ESPINAMA - INVERNALES DE IGÜEDRI - PUERTOS DE ÁLIVA - HORCADINA DE COVARROBRES - CABAÑA VERÓNICA - COLLADA BLANCA - HOYO DEL TRASLLAMBRIÓN - TIRO TIRSO (ida y vuelta)

 

Punto de partida: Espinama.

Duración: 10 horas.

Desnivel: 1.750 m.

Dificultad: Algo difícil (IIIš). La trepada de Tiro Tirso aparece catalogada en las distintas guías como de segundo grado (poco difícil); si bien, en la descripción detallada de algunas de ellas, se reseña algún paso de tercer grado. Creo más acertado catalogar la vía como de algo difícil, pues la mayor dificultad de la vía ha de condicionar la catalogación final de la ascensión. El montañero ha de poder recorrer aquellas vías cuya catalogación general coincida o sea inferior a su nivel de escalada; principio que se vería truncado si en una vía no queda reflejada la existencia de uno o más pasos que exceden de ese nivel de dificultad tomado como referente general.

Los dos pasos controvertidos de la ascensión son el corte que interrumpe la arista en su parte final y un insignificante resalte que le precede. La escasez de apoyos para el pie en el primer caso, y de presas para la mano en el segundo aconsejan una catalogación de tercer grado (IIIš). Son pasos muy cortos (apenas tres o cuatro movimientos), de ahí que se tienda a obviar su incidencia en la catalogación general de la vía.

Como conclusión, podría describirse la dificultad de la arista de Tiro Tirso como una trepada de segundo grado (poco difícil) con un par de "reblagos".

Características:

En principio, Tiro Tirso (2.639 m.) se considera la tercera altura de los Picos de Europa. Esta afirmación requiere una obligada precisión. En la cresta que se extiende desde esta cima hasta la Torre Blanca, se intercala la afilada cima amesetada de la Torre Sin Nombre. En el Mapa Topográfico Nacional (Hoja 56-III, edición de 1.987) figura con una altura de 2.642 m.; es decir, la misma que la Torre del Llambrión (segunda cima en altura de los Picos de Europa e -igualmente- de la Provincia de León). En la última edición de los mapas del I.G.N. (año 2.002) no figura ninguna altitud en esta torre. Por su parte la Torre Blanca se erigía con sus 2.617 metros en el techo de Cantabria; mas, en la revisión de 2.002, ha cedido tal privilegio a Peña Vieja (2.614 m.), al verse decotada en ocho metros. No se ha reflejado en qué medida esta decotación ha podido afectar a la Torre Sin Nombre, intermedia entre el Tiro Tirso (que mantiene la misma altura) y la Torre Blanca (que -como he señalado- ha perdido ocho metros).

Las cimas leonesas del Llambrión y de Tiro Tirso se hallan apenas separadas por una marcada tajada. Esta vecindad se traduce en la coincidencia entre las marchas de aproximación a ambas montañas. Las distintas variantes de acceso a la montaña se concentran en Collao Jermoso (vertiente leonesa) y Cabaña Verónica (vertiente cántabra). Tiro Tirso se integra en la línea de cumbres que cierran el circo glaciar del Trasllambrión. La entrada natural a este microglaciar, aparte de la esforzada aproximación por la Canal de Dobresengos, tiene lugar por la Collada Blanca, en ruta desde Cabaña Verónica. Aprovechando esta invitación orográfica, se describirá la aproximación a la montaña tomando como punto de partida los pueblos de la cabecera del Valle de Camaleño (Liébana). La ventaja de esta elección radica en que da pie a múltiples variantes. La explotación minera desarrollada en este rincón del macizo durante los siglos XIX y XX, ha legado una tupida red de pistas y caminos carreteros que aún hoy constituyen una frecuentada vía de penetración a la alta montaña de Los Urrieles; instalaciones mineras que acogieron a los primeros exploradores y que sustentan las marchas de aproximación al corazón del macizo del Llambrión, tanto por la vertiente cántabra de Verónica, como por la vertiente leonesa de Collao Jermoso (siguiendo las marcadas revueltas de los Tornos de Liordes), siempre con un punto de partida común: el pueblo de Espinama.

A pesar de esta riqueza de itinerarios, sólo se describirá uno de los muchos posibles (eso sí, apuntando alguna variante). Probablemente se trate del recorrido más largo; aunque es esta misma circunstancia de la longitud la que atenúa la dureza de los desniveles, que no de la ruta. Aún respetando las tendencias que propugnan una menor incidencia de nuestra actividad en el medio (el cómo por encima del dónde y el filtro del esfuerzo físico), el nivel de exigencia se verá mermado por los condicionantes externos derivados del montañismo popular y de una explotación a ultranza de la riqueza paisajística de nuestras montañas. El teleférico de Fuente Dé se ha convertido en el segundo foco de penetración masiva en los Picos de Europa, superando el medio millón de visitantes anuales. La afluencia turístico-montañera se ha desplazado al frágil entorno de la alta montaña. Es precisamente al entrar en el desierto calizo de la alta montaña, después de dejar atrás los bosques que recubren el valle y los vastos pastizales de Áliva, cuando irrumpe una desmesurada masificación desplazada a un territorio escasamente regenerable. En ese momento, cuando más se debería dejar sentir ese progresivo alejamiento de los núcleos urbanos, mezclarse en un variado tumulto multicolor de sandalias, zapatos, bolsas de mano y cochecitos de bebé, supone retrotraerse psicológicamente al inicio de la marcha; un retorno a la civilización en la barrera de los mil novecientos metros. Turistas más o menos preparados, montañeros más o menos urbanizados, se confunden en un caminar conjunto que ahoga todo el sentido de la montaña. Una peregrinación artificial (en un entorno desnaturalizado) al corazón de uno de los macizos más agrestes de nuestra orografía, convertido en un mirador turístico-natural, paraíso de la venta ambulante y de visionarios con ideas brillantes, que convierten una peligrosa bajada en ruta multitudinaria con un par de cables y un monolítico reclamo con servicio de hotel y, de otra parte, aprovechan los desguaces de la armada para dar colorido a la desnuda montaña. Una carrera a ver quién urbaniza la montaña con ideas más originales amparándose en un uso deportivo de unas instalaciones que niegan y destruyen los condicionantes de la alta montaña, y, por tanto, el objeto mismo del montañismo. Un Parque Nacional, perdón un Parque de atracciones, que reserva para los más osados montañeros el rincón de naturaleza inhóspita (marcas de pintura aparte) que se agolpa en los trescientos metros de desnivel que restan hasta la barrera de los dos mil seiscientos metros.

Panorama desolador para el futuro del montañismo, para la credibilidad de los Parques Nacionales y para el ecosistema (la desaparición del quebrantahuesos de nuestras montañas no es más que un indicador de que algo falla en el ecosistema de la alta montaña de los Picos de Europa), que, lejos de atenuarse, se acentúa. La montaña está de moda y el deporte aventura gana adeptos. Desde estas líneas se sigue apostando por un modelo, sino inocuo, sí lo más respetuoso con el medio en que se desarrolla nuestra actividad. Espíritu que supone un compromiso con la montaña y con uno mismo, y que devuelve a aquélla todo el significado y condicionantes que definen la figura del montañero, sin encubrir ni adulterar cada "conquista" particular.

Aceptada la privación de las sensaciones que impregnan los itinerarios de alta montaña no desnaturalizados, todo el itinerario se reconduce a una sucesión de imágenes de postal. Esta eventualidad juega en este caso a nuestro favor, pues el recorrido propuesto se adentra, seguramente, en el pastizal alpino más importante y singular de los Picos de Europa. Se extiende por toda la cabecera de un valle glaciar, donde se observan con facilidad las lomas morrénicas que delimitaban las lenguas glaciares que entraron en cuña resquebrajando dos macizos, los Urrieles y Ándara; inabarcable puerto protegido bajo la imponente irrupción de los desplomados espolones de Peña Vieja, techo de Cantabria.

El Hoyo del Trasllambrión es uno de los escasos vestigios del glaciarismo, a reducida escala, que se conserva en Los Picos. Un microglaciar recogido en un circo delimitado entre las más altas cimas de nuestras montañas. Montañas que en los albores de los tiempos no eran sino un lecho marino, como atestiguan los numerosos fósiles fijados en las rocas y llambrias.

El agua, tan escasa, se manifiesta en los variados accidentes de nuestra orografía. Arroya por el lecho sagrado del río Deva o por el corto cauce del río Nevandi (afluente por la izquierda); brota en las llamargas de Fuente Dé o de Áliva, dando vida a estos cursos de agua o alumbrando abundantes manantiales que satisfacen las necesidades de las importantes ganaderías que pastan en el puerto; se embalsa en los hoyos o jous formando pequeños lagos como los de Lloroza o el Lago Cimero (en la vertiente leonesa del macizo, visible al coronar lo cimero de Tiro Tirso), o se concentra solidificada en los viejos neveros, depósitos de agua que se encauzan a través de un entramado natural de cuevas, simas y galerías que afloran a la superficie en las formas antes descritas.

La diversidad de ecosistemas que se alternan a lo largo de nuestro recorrido, acoge una riqueza faunística de lo más variada. En los bosques y praderías del valle pastan los corzos o se buscan la vida el zorro y el gato montés. Sobrevuelan las rapaces, entre las que destaca la imponente silueta del águila real. En los Puertos de Áliva, compartiendo el pasto con vacas, ovejas y grandes caballerías, es fácil sorprender al ágil rebeco, que durante el estío se retira a los escarpados abismos de los Urrieles. Entre las aves, dentro de la alta montaña, destaca el gorrión alpino (que remarca sus bandas blancas con el vuelo) o el colorido aleteo del treparriscos.

La riqueza botánica, aparte de las vastas manchas forestales que han propiciado la extensión del Parque Nacional de los Picos de Europa a toda la cabecera del Valle de Liébana, más allá de los límites geográficos de los Picos de Europa, se manifiesta en una increíble diversidad de flores, adaptadas a los distintos pisos bioclimáticos. Especial mención requiere la Pimpinella siifolia (Leresche), catalogada por primera vez en las exploraciones botánicas de 1.878 y 1.879 integradas por Leresche, Levier y Boissier; protoexploradores que, con base en los Puertos de Áliva, devolaron el collao de Cámara para bajar a orillas del Deva en las proximidades de Camaleño. Por su especial aportación a la economía de las familias lebaniegas, no ha de pasarse por alto la importancia del té, planta que se recoge en ramilletes y se vende en todas la tiendas de la comarca lebaniega. El té de roca es la infusión típica de la Liébana, ofreciéndose en todos los bares y restaurantes. Ya sea por escrito, ya de boca en boca, los hosteleros cantan las ventajas de esta planta para la salud, a la que se acompañan unas gotas de orujo (producto asimismo típico de Liébana) para curar los males del estómago.

 

 

Descripción:

Acessos

Espinama, junto con Pido, son los últimos pueblos de la cabecera del Valle de Camaleño (Liébana). Se encuentran a veinte kilómetros de la villa de Potes (que, por su estratégica ubicación en la confluencia de los principales valles de La Liébana, se ha convertido en el centro neurálgico de la comarca). La carretera (más conocida como carretera de Fuente Dé) atraviesa toda la villa de Potes y sale por el Oeste adentrándose en el valle del río Deva o Valle de Camaleño. Entre los distintos pueblos que jalonan el recorrido se encuentran Camaleño (ayuntamiento que ostenta la capitalidad del valle), Los Llanos (donde según Sánchez Albornoz la montaña sepultó a los últimos supervivientes de la batalla de Covadonga, huidos en lo que sería la primera travesía integral documentada de los Picos de Europa), Cosgaya (cuyo hotel más renombrado rememora tiempos pasados en que el oso moraba en estas montañas) y Las Ilces, donde el valle se abre y se empiezan a ver la primeras grandes torres calizas del Macizo Central: la Torre Salinas y Peña Remoña.

 

 

Espinama - Invernales de Igüedri - Boquejón de Áliva (1 hora)

La carretera que entra en Espinama se estrecha en el entorno de la vieja iglesia. A mano derecha, a la salida de una curva con escasa visibilidad, se encuentra una pequeña explanada de aparcamiento. La plazoleta ha aprovechado en parte el encauzamiento del río Nevandi. Una fuente y un par de bancos decoran este rincón. En el lado más protegido por las casas abre sus puertas un antiguo bar. Cierra la plazuela por el frontal una fachada donde se conservan dos escudos. Entre ambos edificios se cuela un pasadizo, encajonado bajo un remodelado corredor. Al otro lado se extiende una calle asfaltada escoltada por casas de piedra y de madera. Muere en una nueva plazuela, intermitentemente delimitada por remozadas casas, grandes o familiares, que conservan el encanto tradicional de los pueblos lebaniegos.

La pista que sube a los Puertos de Áliva continúa de frente, remontando el curso del río Nevandi (Norte). Un empinado ramal asfaltado que arranca por la derecha de la misma plazuela (Este), al poco de pasar por delante de una casa, recupera su piso primitivo de cuidada pista de tierra. Esta pista se retuerce por las boscosas laderas sudoccidentales de la Sierra Carielda. Al coronar la cuerda cimera de la sierra se dejaría su compañía (sigue hasta un repetidor), tomando un sendero que, en dirección opuesta a la de la pista) recorre toda la columna vertebral de la Sierra Carielda (Norte). En la Horcada El Acebal se cogería la pista que sube de Pembes a Áliva, a la que se une, tras un corto repecho entre escobales, la que viene de Llaves y Mogrovejo. Esta alternativa goza de bellos recorridos por un tupido bosque de hayas, robles y acebos, lejos del continuo tránsito de todoterrenos que recorre la pista principal que se pasa a describir.

La pista de los Puertos de Áliva sale al Norte de Espinama, paralela al curso del río Nevandi. Su caja es bastante ancha. Durante años soportó un incesante trasiego vinculado a la explotación de las minas de Áliva. Esas mismas instalaciones acogieron la expedición comandada por el Conde de Saint-Saud y Paul Labrouche, que con los guías F. Bernard Salles y Juan Suárez, coronó el techo de los Picos, Torre Cerredo. Las difíciles comunicaciones del valle y las explotaciones mineras de Áliva, Fuente Dé y Liordes, convertían a Espinama en pueblo de referencia para los montañeros que se adentraban en Los Picos. El cierre de las minas no conllevó un progresivo deterioro de la pista, sino que coincidió con una época de pujanza de la actividad ganadera. La afección a un uso ganadero garantizó su buen estado de conservación.

A las afueras del pueblo se desgaja un estrecho ramal. Cruza el cauce del río Nevandi por un pequeño puentecillo. Sube a los invernales de Tobín (un tramo bastante empinado ha degenerado en un mal camino pedregoso que se pierde entre la maleza), donde se une con otra pista que viene de Pido. Retornan a la pista de Igüedri a la altura de estos invernales.

La pista de Igüedri, salvadas estas dos variantes, remonta por toda la cuenca del río Nevandi. Pronto pierde la referencia del río, ganando altura por las laderas occidentales de la Sierra Carielda. Predomina el terreno boscoso, en el que se abre algún claro de pradería. Al Noroeste pueden verse las paredes de escalada de los Picos de Valdecoro, en cuyas faldas se encuentran los invernales y praderías de Tobín. A nuestra espalda (Sur) se va dejando el Coriscao, hermosa montaña que se destaca en la cuerda cimera de la Cordillera Cantábrica. Domina una vasta sucesión de puertos que se extienden por las cabeceras de los valles secundarios que vierten al Deva, en los lindes de una extensa mancha forestal.

También por encima de los límites del bosque se encuentran las praderías de Igüedri. En el centro se agrupa una compacta concentración de grandes invernales. Se abrigan en las laderas sudoccidentales del Castro Cogollos, aislado peñasco que se erige en extremo occidental del Macizo de Ándara. La pista se abre paso entre las construcciones. Traza una pronunciada revuelta a la izquierda. En pleno giro se desgaja una descuidada pista. Retorna a la de Igüedri, más abajo, tras un rodeo por La Regollá (en las faldas de la Sierra Carielda). Un bebedero se halla ligeramente desplazado de la pronunciada curva, en el entronque de ambas pistas, a la altura de los últimos invernales de la majada. La cumbre del Coriscao se ha ido alejando. Por detrás empiezan a despuntar los cordales de Peña Prieta. Los Picos de Valdecoro han ido girando hasta quedar al Oeste. A su izquierda, entre estas peñas y los farallones del Cueto Redondo, se forma el Valle del Aguasel, que se precipita en un humedecido salto de agua.

El Boquejón de Áliva es una breve angostura delimitada por los contrafuertes del Cueto Redondo y del Castro Cogollos. El río se encauza en una acequia cuasinatural, comprimido entre las paredes de la angostura y la caja de la pista. Este breve encañonamiento es la puerta de entrada a los Puertos de Áliva. Unos pilares de hormigón fijan las Portillas del Boquejón o de Áliva. Unos tubos cilíndricos sobre una fosa son suficientes para impedir el paso del ganado. En este encajonado rincón sólo el río corre en régimen de semilibertad.

Boquejón de Áliva - Puertos de Áliva - Horcadina de Covarrobres (1 hora 30 minutos)

Traspuesta la angostura del Boquejón, la pista se adentra en un cerrado valle delimitado por las cuestas que caen del Cueto Redondo y del Castro Cogollos. Asciende suavemente por el fondo de la vaguada, acompasada al arroyar del río Nevandi. Emboca los Picos de Cámara, empastados con el agolpamiento de cumbres cársticas que se suceden, por encima de la barrera de los dos mil metros, en el extremo occidental del Macizo de Ándara. En la margen izquierda del río (sentido ascendente de la marcha), muy próximos entre sí, se encuentran dos bebederos. Junto a uno de ellos se ha levantado una pequeña cruz, en memoria de unos vecinos de Espinama sorprendidos por un alud que se desprendió de las laderas del Castro Cogollos. Precisamente por esta ladera, antaño (cuando nevaba) barrida por los aludes, corta la pista que viene de los pueblos de Mogrovejo, Llaves y Pembes, que baja a unirse a la de Igüedri. La construcción de esta pista tapó el manantial de la Fuente de los Asturianos.

El valle comienza a ensancharse. La pista se va desplazando hacia la derecha, para bordear por esta mano las cuestas entre las que abre camino el arroyo que da vida al río Nevandi. En un recodo de campera, protegido por estas cuestas sobre las que irrumpe un inexpugnable farallón calizo sobre el que despuntan las afiladas torres de Peña Olvidada y Peña Vieja, pastan los rebaños entre las construcciones de las majadas de Espinama.

A medida que se flanquean estas cuestas, se empieza a apreciar mínimamente la amplitud del puerto. Abajo se deja la depresión de campera de Campo Menor. Esta hondonada se recoge al pie de la falda norteña de Cumbre Abenas, extensas laderas de pasto que se extienden entre el Collao de Cámara (donde irrumpe con fuerza todo el fragor del Macizo Oriental) y el Portillo Jollán (pequeña horcada que aísla el peñón del Castro Cogollos). La homogeneidad de esta montaña encubre una agreste vertiente sureña que quiebra a tajo sobre el Valle de Liébana.

Al Norte de Campo Menor se recorta la Llomba de Toro, caracterizada por la roca que se sustenta solitaria en plena loma, a la vera de la pista que recorre lo cimero de esta morrena lateral formada por los materiales que arrastraba la lengua glaciar que se abría paso por el Valle del Duje, entre los Macizos Central y Oriental. Entre la Llomba de Toro y Campo Menor se intuye una segunda hondonada, más profunda que esta última. Esta planicie de pastizal (Campo Mayor) se orienta paralela a la Llomba de Toro. Campo Menor y Campo Mayor se hallan enlazadas por una estrecha vaguada donde se esconde la Ermita de la Santuca de Áliva. La fiesta se celebra cada 2 de julio. Misa, concursos de cánticos, carreras pedestres y carreras de caballos, amenizan una jornada festiva que reúne a todos los vecinos del Valle de Camaleño y donde no faltan caras conocidas de Tresviso y de los pueblos asturianos de Tielve y de Sotres.

La pista que sube al Hotel de Áliva se desgaja en perpendicular (a mano izquierda) de la pista principal, afrontando un corto e intenso repecho. Siguiendo de frente se llegaría a un cruce de cuatro pistas encaramado en plena loma morrénica del Toro, donde confluye la pista de Igüedri con la que sube de Sotres por toda la llomba y las pistas secundarias del Hotel (loma arriba) y de las minas de Áliva (al pie de la Canal del Vidrio -canal que se forma entre la mole de Peña Vieja y la Sierra de Juan de la Cuadra).

Remonta la cuesta que venía flanqueando, alcanzando las lomas que delimitan la hondonada de llamarga en que nace el arroyo que nutre el río Nevandi. La majestuosidad de los Puertos de Áliva empieza a mostrar toda su explotada inmensidad. Cientos de cabezas de ganado (cabrío, ovino, vacuno y caballar) comparten un territorio inabarcable con la vista. Sobre el conjunto emerge una fortaleza cárstica que se eleva por encima de los dos mil seiscientos metros. En un costado se descuelga un sombrío embudo (semioculto tras la collada en que se asienta el Hotel de Áliva), en cuyas paredes se conservan antiguas edificaciones mineras que aprovechaban las oquedades de la peña. El mineral que se extraía, utilizado en la industria del vidrio, dio nombre a esta descompuesta canal. Un embalsamiento artificial de agua garantiza el aprovisionamiento a lo largo del estío.

La pista serpentea por la un flanco de la sucesión de lomas que conduce a la collada en que se ha levantado el Hotel de Áliva, en el extremo final de la pista que remonta por toda la Llomba de Toro. Por encima de la collada se encuentran unos peñascos de conglomerado, tras los que irrumpen las rotas agujas de los Cuetos de Juan Toribio (1.887 m.).

Se devola la hermosa collada profanada por el hotel (ya no es necesario encubrir falsamente la construcción de refugios de montaña bajo el paraguas de la afección deportiva de estas instalaciones, pues basta comprobar que en un Parque Nacional también se consienten instalaciones turísticas, como los refugios, pero de mayor categoría; en principio bastaría alegar que la instalación ya estaba construida y las obras de mejora se justificarían por la calidad del servicio -véase ampliación de la cafetería de la estación superior del teleférico-), entrando en la cabecera de la cuenca del río Duje. La pista se encamina hacia los contrafuertes de Peña Vieja (Oeste), dejando a un lado el Chalet Real. Una verja cierra la entrada principal, delimitando un cuadrado de campera donde colocar las sillas y mesas de exterior. En un lateral tiene una carbonera repleta. La blanca fachada contrasta con las negras tablas que protegen puertas y ventanas. El techo de un rojo intenso, ni siquiera ha tratado de disimularse como el del Hotel, pintado de un verde que pretende camuflarlo en la inmensidad de la campera.

ŋConservación o explotación? La declaración del Parque Nacional de los Picos de Europa parece decantar la balanza a favor de la conservación. Las cantidades asignadas a los Parques Nacionales son una contraprestación por la pérdida de ingresos especulativos, no una venta turística de la marca Parque Nacional premiada con un plus económico. Se trata de evolucionar hacia un modelo turístico no agresivo que respete la diversidad de ecosistemas de la montaña cantábrica y retarde el proceso de pérdida de los valores tradicionales en declive. Se sigue en la concepción decimonónica que inspiró la creación de los Parques Nacionales, porque el hombre aún no ha entendido el disfrute de los espacios naturales como algo desvinculado de las comodidades de la gran ciudad. La naturaleza domesticada no es una representación válida de un ecosistema, ni refleja los valores que se tratan de mostrar. Pero poca esperanza queda mientras los montañeros quieran seguir "conquistando" dosmiles a precio de saldo, y los turistas sigan empeñados en acercarse a la montaña como quien se acerca a un parque urbano.

Una riega arroya sobre la pista. Apartado en un lateral de la valleja hay un pequeño depósito. En un lateral sale el agua expulsada por un tubo. Es el último aprovisionamiento de agua seguro en lo que queda de recorrido. La multitud de manantiales que brotan en los distintos rincones de Áliva, son el renacer de las nieves derretidas en el corazón de los Urrieles, encauzadas por un laberíntico entramado de galerías y sifones que apenas aflora en el desierto cárstico al que nos dirigimos.

En un pronunciado giro a la izquierda, al lado de la fuente, se desvía el camino que se dirige a la Canal del Vidrio. Sigue el camino carretero de las minas, medio derruido por los continuos aludes y argayos. Nuestra pista, por su parte, acomete un fuerte repecho por el frontal de una pequeña morrena que se forma al pie de los espolones de Peña Vieja. El desnivel se suaviza en la doble revuelta del Collao cimero de Juan Toribio (1.844 m.), contiguo a los cuetos del mismo nombre. Faldeando los lleraos inferiores de Peña Olvidada, en los lindes del puerto, corona la Horcadina de Covarrobres (1.933 m.), paso a la vertiente de Lloroza, donde se descubren nuevas bocaminas y escolleras.

Horcadina de Covarrobres - La Vueltona - Cabaña Verónica (1 hora 15 minutos)

Traspuesta la Collaína (de Covarrobres) la pista se desdobla en dos ramales. El de la izquierda baja a la estación superior del Cable; el de la derecha, el que se ha de seguir, faldea las graveras inferiores de la desplomada pared Oeste de Peña Olvidada, bordeando a media altura la hondonada en que se alinean los Lagos de Lloroza, lagunas de transparentes aguas turquesa.

Al Oeste se abre la Canal de San Luis, por cuyo lateral serpentea un viejo camino carretero que sube a nuevas bocaminas. Esta canal muere en el Hoyo Oscuro, en cuya boca se bifurcan las sendas de la Colladina de las Nieves y de la Horcada Verde / Tiros de Casares / Collao Jermoso. La Colladina de las Nieves es una vasta collada que se extiende al Norte de La Padiorna, puntiaguda cima que cae a plomo sobre las angosturas de la Canal del Embudo. Se erige en el vértice que preside el extremo occidental de la inexpugnable muralla que cierra el circo de Fuente Dé, en cuya meseta superior se encaraman los Hoyos de Lloroza. La Horcada Verde y los Tiros de Casares se ubicarán en párrafos posteriores.

Se deja la pista en el lugar conocido como La Vueltona, pues ésta traza una marcada revuelta, completando el rodeo de la cabecera de los Hoyos de Lloroza. Preside la revuelta una peña que no es sino un contrafuerte de un modesto cordal que separa los Hoyos de Lloroza del Jou Sin Tierra. La pista minera que gira en La Vueltona lo flanquea por la izquierda, dando vista a la Canal de San Luis, y sube al Collao de Fuente Escondida, al pie de la submeseta de la Torre de Altaiz, y paso a Examinacorizas, mal terreno de llambria y llerao en la vertiente Norte del Pico San Carlos atravesado por veredas que pasan a la Horcada Verde y a los Tiros de Casares.

En la misma peña que acusa el giro de La Vueltona, se forman unas cuevas donde los rebaños de ovejas se protegen de la fuerte insolación estival. En una de las cuevas se forma una poza de agua donde -dicen- se puede beber. La presencia de las ovejas desaconseja otro uso del agua que no sea para refrescarse.

En la vueltona se toma un marcado camino real, que sigue atravesando lleraos. Remonta por las graveras inferiores de Peña Vieja y de la Torre de las Coteras Rojas, bordeando a gran distancia el Jou Sin Tierra, profunda hondonada de pasto que se forma en un circo delimitado por el Sudoeste por las pedreras de Examinacorizas, en las faldas del Pico San Carlos y la Torre del Hoyo Oscuro. El camino suaviza momentáneamente, antes de afrontar una segunda subida hasta el desvío de La Canalona. En este falso llano, una zona de transición entre la gravera y los grandes bloques desprendidos de las paredes de los Picos de Santa Ana, donde el camino se estrecha obligado por una inclinada llambria cortante que lo delimita por un lateral, una vereda sale a mano derecha. Devola un colladín verde, entre los bloques y baja a una camperuca. Bajo una roca brota un efímero manantial que se vuelve a sumir en las profundidades de la tierra. En los meses primaverales el agua rebosa por la campera, alimentado por los grandes neveros que quedan en la montaña; pero pronto sufre una acusada merma del caudal, siendo raro que aguante las primeras quincenas del verano.

La segunda parte de la subida, hasta el cruce de La Canalona, discurre por un terreno de grandes bloques de piedra. Varios tornos atenúan la dureza de la subida. En el último giro la gente se disputa la pequeña sombra de la pared que desvía la trayectoria del camino. Enseguida se culmina la subida, llegando a la bifurcación anunciada. Un camino muriao se asienta en las peñas de la derecha. Sube al collado de La Canalona, donde divergen multitud de itinerarios de montaña (ascensiones, travesías o circuitos).

Antes de proseguir con la descripción de la ruta, conviene fijar con precisión la sencilla orografía de este rincón del Macizo, pues el montañero ya divisa la mayoría de los accidentes del terreno que van a guiar su camino.

Entre La Vueltona y la Collada Blanca se intercalan dos profundas hondonadas: el Jou Sin Tierra (rozando los mil novecientos metros) y los Hoyos Engros (por encima de los dos mil doscientos metros). Una laberíntica barrera cárstica, que integra un complejo entramado de escares, torcas y paredes, se interpone entre ambos jous. Las torres que delimitan esta depresión por el Norte, son las mismas que ciernen sus abismos sobre el camino de Cabaña Verónica. Al Este del Collao de la Canalona se aísla la mole de Peña Vieja, pasando desapercibida la Torre de las Coteras Rojas. Entre la Canalona, donde destaca la aguja del mismo nombre y Horcados Rojos están los Picos de Santa Ana y la Torre de los Horcados Rojos, que destaca por la tonalidad rojiza de las paredes de su Cara Sur. El Tesorero, punto en que confluyen las Provincias de Asturias, Cantabria y León, es una montaña piramidal incardinada entre Horcados Rojos y la Collada Blanca. En un lateral de tan esbelta montaña, se adhiere un pequeño apéndice, el promontorio de Los Urrieles.

Pasando a la barrera de cumbres que delimitan esta doble depresión por el Sur, se inicia la descripción en el Collao de Fuente Escondida, sobre el que irrumpe la primera torre destacada, Altaiz. La Torre de Altaiz es un submeseta integrada en la mole maciza del Pico San Carlos. La siguiente montaña es la Torre del Hoyo Oscuro, roma cima piramidal que se yergue entre la Horcada Verde (nombre que responde a la pequeña campera que la recubre) y los Tiros de Casares, horcada que desgaja la Torre del Hoyo Oscuro de la cambiante peña del Madejuno. El Madejuno es un estilizada torre que adquiere un mayor volumen a medida que se va mostrando su pared Norte, cortada en diagonal por la vira de su vía normal (IIš). El Madejuno es el inicio de una arista de escalada que se desdobla en dos tramos. El primero enlaza el Madejuno con la Torre Blanca, pasando por la doble torre de Tiro Llago (cuya vía normal, catalogada de IIIš, es más fácil y segura que otras del entorno catalogadas como de poco difícil: Tiro Tirso y Llambrión, por ejemplo). Entre Tiro Llago y Torre Blanca la arista se desdibuja. Mantiene su identidad vista desde la vertiente leonesa; sin embargo, la vertiente cántabra presenta una inclinada ladera de llambria y llerao por donde discurre la vía normal de subida a la montaña (Iš). No obstante, es en este tramo de la cresta donde sorprende un enorme ojal de ojales, que asemeja una estructura escultórica de arcos y esferas.

La segunda parte del cresterío, delimita el Hoyo del Trasllambrión por el Sur y sigue la perfecta alineación: Torre Blanca - Torre sin Nombre - Tiro Tirso, desgajado de la Torre del Llambrión por una profunda tajada. La cresta nororiental de Torre Blanca baja a la collada homónima cerrando el círculo y separando los Hoyos Engros del Hoyo del Trasllambrión.

Retomo la descripción del itinerario, detenida en el desvío de La Canalona. Pasado este cruce se entra en un corto tramo de falso llano, que precede a un breve descenso. Se inicia con éste el rodeo de un hoyo de canchal, a través de la falda de lleráu de la bermeja Torre de los Horcados Rojos. La cúpula de Cabaña Verónica ha dejado de ser aquel punto metálico que brillaba en la distancia, recortándose con claridad sobre un cueto kárstico próximo. Un repecho lleva a la collada donde el camino se vuelve a desdoblar en dos tramos. El ramal de la derecha sube a Horcados Rojos (10 minutos); el de la izquierda, atraviesa bajo la loma en que se asienta el refugio, alcanzando un collado sito un poco más al Oeste.

Cabaña Verónica - Collada Blanca - Hoyo del Trasllambrión (1 hora 30 minutos)

El camino muere en la collada ligeramente apartada al Oeste del refugio de Cabaña Verónica, que, aunque cercano, se pierde de vista al entrar en la pequeña depresión de la collada. Se han cercado algunos vivac, aprovechando la protección de las llambrias del lateral derecho.

Se trepa por éstas, encaramándose en lo cimero de un cresterío de llambria orientado al Oeste. Una vez que se ha salido del empozamiento de la collada, se retoma el contacto visual con el curioso refugio. Por la abertura de Horcados Rojos empieza a asomar la recortada silueta monolítica del Picu Urriellu (Naranjo de Bulnes).

Se sigue por toda la pétrea llomba hasta el picacho final. Se desciende (Iš) a unas llambrias ligeramente inclinadas, por las que se sigue progresando hacia el Oeste. Apenas unos metros, pues ya se encara la vasta depresión de los Hoyos Engros. La intención es bordearlos por el Norte. En esa dirección se baja por una sucesión de llambrias que evitan pequeñas torcas, entrando en una falsa hondonada. Ha de perderse algo más de altura, entrando en unas vallejas calizas formadas por alargados planos inclinados de llambria, por las que se dobla el canto que, por el Oeste, impide ver el flanqueo que ahora se inicia por el Norte de los Hoyos Engros, cortando los contrafuertes frontales del Tesorero. Al doblar el canto (las múltiples líneas de jitos lo hacen a distintas alturas -tal vez porque los neveros aguantan hasta primeros de julio, dificultando la travesía por la parte inferior-), se destrepan unos metros (Iš-IIš) para bajar a un estrecha ladera de gravera y rocas. Se atraviesa prácticamente en llano, a coger en un marcado corredor que corta en travesía las llambrias que caen cobre la vasta hondonada. La entrada a este pasillo natural, se estrecha en un airoso paso de primer grado. El resto del corredor se hace caminando. Llega a una corta canaleta que sube a la izquierda. Se trepa por ella (Iš), pues el pasillo se estrecha en una marcada vira que atraviesa el llambrial. Sale a una irregular planicie calcárea resquebrajada por infinidad de torcas. Se bordea por el frontal de la izquierda, frente alomado que cae sobre Hoyos Engros, en dirección a una canalete que se aprecia al otro lado (Oeste). Se sube la breve canaleta y se entra en la travesía final por la terrosa gravera que lleva a la Collada Blanca.

La Collada Blanca es una depresión formada por la amplia comba que se continúa por los cresteríos del Tesorero y de la Torre Blanca. Es paso obligado entre los Hoyos Engros y el Hoyo del Trasllambrión. Este circo glaciar conserva uno de los escasos vestigios que quedan en los Picos de Europa del glaciarismo. La cabecera está formada por una alargada planicie que se extiende por la base de la crestería del Llambrión, generalmente recubierta por una banda de helero que abarca desde la mole de Tiro Tirso hasta las inmediaciones de Tiro Callejo (depresión por donde traspone el delicado paso hacia el Hoyo del Llambrión -vertiente de Collao Jermoso-, que desgaja la Torre de las Llastrias de la crestería del Llambrión). Dos jous delimitados por morrenas de pedrera se forman en la base de las paredes de Torre Blanca y de la Torre Sin Nombre. El nevero más compacto del microglaciar se adhiere a las faldas pedregosas que envuelven el sombrío cuenco Norte que configura el jou cimero. Ambos hoyos se integran en una vaguada combada derivada de la escorrentía del primitivo glaciar. Bajo la Collada Blanca se forma una hoyada, delimitada por una llomba que pudo contener el avance de la lengua glaciar. Desviaría su fluir hacia el Oeste a un segundo hoyo, más pequeño. De nuevo frenada por los contrafuertes de la Torre de la Palanca, retomaría su avance en dirección Norte, cayendo sobre la profunda depresión del Hoyo Grande Cimero. Su acción abrasiva debió modelar los espolones de la Torre de la Palanca, modelando un paso que aislaría una estilizada aguja. El Picón, enhiesto pináculo que apunta directo a los azules cielos leoneses, sito al Norte-noroeste de la Collada Blanca, es una aguja en el sentido geológico del término (monolito aislado por la acción erosiva de los glaciares), al igual que la misma mole del Picu Urriellu. La lengua glaciar siguió su avance imparable, abriéndose camino entre el cordal de la Torre de la Palanca y el de Torre Cerredo, descolgándose al Cares por la Canal de Dobresengos. El pasado geológico parece simplificar la compleja orografía de los Picos de Europa. El mismo lecho del glaciar nos conduce a las angosturas de la Garganta del Cares, en las inmediaciones del pueblo leonés de Caín.

Devolando la Collada Blanca se entraría en una vaguada que baja a las hondonadas inferiores del Hoyo del Trasllambrión. Los jitos plantean una variante para evitar perder tanta altura (el sendero de la vaguada suele utilizarse para completar la travesía a Caín a través de los Hoyos Grandes -Cimero y Bajero-). Se acomete una travesía por las tumbadas llambrias de la base del espolón que sube a la Torre Blanca, que delimitan la vaguada referida por la izquierda. Una zona compacta de llambria detiene el avance, obligando a destrepar por una canaleta (Iš) que baja a las pequeñas morrenas del hoyo inferior del microglaciar (uno de los dos jous mencionados anteriormente, sito en la base de los paredones de la Torre Blanca). Se recorre la morrena frontal, enlazando con la lateral. Esta se va desdibujando, confundiéndose en una empinada ladera de gravera por la que se remonta directamente al jou cimero, el mayor de los dos.

Éste también se rodea por las morrenas de la derecha, que se interrumpen por un lateral del jou, cegadas por una barrera de peña que delimita la hondonada por el Oeste. A su derecha la franja rocosa limita con una canaluca de pedrera que traza una diagonal de izquierda a derecha. Se entra en esta acanaladura, cogiendo algo de altura para enlazar con unos corredores que atraviesan la barrera de peña, de derecha a izquierda. Se trepa por una canaleta (Iš-IIš) que lleva al morro que preside esta asequible muralla. Llomba arriba (Oeste), evitando las llambrias más inclinadas por los laterales, se alcanza la zona superior del circo. De la franja de nieve que se asienta en la alargada planicie de la cabecera, en la pedregosa falda del Llambrión, suele desprenderse una segunda línea de nieve que recubre la vaguada que delimita nuestra loma de subida por la izquierda. Se cruza y se sube directamente por la gravera que lleva a la misma base del espolón de subida al Tiro Tirso.

 

 

Tiro Tirso (15 minutos)

La vía normal del Tiro Tirso sigue la arista que arranca de la misma horcada que desgaja esta cumbre de la cima del Llambrión. Esta profunda tajada culmina un umbrío canalón que se precipita sobre la vertiente del Lago Cimero. Para ver el lago a través de la quebrada hay que encaramarse en un lateral.

La arista se entra por la izquierda, aprovechando una grieta que se forma en el costado del arranque del espolón. La grieta puede usarse como pasamanos o como apoyo para el pie, en este último caso ha de tenerse en cuenta que la peña es algo abombada y echa al montañero para afuera.

Tras esta arrancada, la vía se encarama en plena arista. La elegante trepada por buena roca, encuentra buenas presas y apoyos para el pie. Siempre encaramada en el filo, llega al primer resalte, entrando en la parte más dentada de la arista. Se trata de una sucesión de pináculos que se interrumpe en el marcado corte de la cresta. El primer resalte no es más que un "reblago" que sólo planteará problemas en el descenso (más que por el riesgo de caída por mantener una técnica correcta en el destrepe, pues el terreno invita a dejarse arrastrar por la llambria). Se trata de un corte vertical de metro y medio sobre el que se asienta una inclinada llambria. La mano derecha aprovecha un canalizo de la llambria y el mismo filo de la arista, que rompe sobre la vertiente del Lago Cimero, en tanto que la mano derecha apenas se deja como apoyo (esta eventualidad y la separación entre el plano de llambria y el apoyo del pie aconsejan una catalogación de tercer grado, aunque -insisto- no es más que un "reblago").

Se trepa por una zona de llambrias inclinadas, yuxtapuestas a modo de escamas, por la que la vía se encarama en el pináculo que precede el característico corte de la arista. Un escaso metro y medio de pared lisa que cierra la estrecha horcada que cabalga entre las caídas del Hoyo del Trasllambrión y acanaladuras que se descuelgan por la vertiente del Lago Cimero, invitan a descolgarse (algún montañero llega a saltar para evitar este corte), haciendo difícil sostener una catalogación de segundo grado. Al regreso, sin bajar a la horcadura se supera el resalte con un nuevo "reblago". "Reblago" (del verbo "arreblagar" o "reblagar") es un término asturiano que hace referencia a un salto, paso largo o zancada; muy expresivo para la descripción de este tramo de la cresta.

Superado el corte, se destaca una canal que sube por la izquierda del espolón a la cima. Se sigue por la arista, por la izquierda de una grieta o acanaladura que es la continuación de una canaleta que se descuelga por la pared sudoeste de Tiro Tirso. Al final de la grieta se deja el espolón, evitando los bloques de la cresta cimera por unos estrechos corredores o pasillos naturales que entran en travesía en la parte superior de la canal que delimita la arista por la izquierda. Una sencilla trepada devuelve la vía a la arista, evitando el peñasco cimero por la vertiente del Lago Cimero.

La vista de Tiro Tirso está condicionada por su ubicación en el corazón de la alta montaña y por su integración en plena crestería Torre Blanca - Llambrión. Domina desde las alturas el desierto calcáreo del Macizo de los Urrieles, divisando la mayoría de las cimas -sino todas- que rebasan los dos mil seiscientos metros. De todas ellas destaca Torre Cerredo, en cuyas paredes se empasta la roca bermeja que da nombre a la peña que lo precede. Una hermosa silueta adornada con la arista que se extiende hasta la Torre de Los Cabrones. Hacia el Sur se contempla a vista de pájaro el escondido pozo del Lago Cimero, con la corona de campera que circunda el reflejo de aguas esmeralda. Oasis de verdor en el mundo caótico de la alta montaña que alcanza su máxima manifestación en la Vega de Liordes, depresión delimitada por las Peñas Cifuentes. La Torre del Llambrión, hermano mayor del Tiro Tirso, tapa la contemplación de uno de los valles más hermosos de los Picos de Europa, el de Valdeón. Esta eventualidad se subsana completando a ruta con la ascensión a la segunda cima de los Picos (IIš) o a las cumbres contiguas de la Torre de las Llastrias y del Hoyo Grande (Iš-IIš).

Tiro Tirso - Espinama (4 horas 30 minutos)

La ruta ha sido pensada para regresar por el mismo itinerario de subida. Para completar un circuito la opción más evidente es el regreso por la vertiente de Collao Jermoso. Esta alternativa obliga a destrepar por el angosto embudo de Tiro Callejo (IIš) o pasar por la cima del Llambrión enlazando con la vía normal (llamada "de las pinturas", por estar señalizada con manchas de pintura amarilla -sin comentario-). Ramón Sordo dice que el Llambrión, además de la segunda cima en altura del macizo, es el paso más alto de Los Picos. Era utilizado por los vecinos de Valdeón para enlazar el Hoyo del Llambrión y el del Trasllambrión, ambos pertenecientes a la Provincia de León. El mismo término de "trasllambrión" pone de manifiesto que se trata de un topónimo atribuido a los vecinos de Valdeón, pues desde Liébana esta depresión precede a la cumbre que le da nombre. Este topónimo recupera todo su significado contemplando la peña desde los pueblos del Valle de Valdeón.

En las cuenca del Argayo Congosto, se enlazaría con el camino de Las Colladinas, aproximación normal al refugio de Collao Jermoso. Camino muy pisado por el que se puede bajar al circo de Fuente Dé. En las llamargas que se ocultan tras el Parador Nacional, donde manan las fuentes del Deva, se toma la pista que, afectada por la carretera del teleférico, desciende por toda la Vega del Naranco a los pueblos de Pido o Espinama.

Retrocediendo por Cabaña Verónica, también se puede bajar al circo de Fuente Dé, bien por la Canal de la Jenduda (presenta un destrepe en la parte inferior del angosto embudo -IIš-), o bien por el Camino del Hachero.

Una tercera alternativa retorna a la reconfortante compañía de los pastos de Áliva, pero evita el largo rodeo por la pista de subida. En este caso no ha de trasponerse la Horcadina de Covarrobres, sino el ramal que baja al Cable.

Sin llegar a la estación superior del Cable, existe un sendero que atraviesa la cabecera del cuenco que se descuelga sobre el Camino del Hachero. Se coge en las últimas curvas de la pista que baja a esta estación superior del teleférico, habiendo que saltar una alambrada que impide el paso del ganado a este colgado recuenco. Entra en llano, cruzando algún tramo de llambria (Iš), a una collada que se encuentra a la altura del blanco caseto que pende sobre los abismales descuelgues de la meseta de Lloroza. Esta collada devola hacia los Puertos de Áliva. Siguiendo la línea de cordal que los delimita por el Sudoeste se llega al Cueto Redondo (1.914 m.). Precede a esta redondeada cima el Collao de la Junciana (1.864 m.). Devolando la collada hacia el Sur, se coge un buen camino que inicia una travesía hacia el Collao Valdecoro. Al Este, por toda la vaguada delimitada entre los paredones de Cueto Redondo y los Picos de Valdecoro, se baja hasta la cascada del Aguasel. Este salto de agua ciega la valleja, hay que salirse previamente por el canto de la izquierda, cogiendo el camino que entra en el Prao Bustiello. El sendero se dirige al Boquejón de Áliva, aunque si no se cruza el cauce del río Nevandi, bajando por la derecha de una mata de avellanos que recubre su curso, se tropieza con una pista marcada con señales de pintura blanca y amarilla (Sendero de Pequeño Recorrido). Esta pista muere en las praderías de Igüedri; siguiéndola hacia el Oeste (en dirección contraria a los invernales) se iría a los invernales de Tobín. Recto hacia abajo, dejando las marcas de pintura que llevan a Pido, se bajaría casi a las puertas de Espinama (seguir de frente en una revuelta de la pista principal, entrando en una pista tomada que se va perdiendo entre la maleza; ya cerca de Espinama hacer lo contrario, seguir el ramal que baja a la izquierda), evitando el trasiego de todoterrenos que transitan por la pista de Igüedri.

 

 

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