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SU OBRA

 

 


Sylvia Plath es una de las escritoras que más ha contribuido a cambiar el modo en que se piensa en la identidad de las mujeres, más allá de estereotipos y clichés. Los diarios nos restituyen, sin maniqueísmos, a esa "mujer silenciada", a la escritora cuya fuerza y coherencia había velado el ruido de la polémica. Y nos la devuelven mediante una palabra tensa, incómoda, dolorosa de leer, alejada de toda certeza, más real que la biografía más exhaustiva.

El mundo de Plath se nos muestra con toda la complejidad de un espíritu lleno de fuerza y creatividad que oscila entre la búsqueda de afirmación y amor y el sentimiento de opresión, de pérdida, de rechazo.
La angustia de una escritora insegura de su poder de expresión, persistente, sin embargo, en la necesidad vital de la literatura, tiñen las confidencias, con frecuencia descarnadas, de sus diarios. Sylvia Plath se acusa de utilizar "trucos arcaicos y monos'' o de caer en ridiculeces "exótico- románticas". Es sumamente crítica consigo en esa búsqueda de una expresión alejada de los arquetipos de la literatura femenina. Una "voz propia y profunda" que, sin embargo, está absolutamente clara en sus diarios desde el principio. Una mujer que en los siete últimos meses de su vida fue capaz de escribir una colección impresionante de poemas que la han situado entre las grandes escritoras del siglo XX. Su muerte violenta le abrió las puertas al Olimpo literario y al de los mitos de nuestro tiempo.

“El no ser perfecta, me hiere”, escribió Sylvia Plath en su Diario en 1957.  Sylvia fue una morbosa amante de la perfección.  Aquello o aquellos que  perturbaron la anhelada armonía de ese paisaje que ella se había prometido en el gran escenario donde sería la estrella sin competencia posible, caerían presa de sus versos, diseccionados con fruición.  Mas fue ella su presa perfecta.

Sylvia comprobó en su condición humana, el mayor y más cruel impedimento para aquella correspondencia perfecta que quería plasmar entre la vida real y sus poemas.  Y se volvió contra ella misma hasta finalmente destruirse.

Cuando Sylvia Plath se suicidó con gas, en la madrugada del 11 de febrero de 1963, el hecho tuvo escasa prensa. Era casi una desconocida. Su único libro de poemas, The Colossus, había pasado inadvertido para gran parte de la crítica. Las cosas han cambiado desde entonces. Las cambió Ted Hughes, y éste es un detalle que, a veces, se pasa por alto. La publicación de la obra de su esposa, iniciada por él con Ariel (1965) y que culminaría con Collected Poems (1981), estableció a Plath no sólo como la poetisa más aclamada de nuestro siglo, sino también como una superestrella cultural.

Sus primeros poemas son eminentemente personales, intensos y delicados. Su primer libro, “El coloso” (1960), único libro de poemas que Sylvia publicó en vida, expone la meticulosidad de su estilo. Poesía controlada y seria, pero su obra posterior muestra la influencia sobre la autora de nuevas angustias y problemas que la conducen a una poesía de dolorosas confesiones.

Pacto singular: durante su matrimonio, Sylvia es la ardiente propulsora de su marido, su mejor publicista. Luego de su muerte, que la conduce a una fama lúgubre y refulgente a la vez, será Ted el emisario del nombre de la cónyuge hermosa, abandonada y genial. De los Diarios de Plath faltan dos cuadernos finales: uno fue eliminado por Hughes, que se justifica diciendo, estremecedoramente, que "el olvido es una condición de la sobrevivencia"; otro, simplemente, "ha desaparecido".

“Ariel” (1965) está considerado como su mejor libro de poemas que, al igual que su poesía posterior publicada después de su suicidio, refleja un ensimismamiento y una obsesión por la muerte crecientes. Se dice que este libro contiene los poemas más hermosos del siglo XX norteamericano, firmados por una mujer que ha necesitado la traición de su marido para escribirlos.

“La campana de cristal” (1963), novela que se publicó en Londres en enero de 1963, un mes antes del suicidio de la escritora. Apareció bajo el pseudónimo de Victoria Lucas, porque Sylvia – que ya había publicado con anterioridad algunas de sus poesías – no estaba convencida del valor literario de la novela y porque incluía mucho material autobiográfico.
La novela es la crónica de un año en la vida de Esther Greenwood, el año de su depresión nerviosa y la terapia profesional siguiente, con ocasionales saltos en el tiempo hacia su época de estudiante, hasta la reintegración final de la protagonista en el mundo.

Otros libros de Sylvia Plath son “Cruzando el agua” (1971), y “Árboles de invierno” (19721). Escritos en un lenguaje provocativo y violento, maneja símbolos bíblicos, del mundo animal, de la magia negra y de lo fantasmagórico, y sostiene un estilo entre el imaginismo y el neo-romanticismo de sello expresionista.

“Cartas a casa”, 1950-1963, preparada por su madre y publicada en 1975, ayuda a comprender sus fuentes de inspiración y su desesperación.
Tan reveladoras como un diario, las cartas que Sylvia Plath dirigió a su madre cubren los años más importantes de su vida, desde su ingreso a la universidad en 1950 hasta unos días antes de su suicidio en 1963.
Carta tras carta, se van perfilando en estas páginas las emociones y los sentimientos de una escritora que ya es un mito de la literatura contemporánea. Desde los primeros momentos de euforia juvenil, pasando por el matrimonio, la maternidad y los momentos de angustia previos a la huida hacia la muerte, Cartas a mi madre recoge los pasos vacilantes y hermosos de una mujer que desfiló por su vida con arte de equilibrista, sabiendo a ciencia cierta que no había red capaz de protegerla.

Veinticinco años después de su muerte , Ted Hughes publicó "Cartas de Cumpleaños", un libro de poesías en el que revive con precisión de enamorado, los gustos, los colores, los amores, los temores de su mujer.

Rojo era tu color
Si no rojo, blanco
Pero rojo, con que te envolvías
Rojo sangre. ¿Era sangre?
¿Era rojo ocre, para calentar la muerte?

“Poemas completos”, ganó el Premio Pulitzer en 1982 y fue editado por su marido, en el año 1981.

“Johnny Panic y la Biblia de sueños”, libro de cuentos 1997.

"MORIR es un arte, como todo / yo lo hago excepcionalmente bien." La extraña y sobrecogedora jactancia de estas líneas de "Lady Lazarus", uno de los más célebres poemas de Sylvia Plath, remite sin embargo a la reflexión inevitablemente complementaria: vivir es también un arte, tan difícil como morir, y Sylvia Plath padeció su vivir como un arte descuartizador al cual nunca escamoteó su terquedad indomable, su equivocado coraje, el tenaz voluntarismo típico de los años 50, que ejerció sin desmayo a través de sus brillantes y trágicos treinta años. Producto del elegante y exigente Smith College, precoz ganadora de premios y concursos, incisiva, ambiciosa y enormemente dinámica, Sylvia Plath parece haber sabido desde el principio, sin embargo, que a través de su infatigable carrera hacia la obtención de un prestigio poético excepcional, lo que la aguardaba no era la consagración final sino aquel fatal desenlace.

 

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© José Luis Fernández