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Vida de San Alonso

Nacido en Oropesa (Toledo, España), cursó los primeros estudios en Talavera y después actuó como seise o "niño cantor" en la catedral de Toledo. Enviado a la Universidad de Salamanca, se sintió atraído por el ambiente de santidad del convento de S. Agustín y entró en la Orden Agustiniana, emitiendo la profesión en manos de Sto. Tomás de VilIanueva (1523).

En 1549 fue enviado a México como misionero, pero un ataque de artritis le obligó a volver atrás desde las Islas Canarias. En 1554, siendo superior del convento de Valladolid, fue nombrado predicador real por el emperador Carlos V, y al trasladarse la corte a Madrid en 1561, pasó al convento agustino de aquella ciudad, conocido con el nombre de S. Felipe.

Grandes personajes de la sociedad y de la cultura testificaron en su proceso de canonización, tales como la infanta Isabel Clara Eugenia, los duques de Alba y de Lerma, Lope de Vega y Francisco de Quevedo. Pero el trato con las clases elevadas no le desvió de su sencillo estilo de vida. De hecho el pueblo le amó por su acercamiento a todos, sin distinción, y por su sensibilidad en socorrer a los pobres, los enfermos y los encarcelados.

Sus escritos nacieron de su espíritu contemplativo y de la lectura de la Sagrada Escritura. Devoto de María, estaba convencido de escribir por mandato suyo. Cultivó también un ferviente amor a su Orden y se interesó por su historia y su espiritualidad.

"El santo de S. Felipe" murió en el Colegio de la Encarnación de Madrid, hoy palacio del Senado español. Fue beatificado en 1882. La canonización tuvo lugar en 2002.

 

Himno (versión wav)

Entonemos un himno de gloria
y ensalcemos con fe y con amor,
al varón de virtud admirable.
de Oropesa: prez, gloria y honor (Bis)


Postrado ante tus plantas, 
tu pueblo te venera 
y siempre de ti espera. 
favor y protección.


Alcánzanos, oh Alonso, 
saciar el dulce anhelo 
de gozar en el cielo 
contigo. viendo a Dios.

 

Oración

Señor, que confiaste a S. Alonso de Orozco el Evangelio para que lo declarase a los fieles; concédenos que, por su intercesión, sepamos compartir con toda la comunidad eclesial lo que te dignas obrar en cada uno de nosotros. Amén.