El señor Emilio conoce
la historia de Marrodán y Rezola con pelos y señales, pues, no en vano,
durante su juventud trabajo en ella un buen puñado de años.
Como era una
persona, más bien, independiente, y estaba especialmente dotado para la
mecánica, el señor Emilio se despidió de la empresa y se estableció por
libre. Es posible que sea la persona que más entienda en Logroño de
maquinaria agrícola. Cosechadora, tractor o trilladora que se estropeaba en
la provincia, allí estaba él para hacer el diagnóstico e instaurar el
oportuno tratamiento.
Ahora, el señor
Emilio está jubilado. El negocio lo llevan los hijos. Él, sin embargo,
continúa haciendo nuevos diseños y soñando máquinas ideales.
El señor Emilio
es, fundamentalmente, una persona trabajadora, imaginativa y honrada a carta
cabal. Tiene tan arraigado el sentido de la honradez, que mucha gente dice
que es un “cabezota”. Por esa bendita cabezonería, es por lo que llegué a
conocerle...
Las líneas que a
continuación escribo están entresacadas de una reseña que sobre Marrodán y
Rezola, me hizo. Él es, pues, el autor de lo que a continuación transcribo:
"Dar una
opinión sobre Don Javier Adarraga, a secas, no es posible, ya que fue un
potente engranaje del complejo Marrodán y Rezola. Esta firma tiene sus
cimientos en dos hermanos”.
“Salustiano y
David Marrodán, que se trasladaron de Arnedillo a Logroño para fabricar
prensas para el vino. David no prosperó y, en una bicicleta se mató en
Ribafrecha al ir a reparar unos molinos de yeso. Ambos eran hijos de herrero.
Salustiano, con más suerte, se instala en Logroño donde abre talleres y
ferretería. Tiene dos hijos: Francisco y Consuelo; de la mujer de Salustiano
no tengo referencias...”
“Todo marcha:
taller, tienda y finca en Lobete. Francisco se casa y Consuelo, también.
Consuelo se casa con el ingeniero guipuzcoano Marco Rezola...”
”Marco Rezola da un gran
impulso a los talleres y, creó, diseñó los locales de Gonzalo de Berceo,
metiendo la vía de ferrocarril en los talleres. Trae maquinaria de posguerra,
alemana; pues Salustiano la tenía inglesa. Montó la Central de Viguera; por
la noche daba luz a los pueblos de la cuenca del Iregua, y por el día, movía
los talleres. Dio un gran paso en el tipo de prensas y modernizó la
producción creando secciones y oficinas técnicas. Se rodea de maestros de
taller y personal competente. En la vida pública toma parte en la reforma
del Teatro Moderno y en la construcción de la Plaza de Toros (siendo
vendedor de hierro y cemento, no permitió se colocase un kilo de hierro o un
saco de cemento de su casa)”.

“En esta fase, Javier
Adarraga, estudiante de ingeniero y conocido de Rezola, en las vacaciones
hace prácticas en los talleres. Del matrimonio con Dª. Consuelo, D. Marco
tiene tres hijos: Matilde, Marco y Consuelo. La salud le fue adversa a D.
Marco y muere en sus mejores años; pena, pues Logroño perdió un gran hombre
y una maravillosa persona”.
”La viuda no se amilanó
y a los talleres trajo al conocido de su marido, y ya ingeniero, “el joven
Adarraga”; y así, la mejor firma de Logroño, a la que tan gran impulso dio
Rezola, continúa el camino trazado por el difunto con dos potentes pilares:
Javier y Consuelo”.
“Javier, ingeniero de
los talleres, soltero, era conocidísimo en Logroño (18.000 habitantes) por
su estatura, su vestimenta (pantalón de golf) y por su destreza en manejar
la moto. Iba por la mañana en la bicicleta a los talleres, para abrirlos
antes de que llegase ninguno de los obreros”.

“Cuando estaban
ampliando la Central de Viguera, cogió a un electricista en su moto y en
Lardero lo perdió; no se dio cuenta hasta llegar a Viguera. Era un carromato”.
“Tremendo
deportista, no de ver, sino de practicar pelota, pala y bicicleta. También
natación: en una crecida del río Iregua se quedaron dos labradores en una
isla expuestos a ser llevados por la corriente. Don Javier se hizo cargo del
asunto. La corriente era tan brava que no cabía otra solución que lanzarse
con una cuerda, y un palo para hacer fondo. Ante la admiración del gentío,
los sacó del casi desaparecido islote con peligro de su vida. Estaba
propuesto para la Cruz del Mérito pero por circunstancias políticas, no se
la dieron”.
“Dª. Consuelo y
su hermano D. Francisco se separaron, tocándole a éste la mayor parte de las
instalaciones (posteriormente pasarían a pertenecer a D. Tanis López
Romero). Dª. Consuelo y D. Javier improvisaron locales, y con la ayuda de
los cinco maestros de taller, los peritos, los delineantes y los mejores
obreros, pusieron rápidamente en marcha las instalaciones”.
“D. Javier fue
una pieza clave para evitar que todo el complejo industrial naufragase. En
la huelga del 34, D. Javier no se arrincona: con la camioneta y dos hombres
de la tienda, que no fueron a la huelga, estuvo repartiendo carbón por la
capital durante un mes. Aún así se hizo querer por los obreros. En una
ocasión, unos húngaros convencieron a Don Javier para que les entregase más
de cien herramientas para mejorarlas (según decían), pero se vio que todo
era un timo, y a la salida del trabajo todos como un solo hombre, y por
indicación de Don Javier, arremetieron contra los húngaros...”
“Estalló la
guerra y Don Javier se lanzó el primero al frente... Los talleres fueron
militarizados y su presencia en ellos fue necesaria (no mataron a ningún
obrero de la casa; en la provincia desaparecieron 12.000)”. 
“Como ya tengo
expuesto, la natación, la pelota y la bicicleta las practicaba con
frecuencia. Aquellos que practicaban varios deportes, eran amigos suyos,
pues le gustaba formar personas con un aire humano. Al dedicarle el Frontón
Adarraga, fue hacerle justicia como deportista y persona”.
“Tengo la
impresión de que estas personas, caen pronto en el olvido y surgen pocos
como ellos o quedan nublados, para la desgracia de la sociedad, que está
llena de satanases”.