F84.0 Autismo infantil
Trastorno generalizado del desarrollo definido por la presencia
de un desarrollo alterado o anormal, que se manifiesta antes de
los tres años y por un tipo característico de comportamiento anormal
que afecta a la interacción social, a la comunicación y a la presencia
de actividades repetitivas y restrictivas. El trastorno predomina
en los chicos con una frecuencia tres a cuatro veces superior a
la que se presenta en las chicas.
Pautas para el diagnóstico
Por lo general no hay un período previo de desarrollo inequívocamente
normal pero, si es así, el período de normalidad no se prolonga
más allá de los tres años. Hay siempre alteraciones cualitativas
de la interacción social que toman la forma de una valoración inadecuada
de los signos socioemocionales, puesta de manifiesto por una falta
de respuesta a las emociones de los demás o por un comportamiento
que no se amolda al contexto social, por un uso escaso de los signos
sociales convencionales y por una integración escasa del comportamiento
social, emocional y de la comunicación, de un modo especial por
una falta de reciprocidad socio-emocional. Asimismo, son constantes
las alteraciones cualitativas de la comunicación. Consisten en no
utilizar el lenguaje para una función social, debidos a una alteración
de la actividad lúdica basada en el juego social imitativo y simulado,
a una pobre sincronización en la expresión del lenguaje, a una relativa
falta de creatividad y de fantasía de los procesos del pensamiento,
a una falta de respuesta emocional a los estímulos verbales y no
verbales de los demás, a defectos de la cadencia o entonación necesarias
para lograr una modulación de la comunicación y, como es de esperar,
a la ausencia de gestos acompañantes para subrayar o precisar la
comunicación verbal.
El comportamiento en este trastorno se caracteriza también por
la presencia de formas de actividad restrictivas, repetitivas y
estereotipadas, de restricción de los intereses y de la actividad
en general, en los que destaca la rigidez y rutina para un amplio
espectro de formas de comportamiento. Por lo general, estas características
afectan tanto a las actividades nuevas, como a los hábitos familiares
y a las formas de juego. Puede presentarse, sobre todo en la primera
infancia, un apego muy concreto a objetos extraños, de un modo característico
a los "no suaves". Los niños persisten en llevar a cabo actividades
rutinarias específicas consistentes en rituales sin un sentido funcional,
tal y como preocupaciones estereotipadas con fechas, trayectos u
horarios, movimientos estereotipados o un interés en los elementos
ajenos a las funciones propias de los objetos (tales como su olor
o textura) y suelen presentar una gran resistencia a los cambios
de la rutina cotidiana o de los detalles del entorno personal (tales
como la decoración o los muebles del domicilio familiar).
También es frecuente que en los niños con autismo aparezcan otros
trastornos sin especificar, tales como temores, fobias, trastornos
del sueño y de la conducta alimentaria, rabietas y manifestaciones
agresivas. Son bastante frecuentes las autoagresiones (por ejemplo,
morderse las muñecas), sobre todo cuando el autismo se acompaña
de un retraso mental grave. La mayoría de los niños autistas carecen
de espontaneidad, iniciativa y creatividad para organizar su tiempo
libre y tienen dificultad para aplicar conceptos abstractos a la
ejecución de sus trabajos (aun cuando las tareas se encuentran al
alcance de su capacidad real). Las manifestaciones específicas de
los déficits característicos del autismo cambian al hacerse mayores
los niños, pero los déficits persisten en la edad adulta con una
forma muy similar en lo que se refiere a los problemas de socialización,
comunicación e inquietudes. Para hacer el diagnóstico, las anomalías
del desarrollo deben haber estado presentes en los tres primeros
años, aunque el síndrome puede ser diagnosticado a cualquier edad.
En el autismo pueden darse todos los niveles de CI, pero hay un
retraso mental significativo en, aproximadamente, el 75 % de los
casos.
Incluye:
Autismo infantil.
Síndrome de Kanner.
Psicosis infantil.
Trastorno autístico.
Excluye: Psicopatía autística (F84.5).
F84.1 Autismo atípico
Trastorno generalizado del desarrollo que difiere del autismo en
que el desarrollo anormal o alterado se presenta únicamente después
de los tres años de edad o en que faltan anomalías suficientemente
demostradas en una o dos de las tres áreas de psicopatología requeridas
para el diagnóstico de autismo (la interacción social, el trastorno
de la comunicación y el comportamiento restrictivo, estereotipado
y repetitivo), a pesar de la presencia de características de una
o dos de las otras áreas. El autismo atípico suele presentarse en
individuos con retraso profundo cuyo bajo nivel de rendimiento favorece
la manifestación del comportamiento desviado específico requeridos
para el diagnóstico de autismo. También sucede esto en individuos
con graves trastornos específicos del desarrollo de la comprensión
del lenguaje.
Incluye:
Retraso mental con rasgos autísticos.
Psicosis infantil atípica.
F84.2 Síndrome de Rett
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Trastorno descrito hasta ahora sólo en niñas, cuya causa es desconocida
pero que se ha diferenciado por sus características de comienzo,
curso y sintomatología. El desarrollo temprano es aparentemente
normal o casi normal pero se sigue de una pérdida parcial o completa
de capacidades manuales adquiridas y del habla, junto con retraso
en el crecimiento de la cabeza y que aparece generalmente entre
los siete meses y los dos años de edad. Las características principales
son: pérdida de los movimientos intencionales de las manos, estereotipias
consistentes en retorcerse las manos e hiperventilación. El desarrollo
social y lúdico se detiene en el segundo o tercer año, pero el interés
social suele mantenerse. Durante la infancia suele desarrollarse
ataxia y apraxia de tronco, que se acompañan de escoliosis o cifoescoliosis
y algunas veces de movimiento coreoatetósicos. La consecuencia invariable
es la de una grave invalidez mental. Es frecuente que durante la
infancia aparezcan crisis epilépticas.
Pautas para el diagnóstico
En la mayoría de los casos el comienzo tiene lugar entre el séptimo
mes y los dos años de edad. El rasgo más característico es una pérdida
de los movimientos intencionales de las manos y de la capacidad
manual fina de tipo motor. Se acompaña de pérdida parcial o ausencia
de desarrollo del lenguaje, movimientos estereotipados muy característicos
de retorcer o "lavarse las manos", con los brazos flexionados frente
de la barbilla o el pecho, movimientos estereotipados de humedecerse
las manos con saliva, falta de masticación adecuada de los alimentos,
episodios de hiperventilación frecuentes, mal control de los esfínteres,
a menudo presentan babeo y protrusión de la lengua y pérdida de
contacto social. Es muy característico que estas niñas mantengan
una especie de "sonrisa social" mirando "a través" de las personas,
pero sin establecer un contacto social. Esto tiene lugar en el estadio
precoz de la infancia (aunque a menudo desarrollan más tarde la
capacidad de interacción social). La postura y la marcha tienden
a ser con aumento de la base de sustentación, hay hipotonía muscular,
los movimientos del tronco suelen ser escasamente coordinados y
acaban por presentar escoliosis y cifoescoliosis. Las atrofias espinales
con alteraciones motrices graves se desarrollan en la adolescencia
o en la edad adulta en aproximadamente la mitad de los casos. Más
tarde puede presentarse espasticidad rígida que suele ser más marcada
en los miembros inferiores que en los superiores. En la mayoría
de los casos aparecen ataques epilépticos, generalmente algún tipo
de ataque menor y con comienzo anterior a los ocho años. En contraste
con el autismo, son raras las preocupaciones o rutinas estereotipadas
complejas o las automutilaciones voluntarias.
F84.3 Otro trastorno desintegrativo
de la infancia
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Trastorno profundo del desarrollo (distinto del síndrome de Rett)
definido por la presencia de una etapa previa de desarrollo normal
antes del comienzo del trastorno, por una fase bien definida de
pérdida de capacidades previamente adquiridas, que tiene lugar en
el curso de pocos meses y que afecta como mínimo a varias áreas
del desarrollo, junto con la aparición de anomalías típicas del
comportamiento social y de la comunicación. Con frecuencia hay un
período prodrómico de la enfermedad poco definido, durante el cual
el niño se vuelve inquieto, irritable, ansioso e hiperactivo, a
lo que sigue un empobrecimiento y una pérdida del lenguaje y el
habla, acompañado por una desintegración del comportamiento. En
algunos casos la pérdida de capacidad tiene una progresión continua
(en general, cuando el trastorno se acompaña de una alteración neurológica
progresiva diagnosticable), pero con mayor frecuencia el deterioro
progresa sólo durante unos meses, se estabiliza y más tarde tiene
lugar una mejoría limitada. El pronóstico es malo en general y la
mayoría de los individuos quedan afectados de retraso mental grave.
No hay certeza de hasta qué punto esta alteración es diferente del
autismo. En algunos casos, el trastorno puede ser secundario a una
encefalopatía, pero el diagnóstico debe hacerse a partir de las
características comportamentales.
Pautas para el diagnóstico
Presencia de un desarrollo aparentemente normal hasta al menos
los dos años, seguido por una clara pérdida de capacidades previamente
adquiridas, la cual se acompaña de un comportamiento social cualitativamente
anormal. Es frecuente que en estos casos tenga lugar una regresión
profunda o una pérdida completa del lenguaje, una regresión en las
actividades lúdicas, de la capacidad social y del comportamiento
adaptativo. Con frecuencia se presenta además una pérdida del control
de esfínteres y a veces con un mal control de los movimientos. Es
típico que estos rasgos se acompañen de una pérdida de interés por
el entorno, por manierismos motores repetitivos y estereotipados
y por un deterioro pseudo-autístico de la comunicación e interacción
sociales. En algunos aspectos el síndrome se parece a las demencias
de la vida adulta, pero se diferencia por tres aspectos claves:
hay por lo general una falta de cualquier enfermedad o daño cerebral
identificable (aunque puede presumirse algún tipo de disfunción
cerebral), la pérdida de capacidades puede seguirse de cierto grado
de recuperación, el deterioro de la socialización y de la comunicación
tiene rasgos característicos, más típicos del autismo que del deterioro
intelectual.
Incluye:
Psicosis desintegrativa.
Síndrome de Heller.
Dementia infantilis.
Psicosis simbiótica.
Excluye:
Afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner, F80.3).
Mutismo selectivo (F94.0).
Esquizofrenia (F20.-).
Síndrome de Rett (F84.2).
F84.4
Trastorno hipercinético con retraso mental y movimientos estereotipados
Se incluye aquí sin embargo porque los niños con retraso mental
(CI inferior a 50), con problemas importantes de hiperactividad
y déficit de atención tienen con frecuencia un comportamiento estereotipado.
Además, estos niños no suelen beneficiarse de un tratamiento con
fármacos estimulantes (al contrario de aquellos de CI en el rango
normal) al que pueden responder con reacciones disfóricas intensas
(a veces con inhibición psicomotriz) y en la adolescencia la hiperactividad
tiende a ser reemplazada por una hipoactividad (una forma que no
es frecuente en los niños hipercinéticos con inteligencia normal).
Este síndrome suele acompañarse de tipos variados de retrasos del
desarrollo, ya sean específicos o generalizados.
Pautas para el diagnóstico
El diagnóstico se basa en la combinación de hiperactividad grave,
desproporcionada para el nivel de maduración, de estereotipias
motrices y de retraso mental grave. Para un diagnóstico correcto
deben estar presentes los tres aspectos.
F84.5 Síndrome de Asperger
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Trastorno de validez nosológica dudosa, caracterizado por el mismo
tipo de déficit cualitativo de la interacción social propio del
autismo, además de por la presencia de un repertorio restringido,
estereotipado y repetitivo de actividades e intereses. Difiere sin
embargo del autismo en que no hay déficits o retrasos del lenguaje
o del desarrollo cognoscitivo. La mayoría de los afectados son de
inteligencia normal, pero suelen ser marcadamente torpes desde el
punto de vista motor. El trastorno se presenta con preferencia en
varones (en proporción aproximada de 8 a 1). Parece muy probable
que al menos algunos casos sean formas leves de autismo, pero no
hay certeza de que esto sea así en todos los casos. La tendencia
es que las anomalías persistan en la adolescencia y en la vida adulta,
de tal manera que parecen rasgos individuales que no son modificados
por influencias ambientales. Ocasionalmente aparecen episodios psicóticos
en el inicio de la vida adulta.
Pautas para el diagnóstico
Combinación de ausencia de cualquier retraso de lenguaje, o cognoscitivo
clínicamente significativo y la presencia de déficits cualitativos
en la interacción social (como en el autismo) y manifestaciones
repetitivas y estereotipadas, de intereses y de la actividad en
general (como en el autismo). Puede haber o no problemas de comunicación
similares a los del autismo, pero un retraso significativo del lenguaje
descarta el diagnóstico.
Incluye:
Psicopatía autística.
Trastorno esquizoide de la infancia.
Excluye:
Trastorno esquizotípico (F21).
Esquizofrenia simple (F20.6).
Trastorno de vinculación de la infancia (F94.1 y F94.2).
Trastorno anancástico de la personalidad (F60.5).
Trastorno obsesivo-compulsivo (F42.-).
F84.8 Otros trastornos generalizados del desarrollo
F84.9 Trastorno generalizado
del desarrollo sin especificación
![[Criterios DSM-IV]](../Images/dsmiv1.gif)
Trastornos con las características de la descripción general
de los trastornos generalizados del desarrollo, pero que por falta
de información adecuada o por hallazgos contradictorios, no se
satisfacen las pautas de cualquiera de los otros códigos del apartado
F84.