El trabajo de Santiago Sierra se
inscribe dentro de un conjunto de operaciones críticas
que ponen en cuestión la creencia de que el arte es una
actividad autónoma, sublime y desinteresada. Evaluando
las obras realizadas en los últimos doce años se
constata la persistencia de temas y líneas recurrentes
de actuación que remiten a una obsesión fundamental:
la que deconstruye el minimalismo - como lenguaje hegemónico
asociándolo a la dictadura de la producción y el
beneficio.
En las acciones de Sierra, las personas se convierten en “ready-mades
performativos” con los que conforma “historias situadas”
que amplían la noción clásica de intervención
específica. Conectar las cargas semánticas que sus
actores personifican con las condiciones socio-económicas
y geopolíticas es una forma efectiva de enlazar lo personal
y lo político, lo local y lo global. En los proyectos realizados
en el Pabellón de España en Venecia confluyen algunas
líneas fundamentales de su poética: la obstrucción,
la provocación lingüística y la reflexión
sobre el trabajo como castigo.
Muro cerrando un espacio remite a las tecnologías de intermediación
y de restricción del acceso representadas por las fronteras
y por los límites, visibles e invisibles, que sitúan
a las personas en diferentes territorios físicos, sociales
o ideológicos. El muro polariza a los espectadores de la
Bienal a ambos lados de un escenario hipotético, y da forma
a tensiones físicas y políticas que remiten a ese
extraño territorio de ciudades y países blindados
que define las exclusiones contemporáneas. A diferencia
del existencialista y absurdo «muro de la nada» de
Beckett, Sierra construye muros que muestran que las fronteras
no se han abolido sino que se han consolidado. En el interior
del Pabellón la puesta en escena de los restos del trabajo
de construcción del muro, el desorden y el abandono, se
proponen como un ejercicio de desnudamiento de lo real, y remiten
a otros restos y otras zonas de penumbra.
Palabra tapada es una sencilla escultura realizada con materiales
pobres. Aquí Sierra actúa por omisión. Tapando
la palabra “España”, suspende momentáneamente
sus múltiples significaciones históricas y simbólicas.
Prefigura así una controvertida emergencia de reacciones
sentimentales, lecturas ideológicas y evaluaciones estéticas.
La acción Mujer con capirote sentada cara a la pared
se realizó en el contexto físico del interior del
Pabellón de España, sin presencia de público,
el 1 de mayo de 2003. Durante una hora, una mujer permaneció
sentada, inmóvil y en silencio, con un capirote negro en
la cabeza. La obra, que el artista documentó fotográfica
y videográficamente, insistía en el trabajo como
tecnología de dominación, dejando constancia de
la violencia de los procesos disciplinarios y del poder objetualizador
del dinero. Las conexiones iconográficas con obras de Goya
y con las torturas de la Inquisición pueden asociarse a
muchas otras referencias iconológicas contemporáneas. |