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ANÁLISIS HISTÓRICO-JURÍDICO DE LA NOBLEZA INDIANA DE ORIGEN PREHISPÁNICO
Miguel Luque Talaván, Doctor en Historia de América
CONFERENCIA
en la
ESCUELA "MARQUÉS DE AVILES" DE GENEALOGÍA, HERÁLDICA Y NOBILIARIA
de la
ASOCIACIÓN DE DIPLOMADOS EN GENEALOGÍA, HERÁLDICA
Y NOBILIARIA
Jueves, 19 de diciembre de 2002
en el Salón de Actos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(C.S.I.C.)
en la calle Duque de Medinaceli, 6. Madrid
© MIGUEL LUQUE TALAVÁN Registro Territorial
de la Propiedad Intelectual de la Comunidad de Madrid. Número: 9.007 Madrid,
04/12/2002
ANÁLISIS HISTÓRICO-JURÍDICO DE LA NOBLEZA
INDIANA DE ORIGEN PREHISPÁNICO
Miguel Luque Talaván, Doctor en Historia de América
1.-LA NOBLEZA INDIANA DE ORIGEN PREHISPÁNICO.
No es mi propósito el realizar un estudio de los grupos dirigentes en
la época prehispánica, ya que la rica diversidad cultural existente en
lo que los españoles designaron genéricamente como Reinos de las Indias,
harían necesario un estudio pormenorizado de este sector social en cada
uno de estos pueblos, lo que excedería los límites temáticos y espaciales
que nos hemos impuesto a la hora de realizar este breve análisis.
Heterogeneidad que sin embargo deberían tener en cuenta aquellos investigadores
que, temerariamente, tratan en unas líneas de sintetizar una serie de
características propias de las élites prehispánicas de una determinada
región americana, pretendiendo con posterioridad atribuírselas -como norma
general- a toda las élites continentales en la época precolombina.
Por tanto, en esta ocasión, únicamente abordaremos el estudio de esos
grupos de poder o nobleza indiana de origen prehipánico durante la época
de la dominación española. Las diferentes culturas que existieron en el
continente americano antes de la llegada de los españoles poseyeron diferentes
estructuras sociales -más o menos complejas- en las cuales y como rasgo
común entre todas ellas, había un grupo dirigente que detentaba el poder
y regía los destinos de las poblaciones y territorios sometidos a su mando.
Estas élites fueron las que los españoles se encontraron al descubrir
y conquistar el Nuevo Mundo y fueron ellos, los que utilizando una terminología
europea, identificaron a las élites prehispánicas, bien con la realeza,
o bien con la nobleza europea del momento, según los casos.
De este modo, cuando los conquistadores se encontraron con un gobernante
que tenía sometidos bajo su dominio amplias extensiones de territorio
e incluso tenía por vasallos a los soberanos de regiones más pequeñas,
procedieron a identificarlo en status con los emperadores del viejo continente
-caso del Vlei-Tlatoani mexica, Motecuzohma II y del Sapay Inca del Tahuantinsuyu,
Atau-Huallpa-. Mientras que a los miembros de sus respectivas familias,
generalmente los denominaron príncipes. Así Fray Bartolomé de las Casas
pudo sostener que los nobles indígenas eran "(...) tan príncipes e infantes
como los de Castilla" . Mientras que Juan de Matienzo, en su Gobierno
del Perú, afirmó que "Caciques, curacas y principales son los príncipes
naturales de los indios" . Y en los conocidos Lexicón de Fray Domingo
de Santo Tomás y de Diego González Holguín, así como en la obra de Ludovico
Bertonio, fueron incluidas varias voces consagradas a identificar a la
sociedad prehispánica, asimilando sus títulos antiguos a los de la sociedad
peninsular . Pero los soberanos sometidos a la autoridad de Motecuzohma
II y de Atau-Huallpa, también tenían por vasallos a señores de menor importancia.
En ambos casos, la Corona les designó genéricamente -a ellos y a sus descendientes-,
desde 1538, como caciques, término de procedencia caribe -popularizado
desde el primer viaje colombino- .
Por otra parte, todos los indios que ejercían magistraturas o el gobierno
de estancias o barrios bajo el control de Motecuzohma II, Atahu-Huallpa
o de cualquiera de sus soberanos vasallos o de los vasallos de estos,
recibieron la denominación de "principales" . Sin embargo, no todos los
territorios de las Indias estaban habitados por culturas en tan avanzado
estado de desarrollo como las sociedades mexica e inca.
En el Nuevo Mundo, abundaban los pequeños territorios sobre los cuales
un jefe local ejercía su poder. Estos, a los ojos de los conquistadores,
no podían ser comparados en status a Moctecuzohma II ni a Atau-Huallpa,
por lo que les dieron también el nombre de caciques. El reconocimiento
de los derechos de los señores naturales y de sus descendientes fue uno
de los puntos más polémicos planteados al inicio de la dominación española.
Y a pesar de que fueron muchos los argumentos lanzados en contra de tales
derechos, lo cierto es que pudieron más las opiniones expresadas por Fray
Bartolomé de las Casas, secundadas por numerosos autores a lo largo del
siglo XVI -principalmente franciscanos-. Finalmente la Corona reconoció
los derechos de los señores aborígenes en 1557.
Aunque como señala Delfina Esmeralda López Sarrelangue, a los deseos de
justicia que impulsaron tal decisión, hay que añadir motivos políticos
y económicos que decantaron la Real decisión en favor de los señores naturales
. La Corona reconoció la nobleza de unos y otros a través de diversas
disposiciones. Carlos II, por Cédula de 22 de marzo de 1697, estableció
la equiparación de los descendientes de familias indígenas nobles con
los hidalgos castellanos, debiéndoseles guardar desde ese momento las
mismas preeminencias que a los hidalgos de Castilla, pudiendo así ejercer
desde esa fecha los " "puestos gubernativos, políticos y de guerra, que
todos piden limpieza de sangre y por estatuto la calidad de nobles".
Asimismo se les otorgaron numerosos escudos de armas con los que aderezar
su condición social ; y por Real Cédula de 26 de marzo de 1698, se les
autorizó a usar el tratamiento honorífico de "Don", antepuesto a su nombre
. Incluso, ingresaron en alguna de las cuatro Órdenes Militares y en la
Real y Distinguida Orden de Carlos III. Como ejemplo, citamos a Don Melchor
Carlos Inga, caballero de la Orden de Santiago -desde 1606- y a su hijo,
Don Juan Melchor Inga, caballero de la misma Orden -desde 1627-, ambos
descendientes del Inca Huayna Capac y de la Coya Añas Calque . Si bien
es cierto que este grupo nobiliario no era homogéneo ya que podemos distinguir
dos grupos dentro de la nobleza indiana de origen prehispánico en la época
colonial.
El primero de ellos, fue el representado por los miembros del linaje los
soberanos Motecuzohma II y Atau-Huallpa. Mientras que el segundo, estaba
compuesto por los caciques. A continuación pasaremos a analizar brevemente
a estos dos grupos, prestando una mayor atención al segundo, debido a
que el ejercicio de las facultades gubernativas tuteladas que la Corona
les reconoció como descendientes de los antiguos señores naturales, les
colocaron en un lugar preeminente no sólo en el seno de sus comunidades
indígenas sino también en el de la sociedad colonial indiana .
2.-SITUACIÓN NOBILIARIA DEL LINAJE DE LOS SOBERANOS MEXICAS E INCAS
EN LA SOCIEDAD INDIANA Y PENINSULAR (SIGLOS XVI-XIX).
Los familiares de los emperadores Motecuzohma II y Atau-Huallpa, últimos
soberanos de sus respectivos estados, gozaron, en virtud de este parentesco,
de especial consideración por parte de los monarcas españoles y de las
más importantes familias tituladas castellanas.
Los primeros, además de reconocer su nobleza de sangre, les distinguieron
desde el siglo XVI hasta el siglo XIX con diversas mercedes honoríficas,
tales como la concesión de Títulos de Castilla y hábitos de las órdenes
militares peninsulares.
Los segundos, entroncaron frecuentemente con ellos, siendo resultado de
este mestizaje nobiliario el hecho de que aun hoy existan descendientes
de la unión de linajes nobles originarios del Viejo y del Nuevo Mundo.
Algunos de los descendientes de Motecuzohma II fueron agraciados por los
monarcas españoles -desde el siglo XVII y hasta el siglo XIX- con Títulos
de Castilla, en recuerdo de sus reales antepasados . Así, el Rey Felipe
IV distinguió en 1627 a Don Pedro Tesifón de Moctezuma de la Cueva, caballero
de la Orden de Santiago y nieto segundo del último soberano mexica, con
los títulos de Conde de Moctezuma y Vizconde de Ilucán . La III Condesa
de Moctezuma, Doña Jerónima de Moctezuma y Jofre de Loaysa contrajo matrimonio
con Don José Sarmiento de Valladares, que llegó a ser virrey de la Nueva
España. Doña Jerónima de Moctezuma murió antes de que a su esposo le nombraran
virrey y cuando este nombramiento se produjo, el Rey Carlos II le autorizó
a seguir utilizando el título condal de su esposa, aunque con la nueva
denominación de Conde de Moctezuma de Tultengo.
Por los méritos contraidos durante su estancia en la Nueva España, el
Rey Felipe V le concedió además, el 17 de abril de 1708, el título de
Duque de Atrisco, con Grandeza de España de Primera Clase . Posteriormente,
el Rey Carlos III otorgó la Grandeza de España de Primera Clase al Condado
de Moctezuma de Tultengo . Ya en el siglo XIX, un descendiente del primer
poseedor de la merced, Don Antonio María Marcilla de Teruel Moctezuma
y Navarro, XIV Conde de Moctezuma de Tultengo, fue creado por la Reina
Isabel II, Duque de Moctezuma de Tultengo , denominación que aun hoy mantiene
este título nobiliario. También, el Rey Felipe V concedió en 1718 a Doña
María Isabel de Moctezuma y Torres, Dama de la Reina, el título de Marquesa
de Liseda . Asimismo, la Reina Isabel II otorgó en 1864 el título de Marqués
de Moctezuma, a Don Alonso Holgado de Moctezuma, Teniente Coronel de Infantería
y maestrante de la Real Maestranza de Caballería de Ronda .
Vasta revisar las genealogías de estos y otros individuos del linaje de
los Moctezuma para darse cuenta de la gran cantidad de nobles españoles,
titulados o no, que, desde el siglo XVI y hasta nuestros días, han emparentado
con esta noble familia. Por señalar únicamente dos ejemplos, citaremos
en primer lugar el caso de Doña María Isabel Francisca de Zaldívar y Castilla,
descendiente al mismo tiempo del Rey Pedro I de Castilla y del Vlei-Tlatoani
Motecuzohma II, que contrajo matrimonio con Don Nicolás Diego de Vivero,
IV Conde del Valle de Orizaba . También, Doña Juana María de Andrade Rivadeneira
y Moctezuma, novena nieta del Vlei-Taltoani Motecuzohma II, casó con Don
Justo Alonso Trebuesto Davalos Bracamonte, IV Conde de Miravalle.
En lo que se refiere a los descendientes legítimos del último Inca del
Perú, el Rey Carlos I, por Real Cédula dada en Valladolid el 1 de octubre
de 1543, legitimó a los numerosos hijos naturales de Don Alonso Tito Uchi
Inga -a petición de éste-, hijo de Huáscar y nieto del Sapay Inca Huayna
Capac. Además y por este mismo documento, el monarca español autorizó
a los hijos varones de Don Alonso Tito Uchi Inga a ejercer cualquier oficio
Real, concejil y público, pudiendo ostentar sus blasones en sus casas
y reposteros, pudiendo poner además una cadena Real en su puerta . Poco
tiempo después, Carlos I reconoció, a través de una Real Cédula dada en
Valladolid el 9 de mayo de 1545, a Don Gonzalo Uchu Hualpa y Don Felipe
Tupa Inga Yupangui, hijos del Sapay Inca Huayna Capac y nietos del Sapay
Inca Tupa Inga Yupangui , una nobleza de muy alto rango . Por su parte,
el Rey Felipe III concedió, el 1 de marzo de 1614, el título de Marquesa
de Santiago de Oropesa, unido a la dignidad perpetua de Adelantada del
Valle de Yupangui, a Doña María de Loyola y Coya-Inca, Señora de Loyola
y representante legítima de los antiguos soberanos incas del Perú. Doña
María de Loyola Coya-Inca, I Marquesa de Santiago de Oropesa, I Adelantada
del Valle de Yupangui y Señora de Loyola, era pariente de San Ignacio
de Loyola. Se da la circunstancia de que ésta dama contrajo matrimonio
con Don Juan Enríquez de Borja, nieto de San Francisco de Borja. Doña
María, era hija de Don Martín García de Loyola, Señor de Oñaz y de Loyola
y caballero de la Orden de Calatrava, Capitán General de la Guardia del
virrey del Perú -en 1569-; Gobernador del Potosí -en 1579-; y Gobernador
y Capitán General del Reino de Chile -en 1591-, y de Doña Beatriz Clara
Coya, Señora del Valle de Yucay, hija única y heredera del Inca Sayri-Tupac,
soberano del Tahuantinsuyu y de su mujer y sobrina la Coya Cusi Huarcay
. Debemos señalar también que hubo parientes de los Sapay Inca que mantuvieron
relaciones con los conquistadores, fruto de las cuales nacieron bastantes
hijos, llegando incluso algunos de ellos a emparentar con las principales
casas nobiliarias españolas.
Por poner un ejemplo significativo, es conocido el caso del marqués Don
Francisco Pizarro , al que más adelante haremos mayor referencia.
Del mismo modo, encontramos otros notables ejemplos de mestizaje nobiliario
entre nobles españoles e incas, como es el caso del Capitán Sebastián
Garcilaso de la Vega que, emparentado con lo más granado de la nobleza
peninsular, tuvo un hijo con la noble inca Doña Isabel Chimpo Ocllo -nieta
del soberano Tupac Inca Yupanqui-: el famoso escritor Garcilaso de la
Vega, el inca . Precisamente a este insigne autor debemos una de las más
bellas definiciones del concepto de mestizo en el ámbito espacial indiano.
En sus Comentarios Reales podemos leer: "A los hijos de español y de india,
o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados
de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron
hijos en Indias; y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su
significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él. Aunque en
Indias si a uno de ellos le dicen que sois un mestizo o es un mestizo,
lo toman por menosprecio." .
3.-EL LINAJE DE LOS SOBERANOS DEL TAHUANTINSUYU Y DOÑA INÉS YUPANQUI
HUAYLAS. A.-EL LINAJE DE LOS SOBERANOS DEL TAHUANTINSUYU. .-DOÑA INÉS
YUPANQUI HUAYLAS Y EL MARQUÉS DON FRANCISCO PIZARRO.
Debemos señalar también que hubo parientes de los Sapay Inca que mantuvieron
relaciones con los conquistadores, fruto de las cuales nacieron bastantes
hijos, llegando incluso algunos de ellos a emparentar con las principales
casas nobiliarias españolas.
Un ejemplo significativo y en el que a continuación nos centraremos, es
el caso antes mencionado del Marqués Don Francisco Pizarro, conquistador
del Tahuantinsuyu , que de su unión -no consagrada- con Doña Inés Yupanqui
Huaylas tuvo dos hijos: Doña Francisca Pizarro -nacida en Jauja en 1534-
y Don Gonzalo Pizarro -nacido en Lima en 1535 y muerto en la infancia-
. Ambos vástagos fueron legitimados por el Emperador Carlos V por Real
Cédula dada en Monzón el 12 de octubre de 1537 . Doña Inés Yupanqui Huaylas,
nacida en Tocas (Huaylas), era hija del Inca Huayna Capac (1493-1527)
y de Contar Huacho, Señora de Huaylas. Era por tanto hermana de Huáscar
(1527-1532) derrotado y asesinado por orden de su hermano Atau-Huallpa
(1532-1533), ejecutado a su vez por orden del Marqués Don Francisco Pizarro;
de Tupac Huallpa (1533), coronado por los españoles y de efímero reinado
debido a su repentina muerte; y de Manco Inca (1535-1545), también coronado
por los españoles, contra los que se reveló en 1536 fundando un reino
inca en las montañas que se mantuvo independiente hasta su reducción en
1572.
Asimismo, era prima segunda de Doña Angelina Yupanqui, con la cual, Don
Francisco Pizarro -el conquistador- mantuvo también relaciones extramatrimoniales
. Son escasos los datos biográficos que poseemos acerca de Doña Inés,
aunque por los que conocemos podemos deducir que fue una mujer de férreo
carácter . Además y por un documento dado en la Ciudad de los Reyes el
6 de julio de 1538, sabemos que era iletrada . La rebelión de Manco Inca
en 1536 que llegó a poner cerco a Lima, hizo recaer sospechas de deslealtad
sobre Doña Inés, lo que pudo ser una de las razones por la cuales Don
Francisco Pizarro se separó de ella en 1537 . Doña Inés contrajo matrimonio
en 1538 con Don Francisco de Ampuero. Tras el asesinato de Don Francisco
Pizarro, se hizo cargo de la custodia de los niños su tía Doña Inés Muñoz
-esposa del hermano uterino del Marqués, Francisco Martín de Alcántara,
muerto también a manos de los asesinos de Pizarro- .
Doña Francisca Pizarro fue retirada a un convento, pasando después con
su hermano Don Gonzalo a Quito, en donde recibieron la protección del
Gobernador Don Cristóbal Vaca de Castro que posteriormente los envió de
nuevo al Perú y más concretamente al Valle del Chimú, bajo la atención
de los caciques de Chanchán y de Conchucos . Los dos hermanos vivieron
después sucesivamente en Tumbez, Piura, Trujillo y Lima. En la Ciudad
de los Reyes residieron en casa de su madre y de su padrastro Don Francisco
de Ampuero . Tras la derrota de su tío paterno Don Gonzalo Pizarro, Don
Pedro de la Gasca notificó al César Carlos la conveniencia de alejar del
Perú a los descendientes del Marqués . Muerto Don Gonzalo Pizarro, hermano
de Doña Francisca, ésta y su hermano de padre Don Francisco "(...) vinieron
a España pero no acompañados por Juan Vicioso, como pretendió su tío Hernando
Pizarro sino confiados a su padrastro de ella, Francisco de Ampuero. En
el navío de que era maestre Bartolomé de Mella partieron los dos hermanos
hacia Tierra Firme a mediados de abril de 1551.
El 2 de mayo llegó a Panamá. Desde Nombre de Dios pasando por las Azores
y Sevilla llegó a Trujillo y antes de finalizar octubre ya estaba en Medina
del Campo." . El viaje fue encomendado a Ampuero, "en atención a que vos
sois casado con doña ynés yupanqui mujer que fue del difunto marqués"
. Doña Francisca Pizarro se casó en 1552 con su tío paterno Don Hernando
Pizarro , prisionero en el castillo de la Mota (Medina del Campo) por
haber ordenado la muerte de Don Diego de Almagro . Vivieron juntos en
la Mota un total de nueve años, hasta la liberación de Don Hernando el
17 de mayo de 1561 . Marchó entonces el matrimonio a su casa fuerte-palacio
situada en el lugar de La Zarza -hoy Conquista de la Sierra- . Para pasar
finalmente a vivir en Trujillo, donde ordenaron la construcción del magnífico
Palacio de la Conquista, joya de la arquitectura civil española del siglo
XVI. En su soberbio balcón de esquina, bajo el escudo de armas del Marqués
Don Francisco Pizarro y flanqueando las jambas del vano, encontramos a
la derecha los retratos del Marqués y Doña Inés Yupanqui Huaylas, y a
la izquierda los de Don Hernando y Doña Francisca Pizarro.
Fruto de este matrimonio fue Don Francisco Pizarro, progenitor del II
marqués de la Conquista. Don Hernando Pizarro murió en Trujillo en 1557.
Doña Francisca Pizarro, al enviudar, contrajo segundas nupcias el 30 de
noviembre de 1581 con Don Pedro Arias Portocarrero, hijo mayor del conde
de Puñoenrostro, matrimonio del que no hubo descendencia .
.-DOÑA INÉS YUPANQUI HUAYLAS Y DON FRANCISCO DE AMPUERO . Tras ser repudiada
por Don Francisco Pizarro, Doña Inés Yupanqui Huaylas contrajo matrimonio
en 1538 con Don Francisco de Ampuero, paje del Marqués . Nacido en Santo
Domingo de la Calzada (aproximadamente 1515), fue hijo legítimo de Don
Martín Alonso de Ampuero y de Doña Isabel de Cocas. Falleció en Lima el
23 de marzo de 1578 . Ampuero pasó al Perú en 1535 acompañando a Hernando
Pizarro, donde desde 1539 comenzó a ocupar puestos destacados en el Cabildo
secular de la Ciudad de los Reyes . De su unión nació en Lima, el 27 de
agosto de 1539, Don Martín de Ampuero Yupanqui que llegó a ser Regidor
perpetuo del Cabildo secular de la ciudad de los Reyes (1570-1612) . Las
relaciones de éste con Doña Francisca Pizarro, su hermana de madre, debieron
ser buenas a juzgar por la carta de poder que ésta y su esposo Don Hernando
Pizarro le dieron -en Trujillo (España), el 25 de mayo de 1578- para defender
sus asuntos e intereses en el Perú . Por alguno de los documentos que
conservamos, podemos deducir que el matrimonio de Ampuero con Doña Inés
no debió resultar muy armonioso.
Estando combatiendo durante la tercera guerra civil en el bando de Don
Gonzalo Pizarro contra las tropas del Virrey Don Blasco Núñez de Vela,
su esposa pidió a una hechicera india que preparase un veneno "(...) que
extinguiese a su cónyuge al cabo de unos cuatro años, cansada de que éste
le infligiera "mala vida"." . Tal y como vimos, en el mes de marzo de
1551 y comisionado por la Real Audiencia de Lima emprendió viaje hacia
España acompañado de su hijo Don Martín de Ampuero Yupanqui y de sus hijastros,
los hijos del Marqués Don Francisco Pizarro, de los cuales era tutor.
Ampuero regresó al Perú en el mes de diciembre de 1553.
4.- SITUACIÓN NOBILIARIA DE LOS CACIQUES EN LA SOCIEDAD INDIANA (SIGLOS
XVI-XIX).
A medida que fue avanzando la conquista, los españoles se encontraron
con que en los pueblos conquistados había algunos naturales que eran caciques
y señores de pueblos -empleando la terminología del momento-. De este
modo, la Corona, deseando respetar la antigua posición de estos principales
en el seno de sus respectivas comunidades decidió -siempre y cuando se
hubiesen convertido al catolicismo y sometido a la soberanía del monarca
español- conservarles algunos derechos y reconocerles el ejercicio de
una pequeña parte del poder que ellos y sus antecesores habían desempeñado.
Aunque siempre bajo la permanente tutela y vigilancia de las autoridades
españolas. Advertir, antes de continuar, que en los territorios del Virreinato
del Perú, los caciques fueron conocidos con el nombre de curacas.
En el Título VII, del Libro VI, de la Recopilación de las leyes de los
reynos de Las Indias , dedicado a los caciques, podemos encontrar tres
leyes muy interesantes en tanto en cuanto determinaron el papel que los
caciques iban a desempeñar en el nuevo ordenamiento social indiano. Con
ellas, la Corona reconocía oficialmente los derechos de origen prehispánico
de estos principales. Concretamente, nos estamos refiriendo a las Leyes
1, 2, dedicadas al espacio americano . Y a la Ley 16, instituida por Felipe
II el 11 de junio de 1594 -a similitud de las anteriores-, con la finalidad
de que los indios principales de las islas Filipinas fuesen bien tratados
y se les encargase alguna tarea de gobierno. Igualmente, esta disposición
hacía extensible a los caciques filipinos toda la doctrina vigente en
relación con los caciques indianos.
Los principales pasaron así a formar parte del sistema político-administrativo
indiano, sirviendo de nexo de unión entre las autoridades españolas y
la población indígena. Para una mejor administración de la precitada población,
se crearon los "pueblos de indios" -donde se redujo a la anteriormente
dispersa población aborígen-.
El resto de las leyes del Título VII, se hallan dedicadas a establecer
los privilegios y obligaciones que los caciques iban a disfrutar y a cumplir,
respectivamente, bajo la soberanía española. Estas leyes, se encuentran
además complementadas con otras que figuran en diferentes partes de la
Recopilación de las leyes de los reynos de Las Indias.
A continuación señalaremos las exenciones privativas de los caciques,
para después pasar a indicar las obligaciones que estaban comprometidos
a acatar. Desde el inicio de la época española, el título de cacique era
hereditario de padres a hijos .
La Corona, en atención a las responsabilidades que un día recaerían en
estos últimos, promovió la creación de colegios en los Virreinatos de
la Nueva España y del Perú, para educar a los hijos de los caciques según
la costumbre española . Por ejemplo, en 1535, fue fundado el Colegio Imperial
de Santa Cruz, en Santiago Tlatelolco -Ciudad de México-, para educar
a los hijos de los caciques. Aquí, los alumnos aprendían latín y griego
y leían a los autores clásicos como Aristóteles, Ovidio, Horacio, Virgilio,
etc. Alumno insigne de este centro fue el cronista novohispano Don Fernando
de Alva Ixtlilxochitl, descendiente de los Señores de Texcoco y del Vlei-Tlatoani
Cuitlahuac -el vencedor de la Noche Triste y penúltimo soberano mexica-
. El cacique y su hijo mayor -como heredero- estaban exentos del pago
de tributos y de la obligación de presentarse a mitas. El resto de los
hijos del cacique y demás descendientes, estaban, sin embargo, obligados
a acudir a mitas . Las justicias ordinarias no podían privar a los caciques
de sus cacicazgos por ninguna causa criminal, ni por ninguna querella.
Las únicas autoridades indianas autorizadas por la Corona para entender
de estos casos eran las Reales Audiencias y los oidores visitadores del
distrito . Tenían derecho a que aquellos indios que se hubiesen marchado
de su jurisdicción, les fuesen reintegrados "(...) al govierno, y jurisdicion
del Cacicazgo natural, (...)", del cual eran originarios . Se les reconocían
los tributos, servicios y vasallajes heredados de sus antepasados, siempre
y cuando estos fueran realizados "(...), con gusto de los Indios y legitimo
titulo, (...)". En el caso de que el cacique pretendiese ejercer unos
derechos excesivos -aunque estos fuesen legítimamente heredados-, las
autoridades españolas debían moderarlos. La Corona ordenó también a los
virreyes, Reales Audiencias y gobernadores que vigilasen y suprimiesen
aquellos derechos impuestos ilegalmente por los caciques, "(...) tiranicamente
contra razón, y justicia; (...)". Estas medidas pretendían proteger a
la población indígena de los abusos de sus señores naturales.
Los jueces ordinarios no podían prender a un cacique, a no ser que esta
detención fuese motivada por haber cometido este último un delito grave,
en el tiempo en que ese juez ejerciese su jurisdicción. Si se daban estos
requisitos, el juez ordinario podía prenderlo, aunque debía enviar un
informe de todo lo ocurrido a la Real Audiencia del distrito. Ahora bien,
si el delito había sido cometido hacía mucho tiempo o antes de que el
juez ordinario ejerciese su jurisdicción sobre esa zona, éste debía dar
noticia a la Real Audiencia de lo sucedido y sería esta la que determinaría
si el juez ordinario estaba capacitado para juzgar los delitos cometidos
por el cacique .
Asimismo, estos no podían ser prendidos por deudas ni encarcelados en
la cárcel pública. En caso de arresto, se le debía recluir o bien en su
domicilio o bien en la casa del cabildo secular. Los caciques tenían jurisdicción
criminal sobre los indios de sus pueblos, pudiendo mantener cárcel . Aunque
tenían prohibido entender en aquellas causas criminales en que el castigo
a imponer fuese la pena de muerte, la mutilación de un miembro u otro
castigo corporal similar. La Corona, a través de las Reales Audiencias
y de los gobernadores, se reservaba la jurisdicción suprema tanto en lo
civil como en lo criminal, así como el derecho a hacer justicia donde
los caciques no la hicieren .
Una Real Cédula, de 22 de marzo de 1697, les permitió también el ejercicio
de cargos gubernativos, políticos y de guerra que exigiesen poseer la
calidad noble para su desempeño. Tenían derecho a poseer tierras en propiedad
privada y a recibir encomiendas. Igualmente, en muchas regiones, tenían
la facultad de seleccionar a los indios que debían ser repartidos y con
que patronos, de acuerdo con el representante de la Corona . En lo que
se refiere a las obligaciones que los caciques estaban comprometidos a
cumplir en el ejercicio de sus atribuciones, debemos señalar que el incumplimiento
de alguna de las disposiciones que a continuación veremos, conllevaba
la pérdida del título de cacique y de los derechos inherentes a dicho
cargo. Los caciques tenían prohibido llamarse o intitularse señores de
pueblos, siendo los virreyes, las Reales Audiencias y los gobernadores,
los encargados de no permitirles el uso de esta titulación. Únicamente
podían titularse caciques o principales y si alguno, contraviniendo esta
disposición, se intitulaba señor de pueblos, las precitadas autoridades
podían imponerles las penas que les pareciesen más convenientes . Estaban
obligados a pagar jornales a los indios que trabajasen en sus propiedades
.
En la Recopilación de las leyes de los reynos de Las Indias, se recogen
dos interesantes leyes que datan del reinado de Carlos I, y más concretamente
de los años 1537 y 1552 -esto es, en pleno proceso de la conquista-, referidas
a la prohibición de que los caciques no recibiesen en tributo a las hijas
de sus indios y a que las justicias evitasen que estos matasen a algunos
individuos de su pueblo para enterrarlos con los caciques .
El incumplimiento de estas normas estaba fuertemente penado, y en el primer
caso, el cacique perdía su título y era desterrado del cacicazgo a perpetuidad.
A los caciques y principales les estaba también prohibido tener, vender
o trocar por esclavos a los indios que estuviesen sometidos a su jurisdicción
. Ningún cacique podía venir a la Península Ibérica sin licencia directa
del rey. Y si estos deseaban hacer relación al monarca de sus servicios
para obtener alguna merced, podían enviarle su relación de méritos y servicios
sin necesidad de acudir personalmente o mandar a otros indios a la corte
para entregarla .
.-REFLEXIONES FINALES.
Fue la nobleza indiana de origen prehispánico el grupo en torno al cual
se cohesionaron los recién creados "pueblos de indios". A pesar de su
progresiva asimilación a los usos y costumbres peninsulares, lo cierto
es que, por lo general, supieron conservar sus rasgos identificativos
atávicos más importantes. Ellos fueron quienes sirvieron de nexo de unión
entre los conquistadores y la masa de la población indígena, facilitando
así su acatamiento a la soberanía hispana y su evangelización.
Empero de su valioso papel inicial, la importancia de este grupo social
fue decayendo a medida que se fue consolidando el régimen administrativo
indiano. Si bien a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII los nobles
indígenas reclamaron insistentemente el mantenimiento de los derechos
heredados de sus mayores, alegando entre otras cosas: la nobleza de sus
linajes, los servicios prestados por sus antepasados a la Corona y a los
conquistadores, su pronta evangelización, etc... No fueron los nobles
indígenas un estamento uniforme, y si bien hubo algunos que gozaron de
importantes riquezas, cultura y posición social, otros, por el contrario,
vivieron humildemente, conservando -en el mejor de los casos- como único
patrimonio el recuerdo de las pasadas grandezas.
Un conocido denunciante de tropelías cometidas en contra de los caciques
-en el siglo XVI- fue Fray Bartolomé de las Casas quien decía: "Los reyes
y señores naturales son privados de sus señoríos y dignidades y estados
reales, y puestos en en más abyecto y vituperioso estado que se puede
imaginar, y si algo de los servicios y tributos los opresos y desventurados
indios faltan que no pueden cumplir o con ello se tardan, los caciques,
reyes y señores a palos y bofetadas y cepos y cadenas y azotes lo suelen
llorrar, y quien tenía diez y veinte mil y doscientas y trescientas mil
ánimas de hombres súbditos, se va por leña al monte, y la reina, su mujer
al río por el agua, y los príncipes e infantes, tan príncipes e infantes
como los de Castilla, salva sea la fe que los de Castilla tienen, y bondad
cristiana, van a cavar, no con azadas, porque no las alcanzan, sino con
un palo tostado, y con sus mismas manos hacer sus misérrimas y paupérrimas
labrancillas y sementeras grano, para tener un poco de pan (...)" . Hoy
en día, lejanos ya los días del virreinato, en las repúblicas iberoamericanas
resuenan aun los apellidos de nobles linajes de origen prehispánico, como
recuerdo de un pasado glorioso que debe mantenerse vivo para conocimiento
de las generaciones futuras. HE DICHO .
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