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***EL
PESO DE LA NADA***
Dime cuanto pesa un copo de nieve,
preguntó un gorrión a una paloma.
Nada de nada le contestó.
Entonces debo contarte algo maravilloso,
dijo el gorrión.
“Estaba yo posado en la rama
de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era
una fuerte nevada ni una ventisca furibunda, nada de eso. Nevaba
como si fuera un sueño, sin nada de violencia y como no tenía
nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que
se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo
estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Y al caer
el siguiente copo de nieve sobre la rama que como tú dices,
no pesaba nada de nada, la rama se quebró”.
Dicho esto, el gorrión se alejó
volando. Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde
la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le
contara y al final se dijo:
“Tal vez esté faltando la
voz de una sóla persona para que en este mundo tenga lugar la
paz”.
***EL
VALOR DE LAS COSAS***
Se
cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la
ciudad de El Cairo, con la finalidad de visitar a un famoso
sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en
un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas
de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
–¿Dónde están sus muebles?–preguntó el turista. Y el sabio,
rápidamente, también preguntó:
–¿Y dónde están los suyos?
–¿Los míos?–se sorprendió el turista–. ¡Pero si yo estoy aquí
solamente de paso!
–Yo también...–concluyó el sabio.
La vida en la tierra es solamente temporal. Sin embargo, algunos
viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan
de ser felices. El valor de las cosas no está en el tiempo que
duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen
momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.
Anónimo
***EL
CIELO Y LA AMISTAD***
Un hombre, su caballo y
su perro, iban por una carretera. Cuando paseaban cerca de un
árbol enorme, cayó un rayo y los tres murieron
fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado
este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales
(a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes
de su nueva condición).
La carretera era muy larga y colina arriba. El Sol era muy intenso,
y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico portal de
mármol, que conducía a una plaza pavimentada con
adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada
y entabló con él, el siguiente diálogo:
-Buenos
días
-Buenos días –respondió el guardián.
-¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
-Esto es el Cielo
-¡Qué bien que hallamos llegado al Cielo, porque
estábamos sedientos!
-Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera –y
el guardián señaló la fuente.
-Pero mi caballo y mi perro también tienen sed.
-Lo siento mucho –dijo el guardián- pero aquí
no se permite la entrada de animales.
El
hombre se levantó con un gran disgusto, puesto que tenía
muchísima sed, pero no pensaba beber sólo. Dio
las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos
los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada
por una puerta vieja, que daba a un camino de tierra rodeado
de árboles.
A la sombra de uno de los árboles había un hombre
echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente
dormía.
-Buenos
días –dijo el caminante.
El
hombre respondió con un gesto de la cabeza.
-Tenemos
mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
-Hay una fuente entre aquellas rocas –dijo el hombre indicando
el lugar- podéis beber tanta agua como queráis.
El
hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron
su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias
al hombre.
-Podéis
volver siempre que queráis –le respondió
éste.
-A propósito, ¿cómo se llama este lugar?
–preguntó el caminante.
-CIELO.
-¿El Cielo?, pero si el guardián del portal de
mármol me ha dicho que aquello era el Cielo.
-Aquello no era el Cielo, era el Infierno –contestó
el guardián.
El
caminante quedó perplejo…..
-Deberíais
prohibir que utilicen vuestro nombre. Esta información
falsa debe provocar grandes confusiones –advirtió
el caminante.
-De ninguna manera –increpó el guardián.
En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se
quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores
amigos.
-PAULO
COELHO-
***EL
TRIPLE FILTRO***
En
la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría
y por el gran respeto que profesaba a todos.
Un día, un desconocido se encontró con el gran
filósofo y le dijo:
-¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
-Espera un minuto –replicó Sócrates. Antes
de decirme nada, quisiera que pasaras un pequeño examen,
yo lo llamo El Examen del Triple Filtro.
-¿Triple Filtro? –preguntó el hombre.
-Correcto, continuó Sócrates. Antes de que me
hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres
veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo El Examen
del Triple Filtro.
El primer filtro es la VERDAD. ¿Estás absolutamente
seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
-No –dijo el hombre- realmente sólo escuché
sobre eso.
-Bien –dijo Sócrates- entonces realmente no sabes
si es cierto o no. Ahora permíteme aplicar el segundo
filtro, el filtro de la BONDAD.
¿Es algo realmente bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
-No, por el contrario….
-Entonces, deseas decirme algo malo de él, pero no estás
seguro que sea cierto. Pero aún podría querer
escucharlo porque queda un filtro, el filtro de la UTILIDAD.
¿Me serviría de algo saber lo que vas a decirme
de mi amigo?
-No, la verdad que no.
-Bien –concluyó Sócrates- si lo que deseas
decirme no es cierto, ni bueno e incluso no me es útil…..¿para
qué querría yo saberlo?
L A
SABIDURIA DEL SILENCIO INTERNO
Habla
simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes
de abrir la boca. Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas
salir una palabra por la boca, dejas salir al mismo tiempo una
parte de tu chi. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte
de hablar sin perder energía. Nunca hagas promesas que no puedas
cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras
que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor
de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.
Si
no tienes nada bueno, verdadero y útil, es mejor quedarse callado
y no decir nada. Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja
la energía. El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo
que la naturaleza nos ha dado porque el universo acepta sin condiciones
nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras,
nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía
bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan
en nuestra vida.
Si
te identificas con el éxito, tendrás éxito. Si te identificas
con el fracaso, tendrás fracasos. Así podemos observar que las
circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas
del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como
el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones
densas y sin prejuicios, siendo como un espejo sin emociones aprendemos
a hablar de otra manera. Con el mental tranquilo y en silencio,
sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales
y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente
permite que una comunicación sincera y fluida exista. No te dés
mucha importancia, sé humilde pues cuanto más te muestras superior,
inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia
imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.
Sé
discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de
la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote
invisible, misterioso, indefinible e insondable como el Tao. No
compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre
que nos da de lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir
sus cualidades, sus virtudes y a brillar. El espíritu competitivo
hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten
confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar
en la provocación y en las trampas de los otros.
No
te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin
tomar consciencia profundamente de la situación te vas a crear
complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que dicen
sí muy fácilmente porque saben que ese famoso sí no es sólido
y le falta valor. Toma un momento de silencio interno para considerar
todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás
la confianza en ti mismo y la sabiduría. Si realmente hay algo
que no sabes o que no tienes la respuesta a la pregunta que te
han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para
el ego porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre
dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada,
simplemente hace ver que sabe.
Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y
sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita
y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien lo único
que haces es expresar tu opinión muy personal, y es una pérdida
de energía, es puro ruido. Juzgar es una manera de esconder sus
propias debilidades. El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.
Recuerda
que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo
lo que todavía no has resulto de ti mismo. Deja que cada quien
resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia
vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte
en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras
de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el
no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no
te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer
a los otros para ser feliz. Tu silencio interno te vuelve impasible.
Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al
ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo. Practica
el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte
de hablar. O por lo menos algunas horas en el día según lo permita
tu organización personal. Este es un ejercicio excelente para
conocer y aprender el universo del Tao ilimitado en lugar de tratar
de explicar con las palabras qué es el Tao. Progresivamente desarrollarás
el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna
reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz
de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias
a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte
y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el
ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda
tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder,
el mismo poder se convertirá en un veneno, y todo tu ser se envenenará
rápidamente.
Quédate
en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida
de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de
forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio
maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la
capacidad de ser. Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida
sagrada del Tao.
GRAN
JEFE NOAH SEATTLE (Autor del primer manifiesto de defensa de la
tierra)
Noah
Seattle, gran jefe de los Dwanmish, fue la primera persona en
escribir un manifiesto de defensa de la Tierra. Lo dirigió,
en 1854, al presidente de EEUU, Franklin Pierce, cuando éste
propuso comprar los territorios a los indios para acabar con los
enfrentamientos entre indígenas y colonos blancos. La iniciativa
suponía la confinación de los indios, los que más
derecho tenían a esas tierras, a reservas. En un momento
en el que se celebra la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible,
en Johanesburgo (Sudáfrica), las palabras de Seattle (reproducidas
en el reverso) cobran más importancia y actualidad que
nunca.
Noah (su nombre indio era See-Yahlh) Seattle nación alrededor
de 1786. Su padre fue un gran guerrero, pero como su madre era
esclava, su nacimiento fue considerado sin importancia. En el
tiempo de su nacimiento, la zona Puget Sound estaba siendo asolada
por una epidemia de viruela, una enfermedad del hombre blanco
que, junto con la llegada de los grandes barcos, los indios habían
interpretado como una señal de que el fin del mundo se
acercaba. No se equivocaban demasiado.
Siendo
Kitsp jefe de los Suquamish, se tiene constancia de que Seattle
tomó parte en algunas batallas contra los Cowiches, en
las que destacó como un guerrero. Observador e inteligente,
planeó una estrategia para luchar contra sus enemigos.
Como éstos solían atacar de noche y por el río,
hizo talar un grueso árbol que atravesó en el cauce,
a varios centímetros por debajo del agua. Los guerreros
de Seattle aprovechaban para atacar cuando sus enemigos chocaban
contra el obstáculo.
Seattle se convirtió en jefe de los Suquamish y de los
Dwamish tras su victoria sobre las tribus del Río Verce,
hazaña que le valió gran fama entre los indios.
Sobre 1811 nació su primer hijo, una niña, a la
que llamó Princesa Angeline. Se cree que Seattle tuvo ocho
esclavas, muchas de ellas sus concubinas.
En 1832, la tribu de los Suquamish empezó a comerciar con
los blancos y, por ese tiempo, Seattle abrazó la fe cristiana
adptando el nombre de Noah. Eso le permitió estrechar lazos
de amistad con los colonos. Los blancos rebautizarfon con su nombre,
Seattle, la ciudad de Alki Point, tributo que no gustó
demasiado al jefe, ya que la tradición india reserva ese
honor a los personas muertas.
EN
10 de enero de 1854 el gobernador Isaac Setven llegó a
Seattle con el propósito de que los Suquamsh y los Dwamish
se trasladaran a una reserva. Tras una larga conversación
y para evitar la violencia, Seattle recomendó a su pueblo
el traslado, pero reservándose el derecho de su gente de
visitar los lugares sagrados siempre que así lo quisieran.
Al año siguiente escribió una poética carta
al presidente Franklin Pierce que se convirtió en todo
un manifiesto de defensa de la Tierra frente a la destrucción
de los hombres blancos. En los últimos años de su
vida, el gran jefe cedió todas sus pertenencias y se consagró
a la tarea de negociar con las autoridades que se cubrieran las
grandes necesidades que sufría su pueblo, confinado en
las reservas y carentes de todo. Murió el 7 de junio de
1866 y en su tumba se gravó: “He sufrido”.
¿Cómo
se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor
de la tierra?. Esa idea nos resulta extraña. Ni el frescor
del aire ni el brillo del agua son nuestros.
¿Cómo podrían ser comprados?. Tenéis
que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para mi pueblo.
La hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer
entre los árboles, los pardos insectos…son sagradas
experiencias y memorias de mi pueblo.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan
el viaje a través de las estrellas.
Nuestros muertos, en cambio, nunca se alejan de la tierra, que
es la madre. Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el
ciervo, el caballo y el águila majestuosa son nuestros
hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados,
el calor del cuerpo del caballo y del hombre, todos pertenecen
a la misma familia. El agua cristalina que corre por los ríos
y arroyuelos no es sólo agua, sino que representan la sangre
de nuestros antepasados. Si os la vendiésemos, tendréis
que recordar que son sagrados y enseñarlo así a
vuestros hijos. También los ríos son nuestros hermanos
porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas, nos procuran
peces. Cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas
de los lagos cuenta los sucesos y memorias de la vida de nuestras
gentes, el murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Sí, gran jefe de Washington: los ríos son nuestros
hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas
y elemento de nuestros hijos. Si os vendemos nuestra tierra, tendréis
que enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros
hermanos. Y que deben tratarlos con la misma dulzura con la que
se tratra a un hermano.
Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra
forma de ser. Tanto le da un trozo de tierra que otro, porque
la ve como enemiga.
Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y sigue caminando. Deja
atrás la tumba de sus padres sin importarle. Secuestra
la vida de sus hijos y tampoco le importa.
No le importan la tumba de sus antepasados ni el patrimonio de
sus hijos olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano,
el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden,
como ovejas y cuentas de colores. Su apetito devora la tierra
dejando detrás todo un desierto. No lo puedo entender.
Vuestras ciudades hieren los ojos del hombre piel roja. Quizás
sea porque somos salvajes y no podemos comprenderlo. No hay un
solo sitio tranqilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún
lugar donde se escuche en primavera el despliegue de las hojas
o el rumor de las alas de un insecto.
El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo
me pregunto: ¿Qué clase de vida tiene el hombre
que no es capaz de escuchar el grito solitario de una garza o
la discusión nocturna de las ranas en la balsa?. Soy un
piel roja y no lo puedo entender. Preferimos el suave susurro
del viento sobre la superficie de un estanque, así como
el olor de ese viento purificado por la lluvia del mediodía
o perfumado con aroma de pino.
Cuando el último piel roja haya desaparecido de esta tierra,
cuando no sea más que un recuerdo su sombre, como el de
una nube que pasa por una pradera, las riberas y los bosques estarán
aún poblados por el espíritu de un pueblo. Porque
nosotros amamos este país como ama el niño los latidos
del corazón de su madre.
Si decidiese aceptar vuestra oferta tendré que poneros
una condición: que el hombre blanco considere a los animales
de esta tierra como hermanos. Soy salvaje y no comprendo otro
modo de vida. Tengo vistos millares de búfalos pudriéndose
abandonados en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco
desde un tren en marcha.
Soy salvaje y no comprendo otro modo de vida. Tengo vistos millares
de búfalos pudriéndose abandonados en las praderas,
muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha.
Soy salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante
puede importar más que el búfalo, al que nosotros
matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué es el
hombre sin los animales?. Si los animales desapareciesen, el hombre
moriría en una gran soledad. Todo lo que le pasa a los
animales muy pronto le sucederá también al hombre.
Todas las cosas están ligadas.
Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros
hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra
madre. Todo lo que le ocurre a la tierra, le ocurrirá a
los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se
escupen a sí mismos.
La tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece
a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia.
El hombre no tejió la trama de la vida. Es sólo
un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.
Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él
como amigo, queda exento del destino común. Después
de todo quizá seamos hermanos. Ya veremos…..
También los blancos se extinguirán, quizás
antes que las demás tribus. El hombre no ha tejido la red
de la vida. Sólo es uno de esos hilos y está tentando
a la desgracia si osa romper esa red. Todo está ligado
como la sangre de una familia. Si ensuciáis vuestro lecho,
cualquier noche moriréis sofocados por vuestros excrementos.
Pero vosotros caminaréis hacia la destrucción rodeados
de gloria y esplendor por la fuerza de Dios, que os trajo a esta
tierra y que por algún designio especial os dio dominio
sobre ella y sobre el piel roja. Este designio es un misterio
para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan
los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan
los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos
hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con
cables parlanchines.
¿Dónde está el bosque espeso?..Desapareció.
¿Dónde está el águila?..Desapareció.
Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso
de intentar sobrevivir.
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