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Los grupos humanos
están en constante evolución y redefinición de su
estructura. No son los sujetos permanentes que pretenden los
nacionalistas, ajenos a transformaciones, fusiones y destrucciones.
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Ayer
decíamos que los pueblos son grupos humanos aislados por
barreras que impiden o al menos dificultan el
tránsito de personas y que ese aislamiento es un factor
necesario para que aparezcan las diferencias genéticas que todos
podemos
observar: diferencias en estatura, pigmentación; o las que se
revelan en estudios científicos: Rh, grupos AB0, o de
histocompatibilidad. Pero el periodo de aislamiento de cualquier grupo
respecto a los demás es mínimo en términos de
evolución y no ha dado
lugar a especies sino a meras variedades o razas. Lo que es necesario
tener en cuenta es que el ser humano es social y cultural y, por lo
tanto,
que los factores de esa índole son tan decisivos o más
que
la mera evolución biológica como especie. Aunque
curiosamente
para quien piense lo contrario, esto no es sino otro fenómeno de
esa evolución biológica con más factores en juego.
El hecho del aislamiento puede haber dado lugar a fisonomías tan
diferentes como las de un esquimal y un masai, pero eso se debe a la
necesaria
adaptación fisiológica a medios diversos. Sin
embargo
dentro de espacios más reducidos no son las barreras
físicas
las que principalmente constituyen los pueblos y naciones sino las
sociales
y políticas. En cualquier caso, los pueblos no son algo
definitivo
pues con la desaparición de una barrera se constituye una
población
unión de las dos anteriores y se homogeneizan dentro de ella las
características genéticas.
Del mismo modo, los lenguajes no pueden ser considerados como entidades
cerradas e inmutables. Un español y un chino utilizan
códigos de lenguaje mutuamente incomprensibles, pero lo que
existe no son los lenguajes como entidades metafísicas, sino
conjuntos de personas concretas que utilizan códigos
relacionados por su origen e interacción. El lenguaje, como las
frecuencias genéticas, es algo que implica una población.
Es imposible, o mejor inviable a medio plazo, un único ser vivo
aislado.
Siempre existe dentro de una población. Del mismo modo, no
es posible un lenguaje estrictamente individual pues el mismo hecho de
ser un código de comunicación implica al menos un emisor
y un receptor en algún momento. Entonces, aunque los
códigos en sí sean tan diferentes como el español
y el chino,
siempre puede haber hablantes bilingües o plurilingües e
incluso crearse un lenguaje pidyin. Por lo tanto, hasta entre lenguajes
tan distantes siempre es posible la influencia, y más entre
los de poblaciones próximas. Pero las diferencias entre
lenguajes
aparecen, como en el caso de las genéticas, debido al
aislamiento
y a la posterior evolución. Dos poblaciones no relacionadas o
poco relacionadas acaban diferenciando sus lenguajes aunque hayan
comenzado con el mismo y, por lo tanto, la diferenciación de
lenguajes
no es un hecho meramente lingüístico, sino que implica
necesariamente factores sociales, políticos e históricos.
Esto es igual de evidente en el caso del linaje, pues las familias se
crean con la relación y son imposibles con el aislamiento. La
cultura, otro de los factores para clasificar comunidades humanas como
pueblos, se difunde espontáneamente por imitación o por
el comercio mientras que no haya barreras que lo impidan. Pero
esas barreras aparecen con facilidad, tanto barreras totales como
selectivas. Así podemos, por ejemplo, encontrar relojes Rolex o
automóviles Mercedes en Arabia Saudí, pero
difícilmente ropa de Ágata Ruiz de la Prada o literatura
de Saramago.
A estas alturas, hagamos un resumen. Un pueblo no es algo meramente
existente sino en parte una construcción, y
ésta ha variado en sus datos y fundamentos teóricos a lo
largo de la historia. Lo que se ha tomado en cuenta en cada momento es
variable: linaje y apariencia física, religión y otras
características culturales, y últimamente, los datos de
la biología y la lingüística. Pero como hemos visto,
estos factores no determinan unidireccionalmente la existencia de un
pueblo, sino que interactúan con otras diversas formas de
aislamiento y todo sufre modificación. Normalmente, todo
comienza con algún tipo de barrera. A partir de ahí, el
resto de factores tiende a variar independientemente y a constituirse
en nuevas barreras que a su vez interactúan en un nuevo proceso
de aislamiento y diferenciación. Todo este complejo desarrollo
histórico tiene que convencernos antes que nada de la falsedad e
inutilidad de los conceptos que lo ignoran. Un pueblo no puede
considerarse prehistórico, o no más que los demás;
ni un lenguaje puede pretender más antigüedad que los otros
pues todos los lenguajes, excepto los artificiales como el volapük
o el esperanto, hunden sus raíces en la misma historia. Salvo
estas nuevas iniciativas, todo es resultado de aislamientos y
diferenciaciones o de acercamientos y asimilaciones.
En el caso de los argumentos nacionalistas vemos que su única
fuerza es aparente y reside en el círculo vicioso. A se
demuestra por B y B se demuestra por A, con lo cual no hay nada
demostrado. En el País vasco hay una proporción de Rh-
más alta o se habla un lenguaje no indoeuropeo debido al
aislamiento, y luego se toman estos factores para fundamentar el
aislamiento. El problema es como el del huevo y la gallina, que
sólo podemos resolver negándolo en su simplicidad e
introduciendo teorías y datos evolutivos. Que haya de hecho
aislamiento
será voluntario o involuntario, lo mismo que la
comunicación, pero no se trata de un axioma evidente
que debemos resignarnos a aceptar y tomar
como base de todo.
Pero aquí llegan los cambios de reglas en medio del partido.
Como decía José María Ruiz Soroa, en su
artículo, los nacionalistas pueden fundamentar la
separación en la voluntad y en la contingencia de una
nación llamada España, pero a continuación, fundan
la existencia y los derechos de Euskadi en la necesidad
metahistórica, independiente de la
voluntad de los miembros de este pretendido pueblo y en mucha mayor
medida, de la de quienes no forman parte de él. Y en esto ya no
caen en un círculo vicioso, sino en una contradicción.
Por lo tanto, antes de continuar el partido, debemos saber con
qué reglas jugamos.
Algunos participantes en este foro me han pedido propuestas de
solución y creo que llevamos camino de ello en esta serie.
Primero, denunciando la irracionalidad de algunas posturas
nacionalistas vascas, aunque no por nacionalistas ni por vascas.
Segundo, denunciando el por qué se consolidan y se
perpetúan. Tercero desmontando algunos de sus conceptos
básicos, Y, si ustedes me siguen, finalizaremos con el
establecimiento de nuevas bases. Del mismo modo que en la
construcción de un edificio, es necesario primero excavar el
terreno hasta llegar a un punto firme donde asentar los cimientos. A
partir de ahí, el edificio ya puede ganar altura.
Otro día, más.
Sursum corda!
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