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| La aparición de
los nacionalismos no forma parte de una historia lineal y determinada
sino que es una de las posibilidades de la evolución de las
sociedades. Pero es posible analizar los factores que llevan a su
aparición. |
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Los
fenómenos históricos funcionan según el teorema de
la bicicleta: lo que cuesta es ponerse a andar, pero después se
mantiene en equilibrio fácilmente con la condición de que
siga moviéndose. Entre todos ellos, conocemos sólo los
que han llegado a tener relevancia para el conjunto de la sociedad
local o mundial, pero se nos escapan probablemente la mayoría de
los intentos que, afortunada o desafortunadamente, fracasan.
Así, nos parece por ejemplo, que la llegada de
los nazis al poder es un fenómeno más o menos inevitable,
que puede ser explicado mejor o peor con tales o cuales teorías
y conociendo tales o cuales hechos. Pero en circunstancias parecidas
otros intentos totalitarios fallaron.
El planteamiento es al menos la mitad de la solución de un
problema y el anterior es, a mi juicio, erróneo. Podremos tener
en cuenta la influencia del tratado de Versalles, la ocupación
de la cuenca del Ruhr, las indemnizaciones de guerra o el temor del
electorado de derecha al avance de la extrema izquierda, pero no
basta. Es necesario un cambio básico de perspectiva:
ningún conjunto limitado de hechos o ninguna teoría
explica los fenómenos históricos como una ciencia
natural. El determinismo, el historicismo, caen en el error de ignorar
millones de datos, que son el conjunto de opiniones, acciones y
reacciones de millones de personas, y cualquiera que conozca de
oído la teoría del caos sabe que la influencia acumulada
de tantas causas hace impredecible el curso de la historia
(léase "La miseria del historicismo" de Karl Popper). Pero la
ciencia histórica puede analizar y comprender esos hechos y
valorar lo que tiene influencia en cada caso, como en el ejemplo
anterior.
Nos debemos resignar en consecuencia a la incertidumbre de no poder
pronosticar qué va a suceder y a ni siquiera conocer qué
condiciones son determinantes para obtener un resultado. Es la
situación que lleva al tipo de pregunta por cómo
sería la historia si César se hubiera guardado de los
idus de marzo, por ejemplo. Sin embargo, los hechos reales tienen
causas reales y si bien el trabajo de profeta en la historia tiene poco
futuro, el de historiador es apasionante, a la vez que necesario. El
historiador puede observar cómo se suceden intentos para todos
los gustos: de progreso, de involución, políticos,
sociales, religiosos, cómo unos triunfan y otros fracasan y
comprender lo que sucede tanto por el placer del conocimiento como para
la práctica personal y pública.
Para lo que nos ocupa en este foro es conveniente tener en cuenta todo
lo anterior pues son muchos los intentos de la irracionalidad por
asaltar la libertad y la civilización, y el siglo XIX fue
abundante en casos de todo tipo. Algunos se creen
la vanguardia de la vanguardia del movimiento dialéctico de
la historia, mientras que para otros es el mismo proceso de la
evolución biológica el que les pone al mando con un
reverso tenebroso de Darwin dándoles su bendición, o
quizá es Dios mismo, o una mezcla al gusto de éstos y
otros componentes. Pero la libertad del ser humano para pensar, decidir
y obrar cae siempre a los pies de los caballos, y no sólo
retóricamente, sino que los millones de muertos son otros tantos
testigos contra la
barbarie. Nos podremos preguntar por cómo se llegó a
esto, pero es que constantemente se intenta y también se intenta
lo contrario, como somos buena prueba los que escribimos y leemos
aquí. El caso es que la historia es así: unas veces se
gana y otras se
pierde. Y una vez que la bicicleta se ha puesto a andar es más
fácil que se mantenga. El problema es por tanto saber
quién da pedales y por qué.
Los siglos XVIII y XIX ven la caída de muchos mitos sociales y
religiosos que sostenían a las monarquías y aparece un
intento de creación/legitimación/fortalecimiento de lazos
sociales y políticos que es el concepto de nación. No la
nación como mero conjunto de habitantes o de naturales de origen
del país, sino como algo más, algo que precede a la
libertad del ser humano y que se impone a ella. La nación se
apoya además en factores como la religión, el lenguaje,
la antropología física o cultural, pero ante todo es un
absoluto que está ahí, por encima de lo que cada uno
quiera pensar o decidir. De ahí viene el nacionalismo y entre
otros, más funesto por más cercano, el nacionalismo
vasco. Ya debería estar claro para cualquiera que no estoy
contra la existencia de naciones ni el sentimiento de pertenencia ni
cosas parecidas sino sólo
contra ese concepto más allá de la libertad y de la
historia
que pesa como una losa sobre quienes se dejan dominar por él.
Como el dios fenicio, necesita alimentarse de los hijos del pueblo y
las familias los ofrecen voluntariamente para ganarse su favor. Igual
que al dios, se le invoca contra los enemigos, y sea lo que sea lo que
llevó a enemistarse a Sabino Arana con los "odiosos
españoles" la verdad es que inventó un nuevo dios como
aquél. Un intento más, pero éste consiguió
mover la bicicleta y
a partir de ahí comienza el "problema vasco". Una vez formado un
grupo sólido, todo lo demás no importa: serán los
fueros, será el idioma, el bucolismo aldeano y pastoril o el
orgullo por la siderurgia, podrá ser incluso una forma
más de lucha contra el estado, pero alguien da pedales a la
bicicleta porque va bien
o por no caerse. Ahora, con el apoyo de los que buscan la sombra del
poder, el calorcito de la poltrona o la simple sonrisa de los
correligionarios, o para evitar que a uno le llamen cacereño,
pardillo, "maketo lapurra", o una lluvia de fuego, metralla o balas, la
bicicleta marcha.
Los razonamientos están bien, pero apuesto lo que queráis
a que si los motivos de un nacionalista no son racionales (no he dicho
"razonables"), no podéis convencer a ninguno con textos por
más ingeniosos, brillantes, sólidos y veraces que sean.
Una vez dentro del grupo, sea como sea que haya llegado a él, a
todo miembro le interesa, le gusta reforzarlo
y por otra parte lo necesita. Cuando habláis de muertos, tiran
balones fuera, hablan de Mayor Oreja o de lo que sea, pero no entran al
meollo de
la cuestión. Para citar de nuevo al nazi de la historieta del
"capítulo 2", nunca dijo que sí, que nazi hasta las
cachas y con un par, que los 6 millones de judíos, y más
millones de polacos, rusos y demás "untermenschen" fueron pocos
y porque
los demás se les escaparon. Con sonrisita boba dijo, que no
sabía que los de las SS fueran así, con lo majetones y
buenos patriotas
que parecían. El problema aquí es cómo funciona
esta
mafia y cómo desmontarla. Otra cosa es disfrutar de la
conversación o perder el tiempo.
Otro día más
Sursum corda!
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