—¡Rodrigo, cántanos
alguna canción! Canta, por ejemplo: “La abeja Maya”.
Y, Rodrigo, no se hace
de rogar: se abstrae de lo que le rodea, y empieza a cantar.
En esos momentos,
Rodrigo está totalmente ausente. Yo creo que, mientras canta, está
participando, junto con Maya, en una de las múltiples aventuras de la abeja.
La fama de cantor de
Rodrigo es conocida en todo El Rasillo. Dudo que haya algún vecino que no le
haya oído cantar “La abeja Maya”.
La capacidad de Rodrigo
de concentración es tremenda. No es extraño, por tanto, que algún día
Rodrigo sea un gran “cantor de canciones” o un estupendo “pintor de cuadros”;
cosa —esta última— que ya alguna de las principales revistas de nuestro país
ha reconocido reproduciendo alguno de sus cuadros.