TANARRIO - COLLAO DE CÁMARA - PICOS DE CÁMARA (ida)

 

Punto de partida: Tanarrio.

Duración: 4 horas. Habría que añadir 2 horas 30 minutos ó 3 horas para el descenso.

Desnivel: 1.550 metros (aprox.).

Dificultad: Sencilla ruta apta para principiantes. A tener en cuenta el bonito desnivel que ha de superarse.

Características: 1.878 puede considerarse como el año en que se inicia la exploración botánica de los Picos de Europa. Antes de esta fecha apenas podrían reseñarse un par de esporádicos acercamientos centrados en esta faceta de la biología. El descubrimiento de las bellezas botánicas de estos escarpados macizos debe agradecerse a los suizos Pedro Edmundo BOISSIER (1.810 - 1.885), Louis François Jules Rodolphe LERESCHE (1.808 - 1.885) y Émile LEVIER (1.838 - 1.911), de la "Société botanique de Genève" (Sociedad botánica de Ginebra).

Fruto de las exploraciones botánicas de los años 1.878 y 1.979, Leresche y Levier, bajo la guía de Boissier, publican su obra "Deux excursions botaniques dans le nord de l'Espagne et le Portugal" (Lausana, 1.880). Entre los estudios y descubrimientos de estos primeros exploradores botánicos de los Picos de Europa, destaca la catalogación de la Pimpinella siifolia. Leresche.

El 8 de julio de 1.878, parten de Potes con dirección a Camaleño. No lejos de este pueblo, en las praderías de Las Borias, donde el río Belondio cede sus aguas al cauce principal del río Deva, abandonan los plácidos recorridos por el Valle de Camaleño (Liébana). Alcanzan el pueblo de Tanarrio, en la margen izquierda del río Belondio y se adentran en las boscosas laderas sureñas del Macizo Oriental de los Picos de Europa. Por encima de la línea de bosque se extiende una amplia franja de pasto alpino. Sobre ella se yerguen altivas torres que elevan sus cimas hacia el azul cielo lebaniego. Entre las innumerables flores que tapizan los verdes pastos, escondida a los pies de un coteruco, encontraron la Pimpinella siifolia. Leresche. Este descubrimiento supuso el hallazgo más relevante de su exploración. El estudio les llevó a los Puertos de Áliva, donde dieron por finalizada la jornada.

Cien años más tarde, la Sociedad botánica de Ginebra organizó la celebración del centenario de esta exploración. Colaboró en la organización el grupo de montaña gijonés Torrecerredo. En la revista que edita el grupo se da cumplida cuenta del evento, recogiendo unas conferencias a cargo del P. Manuel Laínz, experto en la materia.

 

 

Descripción:

Accesos

El Collao de Cámara llama la atención desde la misma villa de Potes. Al Noroeste, donde el Macizo Oriental cede en bravura, una verde y amplia collada desgaja de su núcleo kárstico el modesto cordal de Cumbre Abenas. Por detrás de esta cóncava línea irrumpe una pirámide natural, un macizo bloque de blanca caliza, modelado por la acción erosiva del aire y del agua. Esta perfecta figura, que se corresponde con la representación mental del ideal de montaña, pertenece a los espolones sudoccidentales de Peña Vieja (Macizo Central). Gracias a la suavidad y placidez del Collao de Cámara, pueden disfrutar los vecinos de Potes de una puerta abierta a Los Urrieles.

Se remonta el Valle de Liébana por la "carretera de Fuente Dé", así denominada popularmente por dirigirse al teleférico construido en el nacimiento del río Deva. Este curso fluvial va a ser nuestro compañero de camino durante unos ocho kilómetros. En el pueblo de Camaleño la carretera pasa a la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del río. En cuanto se dejan atrás las casas del pueblo, no tarda en encontrarse un disimulado cruce. A mano derecha arranca el ramal asfaltado que comunica los pueblos de Tanarrio y de Brez.

Tanarrio - Peñón de Cuardes - Cueva Masera - La Campa (1 hora 20 minutos)

El valle del río Belondio es uno de los valles secundarios que se desgajan del tronco principal por el que discurre el río Deva: el Valle de Camaleño. En las laderas sureñas del Macizo Oriental se forman infinidad de riegas, cuyos cauces dan forma a una sucesión de pequeños valles, que se alinean paralelos, en su breve descenso a la cuenca principal del río Deva. En cada una de estas vaguadas se asientan uno o más pueblos. Las extensas manchas forestales ceden terreno a favor de las praderías. En esta hermoso juego de tonalidades se intercalan los rojos tejados de los invernales y los más compactos conjuntos de los núcleos rurales.

Tanarrio es un pueblo de montaña lebaniego sito en la margen izquierda del río Belondio. Vive al abrigo del sector más escarpado e inaccesible del Macizo Oriental. Esta ingente muralla de torres calizas, que se eleva por encima de los dos mil metros, tiene un evidente influjo en el clima del valle. Puede hablarse de un microclima, que se refleja en la convivencia de encinas y alcornoques con bellos ejemplares de robles y hayas.

En las laderas de la margen derecha del río Belondio se asientan las casas de Redo. Este pueblecito de montaña no tiene comunicación con Tanarrio por carretera. Un antiguo camino baja desde Redo al río Belondio. Remonta por la ladera contraria, perdiéndose entre las praderías de las primeras y solitarias casas de Tanarrio. Es uno de tantos caminos lebaniegos que interconectaban los pueblos de la montaña.

Junto a Redo se encuentra el pueblo de Mogrovejo, que cuenta con una torre medieval. Está un poco desplazado del valle del río Belondio. El acceso a Mogrovejo parte de la carretera de Fuente Dé. En Los Llanos, a mitad de camino entre Potes y Espinama, se coge el desvío para Mogrovejo. Esta misma carretera de montaña es la que continúa hasta el pueblecito de Redo.

En la cabecera de la vaguada, entre el espeso verdor de los poblados bosques lebaniegos, irrumpe una peña caliza. La blanquecina tonalidad de su roca resplandece entre la homogénea mancha forestal, erigiéndose como uno de los "jitos" naturales más emblemáticos y llamativos del macizo. Este pequeño cotero, el Peñón de Cuardes, marca el límite del Parque Nacional de los Picos de Europa. En su entorno se esconden las últimas praderías del pueblo, por cuya vera asciende pausadamente el camino del Collao de Cámara.

La ruta se inicia en Tanarrio. La carretera por la que se llega al pueblo lo rodea por la derecha. En las revueltas que va dando se da vista a la pequeñita iglesia. Más arriba, en una curva a la derecha, arranca una empinada rampa hormigonada. Al pie de una encina se ha habilitado una explanada como aparcamiento. Ha de tenerse cuidado para no interrumpir el paso al inclinado prado contiguo. La carretera se aleja, dirigiéndose a su final a las puertas del pueblo de Brez.

Los primeros pasos sufren la dureza de la corta rampa hormigonada que sube al pueblo. Al finalizar el insignificante repecho se llega a una casa solitaria. Está dedicada a la memoria de los abuelos de J. Rojo (año 1.974). Apenas cien metros llanos, entre huerta y pradería, la separan de las viejas casas de Tanarrio. Al llegar a éstas se sube por el ramal de la derecha. Se acerca a la parte alta del pueblo, donde conviven las nuevas construcciones con una antigua edificación cuasi señorial. Cuenta con un patio delantero interior, en torno al que se encuentran la cuadra, la entrada a la bodega y la vivienda. Una verdadera casería totalmente autosuficiente. Aprovechan los productos de sus rebaños y el zumo de sus vides. Con un tradicional alambique se garantizan el aprovisionamiento anual de orujo casero lebaniego. Al lado de la bella entrada de la casería se encuentra una nueva bifurcación. Se toma la pista que sale a mano izquierda, sobre la más moderna casa de veraneo, ganando altura por las laderas boscosas del río Belondio.

El cómodo ascenso inicial se traduce en un apacible paseo entre praderías y bosques de robles y alcornoques. Una línea de postes lleva la energía necesaria a una gran mansión. Aislada en la inmensidad del bosque no carece de ninguna comodidad. Dispone de piscina e incluso de helipuerto. Desde las alturas llega a destacar más que el mismo pueblo de Tanarrio.

Pasada la mansión, la pista pasa junto a la Ermita de San Facundo. Sita en una pradería particular, bien pasa por un gran invernal. El frontal característico de este tipo de construcciones religiosas, aparece oculto entre la maleza, el seto y los árboles que van delimitando la pista.

Sigue un buen repecho antes de alcanzar el punto más conflictivo de la ruta. La pisada y amplia pista que se trae, acomete una nueva rampa, con tendencia hacia la derecha. En el arranque del repecho quiere adivinarse una pista que continúa en llano. Anegada por la llamarga no invita a seguirla. Sin embargo, es ésta la que busca las praderías de Cuardes.

Respecto de la pista principal, decir que sube hasta unos prados, no lejos del desvío, donde se encuentran los primeros invernales. Difuminado su trazado entre las praderías, va ganando altura hasta situarse en la base de la cuesta que cae de los contrafuertes del Macizo Oriental. Muy marcada nuevamente, inicia una larga travesía hacia el Este. Llega a los invernales / casería de Rojas y afronta el descenso final hasta el pueblo de Brez, recogiendo una segunda pista que viene de Las Allemas (en la cabecera del valle de Lon).

A los pocos metros del conflictivo cruce, entra una pista por nuestra derecha. Este ramal comunica con la pista principal desechada. El bosque va cediendo en frondosidad y empieza a ganar terreno el matorral. El aromático orégano y la rica manzanilla se hacen notar entre la infinita variedad de flores que anuncian la riqueza botánica del lugar. Las suaves laderas se tornan más pindias y peladas. El curso del río, aunque lejano, se hace más presente. La pista se estrecha hasta devenir en buen camino carretero; sin embargo, conserva el ancho suficiente para el paso de los tractores.

Enfocando el Peñón de Cuardes, se encuentra una pista que baja a mano izquierda. Se sigue por el tomado camino de la derecha. Más arriba ha de obviarse la entrada a las praderías de Cuardes, y seguir ascendiendo bordeándolas por la derecha. Un tupido bosquete de avellanos se cierne sobre el camino, formando sombríos túneles naturales que rehúyen el sofocante calor de los valles lebaniegos.

El sendero deja atrás la compañía de los avellanos y se difumina por una tomada campera. Una línea recta que se intuye claramente entre los helechos marca la ruta a seguir. El paso de hombres y animales impide la proliferación del helecho sobre el trazado del sendero. Al final de la cuesta se forma una colladita. La acongojante presencia de los imponentes espolones que caen de las excelsas torres calizas que se recortan en los azules cielos lebaniegos, se acompaña del silencioso murmullo de una atormentada riega. Todo el macizo parece comprimirse sobre su cauce. Por primera vez se alcanza a ver el tortuoso fluir del río que ha horadado tan bello valle. Los diversos cursos de agua que discurren por las escarpadas montañas cantábricas, reciben distintas denominaciones en función de los lugares por los que pasan. Así, cualquiera de estas riegas estará sujeta a uno u otro topónimo, según el tramo a que nos refiramos. La riega a que ahora se da vista, es una de las principales de las que alimentan el río Belondio. Pueden encontrarse referencias a ella como riega de Piedras Negras, por tener una de sus surgencias en dicho lugar.

El sendero remonta a la par de la referida riega. En las peñas que van cerrando su cauce por la derecha (sentido ascendente de la marcha), se oculta una covaracha. Éste agujero de reducidas dimensiones fue de reconocida utilidad pastoril, como la mayoría de las cuevas que se encuentran en los Picos. Pese a su tamaño, el topónimo de Cueva Masera es una de las referencias más renombradas de las rutas que por aquí discurren.

Se continúa ganando altura por el estrecho pasillo delimitado entre la riega y las peñas de la derecha. Algo más arriba este pasillo se estrecha, obligando al sendero a cruzar a la orilla izquierda del arroyo. No se tarda en abandonar su compañía. Una evidente senda busca la loma que cierra la vaguada por la margen por la que ahora se remonta. Alcanza el canto por encima de la línea de avellanos que ha venido acompañando nuestro caminar a la vera del arroyo.

La pisada senda ha de abandonarse en cuanto se sale a la loma a que se dirige. Luego ha de continuarse por la cada vez más abierta llomba. Entre la crecida hierba se distinguen los restos del sendero. Con este ligero desvío del cauce de la riega, se trata de evitar un angosto estrechamiento por el que se precipita la incipiente torrentera. En las escarpadas laderas de la margen contraria, se destaca un frecuentado sendero terroso que busca la plataforma superior del salto de la riega. Esta vereda puede ser interesante si se sube desde el pueblo de Brez.

Hacia el Noroeste se remarca una escabrosa canal. Entre la abundante vegetación y las matas que garantizan la regeneración del bosque, se forman pequeños saltos. Un arroyo fluye a la superficie, humedeciendo la oscura roca de la canal. Ésta emboca hacia los espolones del sector más occidental del Macizo Oriental. Agarrándose a las peñas que delimitan la canal por sus flancos, se sostienen las últimas hayas del poblado bosque que domina los valles inferiores. Una vez fijada la ubicación de la Canal de Cardéu, ha de reseñarse que el camino no la ataca directamente, sino que da un largo rodeo para evitar los saltos de su parte inferior.

La loma por la que asciende el sendero, se dirige hacia unas rocas pardas que la cierran por arriba. Sobre ellas se asienta el Monte Cardéu, a la derecha de la canal homónima. Al pie de las oscuras peñas, el camino, de nuevo muy marcado, inicia una travesía hacia la derecha. Sale a una poco marcada vaguada. Al otro lado de la loma que la cierra por el Noreste, se encuentra La Campa.

La Campa es un enorme circo que recibe los aludes de la Canal de Lechugales. Estos desprendimientos de nieve, sorprendieron en una primavera al ganado que se dirigía al puerto, sepultando un número importante de vacas. La Canal de Lechugales es el vasto canalón que remonta hacia el Norte-Noreste. Sus circos cimeros se pierden en las alturas entre el conjunto de paredes de la "berruga" de la Morra de Lechugales y la arista de Silla Caballo Cimero.

La hondonada de La Campa es un lleráu. Las graveras se extienden por todo el circo, predominando la piedra suelta sobre la vegetación. Al Noreste arranca la Canal de Ontuje de Tanarrio. En una llanada que se forma en la parte baja, entre las peñas de la derecha del herboso canalón, se encuentra Piedras Negras, así llamada por la tonalidad de las piedras allí asentadas. En su entorno se van configurando las nacientes riegas que van a dar vida, aguas abajo, al río Belondio. Estos arroyos fluyen por el pedregoso terreno de La Campa, precipitándose por el estrecho salto que el camino descrito ha evitado. Este estrechamiento se forma en el embudo inferior del ingente cuenco de La Campa.

Respecto de la rectilínea Canal de Ontuje de Tanarrio, decir que se caracteriza por el manto de largas hierbas que la recubren. Remonta bajo los paredones de La Tabla, dominados por la anaranjada pared del Mermeju La Tabla. Por la vertiente contraria asciende otra canal homónima, también dominada por la hierba. Esa vertiente de la peña pertenece al pueblo de Lon, de ahí que haya que referirse a ella, en caso de querer distinguirla de aquélla, como Ontuje de Lon. Entre las colladas cimeras de ambas canales, se forma una cuenca que las separa. Su cóncava configuración se estrecha en un embudo por el que se precipita un impracticable canalón. Una pared de ingentes proporciones la cierra por el Noroeste, convirtiéndola en un horno durante el caluroso estío. Brez, el tercer pueblo en discordia tiene acceso directo a este hermoso rincón, por la Cuesta Parvolín.

La Campa - Canal de Cardéu - Fuente Pozán - Cotero de los Placeres - Collao de Cámara (1 hora 20 minutos)

Situada la descripción de la ruta en una reseca vaguada paralela a La Campa, conviene apuntar dos notas para reubicar el sendero. Entre la mancha boscosa del Monte Cardéu y el circo pedregoso de La Campa, se configura una difusa valleja. En días de fuertes lluvias acumula algo de agua que se precipita sobre el salto de la riega de Piedras Negras. El tramo de marcado y amplio sendero que salvaba una corta travesía bajo las en su momento referidas peñas pardas, muere en esta valleja. Sin sobrepasar nunca la loma que la separa de La Campa, adonde se dirige el sendero utilizado por el ganado para adentrarse en el inmenso mundo de Ontuje y de Lechugales, se continúa vaguada arriba. Sin apenas rastros del camino de Áliva, el repecho se hace pesado por la inclinación del terreno. Se va ganando altura en dirección a las peñas que cierran la parte superior de la vaguada. Nunca ha de perderse de vista la boscosa ladera de la izquierda. A esta mano se retoma el buen camino. Una ascendente travesía, que está de pasar, se adentra en el bosque. El desvío se encuentra casi al final de la subida. Se encuentra algo de llamarga antes de la travesía. El suelo presenta grandes calvas. Roca oscura que se rompe fácilmente, formándose una película de gravilla. El bosque presenta una abertura como queriendo indicar el punto por donde se adentra la senda.

Una vez que se acierta con el desvío, el camino vuelve a estar muy pisado. A la sombra de un bonito hayedo, cuyo frescor permite descansar del sofocante calor de la vertiente sureña de este macizo, se continúa la travesía. Finaliza bajo una peña caliza que da paso a la Canal de Cardéu, fuera ya de la compañía del bosque.

Se remonta toda la canal. En tramos el sendero se difumina entre la hierba y se hace difícil de seguir. En todo caso decir que busca la parte izquierda de la canal. En las amplias laderas superiores vuelve a encontrarse otro camino que se presume muy transitado. Corta la salida superior de la Canal de Cardéu de izquierda a derecha, hacia una collada donde aún resisten las últimas hayas. Siguiéndolo se puede acceder a las Traviesas de Somajía. Estas traviesas discurren sobre la franja rocosa que cierra el circo de La Campa por el Norte. Atraviesan la parte inferior de la Canal de Lechugales para salir a Ontuje de Tanarrio a media altura, junto a una cueva para el ganado.

Por su parte, el difuso sendero que sale de la Canal de Cardéu, va tendiendo hacia la izquierda. Se dirige a la Fuente Pozán. Se trata de un manantial donde nace la riega que emboca la Canal de Cardéu. Su caudal es insuficiente para fluir por la superficie. Se sume antes de adentrarse en la canal, aflorando en los saltos inferiores. Siguiendo su curso o intuyendo su cauce, se llega a la Fuente Pozán. El agua brota en abundancia encharcando el terreno. Se esconde en la parte inferior de un canchal, formado por los desprendimientos de los afilados espolones del Oriental. Entre el manantial y la homogénea sucesión de verticales desplomes, se abre un nuevo lleráu. Un pequeño nevero, se conserva hasta bien entrado el estío, gracias a la gran acumulación de nieve que se desgaja de las paredes superiores.

La salida de la fuente se efectúa por la izquierda, bordeando el canchal que la preside (apenas se andan unos metros al Sur hacia la loma que nos cierra por esa mano, para ir girando al Oeste). De nuevo las oscuras calvas cubiertas de oscuro grijillo se hacen presentes. Recuperado el manto herboso, restos del sendero invitan a adentrarse en una vallejuca . Se sigue en toda su longitud hasta salir a la collada superior, recuperando las bellas vistas hacia el Valle de Liébana.

Recorriendo toda la loma que se extiende a la derecha de la collada se llega al Cotero de los Placeres. En los alrededores de este peñasco encontró la expedición de Boissier lo que después pasaría a los anales de la botánica como pimpinella siifolia. Leresche.

Debajo del cotero se coge un buen camino. Sin posibilidad de pérdida y con un ancho que le asemeja a una mala pista abandonada, se dirige al Collao de Cámara. Acomete una larga travesía cortando las laderas que caen de los Picos de Cámara. Siempre se va dando vista al collado que les da nombre. El amplio canalón herboso que va quedando a nuestros pies es la Canal Mayor. Abajo, nuevamente el valle, tomado por los extensos bosques lebaniegos. En la travesía habría que hacer mención de la Fuente Parida; pero en la actualidad es raro encontrarla con agua, sobre todo en los meses veraniegos. Cuando se pregunta a los viejos del lugar por esta ruta, no dudan en cantar las alabanzas de este manantial. En la actualidad la realidad no parece coincidir con lo narrado por los antiguos pastores.

El camino llega al Collao de Cámara, donde se une a la línea eléctrica que en tramos pasaba sobre su trazado. Ha de saltarse una alambrada y ya se da vista a los inmensos Puertos de Áliva.

Collao de Cámara - Picos de Cámara (1 hora 20 minutos).

El Collao de Cámara (1.706 m.) da paso a los ya reseñados Puertos de Áliva. Recoge una pista que viene desde este vasto pastizal alpino. Separa Cumbre Abenas del sector occidental del Macizo Oriental. Las últimas cumbres del núcleo central de este macizo (o las primeras según se mire), que se levantan por encima de los dos mil metros, son los Picos de Cámara.

Nuestro objetivo es el primero de este conjunto de peñas calizas. Para ascender a él basta coger una pista que sube, desde el Collao de Cámara, a mano derecha. Sigue la línea de la alambrada que recorre la collada. Enseguida se deja y se empieza la subida a la peña. Al principio se entra en una plataforma muy abonada gracias a la abundancia de excrementos del ganado. Es frecuente encontrar gran cantidad de setas en los meses propicios.

A medida que se va ganando altura, la caliza empieza a adueñarse de la ladera. No hay un camino definido, pero sí múltiples rastros de los bichos. Zonas de llambria pueden obligar a echar las manos al suelo, sin embargo la ascensión no plantea mayores problemas. Basta ir buscando el terreno más favorable y subir, y subir...

Por la derecha delimitan la cuesta abismos infinitos. Por la izquierda sorprende la bella presencia del Macizo Central, dominado por la Peña Vieja. La ladera se va estrechando hasta finalizar en el coteruco calizo de la cumbre (2.194 m.). Al Noreste se extiende la línea ascendente de cumbres que va configurando el Macizo Oriental. Pero este primer promontorio está incomunicado del resto. Una interesante caída, sobre la horcada que precede a las demás torres del cordal, impide seguir progresando. Caso de querer dirigirse a estas otras torres habrá que desistir de esta cumbre y atravesar las laderas que vierten al valle del río Duje, el que nace allá abajo en los Puertos de Áliva.

 

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