Cuadro de texto: ARTÍCULOS DE OPINIÓN
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CLAUDIA MENDOZA. Psicóloga

LOS PADRES VITALES PARA LA EDUCACIÓN DE SUS HIJOS

              Por un resultado deficiente o una observación del profesor acerca de la conducta del niño, los padres piensan que ejercen su rol en forma inadecuada ("sentir que es mal padre") o perciben que en la Escuela se exageran los problemas de su hijo, generando una serie de fantasías o problemas que afectan directamente en la relación familiar.

              Por eso, esta columna considerará las necesidades de los padres respecto del apoyo escolar que realizan en el hogar, para así ayudarlos a complementar la educación formal que reciben sus hijos en el Colegio.
              ¿Por qué es tan importante la participación de los padres en la educación de los niños? Porque los padres son los primeros agentes del aprendizaje, es en el hogar donde se genera la educación, el lugar donde el niño comienza a conocer sus primeras palabras y a relacionarse con otras personas en un medio de aceptación y confianza, con características más personales y afectivas que en
el Colegio, por los vínculos que existen entre padre e hijo.
              Esta relación afectiva, cercana y de confianza no existe en el Colegio, no es su finalidad. La Escuela abre el mundo del niño hacia otros espacios más amplios, pero también más impersonales, que requieren del apoyo de los padres para que el niño transite hacia la sociedad confiando en sus propios recursos.
Es por eso que los padres deben considerar el aprendizaje como una modificación en la capacidad o en la conducta de un individuo que puede mantenerse en el tiempo y generar un nuevo repertorio de respuestas
ante las exigencias externas o internas.
              Una tarea que escapa de la educación formal, de lo netamente intelectual. El aprendizaje debe ser apreciado como una actividad cotidiana, basada en el desarrollo del niño, su experiencia y las metas que como padres se han propuesto para el futuro de su hijo, en un mundo cambiante que requiere más de las habilidades personales, que de la cantidad de conocimientos.
              El aprendizaje se debe comprender como un proceso que escapa del crecimiento físico, que no se genera sólo porque el niño está más grande, sino porque éste se ha enfrentado a una experiencia
y la ha adquirido para exigencias futuras.
              Por esta razón quisiera invitarlo a reflexionar acerca de los mitos existentes respecto del aprendizaje y el estudio. Por ejemplo, muchos padres creen que aprender es acumular conocimientos, que el rendimiento escolar de un niño es igual a su nivel de inteligencia, o que mientras más horas estudie su hijo su rendimiento escolar será mayor.
              Cuando se percibe el aprendizaje de esta manera, se pueden generar ciertos errores y lo que es peor, frustraciones en el niño y sus padres. Por eso hay que destacar que la tarea de aprender depende de
varios factores: el niño, sus padres y la educación que recibe. Como podrá darse cuenta, no es posible explicar su resultado a través de un solo agente.
              Aprender es más que acumular conocimientos, es una herramienta que permite enfrentarnos a experiencias muchas veces "desconocidas", es decir, de las cuales no tenemos idea o experiencia. En cuanto al rendimiento escolar, éste no necesariamente es igual al nivel intelectual del niño: su hijo puede presentar un buen desempeño intelectual, pero su rendimiento no se ajustará a las exigencias escolares, debido a su falta de motivación por el estudio.
              Por último, la cantidad
de horas de estudio no necesariamente significará una mejor nota: un niño puede estar varias horas sentado en su escritorio sin aprender, pues presenta problemas para mantener su nivel de atención.

 

El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere , sino querer siempre lo que se hace.

 

JOSÉ IGNACIO PELAEZ (03-07-03  Alfa y Omega)

¿Por qué EL NO A LA RELIGIÓN?

              La asignatura de Religión en la enseñanza pública siempre ha tenido enemigos apasionados, que emplean muchos adjetivos calificativos del estilo de ¡aberrante!, ¡inconstitucional!, pero pocos sustantivos. Sería de desear que, si se oponen con tanta firmeza a la asignatura de Religión, fuera sobre bases más sólidas, o ¿tal vez es que no existen?

              Se dice que el Área de Religión, bien en su versión confesional (católica, islámica, judía o evangélica, que son las que, hasta ahora, han llegado a un acuerdo con el Estado), o bien en su versión alternativa (Cultura, religión y sociedad), van contra el consenso constitucional, porque en un Estado aconfesional (artículo 16.3: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal") resulta incomprensible que se imparta en la enseñanza pública reglada una asignatura de Religión confesional. Pero ésta es una lectura sesgada de nuestro texto constitucional; basta con acabar de leer el texto del artículo 16.3, que ordena: "Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones"; y el artículo 27.3, que reconoce que "los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones". Ignorar este derecho de los padres, que han elegido en casi un 80% Religión Católica para sus hijos, sería un atropello.

              Un atrevimiento.

              Resulta, por lo menos, un atrevimiento declarar que el texto del Decreto va en contra de la jurisprudencia del Tribunal Supremo y de la Constitución, cuando el Consejo de Estado, órgano consultivo encargado de informar jurídicamente los Proyectos de leyes y Decretos del Gobierno, ha dictaminado favorablemente el texto. El Tribunal Constitucional ha establecido una doctrina muy clara sobre la libertad religiosa, la aconfesionalidad del Estado y el derecho de los padres a elegir el tipo de educación moral y religiosa que desean para sus hijos, como fundamento de la constitucionalidad de la asignatura de Religión y su alternativa, en sus sentencias, que el texto del Decreto que ahora estudiamos respeta en su integridad.

              Se dice en contra de que el Área de Religión sea evaluable y computable que no es posible evaluar la fe. Se intenta desprestigiar esta asignatura calificándola de mera catequesis. Dejando aparte la dignidad de la catequesis, la asignatura de Religión, tanto la confesional como su alternativa de Cultura e Historia religiosa, son disciplinas académicas como cualquier otra, aunque con características propias. Considerar que la Religión no puede ser una disciplina académica es un prejuicio que echa por la borda siglos de investigación y de sabiduría, que cultivaron autores tan brillantes como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Erasmo de Rótterdam o Tomás Moro. En Alemania, las Facultades de Teología forman parte de las universidades civiles, como una Facultad más. El Consejo Escolar del Estado ha entendido que la asignatura del Área de Religión es una más de las disciplinas fundamentales.

              Se dice que supone una obligación injustificada declarar sobre las propias creencias, que veta el artículo 16.2 de la Constitución española. Elegir entre una u otra asignatura no vulnera este artículo, porque sólo se elige una asignatura, no se declaran cuáles son las propias creencias. Puede suceder, por ejemplo, que unos padres deseen la asignatura de Religión católica para sus hijos, aunque ellos no la profesen. Además, entonces, cualquier opción ideológica, como, por ejemplo, apuntarse a un partido político, o dar la cuenta corriente para hacer un donativo a una ONG, o la obligación de elegir entre jurar o prometer al tomar posesión de un cargo público, o señalar con una X en la declaración de la renta la aportación para el sostenimiento de la Iglesia católica, serían injustificadas obligaciones de declarar la propia creencia o ideología.

              También se ha criticado que los profesores de Religión sean nombrados por los obispos, cuando son éstos quienes saben qué personas están capacitadas para enseñar la Religión católica; el mismo régimen de nombramiento de profesores se sigue en los Acuerdos con otras confesiones. El Gobierno reconoce su incompetencia en este tema; lo contrario sería ir contra la aconfesionalidad del Estado; se lamentan de que el Gobierno ha accedido a las peticiones de la Conferencia Episcopal, pero si éstas son legítimas y conforme a Derecho, es decir, a los Acuerdos con la Santa Sede y a la Constitución, y responden a los deseos de los padres, es lógico que así sea.

              La importancia del hecho religioso en las culturas y en la Historia ha sido puesta de manifiesto por muchos estudiosos, desde el historiador de las civilizaciones Dawson, a Mircea Eliade y Max Scheler. Sin un cierto saber acerca de Dios, no es posible entenderse a sí mismo ni al mundo. Los rasgos de nuestra tradición moral, cultural, artística, social y religiosa nacen principalmente de tres civilizaciones: Atenas, Roma y Jerusalén. No es posible comprender nuestra historia, nuestras obras de arte, nuestra cultura y nuestras instituciones sin la cultura religiosa que procede del conocimiento del cristianismo. Se carece de base para entender las catedrales, el arte románico, el gótico o el barroco, el nacimiento de las universidades, el Camino de Santiago; las obras de nuestros clásicos de la Literatura, de la pintura, de la escultura, el descubrimiento y la evangelización de América, el empeño europeo de los Austrias, la Ilustración cristiana de Jovellanos y Feijóo, la novela actual de Delibes o Jiménez Lozano…

              No se puede lamentar nadie de lo que ha sembrado a manos llenas, por acción u omisión. Muchas de las patologías sociales que padecemos y preocupan a cualquier persona que busque mejorar esta sociedad, tienen su origen en una deficiente formación moral y religiosa y en su corolario natural: la falta de sentido de la vida.

Por todas estas razones, no se entiende esa animadversión a la asignatura de Religión, sino desde presupuestos que confunden la laicidad y aconfesionalidad del Estado con un laicismo beligerante contra la religión, que no es la aconfesionalidad que establece el artículo 16.3 de nuestra Constitución, e interpreta el Tribunal Constitucional. No se entiende, cuando son evidentes los estragos que produce la incultura religiosa en nuestros niños y jóvenes. No se entiende, si quieren gobernar alguna vez, que se opongan al deseo de cerca del 80% de los padres. No se entiende.

 

ENRIQUE ROJAS. CATEDRÁTICO DE PSIQUIATRÍA

¿QUÉ ES EDUCAR?

 

              Educar es comunicar conocimientos y promover actitudes. Lo primero significa que en toda educación hay una cierta cantidad de enseñanza que se acumula, que se va sumando poco a poco y hace que se vaya conociendo paulatinamente ese algo concreto. Después viene una tarea importantísima: ¿cómo actuar frente a todo ese caudal de conocimientos adquiridos? Son dos etapas sucesivas, pero complementarias.

              Educar es convertir a alguien en persona más libre e independiente, con más criterio. Ser individuo capaz de pilotar la propia vida con arreglo a unas normas humanísticas. Por eso toda educación positiva humaniza y libera al hombre, llenándolo de amor.

              Hay que distinguir por tanto dos facetas en este terreno; por un lado la información y por otro, la formación. Mientras el primero consiste tan solo en la suma de una serie de datos, observaciones y manifestaciones específicas, el segundo va más allá. Trata de ofrecer unas pautas de conducta de acuerdo con una cierta orientación humana, se preocupa que a todo ese saber se le saque el mejor partido, favoreciendo la construcción de un hombre más maduro, más hecho, con más solidez... más humano y más dueño de sí mismo.

              Muchos libros sobre educación sexual no son tales, ya que sólo cubren la parcela informativa, pretendiendo ser asépticos en la vertiente formativa. Algo parecido puede suceder cuando ésta se imparte de modo colectivo y termina siendo una especie de clase de anatomía y fisiología a la vez, en donde se relata como se realizan las relaciones sexuales, las distintas técnicas y estilos que existen, pero no hay un fondo moral o ético adecuado. Porque no hay educación sexual neutra. Es imposible. Es una pieza de museo pedagógica, imposible en su esencia. Habrá unas educaciones más cargadas de orientaciones y otras más ligeras. Unas en la línea de la liberación sexual o apuntando hacia el marxismo, hacia las corrientes del psicoanálisis de Freud o siguiendo las directrices de Jung o de Adler o del conductismo o inspiradas en el humanismo cristiano... pero vacías de criterio no es posible que se den, ya que a eso se le llamaría clase de anatomía o de fisiología o de ginecología, pero en ningún caso educación sexual. Ahí está el matiz diferencial.

              Educar es instruir, formar, guiar, sacar lo mejor que hay dentro de una persona; irla puliendo y limando para hacerla más dueña de sí misma. Es provechoso repasar las etimologías. Esta palabra procede de dos derivaciones latinas: e-ducare, que significa ir conduciendo de un sitio a otro; y e-ducere, que quiere decir extraer, sacar hacia fuera lo que hay dentro. Una y otra apuntan en la misma dirección. Educar es aquella operación que se lleva a cabo con alguien y que tiende a la realización más completa de la persona. Esto se produce mediante un progreso gradual y ascendente. Toda educación del tipo que sea necesita tiempo. O dicho de otro modo; es necesario que vaya asimilando paulatinamente todo lo que de palabra y obra ha ido llegando hasta él. Acumulación de contenidos intelectuales, afectivos y técnicos que se aprietan en una síntesis que debe ser realizada por el educador.

              La educación debe estar presente a todo lo largo de la vida; pero la educación integral tiene su punto de partida en la infancia y en la adolescencia.

              ¿Cuáles son los principales elementos de la educación?: podemos resumirlos así: el primer lugar el tema específico de que se trate (hay educación física, psicológica, artística, para el tenis, el golf, el inglés, las artes marciales y un larguísimo etcétera); después está la figura del educador que tendrá una enorme trascendencia, la motivación que se ponga en juego, el amor con que se enseñe esa materia y la disciplina que será necesaria para que ésta se vaya consolidando y no sea flor de un día. Enseguida entraremos en cada uno de ellos.

              La educación sexual consiste en la consecución de un conocimiento adecuado de lo que es la sexualidad, que va desde su desarrollo hasta la culminación del encuentro físico entre un hombre y una mujer, que apunta hacia la madurez psicológica y la plenitud de la persona, en el marco de lo que debe ser la dignidad humana. Ese conocimiento no descuida ningún aspecto del hombre: va de la anatomía al plano físico, de los aspectos psicológicos a los sociales y culturales, pasando por el terreno espiritual y el entorno en donde ésta se desarrolla o las etapas evolutivas que ésta va a tener. Educación plena, completa, integral. Allí quedan convocados todos sus ingredientes. La gran tarea del educador es proponer unos fines concretos, haciéndolos sugerentes y atractivos, aunque en un principio sean costosos y se presenten como una cuesta empinada. Todo lo grande del hombre, es hijo del esfuerzo y la renuncia.

              El éxito de la educación consiste en proporcionar un conocimiento equilibrado de uno mismo y de la realidad, promoviendo una adecuada jerarquía de valores. La educación sexual fracasa cuando sólo es información técnica y cuando hay un claro desajuste o una falta de armonía en lo que se enseña. No hay verdadero progreso humano si éste no se realiza con un fondo moral.

              Por tanto, una buena educación de la sexualidad se dirige a conocer y disponer adecuadamente de la propia vida sexual, siendo capaz de pilotarla hacia el mejor desarrollo personal. Su meta es la integración de estas tendencias en una personalidad cada vez más madura, de modo que todos los impulsos sexuales se encaucen de forma ordenada y enriquecedora.

              A los niños hay que iniciarlos a medida que avanza su edad. Son explicaciones sencillas y conformes a su psicología, pero sin falsear la verdad. Sabiendo servirla como algo normal, natural, positivo.

              La adolescencia sugerimos a los padres la postura de adelantarse y así, ir trazando unos criterios que le ayuden a comprender lo que en esos momentos experimentan dentro de sí. Cada caso necesitará una estrategia distinta. Siempre las formas elegantes y prudentes le darán al tema más calidad. En esta edad hay que huir de dos posturas negativas bastante habituales: 1) El rechazo radical y represivo, que nos hace volver a la época victoriana, jansenista, montanista o a un puritanismo de mal pronóstico; en todas esas concepciones late un no querer abordar la cuestión, un dejarla pasar de largo por diversos motivos; 2) La antropología, materialista (biologismo) reduce la visión del hombre a lo puramente material, no admitiendo las otras dimensiones (psicológica, espiritual y cultural); un ejemplo sería el pansexualismo. Ambas posturas son reduccionistas y ofrecen una visión estrecha del ser humano.

              Educar en y para la libertad siempre es un riesgo. Pero es una tarea noble, que contribuye a introducirle a uno en la realidad y que pretende en último término, desarrollar todas las estructuras de un individuo buscando su realización integral. Dominar y ser señor de la propia sexualidad, gobernándola con amor, para entregarla a otra persona, a través de una donación comprometida. Cuando no ocurre así, los impulsos sexuales van ganando terreno según su capricho, llegando a tiranizar la conducta, marcándole una línea obsesiva y machacona, que no libera al hombre, sino que lo rebaja. De ahí que amor y sexualidad formen conjunto recíproco: no se puede dar el uno sin el otro en la relación hombre-mujer.

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