LA TRAMPA

Durante las  últimas vacaciones de  Navidad me he  quedado asombradísimo
con  la  fascinación  creciente  de   los  medios  de  comunicación  por
ese  oscuro objeto  del  deseo  que se  oculta  detrás  de las  palabras
``ordenador'', ``multimedia'', ``web'', ``internet'' y sus derivados. Si
uno creyera a esos medios de comunicación y a un buen número de expertos
improvisados, no se  podría pretender ser un ciudadano  de primera clase
sin poseer el ultimísimo (y muy caro) material informático que da acceso
al paraíso encantado del ``cyberespacio''.

Es también difícil  ignorar la omnipresente y extraña  confusión que nos
incita a pensar que  el único tipo existente de ordenador  es el PC, por
supuesto equipado con un chip de Intel, y que en ese PC sólo puede haber
un programa indispensable, Microsoft Windows[+].

Esto  es  todavía  más  curioso  si  consideramos  que  el  fenómeno  de
servilismo intelectual  ante estos  dos gigantes  americanos llega  a su
punto máximo justo  en el momento en el cual  los Estados Unidos parecen
comenzar  a despertarse  de  un largo  sueño que  ha  permitido a  estos
gigantes adquirir una posición  de monopolio prácticamente absoluta. Por
el  camino, ambas  empresas  han destruido  un  número impresionante  de
empresas cuyos  productos eran de  calidad muy superior (todo  esto está
muy bien documentado en numerosas obras -- como por ejemplo [1, 2, 3] --
disponibles  en los  Estados  Unidos, pero  no han  sido,  que yo  sepa,
traducidas al francés).

Pienso por  ejemplo en la campaña  lanzada por Ralph Nader  (defensor de
los consumidores que  ha logrado hacer retirar del  mercado un automóvil
peligroso  producido  por General  Motors)  y  en  el proceso  que  está
llevando a cabo el DOJ (Department of Justice, el ministerio de justicia
federal de EEUU) contra Microsoft en  este momento. Pienso sobre todo en
la sorprendente reacción del público americano en los sondeos de opinión
en Internet: una  mayoría aplastante apoya las acciones  del DOJ incluso
cuando  las encuestas  son realizadas  por  empresas como  CNN, que  son
decididamente pro-Microsoft en  sus artículos (sondeos de  opinión de la
CNN [4] y también de la ZDnet [5]; esta última limitó arbitrariamente la
duración de la  encuesta y no anunció su resultado  hasta haber recibido
numerosas cartas de protesta).

Por el contrario, nuestro público  está bien lejos del despertar: mecido
por la suave voz del conformismo ambiental, se adormece aún más y más en
los brazos de Microsoft. Nuestro público sueña con un mundo feliz, en el
cual un  gran filántropo distribuye  a todos los estudiantes  de Francia
copias gratuitas  de Windows 95  con la  única finalidad de  ayudarlos a
recuperar su atraso tecnológico. Nuestro público sonríe al pensar en las
pantallas azules  llenas de mensajes tranquilizadores  que explican cómo
``el programa X ha provocado la excepción  Y en el módulo Z'': fallo que
por supuesto no  ha sido culpa de Windows, sino  del programa X. Nuestro
público  duerme feliz  sin preguntarse  por qué  un ordenador  mucho más
potente que aquel que ha servido para  enviar hombres a la luna -- y que
además  los ha  traído  de vuelta  vivos  -- no  es  capaz de  manipular
correctamente un documento  de un centenar de páginas,  cuando éste está
equipado con ese Microsoft Office que  hace tan felices a todos nuestros
comentaristas.

               Armario con cajones y lavado de cerebros

He tenido muchas ocasiones de medir personalmente la profundidad de este
sueño hipnótico del cual he  hablado anteriormente, pero la más graciosa
es  seguramente aquella  que se  me presentó  hace algún  tiempo durante
un  viaje  en  TGV.  Las  computadoras  portátiles  (esos  embriones  de
computadoras  que cuestan  tanto como  un coche  pequeño, que  se pueden
guardar en  un maletín y que  sirven con mucha frecuencia  para jugar al
solitario) proliferan  en estos  tiempos casi  tanto como  los teléfonos
móviles, sobre todo  en los trenes y aviones. Pues  bien, durante uno de
mis viajes, me  encontraba sentado al lado de un  agradable señor, joven
ejecutivo dinámico,  que estaba ejecutando  en su máquina  el calamitoso
(veremos por qué  más adelante) programa DeFragEste  programa muestra en
la  pantalla  una  hermosa  matriz  llena  de  pequeños  cuadraditos  de
diferentes colores que se mueven en todos los sentidos mientras el disco
trabaja intensamente.  No pude  resistir la  tentación (espero  que este
señor no se ofenda si se reconoce en este artículo) y después de haberlo
elogiado  por  su hermoso  portátil,  le  pregunté, fingiendo  la  mayor
ignorancia, qué era  ese lindo programa que yo no  tenía en mi portátil.
Con un aire  de superioridad mezclada con compasión (  ``el pobre hombre
no tiene mi super programa''), me respondió que ésta era una herramienta
esencial que hay que lanzar cada  cierto tiempo para hacer más rápida la
máquina desfragmentando  el disco. Continuó repetiéndome  de memoria los
argumentos que se  encuentran en los manuales de Windows:  cuánto más se
utiliza el disco  más se fragmenta y cuánto más  se fragmenta, más lenta
se  vuelve  la  máquina;  ésta  es  la razón  por  la  cual  él  ejecuta
concienzudamente  DeFrag cada  vez que  puede. En  ese momento  saqué mi
computadora portátil, que no utiliza Windows sino GNU/Linux (una versión
libre,  gratuita, abierta  y muy  eficaz de  Unix, desarrollada  por los
esfuerzos comunitarios de  millares de personas en Internet)  y le dije,
con una  expresión muy  sorprendida, que  en mi  portátil el  disco está
siempre muy poco fragmentado y cuanto más se utiliza menos se fragmenta.

Nuestro ejecutivo, ya  menos cómodo, contestó que  su portátil utilizaba
la última versión  de Windows 95 producida por la  empresa más grande de
software del mundo, y que yo seguramente me estaría equivocando en algún
punto. Traté entonces  de hacerle olvidar por un  instante la propaganda
que lo  había intoxicado hasta  ese momento, explicándole de  manera muy
simple el problema de la desfragmentación:  voy a tratar de resumirles a
ustedes una apacible conversación que duró una buena media hora.

Usted sabe seguramente que sus datos están guardados en ``archivos'' que
son memorizados  sobre el disco  duro de  la computadora. Este  disco es
como  un gigantesco  armario  con  cajones, cada  cajón  tiene la  misma
capacidad  (típicamente  512 bytes[+])  y  cada  disco contiene  algunos
millones de cajones. Si los datos que a usted le interesan son guardados
en cajones  contiguos se puede  acceder a  ellos más rápidamente  que si
estuvieran desparramados (a partir de ahora diremos fragmentados) dentro
del armario. Esto  no tiene nada de  raro, es lo que nos  pasa todos los
días cuando  hay que encontrar un  par de calcetines: uno  las encuentra
mucho  más rápido  si ambas  se encuentran  en el  mismo cajón.  Estamos
entonces de  acuerdo en que  es mejor un  armario bien ordenado  que uno
desordenado. El  problema reside en  saber cómo hacer para  conservar el
armario ordenado cuando este se utiliza frecuentemente.

Imaginemos ahora un  ministerio que guarda sus expedientes  en un enorme
armario con  millones de cajones.  Nos gustaría, por las  mismas razones
antedichas,  que  los documentos  relativos  a  un mismo  expediente  se
encuentren, en la medida de lo posible, en cajones contiguos. Usted debe
contratar  una  secretaria  y  tiene  la  opción  de  elegir  entre  dos
candidatas  con prácticas  bastante  diferentes: la  primera, cuando  un
expediente debe eliminarse del archivo,  se limita a vaciar los cajones,
y cuando  un nuevo  expediente entra,  lo separa  en pequeños  grupos de
documentos de la medida  de un cajón y archiva cada grupo  al azar en el
primer cajón vacío  que encuentra en el armario. Cuando  usted le señala
que así va a ser muy  difícil encontrar rápidamente todos los documentos
que tienen  que ver por ejemplo  con el expediente del  Crédit Lyonnais,
ella responde que va a ser necesario contratar todos los fines de semana
una docena  de ayudantes para poner  de nuevo todo en  orden. La segunda
candidata, al contrario que la primera, conserva sobre su escritorio una
lista de cajones  vacíos contiguos, la cual pone al  día todas las veces
que un  expediente es cerrado y  sacado de los cajones.  Cuando entra un
nuevo expediente, ella  busca en su lista un conjunto  de cajones vacíos
contiguos  de la  medida  necesaria,  y es  ahí  donde  coloca el  nuevo
expediente. Así,  le explica ella,  el armario permanecerá  siempre bien
ordenado, incluso aunque haya muchos  movimientos de expedientes. No hay
duda  de que  es la  segunda secretaria  la que  debe ser  contratada, y
nuestro joven ejecutivo estuvo perfectamente de acuerdo.

En ese momento fue fácil hacerle entender que Windows 95 actuaba como la
primera  secretaria y  necesitaba de  ayudantes que  ordenen el  armario
(el  programa DeFrag),  mientras  que GNU/Linux  actuaba  como la  buena
secretaria  y no  necesitaba  de nadie  para ayudarla.  Al  llegar a  la
estación, nuestro gentil ejecutivo ya  no estaba tan contento: le habían
enseñado  que DeFrag  hace andar  más rápido  la máquina,  pero habíamos
visto juntos que en realidad es Windows quien la hace lenta!

En efecto, el problema de la gestión eficaz de los discos es muy viejo y
hace mucho tiempo que se sabe como  resolverlo (la prueba es que Unix es
más antiguo  que Microsoft y tiene  la buena secretaria desde  1984!). Y
todavía  hay  cosas  mucho  peores que  DeFrag;  desafortunadamente,  no
tenemos tiempo  para contarles todas  las pequeñas y  sabrosas historias
sobre  el programa  ScanDisk que  se  supone tiene  que ``reparar''  los
discos, pero  que propone opciones incomprensibles  cuyo resultado final
es,  la  mayoría de  las  veces,  la destrucción  pura  y  simple de  la
estructura de  los expedientes, aún  cuando los datos podían  haber sido
recuperables antes de ejecutar este programa.

No  solamente esto  es imposible  con  Unix (a  menos que  el disco  sea
taladrado con una  máquina), sino que las técnicas  correctas de gestión
de un  disco son enseñadas en  los primeros cursos de  informática de la
Universidad desde hace más de 10 años.

La simple existencia  de un programa como DeFrag o  los daños producidos
por  el  ScanDisk  de  Windows  95 deberían  ser  suficientes  para  que
cualquier  persona  inteligente con  poder  de  decisión pudiera  tachar
Microsoft de la lista de sus  proveedores. Y sin embargo, como prueba de
la eficiencia  del lavado de  cerebros y del  profundo sueño en  el cual
hemos estado sumidos, aquí en  Francia estamos dispuestos a convertir el
sistema informático bancario a productos Microsoft, así como a elegirlos
también para la  educación de nuestros hijos. El poder  de la maquinaria
comercial  de  ciertas empresas  logra  realizar  tal distorsión  de  la
realidad que llegamos a creer fervientemente que los defectos más graves
de ciertos programas  son por el contrario  totalmente indispensables (a
propósito de  esto, en  el mundo  informático hace  mucho tiempo  que se
emplea el dicho ``it's not a bug, it's a feature!'' -- no es un defecto,
es una funcionalidad!). Sucede también  que los especialistas que tienen
los conocimientos necesarios  para desarmar todas estas  trampas y poner
en evidencia los errores, los  peligros y las manipulaciones, sin riesgo
de  ser considerados  como competidores  derrotados y  gruñones, se  han
callado durante demasiado tiempo. Tenemos aquí un fenómeno bien extraño:
por un lado, ningún científico serio  tiene ganas hoy en día de publicar
un artículo en la prensa que se dice de informática, por miedo a manchar
su reputación por  haber tratado con mercachifles. Por el  otro lado, al
no  tener el  apoyo  de  científicos serios,  la  prensa informática  se
transformó, vía soporte  publicitario, en un eco poco  edificante de los
fabricantes de  computadoras. Esto  la hace aún  más mercachifle,  y aún
menos frecuentable por expertos serios.

               El impuesto a la información

Sin embargo el monopolio Wintel  (Windows + Intel, término recurrente en
la prensa  americana) que se  está instalando en  Francia y en  el mundo
entero tiene tales apuestas en juego,  y no solamente económicas, que no
nos podemos  callar más bajo ningun  pretexto. No se trata  solamente de
aceptar vivir con una mala tecnología ignorando que se podría tener algo
mucho mejor:  esto ya se ha  producido varias veces, por  ejemplo con el
sistema  de  vídeo  VHS  que  desplazó al  Video  2000  y  Betamax,  que
eran  mucho  mejores[+].  Aquí  se  trata  del  hecho  de  que  nuestros
nuestros  gobernantes hayan  aceptado que  el monopolio  Microsoft-Intel
adquiera un total  dominio de la información, explotándolo  además en su
exclusivo beneficio. Estoy  seguro de que aquel entre  ustedes que tenga
algún  conocimiento  de economía  ya  ve  a  dónde quiero  llegar:  este
monopolio logra  desde hace muchos años  el cobro de una  verdadera tasa
monopolística,  es  decir,  que  explota la  posibilidad  que  tiene  un
monopolio  de vender  a precios  inflados, ejerciendo  así un  verdadero
chantaje sobre  los consumidores que se  ven forzados a comprarle  a él.
Esta tasa  es enorme, pero  más grave aún,  su importe sale  del espacio
europeo sin  que nos  demos cuenta,  y no  solamente no  produce riqueza
alguna sino  que por  el contrario  la destruye (ver  por ejemplo  [6] y
[7]).

Veamos ahora los medios por los  cuales se consolida este monopolio cada
día un  poco más, sin descuidar  los riesgos no económicos  que el mismo
produce  sobre  nuestra  vida de  todos  los  días.  En  el caso  de  la
informática, las  posibilidades ofrecidas a las  empresas sin escrúpulos
son particularmente  temibles. Trataremos de comprender  esto comenzando
por todo lo que no se entiende necesariamente como una práctica dudosa o
ilegal.

               El carácter específico del software

Para comenzar a comprender porqué pagamos un impuesto invisible cada vez
que compramos un  PC[+] o los programas Windows,  hay que familiarizarse
primero con una característica que distingue la informática de cualquier
otro dominio tecnológico:  el costo de la duplicación  de productos. Una
vez que un  programa ha sido realizado, cosa que  puede costar muy caro,
se puede  duplicar en  un CD-Rom  al costo de  sólo algunos  francos por
copia, o  se puede transmitirlo  por la  red a un  costo que no  cesa de
reducirse, de manera totalmente independiente  de la calidad y del costo
de producción de la primera copia.  Los únicos componentes cuyo costo no
es infinitesimal  son aquellos  a los que  llamamos ``el  soporte'': las
miles  de páginas  del  manual de  papel, o  las  docenas de  disquettes
necesarios para archivar el software cuando no se dispone de lectores de
CD-Rom. Pero  los editores de programas,  que tienen todo el  interés en
hacer  desaparecer ese  costo fijo,  no  tardaron mucho  en ocuparse  de
ese  tema:  usted habrá  remarcado  que  los PC  que  se  venden en  los
supermercados  vienen acompañados  de  programas  pero prácticamente  de
ningún  manual, salvo  alguna  breve nota  explicativa  (sic!). Hay  por
supuesto  manuales ``on-line'',  es decir  no  sobre papel.  Nadie va  a
impedirle que se  gaste algunos centenares de  francos para imprimirlos,
si  a usted  se le  antoja. Yo  mismo pude  constatar personalmente  que
una  empresa  japonesa  muy  conocida, cuyo  nombre  me  reservo,  vende
computadoras  portátiles  de  las  más caras  del  mercado  sin  proveer
siquiera un  CD-Rom con los programas:  todo está instalado en  el disco
duro,  y para  hacer una  copia de  seguridad todo  depende de  nosotros
mismos, si queremos comprar los 40  disquettes necesarios y pasar un día
entero  jugando a  ser  un  disk-jockey con  la  máquina. Podemos  decir
entonces que actualmente,  con estas prácticas, el costo de  copia de un
programa esta prácticamente reducido a cero.

Una segunda característica  esencial es el status legal  de un programa:
por varias razones,  no tan extrañas si uno lo  piensa detenidamente, el
software, ese sofisticado producto de  tecnología de punta utilizado por
millones  de personas  en su  vida profesional,  y convertido  en piedra
angular de una  nueva revolución industrial, goza de  la misma inmunidad
que las obras de arte (de hecho, los industriales del software se llaman
``editores''). Por  ejemplo, no  hay ninguna  cláusula legal  ni ninguna
jurisprudencia que  permita garantizar que  el software haya  de cumplir
una determinada  función, ni siquiera aquella  para la cual usted  lo ha
comprado. Esta situación  es razonable cuando se compra una  novela o un
cuadro (de gustibus...decían los romanos),  pero deja de serlo cuando se
aplica al software: usted no  puede demandar a Microsoft legalmente ante
la  justicia  por defecto  de  construcción,  al haber  descubierto  que
Windows 95  no está hecho con  las mínimas prácticas establecidas  de la
ciencia informática; mientras que usted sí puede acusar a un fontanero o
a  un  electricista por  realizar  una  instalación  que no  está  hecha
conforme a las normas.

Lo peor es que no hay ninguna  toma de responsabilidad por los daños que
el software  pueda producir. De nuevo,  es razonable que usted  no pueda
llevar a juicio a un cantante porque  el último CD tecno que comprara su
hijo provocara una  disputa familiar en el curso de  la cual se rompiera
un jarrón chino valiosísimo. Pero es perfectamente inaceptable que usted
se quede indefenso si pierde 200 Mb de datos comerciales muy valiosos de
su disco duro a causa del vetusto sistema de archivos de Windows 95 y de
su horripilante programa ScanDisk. Sobre todo sabiendo que podría probar
muy fácilmente  delante de  un tribunal  que los  conocimientos técnicos
necesarios para  realizar un  producto ampliamente superior,  gracias al
cual no hubiera perdido sus datos, son de dominio público desde los años
70, y que  el código mismo que  implementa estas técnicas en  el Unix de
AT&T  ha sido  comprada  por Microsoft.  Pero en  cambio,  sí que  puede
arrastrar ante la  justicia a su electricista si éste  le instala cables
eléctricos en los zócalos de madera de su apartamento[+].

Finalmente,  una consecuencia  muy grave  de  esta impunidad  es que  el
``editor''  de software  no está  de ninguna  manera obligado,  desde el
punto de vista legal, a corregir los errores reconocidos y documentados,
aún  cuando esos  fallos  sean  voluntarios. Dicho  de  otra manera,  el
``editor'' de  software es  libre de  venderle a  usted lo  que a  él le
parezca, o mejor dicho, aquello que su departamento publicitario le haga
creer que compra, sin ninguna obligación  de resultados, y sin que usted
tenga el  menor recurso, aún  en caso de  mala fe manifiesta.  Peor aún,
puede ocurrir que le hagan pagar por las versiones de ``actualización'',
que son en  realidad correcciones de defectos, a precios  tan caros como
el producto original.

Además,  este status  jurídico  tan  sorprendente, estaba  probablemente
justificado  cuando  los  programas   eran  escritos  por  un  ingeniero
en  su  garage,  pero  es  absolutamente aberrante  hoy  en  día.  Ahora
nos  encontramos con  multinacionales  del software  cuyas finanzas  son
colosales,  y no  dan provecho  a todos  los editores  de software  sino
solamente a los  más poderosos. Está claro que una  gran empresa puede y
debe  obligar a  un prestatario  de servicios  informáticos a  firmar un
contrato contrayendo obligaciones de  resultados y conteniendo cláusulas
de garantía, pero por desgracia, esto no está al alcance del consumidor,
ni  de la  mayoría de  las  empresas, cuando  el editor  de software  en
cuestión  tiene  la  capacidad  financiera  suficiente  para  comprar  o
destruir su empresa en algunas semanas.

Me imagino  que en este  momento, al  igual que nuestro  joven ejecutivo
dinámico  de hace  un rato,  usted  comenzará a  sentirse menos  cómodo:
el  cyberespacio   encantado  comienza  a  mostrar   sus  costados  poco
agradables, y esta maravillosa empresa  filantrópica que ha sido siempre
presentada  como el  súmmum de  la  tecnología informática  y del  éxito
del  libre  mercado comienza  a  parecer  cada vez  menos  filantrópica.
Desafortunadamente, estamos  solamente en el principio  de nuestro paseo
por el lado  oscuro del planeta Microsoft, y todavía  no hemos llegado a
lo mejor.

               Los fabricantes atrapados en la trampa

La posición de monopolio de  Microsoft le permite también desembarazarse
con  facilidad  de   las  otras  posibles  fuentes  de   costo  para  la
comercialización del software: la  asistencia técnica y la distribución.
Para  la primera,  podríamos imaginarnos  que aunque  el editor  no esté
legalmente obligado  a ayudarle  a instalar  su software,  se encontrará
obligado  a  hacerlo  para  no  perder los  clientes.  No  se  preocupe,
Microsoft  tiene la  solución: es  suficiente  leer unas  frases que  se
encuentran en  la licencia de Windows  95 de la cual  reproduzco aquí un
extracto:

6. SOPORTE TÉCNICO.  El soporte técnico para el PRODUCTO  SOFTWARE no es
proporcionado por Microsoft Corporation o sus subsidiarias. Para obtener
soporte  técnico, remítase  al número  de soporte  del Fabricante  de PC
suministrado  en la  documentación para  la computadora  (ordenador). Si
tiene dudas  con respecto a  este CLUF  (``Contrato de Licencia  para el
Usuario Final''),  o si desea  comunicarse con  el Fabricante de  PC por
cualquier  otra  razón, remítase  a  la  dirección proporcionada  en  la
documentación de la COMPUTADORA/ORDENADOR.

Astutos,  verdad?  Se hace  responsable  de  todo  al fabricante  de  la
computadora, el cual no  tiene nada que ver con DeFrag, pantallas azules
y demás desastres, pero acaba pagando  las consecuencias  financieras de
esos  errores (y  yo  sabré algo  de  eso, vista  la  cantidad de  veces
que  traté inútilmente  de  comunicarme con  el  servicio de  asistencia
telefónica para la  instalación de Windows, siempre para  el portátil de
la marca japonesa  que no he revelado más arriba  y que todavía ocultaré
aquí).  Si  Windows  95  no  estuviera en  posición  de  monopolio,  los
fabricantes de computadoras se librarían con mucho gusto de este tipo de
acuerdos.

Para la distribución del software es la misma historia. De nuevo son los
fabricantes, ensambladores y revendedores  de computadoras los que pagan
el costo: ellos  deben preinstalar Windows 95 en las  máquinas. Pero hoy
existe algo aún  mejor que es la distribución del  programa por Internet
sin ningún soporte material. Esto es  un golpe genial: usted paga por un
programa y después paga  el gasto de obtenerlo por la  red (y qué gasto,
con  el tamaño  de un  Microsoft  Office en  nuestros días),  reduciendo
efectivamente  el  costo  total  de  la  copia  y  distribución  por  el
``editor'' a exactamente  cero francos. Y se pregunta por  qué un cierto
presidente de  un cierto país  del otro  lado del atlántico  ha sugerido
firmemente liberar  completamente de impuestos al  comercio informático?
Bien, aquí tiene una parte de la respuesta!

En  resúmen, si  hoy uno  se llama  Microsoft, y  solamente si  se llama
Microsoft, puede  vender más o  menos cualquier cosa, sin  obligación de
resultado y sin  temor a ser demandado. Todo esto  con un costo unitario
nulo, y a un precio al público que no baja jamás[+], y que se traduce en
beneficio  puro[+].  Falta  comprender  por qué  no  solamente  el  gran
público, que  no conoce nada  de computadoras, sino también  las grandes
empresas, los gobiernos y los medios (que deberían disponer de servicios
informáticos altamente  calificados), no utilizan su  libertad de elegir
otra cosa que los productos Microsoft. Para responder a esta pregunta no
es  suficiente culpar  a  los mercanchifles  de la  prensa  que se  dice
especializada, aún cuando su parte  de responsabilidad es bien evidente.
Deberemos llevar a  cabo una exploración más profunda de  la cara oculta
de este gigante, para comenzar a descubrir ciertas prácticas dudosas que
rozan frecuentemente la ilegalidad, y  que con mucho desagrado encuentro
que no son comentadas en ninguna parte del panorama mediático [francés],
salvo  en  algunos  pequeños  folletos satíricos  efímeros  que  no  son
ciertamente  la  lectura preferida  de  los  altos responsables  de  las
empresas[+].

               El país de los tecnocretinos...

Para ver la cosa más clara,  olvidemos por un instante las computadoras,
el software y todo eso.  Siempre hemos estado condicionados a considerar
estas  cosas  como  útiles  pero  difíciles, es  decir,  a  renunciar  a
formarnos una opinión personal acerca de este tema. Nos han dicho que es
demasiado complejo y  que debemos limitarnos a seguir  la sabia elección
de los que se dicen expertos (por ejemplo, la revista americana Byte, de
gran  difusión, tiene  en su  logotipo  la leyenda  ``Byte, because  the
experts decide''--Byte, porque los expertos deciden).

Dejemos de  lado por un instante  a los expertos,  para ir a ver  lo que
pasa en el mundo paralelo imaginario de los TecnoCretinos, en el que una
empresa llamada MacroPrensa  obtiene poco a poco el  control absoluto de
todas  las imprentas  del  planeta. Esta  no  controla directamente  los
periódicos, pero es  la que los imprime con  los caracteres MacroPrensa,
de  los cuales  es la  única  propietaria. Un  buen día,  tras una  gran
campaña  publicitaria  alabando  las  bondades  de  un  nuevo  juego  de
caracteres que  permitirá obtener periódicos más  modernos, esta empresa
comienza a imprimir todo con caracteres klingonianos (el alfabeto de los
Klingons en la  famosa serie StarTrek). De esta manera,  nadie más puede
leer  los nuevos  libros  o periódicos  sin  recurrir a  la  Lupa de  la
MacroPrensa,  disponible a  la  venta  en todos  los  kioscos, donde  es
distribuída  con  cargo  a  los  editores  de  periódicos.  El  público,
encantado de la  maravillosa novedad tecnológica, se adapta  y compra la
Lupa.  Envalentonados  por  el  éxito de  esta  iniciativa,  MacroPrensa
comienza  a cambiar  el juego  de caracteres  periódicamente, todos  los
años, y después todos los semestres;  las viejas Lupas ya no pueden leer
los nuevos  periódicos y hace  falta renovarlas con grandes  gastos cada
dos o tres  meses. Un competidor de MacroPrensa ve  ahí una gran ocasión
para producir una Minilupa mucho  menos costosa que la Lupa Macroprensa,
y  comienza a  venderla  en  los kioscos.  Pero  los  kioscos tienen  un
contrato de  exclusividad con  MacroPrensa y rehusan  distribuírla. Peor
aún, MacroPrensa demanda al competidor ante la Justicia por violación de
los derechos de autor, pues lo considera culpable de haber analizado los
caracteres klingonianos a fin de construir la Minilupa. Y gana...

               ...no está muy lejos

Pero qué idiotas, dirá usted, quién  puede dejarse hacer eso? Pues bien,
permítame decirle que  el mundo de los TecnoCretinos no  está muy lejos.
Hace dos años quise presentar a la UE una solicitud de financiación para
la  visita de  un investigador  inglés a  nuestro laboratorio.  Para eso
busqué el formulario,  y me dijeron que la manera  más fácil de proceder
era obtenerlo  desde el  servidor de Web  www.cordis.lu de  la comunidad
europea, ya que el correo normal podía tardar algún tiempo considerable.
Dí  así  con  un  documento  que se  llamaba  machin.doc  y  que  estaba
escrito con  Microsoft Word para Windows  versión vaya-usted-a-saber. En
Klingoniano. No hay  problema, me dije a mí mismo,  tenemos un MacIntosh
en el laboratorio con la lupa Microsoft  Word versión 6.0. Esta es de la
misma empresa,  la más reciente,  luego podré leerlo bien.  Cuando pensé
esto eran las 10 de la mañana.  Para mi gran sorpresa, Microsoft Word en
MacIntosh, después de  una docena de minutos  de ``conversión'', bloqueó
la máquina y me  vi obligado a apagar y volver  a encender, perdiendo mi
trabajo. Así comenzó  una verdadera batalla con la Lupa,  donde al final
salí vencedor pero  agotado a eso de  las 19 horas, con  una versión del
formulario rellenado, obtenido  imprimiendo las páginas una a  una y con
manipulaciones complejas en  cuyos detalles no entraré.  Basta decir que
me entraron muchísimas  ganas de llevar esto ante la  Justicia, pero sin
muchas  esperanzas  de ganar.  Todo  esto  por  qué? Por  un  formulario
extremadamente simple  con las casillas  Nombre, Apellido, etc.,  que lo
habríamos podido preparar muy fácilmente con un formato de archivo libre
y público,  tal como el HTML  que se utiliza  desde 1991 en la  Web. Han
pasado  ya dos  años  y  en http://www.cordis.lu  nada  ha cambiado.  El
aspecto es  muy atractivo, pero  los formularios y la  documentación que
contiene  información  que debe  ser  libre  y  gratuita  y que  son  de
importancia  vital,  están  todavía  presentados  solamente  en  formato
privado,  típicamente Microsoft,  e, increíble  pero cierto,  compatible
solamente con los productos Microsoft para PC.

A causa  de esto,  nuestro laboratorio  pronto comprará  un gran  PC con
Windows 95 y Microsoft Office,  solamente para poder leer los documentos
de la UE.  La Lupa Klingoniana avanza. Además, con  esta Lupa el formato
de archivos cambia de versión en versión,  de tal suerte que Word 5.0 no
puede hacer nada con  los archivos de Word 7.0, y peor  aún, el Word 6.0
en Mac  tiene problemas para leer  archivos de Word para  Windows. Hemos
caído en la trampa! No es suficiente con comprar Microsoft Word una vez;
deberemos pagar de nuevo cada versión, sólo para poder continuar leyendo
los  archivos nuevos  de  otros.  Y si  por  azar  habíamos comprado  un
producto complementario para la versión  5.0, por ejemplo un diccionario
en  español,  habrá que  comprar  uno  nuevo  en  la nueva  versión;  la
vieja  será ``incompatible'',  aún cuando  el español  no haya  cambiado
entretanto.

Advertirá que  se trata de  un verdadero  y limpio secuestro  de nuestra
información: una  vez que los  datos entran en Word  o Money, ya  no hay
manera  fácil de  recuperar  todo el  trabajo que  usted  ha hecho  para
transferirlo  a  otro  programa  si  decide  no  comprar  más  productos
Microsoft. Se cuidaron muy bien de no suministrar convertidores eficaces
hacia otros  formatos[+]. Además  intentaron varias  veces hacer  que se
aprobaran leyes  prohibiendo a  los competidores  la utilización  de sus
formatos propios  de archivos, o incluso  su análisis. Si se  llegaran a
aprobar estas  leyes, una  empresa que  venda una  Minilupa convertidora
sería culpable de  violación de las leyes de derechos  de autor[+]. Pero
son nuestros  datos los que están  en juego. Bienvenidos al  país de los
TecnoCretinos!

               Prácticas dudosas

Resumiendo  la  técnica es  simple:  por  un lado  se  hace  caer a  los
consumidores en  la trampa  secuestrando su  preciosa información  en un
formato propietario, el cual es constantemente ``actualizado''. Debido a
estas modificaciones, los  usuarios se ven obligados a comprar  cada 6 ó
12  meses una  actualización de  todas sus  aplicaciones, tan  sólo para
poder continuar  leyendo sus propios  datos o acceder a  información que
(de manera innecesaria)  es suministrada bajo este  formato privado. Por
otro lado, se entrampa a los competidores: no se les da la documentación
[del sistema  operativo] y  se introducen  variantes arbitrarias  con la
única  meta de  no  permitir  que los  productos  que ellos  desarrollan
funcionen correctamente. Es más, si la competencia llega a descubrir que
una  de las  modificaciones  tenía  como único  fin  el hacer  funcionar
su  producto  con  menor  eficiencia que  el  producto  equivalente  del
monopolista,  son condenados  por  haber hecho  ``ingeniería al  revés''
(reverse engineering),  el equivalente informático a  desmontar el motor
de un Twingo para ver como está hecho[+].

Esta última técnica  es especialmente poderosa si el  editor de software
detenta a  la vez el sistema  operativo (Windows 95) y  las aplicaciones
(MS Word, Excel, etc). En tal  caso es técnicamente posible modificar el
sistema  para tornar  inestables  o inutilizables  los  productos de  la
competencia,  y  a  la  vez  mejorar las  prestaciones  de  sus  propios
productos. Es  lo que se ha  hecho en Windows NT  Workstation, limitando
artificialmente a diez  los accesos simultáneos a la  máquina; esto hace
inutilizable el servidor Web de  Netscape sobre NT Workstation (ver [13]
y [14]). Si  quiere resolver esto, deberá comprar la  versión Windows NT
Server, muchísimo más cara, la cual incluye gratuitamente un servidor de
Web  de Microsoft.  La treta  pone fuera  de juego  a Netscape.  Esto es
simplemente  maquiavélico, y  aún  más cuando  descubrimos  que las  dos
versiones, NT  Workstation y  NT Server,  son prácticamente  idénticas y
sólo se diferencian en  un puñado de líneas, tal y  como se documenta en
[15] y [16].

El resultado final  de estas prácticas dudosas es simple:  se impide que
el usuario  pueda elegir  otra cosa  que no  sea un  producto Microsoft.
Junto con la reducción  a cero de los costos y de  los riesgos, tal cual
como  vimos  anteriormente,  esto  permite al  monopolio  establecer  un
verdadero impuesto  sobre la  información, donde  Microsoft es  el único
beneficiario.  Después de  todo,  si  Bill Gates  ha  sido recibido  con
honores dignos de un Jefe de Estado en el Elíseo, se debe a que se trata
de la  visita de la  versión ``cyber''  del recaudador de  impuestos. Un
impuesto que no tiene nada de  virtual: enormes sumas de dinero salen de
la Comunidad  Europea cada  año en contrapartida  por productos  de mala
calidad que nos vuelven más y más dependientes de la mala tecnología del
otro  lado del  Atlántico. Es  más,  estos productos  se distribuyen  en
Europa a precios exorbitantes, muy superiores a los precios americanos o
canadienses. No se  deje engañar por los que le  dicen que los programas
en Europa  son más  caros porque  necesitan ser  traducidos. Si  echa un
vistazo  al servidor  Web de  Microsoft, se  enterará de  que consideran
``ilegal'' (sic) comprar  su software en versión francesa  en Canadá (en
donde es mucho  más barato que aquí) para utilizarlo  en Francia [17]. Y
el  ``libre'' mercado?  Nos  ordeñan como  a las  vacas  lecheras, y  la
pasividad de los  gobiernos europeos, que comienza  a parecerse bastante
a  la  cooperación activa  si  uno  piensa en  http://www.cordis.lu,  es
absolutamente inexplicable, visto el tamaño de este verdadero expolio.

               Bordeando la ley

Llegamos finalmente a los actos  francamente ilegales. Comenzando por la
venta ``vinculada'',  que está expresamente prohibiba  en Francia (Libro
I, Capítulo II,  Section 1 de la Ley del  Consumidor, ``Se prohibe [...]
subordinar la venta de un producto  [...] a la venta concurrente de otro
[...]''), y también en  Europa (ver los artículos 85 y  sobre todo el 86
del tratado, así  como su aplicación, en la  detallada referencia [18]).
Lo que quiere decir esto es que está prohibido que le obliguen a comprar
con el producto que a usted le  interesa otro producto que no quiere. No
se prohibe vender ``lotes'' de productos en un supermercado, pero en tal
caso  usted debe  tener  la opción  de  comprar separadamente  cualquier
componente  del  lote, si  así  lo  desea,  sin sobrecosto  alguno.  Sin
embargo, durante  mucho tiempo los grandes  vendedores de PCs no  le han
permitido que  comprara una  computadora sin  adquirirla con  el sistema
operativo de Microsoft (Windows 95 o NT ahora, DOS o Windows 3.x antes).
Se puede convencer personalmente visitando  los servidores Web de Dell y
Gateway,  por  ejemplo.  Verá  que usted  puede  ``construir  su  propia
computadora'', según le dicen, pero  nunca suprimir la Lupa Microsoft de
dichos  componentes,  siendo  que  los  programas  (``software'')  y  el
material electrónico  (``hardware'') son  dos productos  bien diferentes
por más que traten de disimularlo[+]. Al final, acabamos por no saber el
precio  real del  software.  En efecto,  haciendo  partidas de  acuerdos
confidenciales, estos precios son a  menudo muy inferiores a los precios
de mercado.  Uno de estos  acuerdos ha sido  condenado hace poco  en los
tribunales de la UE como práctica comercial ilegal.

Para que pueda hacerse una idea  precisa de la envergadura económica del
asunto, considere el  caso de una universidad parisina que  compró 15 PC
para instalar  GNU/Linux hace algunos meses.  No se sabe cuánto  pagó el
fabricante por Windows 95  pero si nos fiamos de lo que  se dice en [7],
el paquete  Office PME  tiene un precio  de venta al  público que  es el
doble del de Windows 95 y se vende  a los mayoristas por poco más de 600
francos; de  lo cual  se puede  estimar que Windows  95 tiene  un precio
mayorista  de  unos  300  francos.  Así  pues,  aún  suponiendo  que  el
fabricante no  tenga margen de  ganancia sobre  el software (cosa  de la
cual  dudo, dado  que  la preinstalación  es un  servicio  que tiene  su
costo), esta universidad ha sido obligada  a pagar 15 veces 300 francos,
es decir  4.500 francos, por  un producto que  no quería. Dicho  de otra
forma,  el Estado  Francés ha  hecho  en este  caso un  regalo de  4.500
francos a  Microsoft, una  empresa no europea  que no  está presisamente
al  borde  de la  quiebra  ni  necesitada  de  ayudas estatales.  Si  se
extrapola este  caso particular a  las compras realizadas por  todas las
Universidades de Francia que utilizan GNU/Linux, se trata ya de millones
de francos  por año. Habrá  que preguntarse  quiénes son los  piratas en
este caso. No  puedo comprender las razones de  un despilfarro semejante
cuando se dice que las arcas del estado están vacías.

Si  uno busca  bien,  pero  verdaderamente bien,  es  posible en  teoría
intentar que le devuelvan el  dinero (fastidiando al pobre fabricante de
la computadora), pero  se trata de una verdadera  carrera de obstáculos.
En  nuestra  escuela  muchos   investigadores  y  alumnos  han  comprado
computadoras o portátiles para instalar  GNU/Linux o Next Step, pero han
sido obligados a comprar Windows sin lograr ningún reembolso. Esta es la
fuente más importante  de ganancias para Microsoft y es  por esto que se
puede hablar de  verdadero impuesto sobre las computadoras:  por cada PC
comprado hay un tanto por ciento  de dinero para los hinchados bolsillos
de Microsoft, lo quiera  usted o no. Es debido a estos  10 años de tales
prácticas, durante los cuales amasó una inmensa riqueza y aplastó a toda
su  competencia,  que  Microsoft  ha sido  amonestada  por  la  justicia
americana y europea en 1995,  aunque sin ninguna consecuencia financiera
[19]. Lo cual quiere decir que el  botín del robo permanece en manos por
el ladrón, a cambio de la promesa  de éste de no ser reincidente. Debido
a esta condena sin castigo efectivo, hoy en día sigue siendo muy difícil
comprar  un PC  sin Windows,  a  menos que  uno recurra  a los  pequeños
ensambladores de  PCs clónicos.  El caso  de Dell y  Gateway 2000  no es
aislado, y  cada PC  comprado es  un ``usuario'' de  Windows más  en las
estadísticas, incluso si la primera cosa  que hace el comprador es tirar
a la basura Windows 95 para instalar GNU/Linux.

          Una mirada al posible futuro de la educación

¿Qué cosa puede suceder si no  nos despertamos de nuestro sueño profundo
y  permanecemos sumidos  en  la trampa  de una  industria  y un  sistema
educativo  informatizados por  un monopolio  privado? Gracias  al famoso
atraso tecnológico francés, es posible  responder a esta pregunta: otros
países nos llevan ventaja de unos años, tanto para bien como para mal, y
esto nos permite contemplar un cierto número de futuros posibles.

Comenzando por  el futuro  próximo, basta  con ir  muy cerca,  a nuestra
vecina Suiza.  El pasado  8 de  octubre, el  Ministro de  Finanzas suizo
anunció  un acuerdo  con Microsoft,  por el  cual el  gobierno pondrá  a
disposición  de  los colegios  unas  2.500  computadoras, y  el  gigante
americano  pondrá otras  tantas  licencias de  utilización de  productos
Microsoft y se ofrecerá a formar a 600 educadores para la utilización de
computadoras [20]  (Un regalo parecido  ha sido hecho en  Sudáfrica). Es
decir,  por menos  de lo  que  cuesta una  campaña publicitaria  nuestro
monopolista  ha adquirido  el  control  total de  la  informática en  la
educación suiza, y por ende en  las empresas suizas, ya que cuando estos
estudiantes alcancen  un puesto  de trabajo no  conocerán otra  cosa que
Microsoft Office. Visto en perspectiva, este acuerdo no parece tan bueno
para Suiza,  aunque al menos  no habrán pagado  nada por el  software de
Microsoft.

Mejor dicho, para ser exactos, no  lo habrán pagado ahora, porque se les
podría empezar  a pedir el pago  más adelante, como acaba  de suceder en
Japón.  El pasado  diciembre  Microsoft anunció  la  supresión al  Japón
de  licencias  globales de  centro  (``site  licenses'', un  esquema  de
contabilización  de  licencias de  una  empresa  o una  Universidad  que
permite pagar los programas en proporción  al uso real, y no en relación
al  número  de  computadoras).  Esta  decisión  impondrá  un  sobrecosto
financiero injustificado  y considerable que  los japoneses van  a tener
que asumir  de todas maneras, dado  que no hay otros  competidores a los
que acudir.

Veamos un  poco más  lejos en  el futuro: la  Universidad del  Estado de
California (CSU) está apoyando en este  momento la creación por parte de
Microsoft, GTE, Fujitsu  y Hughes Electronics de una  compañía, la CETI,
que  tendrá  el  monopolio  exclusivo  para  la  renovación  del  parque
informático de  23 campus  universitarios de  la CSU,  donde hay  más de
350.000 estudiantes  y docentes.  A cambio de  una inversión  de algunos
centenares de millones de dólares  durante 10 años en la infraestructura
de  la red,  la CSU  dejará  a la  CETI  elegir las  computadoras y  los
programas oficialmente  usados en los  campus. La proposición  habla muy
claro: se tratará solamente de Windows 95 Windows NT y Microsoft Office.
Los beneficios previstos por la CETI,  más el impacto en la educación de
los que el día de mañana  serán responsables de empresas (impacto seguro
gracias a los cursos especializados en productos informáticos privados),
se cifra  a algunos miles  de millones de dólares  en diez años.  Y esto
sólamente contabiliza los márgenes de  la venta monopolista del hardware
y del software a los estudiantes y docentes en sus campus, los cuales ya
no podrán seguir ciertos cursos sin utilizar esas computadoras (ver [21]
y la decisión de reexaminar de acuerdo en [22][+]).

               Lo que esta en juego: el control de la información

Pero  los elementos  comerciales  y  las políticas  que  están en  juego
superan  ampliamente el  cuadro  de  la educación  y  de  la gestión  de
empresas. No estamos hablando de la simple venta de algunas computadoras
y programas, sino del control total sobre toda forma de transmisión y de
tratamiento de  la información,  en la  educación, en  las transacciones
bancarias, en  los nuevos y  viejos medios  de comunicación, y  hasta en
la  intimidad  de nuestra  correspondencia  privada.  Si alguno  de  los
contendientes del sector obtiene una posición de monopolio en la gestión
de  esta información,  estará en  situación de  hacer pagar  un impuesto
sobre  toda operación  informática (un  porcentaje sobre  la transacción
electrónica,  ``vigorish'' en  inglés), tal  y como  está escrito  negro
sobre  blanco  en  una  nota  interna de  Nathan  Myrhuold,  el  CTO  de
Microsoft.  Dicha nota  forma  parte ahora  del dossier  del  DOJ y  fue
publicada por el Wall Street Journal el año pasado [23].

Pero tal monopolio podrá también obligarlo a usted a ceder una parte muy
importante de  su libertad personal,  lo cual puede  producir beneficios
muy importantes. Reflexione  por un instante sobre el hecho  de que todo
tipo de información es susceptible de  ser generada en una computadora y
que se puede en principio seguir la pista de toda operación informática.
Por  ejemplo,  mientras  usted  observa  unas  bellas  imágenes  sentado
cómodamente delante de  su PC multimedia, pueden ser  copiados sus datos
bancarios o puede ser constituído  su perfil personal y psicológico para
ser utilizado a espaldas suyas. Esto ya se hace desde hace tiempo con la
ayuda de ``cookies'' en los  navegadores Web [24]; ciertas empresas como
Sidewalk,  filial  de Microsoft,  le  obligan  a aceptar  una  verdadera
violación de su vida privada para  acceder a sus servicios [25]. Gracias
a extensiones privadas  y vulnerables como el Active X  de Microsoft, le
pueden robar el dinero de su cuenta bancaria mientras usted ``navega por
la red'',  tal y como ha  sido demostrado irrefutablemente por  un grupo
de  informáticos  de Hamburgo  en  la  televisión  alemana y  en  muchas
publicaciones de  las cuales no  hemos visto  ni rastro aquí  en Francia
(ver [26] para más detalles).

Y aún  si Microsoft no  se aprovecha de las  lagunas de seguridad  de su
sistema,  otros  pueden  hacerlo  en  su lugar.  Hoy  en  día  se  puede
transmitir un  virus dentro  del más  simple documentos  Word, y  si uno
compra algo vía Internet  utilizando transacciones ``seguras'' el número
de su  tarjeta de crédito  podría ser pirateado  con sólo ocho  horas de
cálculo en la máquina de un  estudiante. Es para preocuparse, sobre todo
si  se piensa  que el  Crédit Lyonnais  acaba de  cerrar un  acuerdo con
Microsoft para la gestión de cuentas de  sus clientes a través de la Web
(ver [27]).

Se puede  también seguir el  rastro de  sus movimientos, los  cuales son
revelados  a espaldas  suyas por  su tarjeta  de crédito  o su  teléfono
móvil, como quedó demostrado hace  poco en el clamoroso escándalo Suizo,
o  también el  affaire OM-Valenciennes  (en este  sentido, cabe  también
inquietarse por la fusión del servicio Microsoft Network con el servicio
Wanadoo de France Telecom).

Para llegar  a ese punto  sin correr el riesgo  de ser atrapado  con las
manos en la masa, es necesario  controlar toda la cadena tecnológica: su
computadora  debe utilizar  un  programa específico,  capaz de  sonsacar
ciertas  informaciones  a sus  espaldas;  los  proveedores de  servicios
Internet deben permitir  guardar registros de la duración y  del tipo de
conexiones que hace; los servidores Web que contienen la información que
usted  busca deben  utilizar  programas específicos  también capaces  de
guardar rastro de  estos accessos, y de  identificarlo comunicándose con
su navegador.  Y sobre  todo, es  necesario que todo  esto pase  sin que
usted  lo sepa.  Hoy en  día  un informático  medianamente dotado  puede
descubrir  fácilmente si  tal o  cual  navegador Web  está revelando  su
identidad a  cualquier servidor Web.  Esto es posible porque  todavía se
usan  protocolos  informáticos  que  son de  dominio  público,  y  deben
permanecer públicos para permitir  que programas producidos por empresas
diferentes cooperen razonablemente. Pero si mañana no hubiera más que un
solo productor  de software en  el mercado,  éste haría todo  lo posible
para  que el  intercambio de  información  se hiciera  por medios  menos
transparentes  y mucho  más  difíciles de  desenmascarar,  tanto más  si
pensamos en las  leyes sobre ``reverse engineering'' a  las que aludimos
anteriormente.

Como verá, no se trata solamente de elegir un programa de tratamiento de
textos.

               Una oportunidad para Europa y el empleo

Mi sorpresa  por la pasividad,  incluso complicidad, de  nuestros medios
toca  su  punto  máximo.  Estamos admitiendo  y  alabando  prácticas  de
filibusteros que incluso ponen en juego nuestra independencia económica.
Comprendo que en  los Estados Unidos no miren demasiado  a dónde van los
millones de dólares,  ya que acaban aterrizando en los  bolsillos de uno
de sus  ciudadanos. Pero no  me explico por  qué cierran los  ojos aquí,
cuando este dinero sale de nuestras billeteras.

Hay que decir que la UE no ha permanecido del todo pasiva en este campo,
y  parece  haber una  investigación  de  envergadura sobre  todas  estas
prácticas dudosas sobre las que hemos hablado [28]. En ciertos discursos
de miembros de la DGIV se lee entre líneas que la investigación va en el
mismo sentido que la lanzada por la FTC del Japón hace poco. Sin embargo
esto  no es  suficiente: con  la rapidez  del desarrollo  tecnológico en
el  tratamiento  de la  información,  cuando  se  llega a  terminar  una
investigación el  daño ya está  hecho. Si, como  en el acuerdo  de 1995,
no  se aplica  un  castigo económico  (como  ciertas filtraciones  hacen
suponer), todo esto servirá de poco.

Necesitamos una  política activa en el  dominio de la informática  y del
tratamiento de la información en general.  En este area ya disponemos de
medios  técnicos  propios:  no  olvidemos que  en  efecto  Europa  posee
talentos  superiores  a los  que  podemos  encontrar  al otro  lado  del
Atlántico.  Por citar  nada más  que dos  ejemplos al  azar, uno  de los
autores de NextStep, que ha sido llamado ``el programa más respetado del
planeta'', es francés; y Europa está a la vanguardia en el desarrollo de
los métodos formales de verificación de programas, que permiten llevar a
cabo  proyectos  vitales,  el  último  de  los  cuales  fue  el  segundo
lanzamiento del cohete Ariane 5.

Tenemos aquí una oportunidad única para  Europa de librarse de golpe del
monopolio tecnológico americano y de dar tanto a nuetras empresas como a
nuestras escuelas una enorme ventaja.  Este ``atraso'' del cual tanto se
habla es  de hecho nuestra mejor  ventaja. Significa que no  hemos caído
completamente en las trampas hacia  las cuales nos empujan. No olvidemos
que ``perder el tren''  no es malo, si es un tren  que va a descarrilar.
Se  puede entonces  elegir para  nuestras empresas  y nuestros  hijos el
libre acceso, a un costo  mínimo, una información libre, abierta, segura
y eficaz. Esto en todo caso  lo hace un número creciente de informáticos
competentes,  que  eligen  siempre  que  sea  posible  programas  libres
gratuitos,  abiertos,  modificables y  muy  superiores  a los  productos
trampa  preinstalados. Y  además,  con un  potencial  enorme para  crear
nuevos empleos.

               Una posible alternativa: los programas libres

Cuando  se  trata   de  elegir  el  software  de   nuestros  colegios  y
universidades con el que nuestros  hijos se iniciarán en la informática,
no  se  está  obligando  a  atenerse a  los  equívocos  regalos  de  los
cybermonopolistas. En lugar de un sistema privado que se cuelga cada dos
por tres,  cambia constantemente de  versión sin  razón alguna, y  en el
cual el código fuente no es accesible, se puede elegir un sistema libre,
abierto y estable  (es necesario saber que,  contrariamente al prejuicio
popular, los programas  libres han tenido ampliamente la  ocasión de ser
probados [29]).  Con dicho sistema  todos los jóvenes pueden  trabajar y
aprender  con  toda seguridad,  y  permite  que los  espíritus  curiosos
adquieran  una formación  informática  avanzada e  inteligente, pues  la
disponibilidad del  código fuente  les permite ver  cómo está  hecho por
dentro, e incluso ``desmontarlo'' y volverlo a montar si lo desean.

Y cuando  se trata de  equipar con  sistemas informáticos a  las grandes
empresas, es  mejor confiar  en los  programas en  los cuales  el código
fuente y la  documentación es constantemente verificada y  puesta al día
por  una comunidad  técnicamente  competente, pudiéndose  adaptar a  sus
necesidades particulares a bajo costo. Algunos estudios serios, llevados
a  cabo  por  consultoras  expertas en  informática,  han  evaluado  las
ventajas económicas y estratégicas que  supone para las empresas basarse
en los programas abiertos, en vez de atarse a los programas monopolistas
(ver por ejemplo  [30] y [31, 32]). Se pueden  encontrar muchos ejemplos
de empresas en Europa que han  puesto en práctica esta teoría con éxito,
exportándola después al otro lado del Atlántico (ver [33] y la creciente
lista [34])

Todo  esto  es posible  sin  invertir  un  céntimo, gracias  al  trabajo
comenzado hace  unos 15  años por  Richard Stallman  y la  Free Software
Foundation.  El  objetivo declarado  de  ésta  era producir  un  sistema
operativo enteramente libre,  denominado GNU [35]. Este  trabajo ha sido
completado recientemente  gracias al esfuerzo de  miles de programadores
competentes, que respondieron a la llamada de Linus Torvalds desde todos
los países del mundo para  contribuir en conjunto, sin fines lucrativos,
a completar este  sistema operativo libre, gratuito y  abierto. Se trata
de una  versión de Unix  conocida bajo el nombre  de Linux (ver  por ej.
[36, 37]), aunque sería probablemente mas justo llamarle GNU/Linux [38],
como se hace  en este artículo. La historia de  GNU/Linux es de aquellas
que no  se cuentan sin  recordar palabras  que deberían ser  queridas no
solamente por  los franceses: libertad, igualdad,  fraternidad. Se puede
encontrar  todo tipo  de  software para  este  sistema: servidores  Web,
máquina virtual Java,  emuladores DOS, los útiles  GNU, incluso paquetes
ofimáticos. Y  no hay  que pagar  nada para  obtener estos  productos de
base. La Comunidad  Europea podría también dar un apoyo  a este fenómeno
tan positivo: una suma de algunas  docenas de millones de francos, cifra
irrisoria en la  escala del presupuesto europeo, permitiría,  si es bien
utilizada, terminar  rápidamente proyectos como GNUStep  [39], favorecer
el  desarrollo de  GNU/linux y  establecer una  plataforma abierta  y de
calidad para tener paquetes ofimáticos interoperables.

La elección de un sistema abierto  y libre puede neutralizar el impuesto
sobre la  información y también favorecer  el empleo y hacer  a nuestras
empresas más  competitivas. El dinero que  ya no se esfuma  (en Windows)
puede dedicarse a la actividad productiva y a financiar los contratos de
mantenimiento con empresas locales de servicios informáticos, las cuales
pueden adaptar el sistema a las necesidades específicas de las empresas.
Esto  puede crear  un  verdadero  espacio de  crecimiento  y de  empleos
cualificados para ingenieros, los cuales  serán ahora responsables de la
calidad  de  su producto.  No  como  los  comerciantes mal  pagados  que
intentan vender  un producto sobre el  cual no tienen ningún  control, y
del cual los beneficios van a parar a otra parte.

En Francia, los empleos de este género serán indispensables en un futuro
venidero  si  queremos  que  funcionen las  futuras  redes  informáticas
instaladas en  las escuelas,  dentro del cuadro  del Plan  Internet para
Todos. Es necesario a cualquier precio  evitar cometer de nuevo el error
del ``gurú en  la caja'': esta creencia de que  el manual de instalación
transmite  toda  la  sabiduría  necesaria para  la  utilización  de  una
computadora. Creencia  que acabó convirtiendo un  número incalculable de
computadoras Thomson  del Plan  Informático para Todos  de 1981  en unos
caros pisapapeles.

               Para concluir

La informática y las computadoras nos dan la posibilidad de revolucionar
nuestra forma de vivir cotidiana. Pero es nuestra responsabilidad elegir
entre una  revolución que  nos acabe  llevando a  una oscura  Edad Media
tecnológica dominada por unos pocos  señores feudales que se apropien de
la escritura  y de  todo medio de  comunicación para  recaudar impuestos
cada vez que respiremos; o por el contrario una revolución que nos lleve
a un mundo abierto y moderno, donde el flujo libre de la información nos
permita  sacar  provecho del  enorme  potencial  de la  cooperación  sin
barreras y de la posibilidad de compartir nuestros conocimientos.


Copyright (C) Copyright  Roberto Di Cosmo, 1997.  Las opiniones vertidas
en este artículo pertenecen únicamente a su autor, y no vinculan en modo
alguno a la  ENS, el DMI o  el LIENS. Este texto está  protegido por las
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individual de copia,  a un precio de que será  establecido por el autor;
en caso de  violación de esta claúsula, se  solicitará una indemnización
de 1 millón de francos franceses.


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21
MS college deal protest escalates.
http://www.news.com/News/Item/0,4,17212,00.html
22
Cal State delays MS pact.
http://www.zdnet.com/zdnn/content/zdnn/0107/269241.html
23
Philip Elmer-DeWitt. Bill Gates wants a piece of everybody's action.
Time, 6/5/95.
24
O. Casey Corr. Cybersnoops on the loose; web-site surfers beware:
Software 'cookies' gathering personal data. The Seattle Times, 8/10/97.
25
http://seattle.sidewalk.com/link/43750. Attention, le texte est
formatté de telle sorte que les conditions se trouvent trop à droite sur
plein de navigateurs. Faite dérouler la page vers la droite pour les lire.
26
ActiveX - Conceptional Failture of Security.
http://www.iks-jena.de/mitarb/lutz/security/activex.en.html
27
http://www.microsoft.com
28
Europa/Competition/Effective competition.
http://europa.eu.int/en/comm/dg04/speech/six/en/sp96016.htm
29
Information wants to be valuable.
http://www.netaction.org/articles/freesoft.html
30
http://www.smets.com
31
Bernard Lang. Des logiciels libres à la disposition de tous. Le monde
diplomatique, January 1998. Aussi disponible comme
http://www.monde-diplomatique.fr/md/1998/01/LANG/9761.html
32
Bernard Lang and Jean-Claude Guédon. Linux, mini os contre maxi
exploitation. Libération, 7 November 1997. Aussi disponiblecomme
http://pauillac.inria.fr/
lang/ecrits/libe/www.liberation.com/multi/tribune/art/tri971107.html
33
http://mercury.chem.pitt.edu/
angel/LinuxFocus/English/November1997/article9.html
34
Freeware usage. http://pauillac.inria.fr/ lang/hotlist/free/use/
35
http://www.gnu.org
36
http://www.linux.org
37
Linux center. http://www.math.jussieu.fr/ fermigie/linux-center/
38
http://www.gnu.org/gnu/linux-and-gnu.html
39
http://www.NMR.EMBL-Heidelberg.DE/GNUstep/
40
James Love and Ralph Nader. Microsoft, monopole du prochain siècle? Le
monde diplomatique, November 1997.

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Trampa en el Cyberespacio[+]
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96.1 (Feb 5, 1996) Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, Nikos Drakos,
Computer Based Learning Unit, University of Leeds.

The command line arguments were:
latex2html -split 0 -ascii_mode p.tex.

The translation was initiated by Roberto Di Cosmo on Fri Oct 9
22:48:54 MET 1998

...Cyberespacio
El original francés está desde el 20 de Marzo 1998 en la dirección:
http://www.mmedium.com/dossiers/piege

...Windows
La confusión es tal que ya no se distingue entre el ``sistema
operativo'' y las ``aplicaciones'': en la prensa se llegó a hablar de
Windows 97, cuando en realidad sólo se trataba de Windows 95 provisto de
un conjunto de aplicaciones como Word, Excel, etc., llamado corrientemente
Office 97!

...bytes
Un byte es un número binario de 8 cifras, utilizado para medir el
tamaño de la memoria de un ordenador. Se utilizan también el Kilobyte, el
Megabyte, y Gigabyte, abreviados respectivamente como Kb, Mb y Gb

...mejores
Ver Technologie et Marché: journal d'un consommateur insatisfait, del
mismo autor.

...PC
PC significaba solamente personal computer; ahora el nombre ha sido
secuestrado por un sólo tipo de computadora personal, la cual utiliza
microprocesadores Intel.

...apartamento
Práctica peligrosa que está prohibida actualmente en Europa.

...jamás
Contrariamente al costo del hardware, que baja a velocidad
impresionante, el precio del software Microsoft no baja de manera
significativa, y a veces hasta sube, con cada nueva versión: por ejemplo,
Windows 95 en Francia se vende al precio al público de 1.270 francos (antes
de impuestos), mientras era disponible a menos de 800 francos en su
lanzamiento de 1995.

...puro
Muchos editores de software venden sus programas sin una garantía
real, pero son muy pocos los que pueden tener todas esas ventajas juntas, y
solamente Microsoft tiene el poder de imponer sus productos, creando
de esa forma un verdadero impuesto a la información.

...empresas
Se trata de Le Virus Informatique y Les puces informatiques, ver [8].

...formatos
Desde hace muy poco, es posible bajar una impresionante panoplia de
convertidores y visualizadores desde
http://www.microsoft.com/office/office/viewers.asp, pero eso sólo sirven para
convertir documentos entre todos esos formatos Microsoft incompatibles, y no
para liberarlos de la trampa monopolista: hay que tener un PC con windows
para usarlos! Lo que hace falta son formatos libres y documentados, todo lo
contrario de la filosofía Microsoft.

...autor
Richard Stallman vino a Europa en 1991 para exponer los peligros de la
aceptación pasiva por parte de la CEE de este escandaloso asunto.
Algunos de esos argumentos se pueden encontrar en [9]

...hecho
Para la historia de un caso real, ver Stac contra Microsoft en [10];
afortunadamente, las cosas cambiaron en Europa, en donde ya se permite
una forma limitada de ``reverse engineering'' [11]. Véase también la
oposición feroz a toda reglamentación que pudiera garantizar la
interoperabilidad entre sistemas distintos [12].

...disimularlo
El autor de este artículo no se limitó a mirar el sitio Web: unas
llamadas telefónicas bastaron para verificar que no se puede comprar una
computadora sin software Microsoft a Gateway o Dell.

...en [22]
Nota: finalmente, el acuerdo fracasó a mediados de 1998 gracias a la
oposición firme de estudiantes y profesores
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