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| La voluntad de ruptura
con el exterior conduce a un progresivo enconamiento de los conflictos
y a una mayor ruptura, en un círculo vicioso de
justificación de la agresión contra los de fuera y cierre
de filas de los de dentro . |
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En
un
ingenioso libro de Raymond Smullyan se plantean los problemas de un
recién llegado a una isla donde los "caballeros" siempre dicen
la verdad y los "escuderos" siempre
mienten. Por enrevesada que parezca la situación, el hecho de
que cada grupo siempre se comporte del mismo modo la simplifica
bastante y la reduce a un ejercicio de lógica recreativa. Pero
la situación del mundo real es muchísimo más
complicada pues aquí se dice la verdad o se miente según
convenga. Uno en su ingenuidad se puede preguntar si no sería
más sencillo no intentar engañar, pero podemos ver
que esto es demasiado improbable. Y hace falta la misma ingenuidad
para extrañarse de que los seres humanos tengan conductas
ventajistas
e incluso violentas.
El estudio del comportamiento ha identificado las bases de esta
situación y ha propuesto un modelo: los "halcones"
y las "palomas", como tipos extremos entre los que puede modularse el
comportamiento de cada individuo. Para que la situación sea lo
suficientemente complicada para que merezca la pena tanta
teoría, un mismo individuo puede ir desde un variable nivel de
"paloma" hasta uno variable de "halcón", es decir, desde unos
máximos a unos mínimos de comportamiento de
retirada o de agresión que pueden ser distintos en cada
individuo. La teoría de la evolución presta aquí
un
gran servicio al explicar cómo si estas estrategias son
cualidades heredables, es necesario que se llegue a un punto de
equilibrio y no es posible que todos los individuos de una
población
tengan comportamientos de retirada o todos de agresión.
Las mentiras, los pequeños conflictos o los grandes son por lo
tanto lo que se puede esperar en cualquier grupo humano aunque,
afortunadamente, cuanto más graves, son
más improbables. Y sería de premio a la inocencia creer
que los individuos de cualquier grupo van a desarrollar su vida
pacíficamente y mirando sólo por el bien personal y
social. Basta que uno se dé cuenta de que el engaño o la
violencia unilateral le da grandes ventajas frente a las "palomas" para
que tome un comportamiento de "halcón". Y si los demás no
son demasiado incautos, adoptarán el mismo comportamiento hasta
que se manifiesten sus inconvenientes.
A lo largo de esta serie he intentado explicar
cómo un sistema de alianzas de grupo da grandes ventajas
frente a los individuos aislados o los grupos menos organizados.
Y en el repertorio del comportamiento humano está la posibilidad
de formar grupos para la agresión o la defensa, con la misma
variación entre "palomas" y "halcones" que encontramos entre los
individuos. En el número anterior veíamos que hay ideas
símbolo: el pueblo, la nación, (además de otras de
tipo social, económico o cultural) que sirven de
identificación a los miembros de un grupo que se cierra y adopta
una estrategia
de conflicto. El modelo "paloma" en este caso equivale a la tolerancia
y el diálogo, mientras que el "halcón" es todo lo
contrario,
es decir, la intolerancia y la agresión. Sería ingenuo
pensar que todos vamos a ser siempre tolerantes y dialogantes por el
mismo motivo que decíamos al principio y lo esperable es que
cuando se forma un grupo así (o dos o varios), las "palomas"
salen
perdiendo o tienden a convertirse en "halcones", con lo que el
conflicto
se acentúa.
Pero además no todos los grupos son equivalentes y eso da lugar
a una jerarquización, como también veíamos en
números anteriores. Las ideas símbolo no siempre son, por
lo tanto, formas de identificarse entre iguales sino que frecuentemente
manifiestan una adhesión a un grupo superior y a sus intereses.
Hay fenómenos sociales que evidencian por todas partes que los
individuos suelen adherirse a los grupos que juzgan como más
fuertes. Permanecer solo es un peligro y asociarse con un grupo
débil no disminuye mucho el riesgo. Por eso, consciente o
inconscientemente, se busca formar parte de un grupo fuerte y se
adoptan o imitan sus símbolos. Sería materia para otro
foro
el tema de las modas y de la admiración que provocan los
líderes, pero vale citarlo aquí porque son los mismos
mecanismos que
están en la base de todo lo que explico en este número.
Entonces otro de los motivos para que se enemisten dos grupos es,
además
del cierre de un grupo sobre sí mismo, el cierre en torno a
los intereses y símbolos de unas clases superiores. Un individuo
que se asocia paga así con su adhesión y fidelidad el
precio de la protección que recibe o cree recibir en un
conflicto.
Parece así una conclusión evidente que cuando un grupo
defiende sus intereses, trata de reunir en su torno al mayor
número de adeptos y de extremar las posturas de manera que
queden claras unas diferencias que, de otro modo, se
difuminarían. En el camino que se bifurca desde cualquier
problema,
las dos opciones son, por lo tanto, abrirse a los demás grupos
y buscar la colaboración o ser fieles peones de una estrategia
de enfrentamiento. Y la identificación con grupos cerrados,
símbolos que acentúan el aislamiento e ideologías
de la exclusión nos convierte de hecho en peones con uniforme y
penacho de color.
En este foro se hace tanto hincapié desde la parte nacionalista
o, mejor dicho, desde la ultranacionalista, en el idioma y otras tres o
cuatro características culturales o en un par de
anécdotas más o menos históricas, que se deja ver
bien a las claras lo cómodos que se encuentran los peones con su
uniforme, los mismos peones que van a arriesgar su vida y sus intereses
al servicio de unos grupos dominantes. La mejor defensa de sus
intereses, de su identidad y de su cultura es, por el
contrario, la apertura a un ámbito democrático de
diálogo y colaboración, pero les han dicho que cuanto
más aislados e idénticos al "modelo ideal de vasco",
mejores patriotas son y más felices serán en el futuro
paraíso, y se
lo han creído.
Y para legitimar frente a la propia tropa todo este
despropósito, se cambia la realidad por la propaganda: hay un
enemigo ahí fuera que debe daros mucho miedo, porque es muy
"nacionalista-malo" y no os va a dejar ser "nacionalistas-buenos"
como nosotros vuestros líderes, que tanto os queremos. Los
escritores al servicio de la causa vienen aquí que ni pintados
porque lo natural es que uno hable con sus amigos o su familia de
más allá de los sagrados límites y no vea tantos
peligros, sino gente que va más o menos a lo suyo, como
aquí
y en todo lugar. Así al que duda de las arengas, le proporcionan
una buena dosis de cultura doctrinaria y ve fascistas hasta en el
asesinado Múgica Herzog, socialista y medio judío por
más señas. Pero de estos elementos ya hablamos en su
día.
La respuesta de manual a estas críticas
es que ahí fuera hay de hecho un "ultranacionalista-malo"
y que la postura de cierre de filas es únicamente para la
defensa. Pero esa debe de ser una de las primeras frases del
método audiovisual "El esbirro sin esfuerzo", porque si sacar la
cabeza por
encima de la trinchera para ver si el enemigo está o no
está le pone a uno en peligro, que se sirva del espejo
más a mano y que mire por arriba. ¡Y eso es este foro!
Cualquiera puede mirar
por encima del parapeto y ver que de Franco y de la dictadura no queda
más que un vago recuerdo. Que ahora, el supuesto enemigo no
es sino un buen número de personas con la mejor voluntad para
el diálogo, algunos más que cabreados y con motivos, y un
pequeñísimo número de ultranacionalistas
españoles que no se atreven ni a decirlo en su casa.
Entonces ¿para qué tanto esfuerzo, tantas guardias y
tanto toque de corneta? si la otra vía, la del diálogo y
la colaboración, está abierta y lo está para
beneficio de todos. El primer paso para alcanzar un acuerdo es perder
el miedo y tener voluntad de distensión y de diálogo. El
segundo, poner sobre la mesa qué es lo
que efectivamente se desea y no enmascarar la cuestión con
banderas y cánticos patrióticos. Y el tercero, mandar a
una isla desierta a todos los extremistas de profesión o de
vocación. Porque habrá gente que aunque le propongan el
sistema más equitativo, justo y provechoso para todos,
aún deseará
subirse al monte. Esos extremistas son un peligro y es necesario
denunciarlos y aislarlos, porque son ajenos a la razón y al
diálogo y buscan sus intereses o su protagonismo en un
agravamiento de los conflictos, sin los cuales no serían nada.
Adolf Hitler era un pintor de segunda o tercera
fila, simple cabo en el ejército durante la primera guerra
mundial y un intelectual y político de ínfimo nivel,
y sin embargo, removió tanto los problemas y los miedos de una
parte de Alemania, vencida y humillada en la guerra y temerosa de
la revolución soviética, que con sus solas dotes de
actor y de encantador de masas hizo que se reunieran en su torno todos
quienes creían que iba a ser la solución de sus problemas
y de sus miedos. Y como decía el viejo chiste, estaban al borde
del abismo, pero gracias a él dieron un paso adelante. No
hagamos
lo mismo mientras podamos evitarlo.
Otro día más.
Sursum corda!
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