Sc! Sursum corda!

Sursum corda!   Indice general   El sueño de la razón

El pensador 2




Los nacionalistas hacen del concepto de nación algo real más allá de la existencia y la voluntad de los individuos, a lo que sólo cabe subordinarse. El concepto moderno de nación como sociedad política choca con todo eso.
El sueño de la razón produce monstruos como esos conceptos medio metafísicos, medio religiosos de nación o pueblo, que parece que estuvieran por encima y al margen de la voluntad humana y de la realidad histórica y social. El ser humano es social por naturaleza y depende del grupo en el que nace, pero permanece en él por conveniencia, o cambia de grupo o cambia sus relaciones con los otros miembros. El concepto metafísico de nación es lo que identifica al nacionalista, y es una forma consciente o inconsciente de sacar la organización social del ámbito de lo que podemos decidir. Desde un punto de vista positivo podemos hablar de los Estados Unidos de América, o de Francia o Alemania como naciones, pero para el nacionalista no pueden serlo. Pero esos errores son los mismos que hacen de las lenguas, o las culturas entes no históricos, que ni evolucionan ni podemos modificar.

Es lógico que los grupos que tienen el poder o lo buscan y están en conflicto con otros grupos traten de organizar a su alrededor al mayor número posible de partidarios y de unirlos con lazos indisolubles. Así aparecen ideologías como las que hablan de los españoles antes de los romanos o del euskera como lengua que se remonta al paleolítico. Pues ¡qué bien! como si las demás lenguas no hubieran evolucionado desde la prehistoria más remota o como si el euskera no hubiera experimentado cambios, recibido préstamos y demás. O como si los individuos no se relacionasen más que según los deseos de estos nacionalistas.

Existe una nación como esas anteriores, España, que existe no porque haya una esencia inmutable de lo español, sino como resultado presente de un proceso histórico y porque todos los ciudadanos nos reconocemos unos mismos derechos válidos para todos, que es lo que expresa el espíritu de la Constitución. Es esa realidad histórica y jurídica lo que existe y no las llamadas nacionalidades, que hace siglos que no crean ningún límite interno. Y es esa nación que depende de nuestra libertad y que la defiende lo que está siendo atacado por unas patrañas políticas e históricas que se basan en conceptos que prescinden de lo que hemos llegado a ser y de lo que queremos ser. Es el nacionalismo más rancio contra el concepto moderno de nación, el concepto absoluto contra nuestra libertad, el panfleto sabiniano contra la realidad, la destrucción de lo real para construir lo imaginario. Porque, por mucho que nos aburran con sus llamadas a la "voluntad de los vascos", los nacionalistas ya conocen el final inevitable y que no puede ser decidido: las siete provincias del Ebro al Adour, el idioma y lo demás. O eso o el "conflicto" y la libertad al paro. Más que la existencia de España, debemos defender contra esos ataques nuestra libertad y nuestra convivencia, que son sus fundamentos, porque por mucho que repitan una falsedad, siempre lo será y siempre diremos que el nacionalismo trata de destruir lo que de hecho es nuestro hogar.

La reacción de los votantes o militantes de los partidos nacionalistas a estas afirmaciones suele ser bastante agria: les estamos insultando y recortando la libertad. Empecemos por lo segundo. La libertad nunca es absoluta porque tiene por límite la de los demás y los derechos o son recíprocos o no existen, porque el derecho de cada uno equivale a una obligación para todos los demás. Así que necesariamente debemos recortar su libertad para que quede sitio para la de otros, y esa es la esencia de la democracia: la igualdad de derechos y, por tanto, de obligaciones (1). Y que les insultamos es un argumento tan repetido como falso. Vamos a poner por delante nuestra fe en la buena voluntad e intención de gran parte del electorado nacionalista y a diferenciarlos del entorno mafioso de ETA. Pero es que los asesinatos existen y se cometen en nombre del nacionalismo, sin que éste haga muchos esfuerzos para distanciarse de la trama civil del terrorismo. Más bien les vemos juntitos y sonriendo en manifestaciones y festejos varios. O respondiendo como la madre en defensa de las crías cada vez que ven en peligro a un miembro de la comunión nacionalista, mientras PP y PSOE se pelean como ciervos en celo que no ven llegar al lobo. Y su sensibilidad al insulto no les impide llamar fascistas a toda España y sacarnos los espantajos de Franco o el GAL para luego poner caritas de bueno y lamentar que se confunde nacionalismo y terrorismo. O sacar esas bonitas pegatinas del planeta de los simios (que fueron los que ganaron al final por culpa de los errores de los humanos) o las caretas de Aznar con la cruz gamada (2). Además deberían conocer (y en este foro se ha dicho mil veces) que existe un entramado caciquil de intereses, de enchufes, de privilegios, de presión contra el "español" que, al menos por principio, deberían prevenir. Pero los asesinados, los amenazados, los acosados pertenecen al PP o PSOE y a los nacionalistas esto ni les suena. No a Arzalluz o a Egibar sólo, sino a esa vecina tan buena y de misa diaria que se derrite en cada "alderdi eguna" y que luego habla de insultos. Se parece a la historieta del nazi que vivía junto a un campo de exterminio y que vio durante años entrar camiones llenos de judíos y salir otros cargados de jabón, pero no sospechaba que hubiera ninguna relación entre ambas cosas.

Cuando pienso en Alemania, recuerdo a Leibniz, a Bach, a Goethe, a Schumann, a Planck, a Heisenberg y no puedo creer que todos los ciudadanos de la Alemania nazi fueran verdugos ni voluntarios ni involuntarios; pero junto a nosotros se desarrolla un drama similar, aunque a mucha menor escala, que nos hace comprender lo que produce una idea como el nacionalismo y cómo los buenos patriotas siguen siéndolo hasta un segundo antes de reconocer que algunos de ellos eran unos criminales.

Sursum corda!


(1) Ver en este sitio la serie de artículos sobre la democracia. (Subir)
(2)  Tales cosas aparecieron en mítines del PNV. (Subir)



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