Sc! Sursum corda!

Sursum corda!   Indice general   El sueño de la razón

El pensador 3




La aparición de los nacionalismos no forma parte de una historia lineal y determinada sino que es una de las posibilidades de la evolución de las sociedades. Pero es posible analizar los factores que llevan a su aparición.
Los fenómenos históricos funcionan según el teorema de la bicicleta: lo que cuesta es ponerse a andar, pero después se mantiene en equilibrio fácilmente con la condición de que siga moviéndose. Entre todos ellos, conocemos sólo los que han llegado a tener relevancia para el conjunto de la sociedad local o mundial, pero se nos escapan probablemente la mayoría de los intentos que, afortunada o desafortunadamente, fracasan. Así, nos parece por ejemplo, que la llegada de los nazis al poder es un fenómeno más o menos inevitable, que puede ser explicado mejor o peor con tales o cuales teorías y conociendo tales o cuales hechos. Pero en circunstancias parecidas otros intentos totalitarios fallaron.

El planteamiento es al menos la mitad de la solución de un problema y el anterior es, a mi juicio, erróneo. Podremos tener en cuenta la influencia del tratado de Versalles, la ocupación de la cuenca del Ruhr, las indemnizaciones de guerra o el temor del electorado de derecha al avance de la extrema izquierda, pero no basta. Es necesario un cambio básico de perspectiva: ningún conjunto limitado de hechos o ninguna teoría explica los fenómenos históricos como una ciencia natural. El determinismo, el historicismo, caen en el error de ignorar millones de datos, que son el conjunto de opiniones, acciones y reacciones de millones de personas, y cualquiera que conozca de oído la teoría del caos sabe que la influencia acumulada de tantas causas hace impredecible el curso de la historia (léase "La miseria del historicismo" de Karl Popper). Pero la ciencia histórica puede analizar y comprender esos hechos y valorar lo que tiene influencia en cada caso, como en el ejemplo anterior.

Nos debemos resignar en consecuencia a la incertidumbre de no poder pronosticar qué va a suceder y a ni siquiera conocer qué condiciones son determinantes para obtener un resultado. Es la situación que lleva al tipo de pregunta por cómo sería la historia si César se hubiera guardado de los idus de marzo, por ejemplo. Sin embargo, los hechos reales tienen causas reales y si bien el trabajo de profeta en la historia tiene poco futuro, el de historiador es apasionante, a la vez que necesario. El historiador puede observar cómo se suceden intentos para todos los gustos: de progreso, de involución, políticos, sociales, religiosos, cómo unos triunfan y otros fracasan y comprender lo que sucede tanto por el placer del conocimiento como para la práctica personal y pública.

Para lo que nos ocupa en este foro es conveniente tener en cuenta todo lo anterior pues son muchos los intentos de la irracionalidad por asaltar la libertad y la civilización, y el siglo XIX fue abundante en casos de todo tipo. Algunos se creen la vanguardia de la vanguardia del movimiento dialéctico de la historia, mientras que para otros es el mismo proceso de la evolución biológica el que les pone al mando con un reverso tenebroso de Darwin dándoles su bendición, o quizá es Dios mismo, o una mezcla al gusto de éstos y otros componentes. Pero la libertad del ser humano para pensar, decidir y obrar cae siempre a los pies de los caballos, y no sólo retóricamente, sino que los millones de muertos son otros tantos testigos contra la barbarie. Nos podremos preguntar por cómo se llegó a esto, pero es que constantemente se intenta y también se intenta lo contrario, como somos buena prueba los que escribimos y leemos aquí. El caso es que la historia es así: unas veces se gana y otras se pierde. Y una vez que la bicicleta se ha puesto a andar es más fácil que se mantenga. El problema es por tanto saber quién da pedales y por qué.

Los siglos XVIII y XIX ven la caída de muchos mitos sociales y religiosos que sostenían a las monarquías y aparece un intento de creación/legitimación/fortalecimiento de lazos sociales y políticos que es el concepto de nación. No la nación como mero conjunto de habitantes o de naturales de origen del país, sino como algo más, algo que precede a la libertad del ser humano y que se impone a ella. La nación se apoya además en factores como la religión, el lenguaje, la antropología física o cultural, pero ante todo es un absoluto que está ahí, por encima de lo que cada uno quiera pensar o decidir. De ahí viene el nacionalismo y entre otros, más funesto por más cercano, el nacionalismo vasco. Ya debería estar claro para cualquiera que no estoy contra la existencia de naciones ni el sentimiento de pertenencia ni cosas parecidas sino sólo contra ese concepto más allá de la libertad y de la historia que pesa como una losa sobre quienes se dejan dominar por él. Como el dios fenicio, necesita alimentarse de los hijos del pueblo y las familias los ofrecen voluntariamente para ganarse su favor. Igual que al dios, se le invoca contra los enemigos, y sea lo que sea lo que llevó a enemistarse a Sabino Arana con los "odiosos españoles" la verdad es que inventó un nuevo dios como aquél. Un intento más, pero éste consiguió mover la bicicleta y a partir de ahí comienza el "problema vasco". Una vez formado un grupo sólido, todo lo demás no importa: serán los fueros, será el idioma, el bucolismo aldeano y pastoril o el orgullo por la siderurgia, podrá ser incluso una forma más de lucha contra el estado, pero alguien da pedales a la bicicleta porque va bien o por no caerse. Ahora, con el apoyo de los que buscan la sombra del poder, el calorcito de la poltrona o la simple sonrisa de los correligionarios, o para evitar que a uno le llamen cacereño, pardillo, "maketo lapurra", o una lluvia de fuego, metralla o balas, la bicicleta marcha.

Los razonamientos están bien, pero apuesto lo que queráis a que si los motivos de un nacionalista no son racionales (no he dicho "razonables"), no podéis convencer a ninguno con textos por más ingeniosos, brillantes, sólidos y veraces que sean. Una vez dentro del grupo, sea como sea que haya llegado a él, a todo miembro le interesa, le gusta reforzarlo y por otra parte lo necesita. Cuando habláis de muertos, tiran balones fuera, hablan de Mayor Oreja o de lo que sea, pero no entran al meollo de la cuestión. Para citar de nuevo al nazi de la historieta del "capítulo 2", nunca dijo que sí, que nazi hasta las cachas y con un par, que los 6 millones de judíos, y más millones de polacos, rusos y demás "untermenschen" fueron pocos y porque los demás se les escaparon. Con sonrisita boba dijo, que no sabía que los de las SS fueran así, con lo majetones y buenos patriotas que parecían. El problema aquí es cómo funciona esta mafia y cómo desmontarla. Otra cosa es disfrutar de la conversación o perder el tiempo.

Otro día más

Sursum corda!




Arriba
Anterior Siguiente


Sursum corda!