|
|
Poeta postromántica
Al Romanticismo debemos el interés por las tradiciones y culturas, por las lenguas regionales y sus modismos. A mediados del siglo XIX, y como consecuencia de este nuevo sentimiento de la historia, se produjo el renacer de la poesía en lengua gallega, que tanto tiempo había sido relegada. La figura más importante de este despertar lírico es, sin duda alguna, Rosalía de Castro, poeta que vivió entre los años 1837 y 1885. Su figura aparece vinculada a la de Gustavo Adolfo Bécquer, quien -a criterio de Emilio González López- influyó considerablemente en la obra de Rosalía; ambos son considerados poetas postrománticos, entendiéndose bajo esa denominación a los poetas que no escribieron en la época propiamente romántica, sino cuando ya triunfaba el Realismo.
Obras de la autora:
La flor (1857), (Su primer libro de versos)
La hija del mar (1859), (Novela)
A mi madre (1863), (Libro de versos en castellano)
Cantares gallegos (1863), (Libro de versos en gallego)
Ruinas (1866), (Novela)
El caballero de las botas azules (1867), (Novela, castellano)
Flavio (1867), (Novela)
Follas novas (1880), (Libro de poesías en gallego)
El primer loco (1881), ("Cuento extraño")
En las orillas del Sar (1884), (Libro de versos en castellano)
|
|
Los comienzos
Compuso sus primeros versos a la edad de 12 años. A los 17 años, Rosalía era ya una figura destacada en la sociedad literaria del "Liceo de la Juventud" y se impregnó del ambiente romántico que entonces reinaba en Santiago.
Su primer libro de versos, La flor (1857), muestra claras influencias de Espronceda. Deja ver una sinceridad de sentimientos notable, y un sentimiento trágico de la existencia.
A su primer libro de versos sigue la novela La hija del mar (1859). Una novela romántica, de tendencia folletinesca, cuya acción se sitúa en tierras de Muxía. En ella insiste en la idea de dignificar a la mujer.
Rosalía alterna la prosa con el verso, y en su obra hay dos temas dominantes, que en el fondo vienen a completarse: el tema del amor desgraciado, surgido por la particular situación de su madre, y el tema de la denuncia social, donde muestra su solidaridad con la desgracia de los hombres del mar y del campo, con la pobreza de su pueblo y con su propia tristeza.
En (1863) escribe el libro de versos A mi madre, publicado poco después de la muerte de ésta, a quien están dedicados todos los poemas.
La madurez
El mismo año de 1863, publica uno de sus libros más conocidos: Cantares
gallegos, surgido a raíz de su matrimonio cuando vivía en Castilla, contiene una clara añoranza de su Galicia natal. Con Cantares gallegos se situó como precursora, junto a Curros Enríquez y Pondal, del Rexurdimento cultural de Galicia. El libro, escrito en gallego, tiene reminiscencias de la antigua lírica gallego-portuguesa, especialmente de la popular, con notables innovaciones métricas, y protesta contra el centralismo castellano y la vida miserable del campesino gallego que le obliga a emigrar.
La intención que persigue la autora con esta obra es la apología de su tierra y de su lengua. Se propone demostrar, que el paisaje y las costumbres de Galicia son encantadores y que su idioma no es el que groseramente parodian.
Rosalía proyectaba sus cantares gallegos como el reflejo poetizo de su tierra. El libro nos presenta con gran riqueza la vida aldeana, que Rosalía conocía muy bien. Los cantares no son fundamentalmente lírica sino más bien épica, una epopeya popular de ambiente, con héroes populares individuales que reflejan diversas facetas del héroe que es le Galicia campesina.
La crítica, española y extranjera, ha aceptado unánimemente los Cantares como una obra maestra.
Viene después un periodo en el que Rosalía vuelve a la prosa y publica tres novelas:
Ruinas (1866), es un cuadro de costumbres, centrado alrededor de tres tipos humanos, tres habitantes de una pequeña villa, ejemplares por sus valores espirituales, que se sobreponen a su decadencia social. El estilo es llano, humor cordial, desengranado y generoso, agudamente satírico, se cierne sobre todo el relato.
Flavio (1867), es una narración romántica, de interés sociológico, los personajes principales están, dentro de su idealización, caracterizados con relieve, y hay una carga de pasión poderosa que revela una fuerza creadora de indudable autenticidad.
El caballero de las botas azules (1867), novela de fantasía satírica. En ella confluyen elementos de dos campos, por una parte, la libre imaginación y por otra, la sátira realista de costumbres. Pretende poner en ridículo la hipocresía, la locura y la ignorancia que reinaba en la sociedad. Presenta un afán por castigar a las gentes de irresponsables y necias.
La consagración
En 1880 aparece Follas novas, libro de poemas escrito también en gallego. En él Rosalía desahoga su corazón en estos poemas que revelan, con gran sinceridad y autenticidad, una visión sombría de la existencia humana.
En Follas Novas Rosalía contempla el éxodo de las gentes de Galicia que emigran para América. La emigración gallega es uno de los temas más constantes y sentidos de la poesía de Rosalía. Con inmensa tristeza los ve ir, pensando que no hay nada más doloroso que dejar la propia tierra en busca de un porvenir incierto.
La autora ve el mundo como adversidad, y la existencia humana como dolor, con toques intimistas. Algunos críticos lo consideran el mejor de toda su poesía gallega.
Después de publicar una nueva obra en prosa: El primer loco (1881), Rosalía de Castro irrumpe en la escena literaria de la época con la que se ha dado en llamar su obra maestra en castellano:
En las orillas del Sar, obra de versos de tono íntimo, de extraña penetración, cargados de nocturna belleza.
En este libro vuelve a tratar el tema de la inmigración, pero contemplado ahora desde un punto de vista diferente. Ya no ve la poetisa la marcha de los emigrantes, sino que piensa en los que se han ido y están ya en América. Y Rosalía, entristecida por su larga ausencia de la tierra, los llama para que se reintegren a la patria amada. Esta llamada, que tiene el dolor de una madre que se dirige a sus hijos extraviados por el mundo, se expresa en una serie de poemas que recoge bajo el título de Volved, que son lo más sentido y bello que se ha escrito en la poesía castellana sobre la emigración. No es Rosalía quien llama a los emigrantes, sino toda Galicia: es toda la tierra, su viento, sus ríos y sus bosques que se han quedado abandonados por los que se fueron.
En las orillas del Sar cambió de idioma. Sus poemas, desprovistos de cualquier esperanza, suponen un punto de partida de la lírica moderna. Rompen con las formas métricas de su tiempo y presentan unas imágenes religiosas inquietantes y muy poco tradicionales. Galicia sólo aparece episódicamente, aunque ciertas metáforas evocan realidades de su país que es preciso defender. La emoción personal ante la felicidad que nunca se consigue resume la tremenda inutilidad que implica la aspiración a la belleza sobrenatural.
Algunos de sus símbolos inspirarán a Antonio Machado. Por su parte, Juan Ramón Jiménez la sitúa entre los predecesores de la revolución poética iniciada por Rubén Darío. La crítica actual subraya un feminismo pionero en sus obras.
El sufrimiento es el protagonista de la obra de la poeta gallega, el sufrimiento en su múltiples manifestaciones. Junto a su tragedia personal –su origen y dos terribles enfermedades-, vibra en su poesía el sentimiento del dolor colectivo, la desolación de un pueblo abandonado por Dios y por sus compatriotas. La indigencia, el subdesarrollo de los campesinos gallegos, se vuelven materia poética, adquiriendo una fuerza que emana de su propia condición autobiográfica. Nada se retrata mejor que lo que se conoce por experiencia; Rosalía sabe de las amarguras de su pueblo, y las canta.
Pero, al mismo tiempo, canta también sus mínimas, cotidianas alegrías. Los tipos sociales de su tierra aparecen en esas rimas sencillas, embriagadas de un sentimiento romántico de la existencia: la campesina, el zagal que la enamora en un paisaje bucólico, surcado por las típicas rías, el gaitero, que engaña a las muchachas deslumbradas por su apostura y cortesía.
El amor, en la obra de Rosalía de Castro, no tiene connotaciones gozosas; no es jamás fuente de alegría, de felicidad. Y no podía serlo, si pensamos en su historia personal: el amor de sus padres, un amor castigado por la sociedad, que marcó su infancia, dejando un poso de amargura en su edad adulta. Su posición ante la relación de pareja es absolutamente negativa, a pesar de su armoniosa relación conyugal.
El amor, egoísta y efímero, huye, dando paso a la soledad. Este es otro de los temas predilectos de la poetisa; la soledad, la lejanía del ser amado. Su dolor no siempre es manso, callado; muchas veces se desgrana en sollozos que la ahogan, impidiéndole elevar su plegaria al Señor.
Pero el dolor no siempre está vinculado a la ausencia del ser amado. El sufrimiento suyo se identifica con el de su pueblo y de la vida entera de los seres humanos. El dolor de Rosalía no pertenece simplemente al mundo etéreo de la belleza artística, sino que está más metido en la terrible realidad de la vida, de la vida de Galicia, su tierra, que casi siempre le queda lejos.
Rosalía también se sentía desterrada. Desde una región distante, como era Castilla para ella, la poeta acompaña en su pesar a todos aquellos que ya no escucharán el trinar de los pájaros que arrullaron su niñez.
|