| |

|
|
|
|
|
|
|
|
|
UNA ACLARACIÓN IMPORTANTE
|
|
|
|
|
|
Ustedes habrán leído, al final de mis artículos, la solicitud de colaboración y adhesión a la Rueda de los Navegantes. Cuando me han llamado, muy pocos, para saber qué clase de colaboración se pedía, han salido por piernas al saber que ésta era crematística.
|
|
|
|
|
|
La cantidad que se pide a navegantes y empresas del ramo es una cuota mensual mínima de 1.000 pesetas de las de antes, unos seis euros. Hay que aclarar que siempre consideré a la Rueda, y así lo digo constantemente, como algo perteneciente a todos y sin excepción alguna. El hecho de que varios colaboradores de la misma, establecidos en diferentes puntos estratégicos, seamos los más significados por nuestra mayor y activa participación no significa que los demás componentes sean meras comparsas.
|
 |
 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Por tanto, deben mantener sus servicios y ayudas, y no que su coste recaiga siempre en los mismos.
Muchas veces la experiencia de algunos navegantes que han estado en diferentes lugares constituye la mejor fuente de información para el que le sigue en su ruta. Por ello, independientemente de la ayuda que le podamos prestar en información meteorológica u otro servicio de los muchos que hemos realizado, sobre todo en situaciones críticas, es importante la intercomunicación entre todos con objeto de allanar el camino de los que le siguen, o un día le seguirán en su periplo marinero.
El objetivo primordial de alegarnos unos fondos mínimos es el de poder prestar un mejor servicio. Si hay un accidente de cualquier tipo a una hora determinada y fuera de la habitual de la Rueda, no podemos hacer absolutamente nada sino ignorarlo hasta la hora de inicio de la actividad de la misma, a las 22 UTC, y eso sí llegamos a tiempo. Ya se nos han dado esos casos y hemos vivido la angustia de los interesados al no poderse comunicar con ninguna estación costera por causas en las que no entro.
Si la rueda consiguiera unas 300.000 ptas más o menos al mes (perdonen el volver a la antigua moneda para hacerlo más fácil) podríamos darle unas 50.000 a seis radioaficionados jubilados o impedidos a quienes les vendría de perlas además de entretenerles- para que, en turnos de cuatro horas, cubrieran las veinticuatro del día. Este planteamiento ya se lo he hecho a numerosos navegantes, que lo encuentran ideal pues la seguridad seria total. Ese, llamémosle, Vigilante tendría la obligación de avisarme, y en caso de no localizarme y ser la llamada de urgencia importante, se pondría directamente en contacto con el servicio de Salvamento Marítimo de España, que con la diligencia y profesionalidad que tienen se harían cargo del problema. Pues bien, hasta aquí todo muy bonito y maravilloso.
|
|
|
|
|
|
La realidad
¡Pero! ... Siempre hay un "pero" hispánico que hecha por tierra los mejores proyectos, la mala leche nacional entra en danza y piensan -por aquello de "piensa mal y acertarás"- que ¡ya el canario se quiere correr una juerga o vivir a costa de nosotros!. Afortunadamente, los muchísimos que me conocen bien lo saben, mis medios me permiten vivir con mucha holgura y, si en 25 años no he tenido que recurrir a éstos u otros subterfugios, no lo iba a hacer ahora, en el ocaso de mi vida y cuando menos lo necesito.
No obstante, si así lo hiciera estaría más que justificado por los gastos que he soportado durante veinticinco años. Durante este tiempo he tenido que hacer desde taxista a hospeda en mi casa a alguno que ha perdido su barco., así como los bienes que llevaba en el mismo. No quiero con esto echarlo en cara a nadie, no quiero tampoco cuantificarlo, pues se asombrarían... Así como los esfuerzos de otros compañeros y corresponsales de la Rueda, de modesta condición económica, que se quitan tiempo de sus chapuzas, trabajo y sueño para atender a los navegantes durante su viaje o a la llegada a puerto. Pero tampoco queremos hacer el tonto. Ya esta bien, ¡hasta aquí hemos llegado! . La pregunta que nos hacen muchos que tienen mentalidad interesada, y que no lo entienden, es por qué hacemos esta labor si encima nos cuesta tiempo y dinero. La verdad es que no lo sé, quizás sea por sana envidia al ver como se van y otros no podemos, tal vez por identificación marinera y deportiva, o quizás también por quijotismo hacia la patria chica y por ver el buen recuerdo que se llevan al ayudarlos aquí. Son muchas cosas, sentimientos y emociones inexplicables, que todos los años, cuando amigos e invitados de nuestro deporte contemplan desde el balcón de mi casa la salida de la ARC, con ese maravilloso despliegue instantáneo de 250 spinnakers, se nos llenan los ojos de lagrimas incontenibles a al ver escapar unas aventuras de las que no podemos ser participes o protagonistas directos. ¡Por lo menos se llevan buen recuerdo y dejan mejores amigos, satisfechos de haberles sido útiles!. No todo tiene que ser a cambio de algo, todavía es posible la generosidad y el desprendimiento. Si no actuamos así nos convertiremos en verdaderos animales, materialistas e insensibles, y eso ya lo estamos pagando caro.
Me comentaba precisamente ayer por radio el patrón y propietario de un yate español, que llamó a una red americana establecida en el Caribe, parecida a la nuestra, que le contestaron secamente "usted no esta en mi lista, si quiere cualquier información meteorológica, pague cien dólares al año; adiós, señor"; no le dejó ni responder. Pero yo jamás he querido mercantilizar la Rueda, pues lo que empezó como un mero entretenimiento y ayuda a cuatro buenos amigos, ha tomado ya una dimensión internacional que nos desborda. Hasta los pescadores chilenos nos llaman todos los días para saber si pueden pescar o no. Por tanto no quiero que nadie cobre nada, pero tampoco que les sea gravoso a los que viven de un modesto sueldo y les cuesta llegar a fin de mes. Si hay alguien que no puede pagar, cosa poco menos que imposible, lo atenderíamos igual que a los demás sin el menor reproche.
Los pocos que se han dado cuenta de lo importante de mi proyecto son unos veinte, contribuyen puntualmente, y eso que la mayoría no están navegando. Actualmente, pues los hay, esperan el empezar a navegar para entonces empezar también a contribuir y cuando han acabado su viaje, ¡si te he visto no me acuerdo!. Así no se puede sostener nada con regularidad y encima pedir eficacia y dedicación. Si 1.000 ptas al mes, que es lo que cuestan tres cervezas, les parece mucho, pues mejor que se queden en casa, que no llamen a los que sí contribuyen y que se busquen la vida como mejor les venga en gana.
Las cantidades que hasta ahora hemos recaudado, incluso lo que recibo por mis artículos en esta revista, se han gastado en comprar material de radio para los colaboradores principalmente, en ayudar a un navegante italiano en situación muy desgraciada, a un ruso a su paso por este puerto y a quien ya ustedes conocen por haberlo publicado en estas páginas- y en algunos obsequios a personajes que han prestado ayuda a los navegantes y por ende a la Rueda en general. No había para más; siempre estamos en déficit. A mi me da cierta vergüenza el ir pidiendo de barco en barco una contribución pues parece que es para ti, y más aun cuando no te conocen bien o ves que alguno te transfiere una auténtica limosna. Esto ya es que me desmadra y me siento humillado, aburrido y desengañado, ¡pero qué burros son, si es para ellos!. Voy rumiando mi comentario acalorado.
A muchos ni siquiera se lo he dicho y luego se han enterado. Y a otros, verdaderos millonarios, de pena sus comentarios y prepotencia. Cuando hice una colecta para ayudar a un pobrísimo navegante italiano, en la que pedía 5.000 ptas por barco, a ingresar directamente en un banco de Curasao, hubo uno de éstos que no puso un duro, y encima me enteré que en su regreso de la vuelta al mundo (que por cierto vale un pastón) le dijo a otro navegante que le reprochaba su mezquindad, que "por qué tenia él que ayudar a nadie a salvar su barco embarrancado". Lo que suelo hacer es comentar la idea o proyecto primero a aquellas personas que son amigas y me conocen por haber estado en mi casa varias veces o a las que al primer vistazo me parecen solventes, responsables y serias. No obstante, me he llevado grandes sorpresas y muchos desengaños pues se han aprovechado de la Rueda cuando les ha sido absolutamente indispensable para, por ejemplo, conseguirles un repuesto importante y entonces, parece que les ha dado un poco de vergüenza torera, y sin decir ni pío, a partir de ese instante han empezado a cotizar. Y que conste que hablo de gente con barco de unos cien millones de pesetas, no del pobre desgraciado que se hace a la mar con un cajón con puntas, que de todo pasa por aquí. Éstos últimos, curiosamente, suelen ser los más generosos.
Lo cierto, queridos amigos, es que ya estoy harto y cansado. No sé si será la edad o los desengaños y contrariedades. Todo va minando, lo mismo les pasa a mis compañeros y, si las cosas no cambian y sigue esta tremenda insolidaridad, este verano nos retiramos. Otros vendrán que mejor lo harán, seguro, pero ya está bien de hacer el primo y pagar de nuestro bolsillo lo que deben pagar los verdaderos interesados, que son los que disfrutan de sus viajes y recreos. Lo otro es abuso.
|
|
|
|
|
|
|
|
Descargar documento Word |
|
|
|
|
www.laruedadelosnavegantes.com (2003)
|