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El pensador 10




Los grupos humanos están en constante evolución y redefinición de su estructura. No son los sujetos permanentes que pretenden los nacionalistas, ajenos a transformaciones, fusiones y destrucciones.
Ayer decíamos que los pueblos son grupos humanos aislados por barreras que impiden o al menos dificultan el tránsito de personas y que ese aislamiento es un factor necesario para que aparezcan las diferencias genéticas que todos podemos observar: diferencias en estatura, pigmentación; o las que se revelan en estudios científicos: Rh, grupos AB0, o de histocompatibilidad. Pero el periodo de aislamiento de cualquier grupo respecto a los demás es mínimo en términos de evolución y no ha dado lugar a especies sino a meras variedades o razas. Lo que es necesario tener en cuenta es que el ser humano es social y cultural y, por lo tanto, que los factores de esa índole son tan decisivos o más que la mera evolución biológica como especie. Aunque curiosamente para quien piense lo contrario, esto no es sino otro fenómeno de esa evolución biológica con más factores en juego. El hecho del aislamiento puede haber dado lugar a fisonomías tan diferentes como las de un esquimal y un masai, pero eso se debe a la necesaria adaptación fisiológica a medios diversos. Sin embargo dentro de espacios más reducidos no son las barreras físicas las que principalmente constituyen los pueblos y naciones sino las sociales y políticas. En cualquier caso, los pueblos no son algo definitivo pues con la desaparición de una barrera se constituye una población unión de las dos anteriores y se homogeneizan dentro de ella las características genéticas.

Del mismo modo, los lenguajes no pueden ser considerados como entidades cerradas e inmutables. Un español y un chino utilizan códigos de lenguaje mutuamente incomprensibles, pero lo que existe no son los lenguajes como entidades metafísicas, sino conjuntos de personas concretas que utilizan códigos relacionados por su origen e interacción. El lenguaje, como las frecuencias genéticas, es algo que implica una población. Es imposible, o mejor inviable a medio plazo, un único ser vivo aislado. Siempre existe dentro de una población. Del mismo modo, no es posible un lenguaje estrictamente individual pues el mismo hecho de ser un código de comunicación implica al menos un emisor y un receptor en algún momento. Entonces, aunque los códigos en sí sean tan diferentes como el español y el chino, siempre puede haber hablantes bilingües o plurilingües e incluso crearse un lenguaje pidyin. Por lo tanto, hasta entre lenguajes tan distantes siempre es posible la influencia, y más entre los de poblaciones próximas. Pero las diferencias entre lenguajes aparecen, como en el caso de las genéticas, debido al aislamiento y a la posterior evolución. Dos poblaciones no relacionadas o poco relacionadas acaban diferenciando sus lenguajes aunque hayan comenzado con el mismo y, por lo tanto, la diferenciación de lenguajes no es un hecho meramente lingüístico, sino que implica necesariamente factores sociales, políticos e históricos.

Esto es igual de evidente en el caso del linaje, pues las familias se crean con la relación y son imposibles con el aislamiento. La cultura, otro de los factores para clasificar comunidades humanas como pueblos, se difunde espontáneamente por imitación o por el comercio mientras que no haya barreras que lo impidan. Pero esas barreras aparecen con facilidad, tanto barreras totales como selectivas. Así podemos, por ejemplo, encontrar relojes Rolex o automóviles Mercedes en Arabia Saudí, pero difícilmente ropa de Ágata Ruiz de la Prada o literatura de Saramago.

A estas alturas, hagamos un resumen. Un pueblo no es algo meramente existente sino en parte una construcción, y ésta ha variado en sus datos y fundamentos teóricos a lo largo de la historia. Lo que se ha tomado en cuenta en cada momento es variable: linaje y apariencia física, religión y otras características culturales, y últimamente, los datos de la biología y la lingüística. Pero como hemos visto, estos factores no determinan unidireccionalmente la existencia de un pueblo, sino que interactúan con otras diversas formas de aislamiento y todo sufre modificación. Normalmente, todo comienza con algún tipo de barrera. A partir de ahí, el resto de factores tiende a variar independientemente y a constituirse en nuevas barreras que a su vez interactúan en un nuevo proceso de aislamiento y diferenciación. Todo este complejo desarrollo histórico tiene que convencernos antes que nada de la falsedad e inutilidad de los conceptos que lo ignoran. Un pueblo no puede considerarse prehistórico, o no más que los demás; ni un lenguaje puede pretender más antigüedad que los otros pues todos los lenguajes, excepto los artificiales como el volapük o el esperanto, hunden sus raíces en la misma historia. Salvo estas nuevas iniciativas, todo es resultado de aislamientos y diferenciaciones o de acercamientos y asimilaciones.

En el caso de los argumentos nacionalistas vemos que su única fuerza es aparente y reside en el círculo vicioso. A se demuestra por B y B se demuestra por A, con lo cual no hay nada demostrado. En el País vasco hay una proporción de Rh- más alta o se habla un lenguaje no indoeuropeo debido al aislamiento, y luego se toman estos factores para fundamentar el aislamiento. El problema es como el del huevo y la gallina, que sólo podemos resolver negándolo en su simplicidad e introduciendo teorías y datos evolutivos. Que haya de hecho aislamiento será voluntario o involuntario, lo mismo que la comunicación, pero no se trata de un axioma evidente que debemos resignarnos a aceptar y tomar como base de todo.

Pero aquí llegan los cambios de reglas en medio del partido. Como decía José María Ruiz Soroa, en su artículo, los nacionalistas pueden fundamentar la separación en la voluntad y en la contingencia de una nación llamada España, pero a continuación, fundan la existencia y los derechos de Euskadi en la necesidad metahistórica, independiente de la voluntad de los miembros de este pretendido pueblo y en mucha mayor medida, de la de quienes no forman parte de él. Y en esto ya no caen en un círculo vicioso, sino en una contradicción. Por lo tanto, antes de continuar el partido, debemos saber con qué reglas jugamos.

Algunos participantes en este foro me han pedido propuestas de solución y creo que llevamos camino de ello en esta serie. Primero, denunciando la irracionalidad de algunas posturas nacionalistas vascas, aunque no por nacionalistas ni por vascas. Segundo, denunciando el por qué se consolidan y se perpetúan. Tercero desmontando algunos de sus conceptos básicos, Y, si ustedes me siguen, finalizaremos con el establecimiento de nuevas bases. Del mismo modo que en la construcción de un edificio, es necesario primero excavar el terreno hasta llegar a un punto firme donde asentar los cimientos. A partir de ahí, el edificio ya puede ganar altura.

Otro día, más.

Sursum corda!




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