Mario Saban hablará mañana día 30 de enero sobre "Los orígenes judíos del cristianismo" en la Biblioteca Pública de Lleida(Rambla d'Arago 10) a las 20'00 horas. Para más información: bpl@olmo.pntic.mec.es

 

Está permitida la difusión de los artículos publicados como propios por Eclesalia, siempre que se indique su procedencia.

AÑO IV /  3.580 ejemplares
ECLESALIA
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ISSN: 1579-6345        http://www.ciberiglesia.net/eclesalia.htm
 
  • LA LIBERTAD POLÍTICA DE LOS CRISTIANOS

  • ES INMORAL VOTAR A LA DERECHA

  • DECLARACIÓN ANTE LAS ELECCIONES GENERALES

  • ¿POR QUÉ NO VOTAR?

  • ANTE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES: ÉTICA Y POLÍTICA

 
ECLESALIA, 29 de enero de 2004
 

LA LIBERTAD POLÍTICA DE LOS CRISTIANOS

Algunos condicionamientos

ESTEBAN VILLAREJO, seglar. Doctor en Ciencias Políticas

MADRID.

ECLESALIA.- Una de los designios de Dios que nos ha sido revelado por Jesucristo, es que el Creador ha dotado al hombre de autoridad para que decida la organización política que crea más conveniente. A ese respecto, Jesús utilizó unas expresiones de extraordinaria grandeza. En un momento determinado, cuando alguien le pide una decisión en un conflicto de derechos, Jesucristo responde: “Nadie me ha constituído juez entre vosotros”.

En otro momento, cuando unos fariseos y herodianos le preguntan si es partidario de la colaboración con Roma o de la independencia, entabla un diálogo en el que viene a decir: “Si mostráis por vuestros actos que aceptáis al César, dadle aquello que habéis optado por entregarle, y a Dios lo que es de Dios”.

Por tanto, en cierto contraste con la religión judía, y en antagonismo con la mayor parte de las religiones de la Antigüedad, Jesús reconoce al hombre libertad para organizar la sociedad en la que vive.

Hay otro elemento del mensaje de Jesús y de su misma vida que parece guardar cierta relación con lo anterior: Jesús es el Sacerdote por excelencia. Ahora bien, vive como un laico. Los primeros discípulos a los cuales instituye como continuadores de su obra, son laicos, y según parece continuaron teniendo un comportamiento esencialmente laical.

Antes de continuar, conviene hacer una precisión. Hemos empezado a utilizar el término “laico” en una acepción determinada, y en lo que sigue emplearemos la palabra “clerical” en un significado casi simétrico. Precisemos. El significado más descriptivo y directo del término “clerical”, sería lo que es relativo al sacerdocio ministerial. En una acepción contrapuesta, el laico es el no-clérigo. Esos significados son tan concretos que no suscitan discusión.

Cuando hemos dicho que el sacerdocio de Jesucristo fue laical, pretendíamos expresar que vivió esencialmente en el mundo, totalmente integrado en la sociedad ordinaria; no utilizó tratamientos, ni vestimenta, ni atuendos, ni objetos ni habitáculos que le segregaran del conjunto de sus conciudadanos. Además, no ejerció ninguna autoridad formal sobre los mismos. Y parece probable que dedicara la mayor parte de su vida debió al trabajo (y además del llamado “servil” por algunos de sus seguidores posteriores).

En ese sentido, Jesucristo, que ha sido el Gran Sacerdote, que ha consagrado toda la creación y a sí mismo a Dios Padre, llevó una vida totalmente diferente de los sacerdotes judíos y de los propios de casi todas las religiones antiguas. En éstas ha sido frecuente una segregación del clero frente al conjunto de la sociedad; una afirmación de autoridad sobre ésta (y una tendencia a prolongar la autoridad en poder, y el poder espiritual en poder político); una apropiación de los atributos propios de la divinidad, cuya representación se asume; y en todo caso, tratamientos, atuendos y signos que contribuyan a destacar las personas y grupo propios, del conjunto de la sociedad, e incrementar el sentido de jerarquía frente a ella...

En contraposición a esa soberbia y afán de poder, Jesús es Sumo Sacerdote, pero del tipo que “es tomado de entre los hombres, y está puesto a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza...” La Carta a los Hebreos (5, 1-6) sigue diciendo: “De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: `Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy´”

Cuando Jesús anuncia su marcha de este mundo, ora al Padre por los que van a constituir su Iglesia: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo” (Jn. 17, 15-18).

Por su parte, el alto clero judío a ver a Jesucristo como una amenaza y una fuente de humillación. El Evangelio de San Juan relata cómo ese antagonismo va creciendo en forma tan violenta, que el alto clero se convierte en el promotor principal de la pasión y muerte de Jesús. El medio principal que utilizará para conseguirlo, es el recurso al poder establecido. Jesús es presentado como una amenaza para la autoridad romana: “... todo el que se hace rey, se enfrenta al César”

De manera gradual, el sacerdocio ministerial de la Iglesia irá asumiendo unas características y pautas culturales más propias del clero pagano que del sacerdocio creado por Jesucristo. Cuando en los párrafos que siguen, utilicemos el término “clerical”, nos referiremos a esas características sociológicas y culturales.

Lo peor es que, incluso, esas actitudes y comportamientos fueron institucionalizados. La Iglesia de Jesucristo es Santa, pero incluso hoy existen tratamientos, atuendos, procedimientos y degeneraciones litúrgicas que muestran la huella de la soberbia y el afán de dominación, y a su vez estimulan esos pecados en las personas a las cuales se coopta para funciones de autoridad. Es cierto que, en la actualidad, la mayor parte de los comportamientos personales de nuestras autoridades eclesiásticas están por encima de esos residuos institucionales. Ahora bien, esas fosilizaciones subsisten, y algunos de nuestros pastores, no sólo muestran una complacencia manifiesta en esos atributos, sino que pugnan por mantenerlos.

Una de las características de ese “clericalismo” negativo, es que tiende a generar complacencia por el poder y tendencia a su incremento; y eso, no sólo en el plano espiritual, sino también en el temporal. Esto último suele llevar a encontrar siempre pretextos para corregir el designio de Dios en cuanto a la libertad política de sus criaturas.

Los pastores en cuestión suelen posicionarse contra una parte de los cristianos que opinan de política dentro de la Iglesia. Por ejemplo, aquellos que se toman muy en serio lo de “tuve hambre”, o el “Magnificat”. Sin embargo, entienden que su ideología particular es tan sólida y fundada como el “establishment” al cual contribuye.

¿Estamos pintando un maniqueo imaginario, y eso con propósitos subversivos? Veamos algún ejemplo concreto, y referido a España.

En España hay muchos medios de comunicación que son conservadores y pro-gubernamentales. Ahora bien, el medio de comunicación más agresivo de la derecha española, es una cadena de radio propiedad de los obispos. Tiene algunos espacios religiosos, pero los espacios de “prime time” son de propaganda ideológica. En esa cadena, el partido del Gobierno es objeto de preferencia sistemática, pero a veces se le acusa de excesiva tolerancia ante la izquierda. Por ejemplo, los instrumentos de solidaridad existentes en el ordenamiento jurídico y en la política económica, deben desmontarse con más rapidez de la que despliega el Gobierno, pues el motor de la prosperidad es la competencia. En cuanto a la alineación exterior, no hay duda. Todos los que se han opuesto a la Guerra de Irak, son cómplices del terrorismo internacional. Además de eso, su postura se debe a un progresismo que no merece ni perdón ni siquiera análisis, o bien a delicuescencia mental. Se supone que el Papa forma parte de estos últimos.

 

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ECLESALIA, 29 de enero de 2004
 
ES INMORAL VOTAR A LA DERECHA
Pero ¿Qué salidas hay?
JUAN LUIS HERRERO
LOGROÑO.

ECLESALIA.- A poco que se sopese el enunciado, considero que la afirmación es obvia, la pregunta es alarmante y ambas son provocadoras. Sé que muchos cristianos fruncirán el ceño: es obsesivo el solapamiento entre religión y derechas que la iglesia oficial nos ha introyectado en uno de tantos tics históricos de traición a sus orígenes. Como hablo de inmoralidad del voto, si la reflexión es válida, sirve a todos. A cristianos tradicionales hablaría de ‘pecado’. Sí, sostengo que es pecado, por ejemplo, y más aún delito, aparte de una vergüenza, que en residencias de ancianos a éstos les preparen el sobre del voto unas señoras de negro, de abnegada voluntad, pero incultas y obcecadas.

Hacer el mal es inmoral y, por tanto, colaborar con él, propiciar, favorecer o simplemente consentir sin condenar partidos cuya filosofía política y económica consiste en impulsar los beneficios individuales más que el bien general, los intereses por encima de los valores, el libre mercado encomendado a los ricos y poderosos que es tanto como confiar el gallinero al zorro. Los hechos están ahí. Cada día es más abisal el foso de desigualdad, a nivel nacional y sobre todo mundial, entre unos pocos muy ricos y la inmensa mayoría de empobrecidos hasta extremos de miseria, enfermedad y muerte. Pocos perciben que así la humanidad camina al colapso. Compulsivo afán de crecimiento loco -no de desarrollo y bienestar humanos- que, a la caza del mayor beneficio, esquilma los recursos, contamina e inunda de basura todo, destruye miles de especies animales y vegetales y transforma nuestro bello planeta azul en un estercolero en vías de extinción. ¿Quién puede negar con un atisbo de racionalidad que todo esto no tiene como causa principal el desorden ultraliberal y de capitalismo salvaje que constituyen de siempre el corazón de la derecha internacional?

La disección de este colosal cuerpo purulento que es la derecha mundial llenaría volúmenes. Ella lo sabe de sobra pero no le interesa entenderlo ¿Cómo no hablar de perversión ética en semejante autismo? En nuestra piel de toro hoy, la letanía de desmanes es abrumadora: corrupción inmobiliaria, traspaso al negocio privado de recursos y servicios públicos, inflación encubierta, fiscalidad injusta, xenofobia jurídica, delicuescencia de los derechos laborales, amordazamiento del trabajador por el miedo al despido, sometimiento del pensamiento e información periodísticos al lucro de la empresa, progresivo elitismo de la enseñanza, incitación al consumismo desaforado, intoxicación de la opinión pública con publicidad engañosa, basura mediática, silencios calculados y embustes descarados, enfeudamiento al militarismo imperial de EE.UU., enervamiento y desvertebración de la práctica democrática, suministro de “platos de lentejas” a líderes y movimientos religiosos ultraconservadores afines, etc. etc.

Por desgracia, el pueblo permanece dormido, inconsciente, desconcertante. Se lanza en tromba a la calle en contra de la guerra de Aznar y de su amo y, al poco, le vuelve a votar. Sólo la ignorancia permite al cristiano votar a la derecha. Pero hay ignorancias culpables. No pretendo agraviar a buenas personas que militan o simplemente votan en esa línea. Pero estoy convencido de que no han sopesado con rigor el tema político, por comodidad, por clase social, por tradición de familia, por interés económico, por prejuicios religiosos inconsistentes, por desconocimiento de la realidad o por alguno de esos recovecos psíquicos irracionales... Es una constante histórica el anémico pensamiento de la derecha. Por ejemplo, notorio es su escasísimo plantel de intelectuales, poetas y filósofos durante la república. Hoy, da vergüenza ajena el tono mediocre y monocorde de su discurso. Decididamente no son inteligentes aunque listos para el negocio. Por otra parte, es un agravio a la razón que pretendan ampararse en el humanismo cristiano: nada más sagrado que el pobre y marginado, más peligroso que la riqueza y más repugnante que el afán de lucro a costa de otros. Los valores liberales son vicios enmascarados, su orden es mordaza del disenso (“la calle es mía”), su libertad es individualismo egoísta, el ayuntamiento es su feudo, el estado su cortijo y Bus el gran gurú de occidente. De poco de esto es consciente la derecha; de ahí que el voto a su favor objetivamente inmoral a veces subjetivamente no lo sea.

Descartada, sin lugar a dudas, la derecha por su objetiva malignidad -de facto y de iure- no por ello es fácil la opción electoral. La situación es de lo más compleja en los diferentes niveles. Para empezar el centro no existe ni en teoría ni en la práctica: es el lugar ficticio de los avergonzados de ambos extremos. ¿Y la izquierda real? No lo fue, por supuesto, el comunismo leninista, mero capitalismo de estado dictatorial. No lo son los socialdemócratas actuales europeos que, a juicio no ya de ideólogos extremistas, sino de sociólogos, filósofos y politólogos serios, han perdido su identidad. Son en gran medida aburguesados consumistas o neoliberales moderados. Pese a todo, en España más que en el resto de la Europa actual, ofrecen una dosis indudable de sensibilidad social y de talante democrático y, ante los desastres ominosos de nuestra derecha en ambos campos (el social y el democrático), la opción de votarles se justificaría por la hipótesis del mal menor que, a la postre, es un bien real ¡Cuánto nos duele a muchos este socialismo devaluado! Si, al menos, percibiéramos síntomas claros de desmarque frente a la ideología y praxis capitalistas y de sincera apuesta por mecanismos concretos y declarados de participación ciudadana...

La participación ciudadana... es otro interrogante para el voto que nuestra conciencia pondera. Nuestra democracia lo es apenas. No es una democracia de partidos políticos, reducidos a maquinarias electorales, de bajísima y amorfa afiliación, escasamente representativos y sólo controlables el día de elecciones. Tampoco es una democracia parlamentaria. Tal y como hoy funciona el parlamento nos ahorraríamos mucho gasto y mucho desencanto si quedase reducido a los simples jefes de fila políticos detentores de un voto ponderado en proporción al número de sus votantes. ¿Es hoy en la práctica algo más? Dentro de los parámetros actuales esta democracia se nos muere y a ninguno de nuestros políticos oímos apuntar soluciones de futuro. Esto justificaría un voto en blanco que significa “quiero participar pero no me sirve vuestra oferta”. Onerosa alternativa de un voto en conciencia: ¿dar a la izquierda el voto, como cheque sin más fondos que la evitación del desastre de la derecha? ¿multiplicar los votos en blanco conminando a unos y otros a que se detengan a pensar?

Esto nos lleva a un tercer nivel de reflexión: ¿qué convulsiones políticas, sociales y económicas, en lo nacional y en lo mundial, será inevitable que sufran nuestros hijos y nietos para que algún día se dé un sobresalto de conciencia en la sociedad? De los reproches anteriormente formulados a los políticos somos todos responsables. Intoxicados por la desinformación, vacío el cerebro de todo pensamiento crítico, locos por consumir sin medida, confundida la felicidad con el hedonismo, anestesiada la conciencia con magia religiosa y con decrépitos discursos jerárquicos...somos una sociedad con encefalograma plano. Los políticos son nuestro reflejo. Esperar todo de ellos es irresponsabilidad y locura.

Pero ¿qué es primero, el huevo o la gallina?

 

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ECLESALIA, 29 de enero de 2004
 

DECLARACIÓN ANTE LAS ELECCIONES GENERALES

CAPELLANS EN PARROQUIES POPULARS I OBRERES: “GRUP DE RECTORS DEL DISSABTE”

VALENCIA

ECLESALIA.- Las próximas elecciones generales nos sitúan ante reales encrucijadas que interpelan a la conciencia cristiana y, con más razón, a quienes hemos convertido la opción por los pobres en vocación y tarea. De la voluntad ciudadana dependerá en gran medida que caminemos hacia formas autoritarias de gobernar lo público o hacia formas participativas y democráticas; que decidamos vivir en una sociedad organizada sobre la competitividad de los fuertes o sobre la solidaridad con los débiles; que construyamos una sociedad de acogida o una sociedad excluyente; que los pueblos de España se instalen en la crispación o en la construcción de consensos en torno a los que están peor situados; que España sea una nación de nacionalidades y sea capaz de aceptar un proceso histórico abierto.

Ante las grandes decisiones colectivas, no podemos distraernos en asuntos manidos, por importantes que sean,  sino interesarnos por lo que resulta esencial para crear condiciones de vida de los que están peor situados, favorecer las capacidades de reflexión más allá de las actuales manipulaciones mediáticas y mostrar el trasunto ideológico de las propuestas reales. Y queremos hacerlo cuando los partidos están elaborando sus respectivas propuestas, no ya cuando todo está cocinado y el debate se convierte en propaganda política o en moralismo idealista.  

1.- Ante el  déficit democrático

Frente a una forma de gobierno paternalista y tutelada, que reprime los derechos de personas reales y concretas, apostamos por aquellas propuesta políticas que potencien la participación de las personas y de sus organizaciones en la conducción de los asuntos públicos. Apoyaremos los programas que amplíen y profundicen la participación política en contextos de diversidad cultural y pluralismo social. Frente a la arrogancia del poder político, apoyaremos nuevos estilos de gobierno que favorezcan la trasparencia, la implicación ciudadana, la cercanía y la voluntad de trasformación. De este modo apostamos por la dignificación de la política participativa y creemos que para gestionar los asuntos públicos, están más acreditados los que se proponen mantener y defender los sistemas públicos  que los que sistemáticamente devalúan las estructuras colectivas.

2.- Ante la intervención militar

Consideramos que la mayor herida social, ética y religiosa hoy es la pervivencia de la invasión militar de Irak, en la que España, no sólo la ha impulsado, sino que ha desempeñado un papel activo en ella. Apoyaremos a quienes propugnen el cese inmediato de la intervención armada, el retorno inmediato del ejercito español y la oposición a la absurda carrera armamentística. Apostaremos por los partidos que propugnen instrumentos de prevención ante las crisis internacionales basadas en recursos políticos, económicos y sociales, y gestión de la  crisis por parte de organismos internacionales de pacificación.

3.- Ante la  sociedad del miedo

Apoyaremos a los partidos que ayuden a desactivar y desmovilizar el miedo, que siempre es la sombra de la derrota; con el miedo se devalúa la acción política, se neurotiza la vida cotidiana de nuestros pueblos, se consagra la desconfianza en lo diferente y se claudica de la propia razón a favor de los poderosos. No comprendemos que se coloque la obsesiva preocupación por la seguridad por encima de las personas: una España integradora no suscita miedos sino esperanzas colectiva para la convivencia, la invocación a las nacionalidades no provoca miedos sino la única forma de ser español hoy, la investigación biogenética no provoca miedo sino esperanzas para la salud y la calidad de vida. No apoyaremos a quienes demonicen la construcción nacional ni a quienes despierten todas las paranoias que parecían superadas: el anticomunismo, el antinacionalismo. Sólo una pedagogía social adecuada acompañada de medidas preventivas podrá controlar los peores signos de intolerancia: los actuales brotes de xenofobia, discriminación racial, fundamentalismo político y religioso y discriminación por motivos de sexo.

4.- Ante la globalización económica

Apoyaremos a los partidos con políticas de solidaridad internacional que propongan medidas concretas para gobernar los mercados a favor de los países más pobres y fortalezcan de este modo las Instituciones internacionales que han sido ninguneadas por Estados arrogantes y coaliciones que se han situado por encima del orden jurídico internacional; la globalización realmente existente, de carácter economicista, trae esperanzas para unos pocos y temores para muchos; que sea esperanza para muchos depende de que pueda ser gobernada en beneficio de las mayorías populares y sometida a la responsabilidad política. Apostaremos por quienes favorezcan políticas de cooperación al desarrollo como el 0.7 del PNB para la ayuda al desarrollo, la condonación de la deuda externa, el control de los movimientos financieros, la apertura de mercados a los productos del Sur, la preservación del medio ambiente y desarrollo ecológico, el apoyo al comercio justo y al consumo ecológico, la desmilitarización y el dividendo de la paz.

5.- Ante las inmigraciones

Apoyaremos los programas que favorezcan otra mirada sobre la inmigración como solidaridad con los países del Sur y propongan  la igualdad de rato con los nacionales, incluidos los derechos económicos, sociales, culturales y políticos. La situación de los derechos y libertades de las personas inmigrantes “sin papeles”, en torno a un millón de personas, es un atentado a la conciencia moral y  la persistente muerte de inmigrantes en  los mares de España desafía todas las instancias civilizatorias. Apostaremos, en consecuencia, por  la regulación inmediata de todos los inmigrantes, que se encuentran en situación de irregularidad administrativa, por la prohibición del uso policial de los datos del padrón municipal que atenta al derecho fundamental a la vida privada y familiar, por el reconocimiento de un tipo de ciudadanía para el desarrollo social, político y cultural y que combata la imagen negativa y distorsionada del fenómeno migratorio.

6.- Ante la sociedad desigual

Frente a los programas interesados primariamente por la conquista del voto de las clases medias que atienden únicamente a los intereses representado por el llamado centro sociológicos, apoyaremos a aquellos partidos que sitúen a los que están peor situados en el corazón de sus propuestas; apoyaremos las reformas fiscales que tengan mayor contenido distributivo e induzcan medidas económicas y fiscales que luchen contra los efectos devastadores de la pobreza y la marginalidad; apostaremos por aquellos que propongan una mejor distribución de la riqueza  y universalicen los derechos sociales.

7.- Ante la pérdida  de la laicidad

No hay paz social sin paz religiosa y no habrá paz religiosa sin el respeto y reconocimiento a las creencias. Apoyaremos aquellas propuestas que establezcan la relación con las organizaciones religiosas desde la autonomía recíproca, el respeto y la colaboración, frente a la instrumentalización política de la Iglesia católica, frente a los fundamentalismo religiosos de la política y frente a la tentación de convertirse en religión de Estado o en religión civil. La libertad común que garantizan las leyes generales es el mejor escenario para una Iglesia profética, incómoda para la sociedad y peligrosa para las instituciones políticas. Apostamos por la desaparición de los tratos de favor y del maridaje entre lo nacional y lo religioso para que la preocupación esencial sea  por las víctimas de cualquier doctrina, ideología, concepción política o religión.

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ECLESALIA, 29 de enero de 2004
 
¿POR QUÉ NO VOTAR?
FRANCISCO TEROL, teólogo
MÁLAGA.
 

ECLESALIA.- He leído el articulo de Castillo sobre política; estoy de acuerdo que es una irresponsabilidad dejar de votar por pasotismo, porque eso es meterse en política o por aquello de que lo hagan otros.

Pero creo que la opción de no votar después de haberlo hecho por una Constitución democrática o en un referéndum vergonzosamente manipulado diciendo no a la OTAN, es opción tan válida como votar, si el no hacerlo es fruto de una reflexión profunda, ya que una vez leídos una y otra vez los programas en cada convocatoria, viendo como se incumplen, comprobar que todos los partidos una vez ganadas las elecciones se olvidan de todo lo dicho y a duras penas dejan oír la voz del pueblo, haciendo las mas de las veces lo contrario a lo prometido, donde prevalecen mas los intereses de partido sea cual sea su color, oír como dijo cínicamente un "ilustre" político muy ilustrado el, ya fallecido, que los programas estaban hechos para no cumplirse, y comprobar como es así, es lícito llegar a la conclusión de que no es democracia lo que tenemos, sino dictatocracia (utilizar la democracia como careta de conveniencia) comprobando que lo auténticamente social y justo se deja de lado multitud de veces, y como los de siempre se ven favorecidos, pues los partidos: El PSOE tenía a final del 2001 una deuda con los bancos de 6.960 millones de pesetas, un partido, (pequeño) como el PNV les debía 3.257 millones o el PP 1.394 millones (”Autogestión” revista solidaria con los Empobrecidos de la tierra. Enero 2.004, nº 51) nos tendremos que preguntar ¿quienes son los que mandan realmente gobierne quien gobierne? La opción por la abstención se va aclarando, y no olvidemos Davos donde un presidente de gobierno es convidado de piedra sin voz ni voto por importante que sea su nación; y no olvidemos tampoco que los años de mayor ganancia de los bancos en nuestro país fueron los de la égida de Solchaga. y el envió a Marte del precio de la vivienda en la de Rato, por ejemplo. Pienso que la única cabida que queda es luchar en otros niveles como José Mª Castillo reconoce que ha de hacerse en una dictadura, Nosotros lo hacemos en la AA de vecinos del barrio, que para conseguir un Centro Médico decente nos ha costado cerca de dos años de manifestarnos en las calles ante todas las instancias, cortar el tráfico en la autovia una y otra vez con enfrentamientos muy desagradable con la fuerza pública, que en honor a la verdad nunca llegaron a extremos de fuerza mayor, aunque hubo provocaciones, pues hicimos todo lo posible por evitarlos, ya que unos de los motivos que tuvimos era que no queríamos dar la excusa para desprestigiar nuestra lucha; insistimos una y otra vez para que los prebostes nos recibieran, hasta que lo hacían por cansancio, todo ello en bien de la comunidad más básica que somos los vecinos.-

Hemos de demostrar nuestra inconformidad con la injusticia mediante manifestaciones en favor de los marginados, que se hacen, trabajando en su favor, echarse a la calle cuando sea necesario, enviar escritos a la prensa, que también a veces hace oídos sordos, denunciando una y otra vez hechos concretos con datos incontestables, como por ejemplo que en Andalucía las listas de espera médicas son hasta de cinco meses solo para que nos vea un especialista, hay un caso muy cercano de un enfermo con líquido en un pulmón y anda de un lado para otro recibiendo atención aplazada, botón de muestra; que el personal sanitario es insuficiente, presenciando en cuanto a la contratación de personal en la sanidad casos bochornosos cuya causa es escatimar fondos; fondos que a veces incomprensiblemente se gastan por otro lado según el criterios del de o los de turno; y no se nos explica por parte de los políticos responsables el porqué de decisiones que consideramos ilógicas, en cuanto a estos gastos efectuados, en Sanidad, obras del Ayuntamiento o de la Junta (estos del PP y PSOE) que pueden posponerse pues no son de interés inmediato, mientras no se efectúan otras perentorias y de justicia que no permiten aplazamiento, eternizándose su solución. Como la Junta, que en nuestro caso no tiene residencias para ancianos, sino que concierta con algunas privadas, en Málaga cuatro, y solo con un número de plazas limitadas en cada una de ellas, y al solicitarlas para un anciano necesitado y en soledad, después de mover bastantes papeles lo que se consigue es que den un número de turno; tenemos dos casos que personalmente gestioné, en el que una a los tres años aún no ha recibido el numerito, y a la otra se lo concedieron a los dos años cuando hacia uno que pasó a mejor vida; y así, así hasta un largo etc. Esto a lo largo y ancho del país, está claro que los políticos una vez instalados olvidan que son meros delegados de la voluntad popular y se rigen por otros intereses mas o menos espurios; díganme, si se nos plantea todo esto ¿"es pecado no votar"? o es un acto de protesta y negarse a contribuir en esta “feria de las vanidades”.

Particularmente sigo la política día a día sobre todo la mas cercana, la local, y creanme, no es para abstenerse, es para llorar y cubrirse de cenizas como se hacia en otros tiempos. Pero no por ello podemos tirar la toalla, ni dejar de gritar, incordiar y patalear, concienciar hasta conseguir aunque sean unos gramos de justicia real, y si fuese posible diésemos con un Lula que nos apoyase sobre el terreno, luchar a su lado por una verdadera democracia.

 

------------------------ publicado en ECLESALIA -------------------------

 

Ideal, 12 de enero de 2004
 
ANTE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES: ÉTICA Y POLÍTICA
 
IDEAL.- Hay gente (cada día menos) que acude a los sacerdotes a resolver sus dudas de conciencia. A mí, concretamente, me han preguntado las cosas más diversas y curiosas, por ejemplo, si en los viernes de cuaresma se puede tomar sopa de 'Avecrem'; si la misa del domingo vale cuando se llega a la iglesia después del evangelio; si es pecado reírse de una monja. Y así sucesivamente. Pero lo que nadie me ha preguntado jamás es si se comete o no se comete pecado cuando uno se abstiene de votar en unas elecciones. Por lo visto, a los cristianos se nos enseña una moral en la que entra todo, menos la política. Y, si se habla de ética y política, la cosa se reduce (por lo general) a poner verdes a los políticos, diciendo que son unos corruptos, unos inmorales y otras lindezas por el estilo. Como es lógico, con una formación ética y una formación política de este calibre, así nos luce el pelo. Decimos que las cosas van mal porque los políticos son unos ineptos o unos sinvergüenzas. Y todos tan tranquilos. Con una consecuencia tremenda: que muchas cosas siguen mal y algunas muy mal. Pero insisto en que nuestra conciencia se queda tranquila porque nos imaginamos que todo depende de los que gobiernan. Cuando en realidad todos somos responsables de lo que pasa. Y somos responsables, ante todo, por nuestra pasividad.

Me explico. Hay personas que dicen: «yo no me meto en política». El que dice eso, en realidad, no sabe lo que dice. Porque en política nos metemos todos y estamos metidos todos, por más que ni nos demos cuenta de que eso es así. Lo que pasa es que, normalmente, el que dice que no se mete en política, es una persona a la que le va bien con la política que hacen los que mandan. O sea, es un individuo que está de acuerdo con el gobierno de turno. Y, por tanto, no se preocupa para que las cosas cambien o se hagan de otra manera. Por otra parte, el que asegura que es apolítico, lo que realmente dice es que está de parte del que gobierna, por más que, cuando habla con los amigos, critique a los gobernantes. No nos engañemos. Nuestra aparente pasividad, lo que hace es arrimar el ascua a la sardina del que en ese momento tiene el poder. Es verdad que, cuando el sistema político es una dictadura, las posibilidades de participación se reducen a la protesta o a actuar en la clandestinidad, cosas que entrañan riesgos evidentes y que suponen vencer el miedo por encima de lo que suele dar de sí la condición humana. Pero es evidente que, en un sistema democrático, al menos cuando llega el día de las elecciones, es una responsabilidad muy seria la que pesa sobre la conciencia de cada ciudadano. Sobre todo, si tenemos en cuenta que hay demasiadas cosas que pueden ir mejor y tienen que ser mejor gestionadas por el que salga elegido en las urnas.

Pero, ¡atención!, que cuando hablo de responsabilidad, no me refiero solamente al deber de votar el día de las elecciones. Porque los problemas de la gente que lo pasa mal, por causa de un mal gobierno o un gobierno deficiente, no se arreglan sólo con ir a votar. Lo que interesa, sobre todo, es saber 'a quién' se vota y 'por qué' se vota. Lo que supone, entre otras cosas, enterarse antes debidamente del programa que presenta cada candidato. Es evidente que a todos nos interesa que la economía vaya bien. Pero, tanto como eso, interesa que la riqueza del país se reparta mejor, de manera que los impuestos, las pensiones, los sueldos, todo eso y tantas otras cosas, se organicen de manera que salgan mejor parados los que más lo necesitan. Y si Vd, amigo lector, no está de acuerdo con este criterio elemental, pregúntese en serio qué criterios éticos rigen su vida. Por supuesto, es importante tener las ideas claras en asuntos de religión. Pero a mí me parece que es más importante aún tener las ideas muy claras en cuanto se refiere a las cosas, leyes y decisiones que son más decisivas en el sufrimiento o la felicidad de las personas. Y la verdad es que, si no estamos ciegos del todo, hay que reconocer que, ahora mismo, hay demasiada gente que sufre cosas que no tendrían que pasar. No es éste el momento de ponerse, una vez más, a hacer la lista de las desgracias que estamos viendo a diario. Me limito a recordar lo que dijo el conocido filósofo Erns Bloch, refiriéndose a las ideas de Thomas Müntzer, el 'teólogo de la revolución' que se enfrentó a Lutero por defender a los campesinos alemanes: «Hay épocas en las que el mal adquiere proporciones tan tremendas, que el tolerante, ya por el hecho de tolerar y permitir que los demás toleren, contribuye propiamente al incremento, al fortalecimiento, a la ratificación de la fechoría e incluso la provoca. Mediante su pasividad convierte a los demás en culpables o, por lo menos, los somete a la tentación....así pues, quien tolera viene a ser cómplice de la supremacía del mal».

La pregunta es: ¿estamos ahora en una de esas «épocas en las que el mal adquiere proporciones tan tremendas»? Yo sé muy que los que tienen dos sueldos, dos casas, pensiones altas, etc, etc, van a decir que vivimos mejor que nunca. Por supuesto, los que tienen todo eso, claro que viven mejor que nunca. El problema está en los otros, en los parados, en los ancianos de la 'cuarta edad' que viven solos y desamparados, en los jóvenes que no encuentran ni trabajo, ni casa, ni esperanza a medio plazo, en los matrimonios que no tienen los 35 o 40 millones de pesetas que cuesta un piso, ni cuentan con el dinero para pagar los muchos años de 'letras' que les esperan, etc, etc. Por no hablar de las espantosas imágenes de dolor y muerte que cada día nos enseñan los medios de comunicación. Dolor y muerte en los que quienes gobiernan tienen más responsabilidad de lo que sospechamos. Lo que es tanto como decir que, en eso, todos somos responsables.

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