CIEN - VEGA DE COLÍN - JORCÁU LLAGU - LA TRENCIA - COLLAO ROBRU - ABOGUERO - PICO LA CUESTA - LA COLLADA - SAN ROMÁN - CAMINO DE COLÍN - CIEN (circuito)

 

Punto de partida: Cien (Amieva).

Duración: 5 horas 30 minutos.

Desnivel: 700 m. (aprox.).

Dificultad: Fácil (Iš). En general, la ruta discurre por terreno herboso e inclinado. En la cresta somital de la montaña se intercala alguna trepada puntual en los límites del segundo grado (IIš). No obstante, la modesta altura de esta montaña, el hecho de que no pueda hablarse propiamente de marcha de aproximación (prácticamente desde el inicio el itinerario se interna en los entresijos de esta voluminosa montaña, buscando las horcadas, pandas y canales que la hacen vulnerable) y el tránsito aún frecuente de cabras y ovejas que garantiza la conservación del rastro de los terrosos senderos que flanquean la peña, invitan a rebajar el nivel de exigencia del recorrido ampliándolo a esa difusa categoría de "principiante".

Características: El Aboguero irrumpe en un plano cuadrangular delimitado por los pueblos de Amieva, San Román, Cien y Ceneya. Trepa hacia la barrera de los mil metros desde las mismas orillas del río Sella. La Collada, de Amieva (para los de San Román) o de San Román (para los de Amieva), desgaja esta isla caliza de las Sierras de Amieva y Bescoba / Viscoba.

Este privilegiado aislamiento otorga al Aboguero su perfilada fisonomía. Afiladas crestas, verticales paredes, inclinadas faldas herbosas, colgadas canales, valles y pequeñas sierras estructuran su heterogénea uniformidad. Su cambiante faz alterna desde la perfección cónica que proyecta sobre El Beyo, hasta la dualidad cromática que responde a la fusión visual de planos entre la eterna claridad de la caliza y la estacional tonalidad de la cuesta adyacente.

Su posición aislada no sólo individualiza la montaña destacando sus perfiles, sino que además aleja toda barrera natural que pueda entorpecer una de las panorámicas más variadas de este sector del Precornión. En el Oeste, irrumpiendo tras los diversos cordales que emergen sobre la margen izquierda del Sella, reconocemos la inconfundible silueta del Pierzu. Caracteriza esta montaña la mancha boscosa que se aferra a sus inclinadas laderas.

En el amplio abanico visual delimitado entre los pueblos de Cien y San Román (Noroeste), la Vega de Colín va a ser el referente durante parte del ascenso. Abajo en el Sella caen las tuberías que alimentan la central de Camporriondi, boca de entrada a un breve encañonamiento del río. La plana meseta calcárea de la Mota Cetín se recorta en el horizonte en línea con la serpenteante abertura de esta cuenca hidrográfica.

Al Norte podemos situar el pueblo de San Román, en las faldas de la Sierra Viscoba. La Sierra de Amieva, continuación natural de aquélla, aguantará paciente a que doblemos hacia la vertiente de Amieva.

Mas la excelsa majestuosidad de la alta montaña tiene reservado un lugar de privilegio. La más marcada depresión de este submacizo del Precornión, la Collada de Angón, es una ventana abierta a las vertientes del Dobra, colgadas playas en la antesala de los grandes jous, cubetas modeladoras de las caídas occidentales del Cornión. La riqueza cromática alcanza cotas insuperables. Las verdes praderías de La Cotada de la Visitancia, aislan pequeños reductos forestales que matizan sus colores al compás de las estaciones. La hoja caduca, que abraza la Cabeza La Texa y recubre los valles adyacentes, también contrasta con una caliza refulgente recubierta del blanco manto nival gran parte del año.

Mientras nuestra mirada sigue rolando al Sur, descubre el Canto Cabronero y el Valdepino, señores indiscutibles del Precornión.

El círculo se cierra en el Sella, límite natural de los Picos de Europa. Un pequeño pueblo se recoge al abrigo de los últimos contrafuertes del Aboguero. Ceneya es la puerta de entrada al Desfiladero de los Beyos. Dos grandes baluartes comprimen esta escupidera del Sella: la prominente cima del Canellín y la más voluminosa mole del Carriá. A través de las entrañas de tan angosta garganta alcanzan a verse hasta las vertiginosas líneas del Niajo, en la otra punta del Beyo, que parecen tragarse el curso alto de este indómito río.

Durante el recorrido apenas encontraremos otra cosa que animales domésticos y pequeños pajarillos. Entre la fauna salvaje puede tenerse la suerte de contemplar al alimoche en vuelo. Este buitre es fácilmente reconocible: cola en cuña, cuerpo blanco y punta de las alas negras. Es un ave migratoria. Llega a primeros de abril a nuestras tierras, procedente de sus cuarteles de invierno en las sabanas africanas.

 

 

Descripción:

Accesos

En Cangas de Onís se coge la N. 625, más conocida como carretera del Pontón (en la localidad leonesa de Riaño si se viene de Palencia o de León). Remonta imperfectiblemente el curso del río Sella, recorriendo las distintas vegas de su curso medio.

El pueblo de Cien se encuentra ligeramente desplazado de esta carretera general. El corto ramal que a él llega se sitúa a unos quince kilómetros de Cangas de Onís, entre las localidades de Vega de Cien y Ceneya (puerta del Desfiladero de los Beyos y donde, a su vez, arranca la carretera que sube al pueblo de Amieva).

Cien - Vega de Colín (45 minutos)

El ramal de entrada al pueblo muere en una pequeña plazoleta. Un caño intenta extraer parte del agua recogida en un depósito hundido en un receptáculo rectangular habilitado en un rincón de la explanada. Un hórreo recibe al visitante, construcción típica del ámbito rural asturiano. Por encima, en la lejanía, quiere verse la cumbre del Porru el Collao la Cueva, en la Sierra Bescoba.

No es el único hórreo del pueblo. Por el lateral derecho del pueblo se sube a una segunda plazoleta, donde descubrimos otro par de estas construcciones -predominantemente- de madera. Se sigue ascendiendo hasta la parte alta del pueblo (puede atajarse por una estrecha y pindia callejuela semioculta entre la maleza). Es la zona más sombría, resguardada del sol por la prolífica vegetación. Higueras, plantas arbustivas y algún ejemplar arbóreo desligado de la pequeña mancha boscosa colindante se adueñan de las hormigonadas callejuelas de este rincón del pueblo. Exuberancia vegetal que trata de borrar las huellas de una parte olvidada del viejo Cien, condenada a un irreversible deterioro ruinoso. Juegan los niños entre los hórreos, asustando gallinas, patos e, incluso, raras especies más exóticas. En un cercado de las fincas contiguas apenas se revuelve un cerdo en proceso de engorde, vestigios cada vez más infrecuentes de las tradicionales economías rurales de subsistencia.

Se deja el pueblo por una asentada pista. En un alto, en el extremo de una collada, está La Pandiella. Esta casa se ha construido en un enclave privilegiado. Preside los tejados de Cien, dominando las fértiles vegas de la vera del Sella.

La pista sigue la cuerda de la collada, entre los cierres de las praderías. Gira en una pronunciada revuelta hacia el Este, embocando visualmente la tajada de Los Beyos. El Canellín muestra su cara más salvaje, con vertiginosas canales herbosas descolgándose desde su cima. Grandes torretas de la luz desmerecen una vista hermosa.

La pista transita entre los lindes del boscaje y las praderías. De suave desnivel, afronta una segunda revuelta, en los canchales desprendidos de los contrafuertes inferiores del Aboguero. Se interna efímeramente en un umbrío castañéu. Un fresco bebedero otorga una última oportunidad a aquellos montañeros descuidados que llevan sus cantimploras vacías.

Cerca se encuentra una tercera revuelta, en un claro del monte. Se recupera contacto visual con las casas de Cien y del más empozado pueblo de Vega de Cien. Al fondo la inconfundible meseta cárstica de la Mota Cetín. Los largos tornos que traza la pista aseguran el suave desnivel de la moribunda pista.

Ésta se interrumpe frente a una pradería. Una pedregosa caleya sube por su lateral izquierdo, pegada al monte. Corto repecho que sale a una abierta campera en forma de falsa collada. El sendero se difumina entre el pasto. Asciende suavemente divergiendo de la loma de la collada. Deja a la derecha otra reducida mancha forestal. Un camino se adentra entre el arbolado, comunicando con una escondida cabaña. Nuestro sendero mantiene la dirección, encaminándose a una ladera de bloques pétreos. Sube a la collada que se forma a la derecha del xerro que nos cierra por el Noreste, justo por donde discurre la línea del tendido eléctrico.

Por toda la inclinada ladera serpentea el viejo camino, alternando tramos en que recupera su antiguo empedrado con tramos en que se altera su encauzado trazado afectado por los argayos y la erosión debida al agua de lluvia. Se arrima a los grandes peñascos, desgajados de las altas paredes del Aboguero.

Devolando la collada se entra en la Vega Colín (521 m.), una cubeta circular bajo las faldas herbosas del Aboguero. A nuestra espalda, el Pierzo despunta tras los cordales de la margen izquierda del Sella. Un xerro calizo delimita todo el costado izquierdo de la hondonada de Colín. Por detrás, hacia el Norte, emerge la Sierra Bescoba. Al Noreste un marcado porro, desgajado de los crestones norteños del Aboguero obliga a replantearnos la toponimia de nuestra montaña (análisis que remitimos al apartado siguiente).

Una descuidada muria perfila el contorno de la tomada vega. Hace un extraño escorzo en un lateral para dejar fuera de sus lindes un grupeto arbustivo. Buscamos el Llagu Colín en una dolina próxima a la entrada del Prau (Vega) Colín. Hundimiento engañoso de la campera, más ligado a las corrientes subterráneas que a los ecosistemas lacustres. La charca se sitúa algo más atrás, precisamente oculta entre el puñado de arbolucos antes apuntado.

Vega de Colín - Jorcáu Llagu (45 minutos)

Disetación toponímica

Aboguero es el topónimo que los vecinos de Amieva otorgan a este bastión que se alza desafiante al Este de nuestra posición. Estas gentes observan la peña desde la vertiente opuesta, menos escarpada. Entre el pueblo y la caliza del Aboguero se interpone una cuesta piramidal que proyecta una de sus lomas sobre el río Vallegón, prieto embudo fluvial en los bajíos del valle de Amieva.

El Pico la Cuesta ( o Cuesta Valles) oculta parcialmente la caliza del Aboguero a las miradas del valle de Amieva. Al mismo tiempo, esta definida cuesta (que es la que en realidad enlaza con la Sierra de Amieva a través de La Collada) también impide ver, desde sus laderas orientales -a cuyos pies se asienta el pueblo de Amieva-, el marcado porro que se individualiza en los contrafuertes del Aboguero, al que ya se ha hecho mención.

Por el contrario, los vecinos de San Román, familiarizados con este peñasco (906 m.), alteran la toponimia del pueblo vecino. Desde la Ería de San Román, desde las faldas de la Sierra Bescoba o desde el Camino de Colín, este bolo adquiere vida propia. Una profunda horcada lo aisla de la montaña en que se integra, otorgándole una peculiar identidad.

En San Román utilizan el topónimo "Aboguero" para designar a este peñasco; en tanto que a la montaña madre en que se integra, la llaman La Corona (1.042 m.). El cortante crestón dentado que cae en arco -dando forma al Jorcáu Llagu- al Oeste de la cresta somital de la montaña, son Los Cubertores. Riqueza toponímica para designar una variedad orográfica que no concuerda con las formas que la montaña proyecta sobre el pueblo de Amieva.

Observamos, pues, cómo las distintas caras de las montañas dan lugar a una variedad toponímica ligada a las divergentes perspectivas en que se sitúa el observador.

Descripción del terreno

La Corona (nombre con que designaremos la montaña que en Amieva llaman Aboguero a partir de ahora) es, pues, la peña que se eleva al Este de la Vega de Colín. La cresta -digamos- Norte, va trazando una semicircunferencia que envuelve la hondonada de Colín de Este a Norte, hallando continuidad en el xerro que la baja delimitando por el Noroeste.

En un falso hombro de la cresta somital se aprecia una doble collada. Es el punto de salida de una marcada diagonal herbosa descendente que corta la pared occidental de La Corona de izquierda a derecha. Se abre en la parte inferior (en las proximidades del Jorcáu Llagu) en abanico sobre las faldas de la montaña, laderas herbosas que fluyen hacia la Vega de Colín.

A la izquierda de aquel hombro la cresta cae sobre la horcada que propicia la individualización del peñasco que en San Román llaman Aboguero.

En el punto de confluencia del canto que baja del Aboguero y del xerro que delimita la Vega de Colín por el Noroeste, se encuentra la collada por la que devola el Camino de Colín. La línea del tendido eléctrico va marcando los diferentes puntos de paso del camino.

La arista que se forma a la derecha del punto somital de La Corona (1.042 m.) aparenta más vertical y afilada. La cuerda cimera de la montaña se orienta inicialmente al Sudoeste. De ella se desgajan dos crestas principales (y otra secundaria de la que se hará mención en su momento y que cae sobre la Sierra de La Trencia). Una baja al Sur sobre el Collao Robru, pero desde nuestra posición no puede verse al quedar tapada por Los Cubertores. La otra, que se corresponde con este topónimo, se desgaja al Oeste de la cresta cimera. Su filo cae en cascada sobre una profunda brecha, al Sudeste de nuestra posición (Jorcáu Llagu). Esta quebrada, visualmente cegada por una pequeña aguja, interrumpe el crestón de Los Cubertores. En la peña de su derecha arranca una más modesta cresta caliza descendente, que ya tiene continuidad hasta romper en vertical sobre la praderías de Cien.

Descripción de la ruta

Una vez ubicada la posición del Jorcáu Llagu el montañero está en condiciones de reemprender la marcha. Entra en la Vega de Colín, pasa junto a la dolina formada al inicio del prado y continúa hasta la charca. Mantiene el rumbo hacia el Noreste, en dirección al peñasco del Aboguero. Al otro lado de la vega el difuso sendero se interna en una poco definida vaguada. La recorre en toda su integridad, abandonando definitivamente el Camino de Colín, que se desvía -en la parte alta de la vaguada -hacia la izquierda, entre las cotoyas, en dirección a un roblucu solitario. El desvío no está nada claro, acosado el desusado camino por los helechos y cotoyas; mas basta guiarse por los postes de la luz para fijar la horcada de paso a la vertiente de San Román.

Mal guiado por los restos de múltiples veredas de ovejas y cabras, gana altura por una vaguada que se desvanece en la ladera. Sigue subiendo por la derecha de un canto con afloramientos calizos que baja directo del Aboguero. La dirección es clara, la horcada que se forma entre este porro y los contrafuertes de La Corona. Se trata de ir ganado metros, hasta situarse casi a la altura del Jorcáu Llagu, cuya brecha ya se destaca al otro lado del faldón de la montaña, libre ya de la aguja que entorpecía visualmente su tallada abertura.

Cuando nuestro montañero ha ganado la altura necesaria, inicia el largo flanqueo por toda la base de La Corona. Al principio intuye difusos restos de inexistentes veredas. En pleno faldeo alcanza la base de uno de los contrafuertes de La Corona. Pegado al paredón dobla la peña entre espinos, retornando a plena ladera por una gravera.

El paso de la pedrera lo encuentra bien asentado por el trasiego constante de cabras y ovejas que se dirigen a la horcada. Remonta unos metros por la gravera, recuperando contacto visual con el Jorcáu Llagu. Un buitre solitario vigila desde el peñasco de su derecha. El montañero lo mira con la confianza de que le deje acercarse bastante para hacerle una foto. Vana esperanza. El carroñero aguardará paciente, remontando el vuelo en el momento preciso, desbaratando una nueva ocasión de verse inmortalizado en los álbumes particulares de algún pasajero transitorio.

A los pies del montañero, las inclinadas faldas herbosas que viene flanqueando fluyen hacia la hondonada de la Vega de Colín. Ladera arriba descubre un cuevón semioculto por matas colgantes de plantas rastreras. El montañero se encuentra en la parte inferior del embudo a que ya se ha hecho alusión, por el que se entra a la marcada diagonal que sube a la cresta Norte de La Corona (Iš). Es una buena opción para ganar tiempo, mas considero que es menos atractiva que el itinerario que aquí se propone. Quede pues arrinconada para otras visitas a la montaña.

Por la boca del Jorcáu Llagu contempla nuestro compañero la cambiante cúspide del Carriá, en la margen izquierda del Sella. Flanquea los últimos metros por las umbrías de Los Cubertores y alcanza el Jorcáu Llagu (728 m.). Atrás deja el curioso cerco de la Vega Colín, la ya evidente rampa herbosa de subida a la cresta Norte de La Corona y el escarpado peñasco del Aboguero. Devola a la vertiente de La Trencia dispuesto a gozar de un paisaje ligado a las angosturas del Beyo.

Jorcáu Llagu - Sierra La Trencia - Collao Robru (45 minutos)

Para afrontar este tramo del recorrido no es necesario detenerse a estudiar el terreno. Su propia configuración va guiando nuestros pasos.

Se dobla la horcada y se empieza a bajar por la herbosa canal del otro lado. El sendero evita el fondo de la canal, tirándose a los pocos metros hacia el lateral izquierdo. Desciende pegado a la peña. Una pedrera recubre el lecho de la acanaladura. Queda cegada en su parte inferior, precipitándose por un estrecho embudo cuya escupidera rompe sobre los bajos faldones semicalcáreos de la montaña.

La mayor altura conservada por la senda respecto del fondo de la canal le permite entrar cómodamente en la collada de la izquierda, única salida de este cortado canalón. Desde la collada se emboca visualmente toda la abertura del Desfiladero de los Beyos. Pese a la escasa altura en que aún nos encontramos, vemos irrumpir las grandes cimas del Precornión (Canto Cabronero y Valdepino) sobre las manchas boscosas que circundan la picuda proa del Canellín.

Se dobla la collada. El sendero, bastante marcado por el piso terroso, pierde los últimos metros por este pindio costado (en los lindes del primer grado) de la collada. A pesar de las largas hierbas sigue bastante pisado por las ondulaciones que forman un par de falsas colladas por las que se pasa a la Canal de La Vara. En un extremo de la primera collada se asienta una torreta del tendido eléctrico. La otra torreta se apoya firmemente en las peñas superiores de la cueva a la que nos dirigimos.

La boca de este abrigo está parcialmente tapada por arbustos y matas colgantes. Las ortigas proliferan por la riqueza en nutrientes del abonado suelo. Restos de un cercado muriado en el interior de la cueva dan fe de su aprovechamiento ganadero. Toda esta zona de la montaña recibe el nombre de Sierra La Trencia.

Se doblan las peñas del canto izquierdo de la cueva (mirando hacia el exterior). El paso de las cabras y ovejas que en ella se cobijan deja un sendero casi tallado. Desde el canto se enfoca toda la parte alta de la Canal de La Vara; larga acanaladura, con el lecho recubierto de pedrera y delimitada por una sucesión de pequeñas peñas calizas, que baja hacia el Sur-Sudeste. Lleva directamente al viejo camino de Amieva, en las ceñidas escarpaduras inferiores del río Vallegón. Coincide con el tramo mejor conservado. Faldea muriado por la margen derecha del desfiladero, asistiendo a la desembocadura de este afluente en el Sella, en la localidad de Ceneya. Sin bajar a Ceneya o, un poco más adelante, a la misma carretera del Pontón, esta variante nos permitiría regresar a Cien (el camino muere en el ramal asfaltado de entrada al pueblo).

Desechada la opción de regresar a Cien, se sale por el sendero de los bichos que dobla el canto lateral de la cueva y se entra en una canal herbosa bastante pendiente. Se pasa bajo los cables del tendido eléctrico. En realidad esta línea cruza por el Collao Robru, al que nos dirigimos, pero entra en una canal paralela a la nuestra, separada por un modesto crestón rocoso. El aún relativamente conservado sendero terroso que trepa por la acanaladura de la izquierda, lleva a perder momentáneamente de vista la línea del tendido eléctrico. Alguna llambria que aflora entre la hierba y pequeños amontonamientos de pedrera complican algo la progresión. A medida que se ganan metros el desnivel se atenúa. En la parte alta nos vamos desviando hacia la derecha para coronar el Collao Robru (751 m.). Una torreta del tendido eléctrico sirve de jito indicador.

Los hermosos rincones que hemos ido descubriendo en esta desconocida montaña quedan enmudecidos ante la sinpar majestuosidad del Cornión. Muestra este macizo de pináculos calcáreos su faz menos degradada. Por volumen reclama protagonismo Cotalva, afincada sobre los desplomados tubos de órgano en cuyos asomos ha buscado descanso eterno el Marqués de Villaviciosa. Las Torres de Enmedio y de La Horcada resaltan en la cuerda de cumbres que separan las vertientes occidental y oriental del macizo. Nosotros miramos a aquélla, la del Jou de Pozas, delimitado por la cantabria de la Cabra Blanca, torre de estilizada cintura, pequeñita y delicada, adornada con una banda blanca que baja por su pecho en diagonal.

Collao Robru - La Corona (1 hora 15 minutos)

Descripción del terreno

El Collao Robru ocupa el rellano inferior de la cresta Sur de La Corona. Del punto cenital de este escarpado espolón calcáreo se desgaja un crestón secundario, bastante definido desde nuestra posición, que cae sobre La Trencia. Resaltan una voluminosa aguja y un bloque plano encajado horizontalmente entre las peñas cimeras de la cresta. Esta recortada escarpadura nos oculta el espolón de Los Cubertores.

Entre ambas crestas (arista Sur y cresta secundaria) se cuelan unas pindias acanaladuras herbosas que se van estrechando en las proximidades del punto de convergencia entre ambas líneas de cresta.

La cima de La Corona dista bastante aún de esta intersección. Sólo su cumbre y una cima secundaria se destacan de la arista somital (orientada al Sudoeste).

A la derecha de la montaña caliza de La Corona se encuentra el Pico La Cuesta (o Cuesta Valles). Cede la caliza dando paso a una cuesta con un modelado piramidal. Tira una de sus llombas hacia el Sur, formando un valle intermedio que se abre en abanico desde el Collao Corona hasta las caídas sobre los prietos despeñaderos del desfiladero del río Vallegón.

Un marcado camino corta en arco el valle, desde el Collao Robru hasta la llomba Sur del Pico la Cuesta. Dobla la loma y, oculto por ésta, baja al pueblo de Amieva.

Descripción de la ruta

No se ataca directamente el crestón Sur de La Corona, sino que se entra en las acanaladuras herbosas de su izquierda.

Se retoma la marcha en el Collao Robru, flanqueando casi en llano por la vertiente Oeste del canto. Se pasa junto al tronco seco de un árbol, faldeando las laderas superiores de la canal que se acaba de subir (paralela a la que recorren los postes del tendido eléctrico). Enseguida nos plantamos en el inicio de la primera acanaladura (que no es más que la continuación natural en curva de la pindia canal que baja a La Trencia y que, repito, se acaba de subir). Se remonta por sus inclinadas hierbas. Hacia la mitad de la subida queda interrumpida por un canto rocoso. Se trepa ( Iš ) por una canaluca, pasando a una segunda acanaladura.

Se prosigue el ascenso, siempre en dirección a la destacada y voluminosa aguja de la cresta que se recorta sobre nuestra posición; cresta que va a ir haciendo girar nuestro avance en dirección a la arista Sur de La Corona (cresta principal). Aisladas hayas de gran porte permiten recobrar fuerzas, sentados en sus gruesas raíces y reconfortados por la fresca sombra de su entramado de tupido follaje. Abajo, en las profundidades del Sella, Ceneya asiste al vasallaje de su afluente el Vallegón. A vista de pájaro gozamos con los pequeños tejados de un pueblo situado en la última encrucijada de caminos a las puertas del Beyo.

Un pasillo natural cruza la arista Sur, recuperando el contacto visual con los nevados riscos de la alta montaña del Cornión. Se trepa entre las peñas de la cresta ( Iš ) buscando la cuerda somital; aguas vertientes al Valle de Amieva (con el permiso del valle intermedio de la Cuesta Valles) y aguas vertientes a las familiares bellezas de Colín. Es este flanco de Colín el menos cortante, presentando la arista por la vertiente de Amieva tajadas caídas de unos pocos metros. Estos bloques cierran pequeños parés o becerreras naturales aprovechadas por cabras y ovejas. Impacto físico atenuado por estos rocogidos circos de pasto que no se corresponde con la airosa sensación de altura que proporciona el importante desnivel ganado respecto a la profunda diagonal del valle descendente del Picu la Cuesta.

La progresión por la cresta presenta un único tramo delicado. Un corto paso aéreo colgado sobre uno de estos cercados naturales ( IIš ). Siempre puede evitarse tratando de flanquearlo ( Iš ) por el costado que mira a Colín y a los pueblos de la vera del Sella.

La cresta somital a la cima de La Corona aparenta dentada y complicada. Mas, encaramados en la misma, descubrimos su sencillo progresar por senderos de cabras. Ya no envidiamos a los buitres, pues desde los cielos observamos los cordales del Sella y, colgados sobre los abismos de Colín, descubrimos por qué un peñasco de 609 m. ha robado el nombre a toda una montaña de más de mil metros que lo corona para los vecinos de San Román.

El aliciente al culminar el ascenso a los 1.042 m. de La Corona es disfrutar de una vista parcial del pueblo de Amieva, centro neurálgico del concejo a que da nombre y que se nos ha mostrado esquivo a lo largo de toda la jornada. Adquirimos, asimismo, una visión global de las Sierras de Amieva y Bescoba, con las que formamos un conjunto indisoluble.

La Corona - Picu La Cuesta (30 minutos)

El descenso de la montaña se efectúa por la cresta Noreste. La única dificultad se encuentra en la destrepada del morro de la cumbre ( primer grado, con un paso en horizontal en los límites del segundo grado).

Se sigue toda la cuerda de la cresta por veredas de las cabras. Se llega a un terreno caótico de rocas, en el inicio de un falso hombro de la montaña. A la izquierda baja la herbosa diagonal que nos devuelve a Colín ( Iš ), en las inmediaciones del Jorcáu Llagu, y que ya apuntáramos en su momento como opción más rápida. Por la vertiente de la derecha un sendero recorre la rampa que nos baja al Collao Corona, punto de engarce entre la cuesta del Picu la Cuesta y la caliza de La Corona.

En la collada se coge la loma que sube directa a la confluencia de líneas de la piramidal Cuesta Valles (974 m.). Es un bonito lugar para contemplar descansados la peña calcárea de La Corona, evocando los ya olvidados momentos vividos en el visible Collao Robru. Amieva se nos muestra más cercana, encaramados ya en el punto cenital de la cuesta que desde La Corona nos entorpecía la vista del pueblo.

Picu La Cuesta - La Collada - San Román (30 minutos)

La Collada es la depresión que separa la Cuesta Valles de las vecinas Sierras de Amieva y Bescoba (integrantes de la misma unidad orográfica, pero diferenciadas en esta dualidad toponímica a la altura de La Collada). Es fácilmente identificable porque la atraviesa la pista hormigonada que pasa de Amieva a San Román (o viceversa).

Desde el Pico La Cuesta se baja directamente a La Collada. Descenso muy empinado evitando un par de oscuros peñascos que afloran en plena llomba.

En las inmediaciones del Collao Corona también podemos encontrar senderos más tumbados que, faldeando la cuesta en sentido descendente, favorecen una bajada menos brusca, aunque más larga.

Cerca de La Collada, al lado de la pista, encontraremos un bebedero donde podremos recuperar los líquidos perdidos durante la marcha. Conviene precisar que el agua sirve para hidratar antes de iniciar la jornada y en los primeros compases de la misma. En los días de fuerte calor, cuando comienza la deshidratación, el agua no es suficiente. Puede mezclarse con zumo, remedio casero de similares efectos a las bebidas isotónicas.

Por toda la pista, por el sufrido hormigón, se baja al próximo pueblo de San Román.

San Román - Camino de Colín - Cien (1 hora)

Este camino era utilizado por los vecinos de San Román para bajar a la carretera del Pontón, a la altura de Vega de Cien. Desde aquel pueblo el camino muestra un trazado inicial muy evidente. Se trata de una línea horizontal que dobla el canto inferior del Aboguero, pasando a la vertiente de Colín. La línea del camino coincide con la del tendido eléctrico.

Para coger el Camino de Colín no hace falta bajar hasta el pueblo de San Román. El desvío se encuentra en la última revuelta de la pista de La Collada, antes de cruzar la umbría riega en que se encuentra el improvisado cartel indicador de entrada al pueblo. Aunque el arranque del camino pase desapercibido, la torreta instalada en pleno giro nos sirve, una vez más, como jito indicador.

Este tramo llano inicial es un placentero paseo frente al frontal de San Román. La riega que nos separa se va hundiendo en un vergel forestal de recónditas camperitas ganadas al monte, hasta constreñirse en un ceñido cañón que la engulle en su fluir hacia el Sella. Dispersos invernales resaltan en una riqueza multicolor de verdes tonalidades. Predominio colorista ligado a la esperanza que muda al compás de las estaciones y al ritmo de nuestros estados de ánimo. Aunque cede terreno, no desaparece la caliza de este submacizo. Aflora sobre las guarizas de la Sierra Bescoba, difuminada entre la cuesta en el extremo de la Porra el Collao la Cueva y compacta y desplomada en la punta opuesta de esta media sierra, en la peña conocida como El Porrón.

Se dobla la horcada con los postes de la luz, reencontrándonos con el Jorcáu Llagu y la Vega de Colín. El camino original está prácticamente perdido, tapado por las cotoyas. Mas los tornos de su primitivo trazado aún se adivinan con facilidad. Queda un sendero de tierra que hay que adivinar entre los punzantes matos.

Un poco más abajo coincidimos con la ruta de ascenso, al entrar en la vaguada que nos emboca a la Vega de Colín. Las cómplices miradas, de un reojo mal disimulado, a la peña de La Corona, acompasan un cansino y satisfactorio regreso al calor rural de Cien.

En internet podemos encontrar una página web que cuenta con una serie de fotos en miniatura de los rincones que he tratado de describir en esta ruta. La dirección es "rodiles.com" (con la triple "w" delante). Hay que pinchar en RUTAS TURISTICAS e ir al apartado Picos de Europa (en negrita), apartado de cuya elaboración me encargo personalmente.

 

VOLVER A CATÁLOGO