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Dos de los conceptos en
juego en la guerra de ideas con los nacionalismos son los de pueblo y
nación. Los nacionalismos los pretenden reflejo de realidades
eternas, pero su definición
ha variado a lo largo de la historia.
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Los
nacionalistas de este foro y los del mundo real tienen una
táctica infalible para "ganar" en el debate y en la
política. Si cogemos el balón con la mano nos dicen que
el partido es de fútbol, pero en cuanto lo dejamos en el suelo,
las reglas cambian y nos encontramos de nuevo jugando al balonmano. El
caso más evidente es el del concepto de nación. Supongo
que ustedes han leído ya el artículo que José
María Ruiz Soroa publicaba en El País y que tan
amablemente nos aporta Carlos López (1) y, si no, les recomiendo que
lo hagan porque ese aburrido sonsonete de: "los vascos tenemos derecho
a decidir" lo desmonta con la sencillez de lo verdadero y de lo
evidente. Pero hoy vamos a profundizar algo más en el tema y a
ponerles del revés a los nacionalismos unos conceptos tan
queridos para ellos como los de pueblo prehistórico y lengua
prehistórica. Para lo que haga falta, imagino que contaremos con
la colaboración de Bruno (2)
en temas de
biología molecular y aun de historia.
Como resulta sabido ya para cualquiera con un mínimo
interés por la filosofía, nuestras ideas sobre la
realidad contienen una buena dosis de teoría y nada es tan
evidente
y tan inmediato como suponemos en nuestra ingenuidad. No es
extraño por lo tanto que para explicarnos el mundo tengamos que
recurrir a lo generalmente aceptado. Hoy los estudiantes se ríen
de que en la antigüedad algunos pueblos creyeran que el mundo
estaba rodeado por arriba y por abajo de agua. Pero es que llueve de
arriba y si cavamos
un pozo llegamos al nivel freático y aparece agua. Y esto era
tan evidente entonces como ahora, sólo que sus teorías no
eran suficientemente refinadas.
El concepto de nación ha tenido igualmente diversos desarrollos
y aplicaciones a lo largo de la historia. Los griegos lucharon casi
unánimemente contra los persas como una especie de deber
nacional y la traición de Tebas no se pasó
por alto. Los celtas continentales, que no formaron estados hasta
la influencia mediterránea, tenían un concepto de
etnicidad
superior al del pueblo al que pertenecían (helvetii, arverni,
boii) y los egipcios lucharon con especial energía contra las
diversas dominaciones extranjeras hasta que asirios, babilonios y
persas comenzaran una destrucción que se completó bajo
griegos,
romanos y árabes. Pero sería necesario saber en cada caso
qué factores eran los que se tenían en cuenta en cada
caso
para ser incluido o no dentro de esos grupos. Podía tratarse del
linaje, la lengua, la religión o cualquier otra forma cultural.
De hecho, el mito celta tiene mucho de romántico y es muy dudoso
que los primitivos irlandeses o británicos tuviesen una
conciencia de pertenecer a un mismo grupo. Ese concepto
romántico de nación o pueblo es una nueva teoría
que viene a racionalizar las evidentes similitudes y disimilitudes
entre grupos humanos y no tiene por qué
haber sido de aplicación antes de que se formulara. Cuando nos
hablan de los hunos o de los ostrogodos, tendemos a pensar en pueblos
que llegaron de Asia central o de la actual Suecia tan puros y
definidos como en
la estampa de un libro, pero la realidad es muy diferente. A grupos de
un linaje común se sumaban otros procedentes de pueblos
derrotados o aliados, o mercenarios individuales, o mujeres y
niños raptados. El concepto de nación era quizá
muy elástico y reunía a todo el que quisiese colaborar o
se sometiese a un jefe. Y es verosímil que el concepto moderno
de pueblo comience al ser derrotado el antiguo régimen y verse
la necesidad de un sujeto que posea la soberanía y que concite
la fidelidad de los ciudadanos y sustituya al señor. Termina
así en Europa un ciclo monárquico y feudal y se retorna
al concepto más clásico de estado y ciudadano.
Pero si los conceptos de nación o pueblo han variado a lo largo
de la historia, es absurdo identificar un sujeto más allá
de la historia que haya permanecido inmutable a lo largo de los siglos.
En el siglo XIX con los progresos de la biología, se introducen
en la teoría sobre pueblos y naciones conceptos como raza pura o
caracteres de clasificación. Ponemos cráneo
braquicéfalo donde poníamos planta dicotiledónea y
ya tenemos una nueva clasificación taxonómica.
Añadimos los Rh o algunas características
antropométricas y un poco de entusiasmo linneano y aparecen
razas y pueblos por todos lados. Y eso se añade y se remueve
sobre los conceptos metafísicos románticos. Para
redondear la obra se observa también en el siglo XIX que lenguas
tan lejanas geográficamente como el latín, el griego o el
sánscrito tienen muchas afinidades en léxico y
gramática, lo que sugiere una relación, una
evolución y un nuevo modo de clasificación. El resultado
de añadir una buena dosis de extremismo político
convirtió la mezcla en explosiva. Pero antes de que el
extremismo nazi floreciera, se
había creado y abonado un campo de ideología en el que
pueblos
indoeuropeos guerreros dominaban a pueblos inferiores en técnica
militar
o en el uso del carro o del caballo. Quizá los amantes de lo
simple
lo acortaron un poco y lo dejaron en pueblos inferiores, a secas, pero
sin
concepto de pueblo netamente diferenciado no sería concebible el
de pueblo inferior o superior.
Todo esto no significa que no existan pueblos y naciones sino que la
realidad se parece más a una amalgama que a un elemento aislado.
Si tenemos en cuenta los avances de las ciencias en biología,
lingüística o historia, un montón de conceptos
caducos caen por los suelos. Da penita oír como se saca a
colación el Rh sin haberse puesto al día
en genética de poblaciones y naturalmente el resultado es
también irrisorio. O cómo se nos habla de la lengua de
los habitantes prehistóricos y pastoriles a los que alguno ya
casi imagina con txapela. Un pueblo no es una realidad cerrada y
definida
sino que es algo parecido a una población en términos
genéticos: un conjunto de seres vivos de una especie, es decir,
que pueden dar
híbridos fértiles por cruzamiento, que están
aislados
de otras poblaciones por algún tipo de barrera. El cruzamiento
dentro una población es, en principio, al azar y, por lo tanto,
en ausencia de barreras, toda la especie sería una única
población. Pero si existe cualquier tipo de barrera que impida
la mezcla de dos poblaciones, los procesos de selección o deriva
genética implicados en la evolución, tienden a alterar
la frecuencia con la que diferentes cualidades heredables aparecen en
cada una de ellas. Como esas cualidades son las que se tienen en cuenta
para clasificar taxonómicamente, podremos tener dos variedades,
subespecies o llegado el caso dos especies.
Tomemos el caso del Rh. Sin entrar en las intimidades del genotipo,
todo ser humano es clasificable como Rh+ o Rh-. Lo que varía en
cada población es el porcentaje de cada tipo,
No hay un Rh típicamente vasco o no vasco sino una mayor
frecuencia
de Rh- en la población autóctona. Usted puede encontrar
Rh- en Turquía y una buena cantidad de individuos Rh+ en
cualquier batzoki. Pero que haya características diferentes en
diferentes poblaciones es lo esperable dado un tiempo de aislamiento,
por lo cual es necesario precisar que no son las cualidades diferentes
las que originan el aislamiento, sino que todo comienza con el
aislamiento. Es decir,
primero tiene que haber una causa externa que aísle a cada
población y después lo esperable es que se vayan
diferenciando.
Como el tema da para mucho más, dejamos el resto para
mañana.
Sursum corda!
(1) Carlos
Lopez y (2) Bruno son
otros dos apodos de participantes en el foro. Ver la página personal
de Bruno Zabala. (Subir)
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