunque, afortunadamente, cuanto más graves, son más improbables. Y sería de premio a la inocencia creer que los individuos de cualquier grupo van a desarrollar su vida pacíficamente y mirando sólo por el bien personal y social. Basta que uno se dé cuenta de que el engaño o la violencia unilateral le da grandes ventajas frente a las "palomas" para que tome un comportamiento de "halcón". Y si los demás no son demasiado incautos, adoptarán el mismo comportamiento hasta que se manifiesten sus inconvenientes.

A lo largo de esta serie he intentado explicar cómo un sistema de alianzas de grupo da grandes ventajas frente a los individuos aislados o los grupos menos organizados. Y en el repertorio del comportamiento humano está la posibilidad de formar grupos para la agresión o la defensa, con la misma variación entre "palomas" y "halcones" que encontramos entre los individuos. En el número anterior veíamos que hay ideas símbolo: el pueblo, la nación, (además de otras de tipo social, económico o cultural) que sirven de identificación a los miembros de un grupo que se cierra y adopta una estrategia de conflicto. El modelo "paloma" en este caso equivale a la tolerancia y el diálogo, mientras que el "halcón" es todo lo contrario, es decir, la intolerancia y la agresión. Sería ingenuo pensar que todos vamos a ser siempre tolerantes y dialogantes por el mismo motivo que decíamos al principio y lo esperable es que cuando se forma un grupo así (o dos o varios), las "palomas" salen perdiendo o tienden a convertirse en "halcones", con lo que el conflicto se acentúa.

Pero además no todos los grupos son equivalentes y eso da lugar a una jerarquización, como también veíamos en números anteriores. Las ideas símbolo no siempre son, por lo tanto, formas de identificarse entre iguales sino que frecuentemente manifiestan una adhesión a un grupo superior y a sus intereses. Hay fenómenos sociales que evidencian por todas partes que los individuos suelen adherirse a los grupos que juzgan como más fuertes. Permanecer solo es un peligro y asociarse con un grupo débil no disminuye mucho el riesgo. Por eso, consciente o inconscientemente, se busca formar parte de un grupo fuerte y se adoptan o imitan sus símbolos. Sería materia para otro foro el tema de las modas y de la admiración que provocan los líderes, pero vale citarlo aquí porque son los mismos mecanismos que están en la base de todo lo que explico en este número. Entonces otro de los motivos para que se enemisten dos grupos es, además del cierre de un grupo sobre sí mismo, el cierre en torno a los intereses y símbolos de unas clases superiores. Un individuo que se asocia paga así con su adhesión y fidelidad el precio de la protección que recibe o cree recibir en un conflicto.

Parece así una conclusión evidente que cuando un grupo defiende sus intereses, trata de reunir en su torno al mayor número de adeptos y de extremar las posturas de manera que queden claras unas diferencias que, de otro modo, se difuminarían. En el camino que se bifurca desde cualquier problema, las dos opciones son, por lo tanto, abrirse a los demás grupos y buscar la colaboración o ser fieles peones de una estrategia de enfrentamiento. Y la identificación con grupos cerrados, símbolos que acentúan el aislamiento e ideologías de la exclusión nos convierte de hecho en peones con uniforme y penacho de color.

En este foro se hace tanto hincapié desde la parte nacionalista o, mejor dicho, desde la ultranacionalista, en el idioma y otras tres o cuatro características culturales o en un par de anécdotas más o menos históricas, que se deja ver bien a las claras lo cómodos que se encuentran los peones con su uniforme, los mismos peones que van a arriesgar su vida y sus intereses al servicio de unos grupos dominantes. La mejor defensa de sus intereses, de su identidad y de su cultura es, por el contrario, la apertura a un ámbito democrático de diálogo y colaboración, pero les han dicho que cuanto más aislados e idénticos al "modelo ideal de vasco", mejores patriotas son y más felices serán en el futuro paraíso, y se lo han creído.

Y para legitimar frente a la propia tropa todo este despropósito, se cambia la realidad por la propaganda: hay un enemigo ahí fuera que debe daros mucho miedo, porque es muy "nacionalista-malo" y no os va a dejar ser "nacionalistas-buenos" como nosotros vuestros líderes, que tanto os queremos. Los escritores al servicio de la causa vienen aquí que ni pintados porque lo natural es que uno hable con sus amigos o su familia de más allá de los sagrados límites y no vea tantos peligros, sino gente que va más o menos a lo suyo, como aquí y en todo lugar. Así al que duda de las arengas, le proporcionan una buena dosis de cultura doctrinaria y ve fascistas hasta en el asesinado Múgica Herzog, socialista y medio judío por más señas. Pero de estos elementos ya hablamos en su día.

La respuesta de manual a estas críticas es que ahí fuera hay de hecho un "ultranacionalista-malo" y que la postura de cierre de filas es únicamente para la defensa. Pero esa debe de ser una de las primeras frases del método audiovisual "El esbirro sin esfuerzo", porque si sacar la cabeza por encima de la trinchera para ver si el enemigo está o no está le pone a uno en peligro, que se sirva del espejo más a mano y que mire por arriba. ¡Y eso es este foro! Cualquiera puede mirar por encima del parapeto y ver que de Franco y de la dictadura no queda más que un vago recuerdo. Que ahora, el supuesto enemigo no es sino un buen número de personas con la mejor voluntad para el diálogo, algunos más que cabreados y con motivos, y un pequeñísimo número de ultranacionalistas españoles que no se atreven ni a decirlo en su casa.

Entonces ¿para qué tanto esfuerzo, tantas guardias y tanto toque de corneta? si la otra vía, la del diálogo y la colaboración, está abierta y lo está para beneficio de todos. El primer paso para alcanzar un acuerdo es perder el miedo y tener voluntad de distensión y de diálogo. El segundo, poner sobre la mesa qué es lo que efectivamente se desea y no enmascarar la cuestión con banderas y cánticos patrióticos. Y el tercero, mandar a una isla desierta a todos los extremistas de profesión o de vocación. Porque habrá gente que aunque le propongan el sistema más equitativo, justo y provechoso para todos, aún deseará subirse al monte. Esos extremistas son un peligro y es necesario denunciarlos y aislarlos, porque son ajenos a la razón y al diálogo y buscan sus intereses o su protagonismo en un agravamiento de los conflictos, sin los cuales no serían nada.

Adolf Hitler era un pintor de segunda o tercera fila, simple cabo en el ejército durante la primera guerra mundial y un intelectual y político de ínfimo nivel, y sin embargo, removió tanto los problemas y los miedos de una parte de Alemania, vencida y humillada en la guerra y temerosa de la revolución soviética, que con sus solas dotes de actor y de encantador de masas hizo que se reunieran en su torno todos quienes creían que iba a ser la solución de sus problemas y de sus miedos. Y como decía el viejo chiste, estaban al borde del abismo, pero gracias a él dieron un paso adelante. No hagamos lo mismo mientras podamos evitarlo.

Otro día más.

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