Irlanda (agosto 2006)

En Irlanda sólo estuve tres semanas. Además el trabajo no me dejó demasiado tiempo para turismo. Sin embargo una idea tengo en mente: volver a lomos de mi Seat Ritmo. Es un país ideal para recorrer en coche sin prisa y ¿qué mejor coche para ello? Eso sí, llevaros ropa de agua y paraguas, llueve un día sí y otro también.

Empezamos por el mundo del automóvil. La terrible humedad de este país no tiene piedad con la chapa de los coches. Es por eso que es muy difícil encontrar coches anteriores al año 90. Sin embargo los fines de semana es habitual encontrar coches clásicos bien cuidados por sus dueños. Pude ver dos Citroën 2CV, Austin A-40, Mercedes y Bentley de los años 50, un Delorean, un Ford Torino idéntico al de Starsky y Hutch y un Morris Marina. Una pena que el único que pude fotografiar fue este 2CV Special del 85.

Si vas a Irlanda, no dejes de dar un paseo por el centro de Dublín. Es un ambiente muy agradable, lleno de músicos tocando en la calle (a los irlandeses les encanta la música en directo).

Tanta lluvia hace que todo el país este lleno de lagos, donde viven ardillas o zorros, entre otros animales.

Esta es la cascada de Glencar. Lo bueno de Irlanda es que siempre hay algo que ver sin tenerte que pegar una paliza de coche.

Castillo de Parkes, a orillas del Lago Gill, en el Condado de Leitrim. Está construido encima de las ruinas del Castillo de O’Rourke. Dicha persona alojó a algún español de la Armada Invencible, lo que hizo que los ingleses le cortasen la cabeza y adjudicasen las tierras al tal Parkes. Es uno de los muchos castillos restaurados que existen en Irlanda.

Y, para terminar, la abadía de Sligo, la principal ciudad del noroeste de Irlanda.

Sólo una cosa más: volveré para ver este país con más calma y dedicación.

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