El padre de Álex —el tío
José—, sabe una barbaridad de cosas. Seguramente, será el que más sepa de
todo Logroño. Para llegar a saber tanto, el tío José, ha tenido que pasarse
muchísimas horas leyendo.
El tío José, siempre que
pasa por una librería y ve un libro que le interesa, entra, se lo compra y,
en un periquete, se lo ha leído. Así se explica que, el tío José, tenga una
biblioteca estupenda; seguramente que los libros se le deben salir por las
ventanas de su casa.
Bueno, pues ni entre
todos los libros del tío José, había visto yo nunca alguno que se pareciese
al que encontramos en el Tesoro de la Bruja. Este libro es antiquísimo y, el
tiempo, a su paso, se ha ido comiendo parte de las hojas.
La noche siguiente a la
del día en que encontramos el Tesoro, y cuando Rafael y Javier estaban ya
dormidos, me quedé estudiando el libro, al lado de la chimenea de casa.

Por lo menos estuve
cuatro horas estudiándolo, pues el libro estaba escrito de una manera muy
misteriosa y era difícil saber lo que quería decir. Al cabo de este tiempo
y, cuando ya los troncos de la chimenea se habían quemado del todo, logré
componer, con frases que aparecían en el libro, una especie de extraño poema,
poesía o lo que fuera.