—El pantano es mío —decía
Diego, cada vez que el pantano aparecía en lontananza.
—¡No es tuyo! —replicaban
los primos, a quienes, por lo visto, les parecía demasiada agua para una
sola persona.
—¡Sí es mío! —insistía
Diego—, ¡y además no os voy a dejar bañaros en él!
—¡Mentira! ¡No es tuyo!
La discusión se mantenía
en estos términos hasta que perdíamos de vista el pantano.
Pero a Diego, lo que
verdaderamente le gusta es dar patadas al balón. Él dice que lo que quiere
ser cuando sea mayor es “campeón de chutones”.
Diego, agarra el balón,
le da una patada y lo manda desde la terraza hasta el prado del tío Álvaro.
Lo vuelve a coger, y de otra patada, va desde el prado a la terraza.
Diego, ciertamente, da
unos chutones muy buenos; además, no se cansa. Diego puede estar, por lo
menos, dos horas dando chutones.
Todos estamos seguros de
que Diego, a la vez que policía (cosa que también le gusta), llegará a ser
un gran Campeón de Chutones.