PIDO - SALVORÓN - LOS EMBUDOS - COLLAO BRAGATESA - CORISCAO - LAGO DE SALVORÓN - PIDO (semicircuito)
Punto de partida:
Pido.Duración: 7 horas.
Desnivel: 1.300 metros.
Dificultad: fácil. En realidad el recorrido propuesto puede recomendarse a cualquier principiante que se sienta preparado para superar el desnivel apuntado en el apartado anterior. La sobrecalificación de fácil sirve para que gente escasamente habituada a desenvolverse por la montaña no se vea sorprendida por la fuerte inclinación del estrechamiento de Los Embudos.
Características: El Coriscao es uno de los miradores que gozan de las más bellas panorámicas de los Picos de Europa. Las distintas rutas que se pueden trazar por la vertiente lebaniega de la montaña son un complemento interesante para tan estratégica cima. Se propone aquí una variante de subida que coincide en parte con las aproximaciones a la cumbre -relativamente próxima- del Escaño (Tabla Mal Rota).
Si bien los recorridos desde los pueblos lebaniegos duplican con creces el desnivel a salvar con respecto a la ruta normal de subida desde el Puerto de San Glorio / Collao de Llesba, en contraprestación ofrecen rincones de singular belleza y largos recorridos por los vastos bosques que han propiciado la extensión de los límites administratrivos del Parque Nacional de los Picos de Europa más allá de los límites geológicos de esta conjunción de macizos calizos. Dentro de las muchas especies animales ligadas a los ecosistemas forestales, quizás una de las más características es el urogallo, con varias observaciones registradas en estos montes.
El referente visual gira en torno al circo glaciar de Fuente Dé. Cierra el circo una muralla pétrea sobre la que se asienta una amplia meseta de la que emergen las más altivas torres del Macizo Central. Entre ellas destaca por su majestuosidad y elegante volumen el conjunto de Peña Vieja. La Torre de Salinas también robará una pizca de protagonismo al quedar aislada al Oeste del macizo. Individualidad que compartirá Peña Remoña; pero que irá perdiendo a medida que el montañero vaya ganando altura, pues por detrás irán sobresaliendo las torres del sector del Llambrión, empastándose con ellas.
La distancia disimulará las profundas cicatrices que la extracción minera primero, y la explotación turística después, han marcado en un ecosistema escasamente regenerable. Quizás sea el alejamiento de nuestras montañas la única manera de recuperar esa mirada inocente que evoque tiempos pretéritos de integración del hombre con la naturaleza. Porque desde la lejanía se descubre con nostalgia una montaña idílica, inmutable ante el paso del tiempo; una visión efímera que se desvanece al adentrarse en las entrañas de ese desierto de desnuda caliza, reconvertido en un parque urbano. La eterna lucha entre conservación y explotación a ultranza (siguiendo un modelo decimonónico ¿en regresión?), decantada, pese a la ampliación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga al conjunto de los Picos de Europa, del lado de la explotación turística más agresiva, a veces encubierta bajo las exigencias de un colectivo montañero que reclama una urbanización y adaptación de la montaña para favorecer una actividad que, en teoría, dice decantarse del lado de los espacios vírgenes e inalterados. Un concepto deportivo de la montaña en el que la superación y el sacrificio han sido sustituidos por el todo vale para hollar la cumbre más recóndita y escarpada. Una masificación encubierta bajo el amparo de una licencia federativa que no hace sino rebajar la montaña a un entretenimiento de masas. Se ha conseguido reducir dificultad y desnivel hasta extremos irrisorios, poniendo cualquier cumbre al alcance del hombre de la calle. Es lógico que luego se reclame como exigencia irrenunciable la señalización de caminos y vías de escalada, su construcción "ex novo", la voladura de tramos expuestos o la instalación de ferratas, la construcción de refugios y la sobreequipación de las vías de escalada (ya se están equipando la mayoría de las cumbres que exigen sencillas trepadas de IIº o de IIIº, cuando nunca hubo nada). Una conquista fraudulenta de la montaña ajena al juego limpio, que en otras disciplinas se traduce en la lucha contra las drogas y en la nuestra debería buscar un consenso de mínimos: historicidad de la vía o aseguramiento con elementos que puedan ser retirados sin alterar la pared; filtro del esfuerzo físico, considerando que las carreteras y demás infraestructuras han sido pensadas para comunicar pueblos y no para llevar el turismo al corazón de la montaña, y el principio irrenunciable de no dejar huella de nuestro paso por la montaña, de tal manera que si bien no hemos sido honestos con nosotros mismos, al menos juguemos limpiamente con los que vengan detrás nuestro. Porque para todo hay alternativas. La señalización de los caminos ya no tiene sentido con la aparición del GPS (infinitamente más seguro que cualquier señal dejada en la montaña), basta empezar a editar guías o topoguías específicas de coordenadas; los refugios de montaña son innecesarios con la calidad de las prendas de abrigo y sacos de montaña que están a disposición del montañero (la seguridad quedaría suficientemente garantizada con la instalación de refugios vivac -cajas de madera de reducidas proporciones-, que sólo pueden ser usados en caso de inclemencias meteorológicas imprevistas; amén del esporádico refugio que proporcionan las distintas majadas y cabañas -sin olvidar que tienen dueño y que sólo deberían ser utilizadas en caso de necesidad- que se dispersan por las montañas cantábricas), y el equipamiento de las vías no debe desvirtuar la escalada (nunca reequipar puede ser sinónimo de emplazamiento de nuevos seguros que no existían tras la apertura de la vía, sino que se trata simplemente de sustituir el viejo material por seguros más modernos), siendo casi una obligación el desechar vías que sobrepasen nuestras limitaciones (un escalador en una vía adecuada a su nivel debería tener garantizada su seguridad con los seguros utilizados por el aperturista de la vía y el empleo personal de friends o empotradores); cuerdas y útiles no agresivos de escalada que permitirán a cualquier montañero asegurar los malos pasos que se encuentre en su aproximación a la montaña (en caso de no querer ceder ante una dificultad que supere su preparación). Porque, en definitiva, el montañismo no es una actividad a la carta que requiera adaptar la montaña a la capacidad y comodidad del hombre sedentario; sino una actividad que integra un componente deportivo que exige adaptar cuerpo y mente a las exigencias de la montaña. Guías y grupos de montaña (o los cursillos de las respectivas federaciones) facilitan el aprendizaje de una actividad que será tanto más exigente en función de la meta pretendida.
Esta concepción de la montaña es la que impera en nuestros recorridos. No se trata de buscar el camino más corto y cómodo a la cumbre, sino ir descubriendo los rincones que esconden las distintas alternativas que ofrece la montaña. La montaña deja de tener sentido cuando se desvincula del ecosistema en que se integra.

Descripcción:
Accesos
El pueblo de Pido comparte con el de Espinama la cabecera del Valle de Camaleño (Liébana). La carretera (más conocida como carretera de Fuente Dé, por dar servicio a las instalaciones turísticas ubicadas en el circo glaciar en que brotan las aguas del Deva) arranca de la villa de Potes, centro neurálgico de La Liébana. Remonta por el fondo del valle todo el curso del río Deva, atravesando pueblos como Camaleño y Cosgaya. Espinama se encuentra a veintiún kilómetros de Potes. Trescientos metros más arriba se llega al cruce que baja a Pido, a la izquierda de la ancha y asfaltada carretera que sube al complejo turístico.
Pido - cabaña de Salvorón (1 hora 45 minutos)
Epinama es un pueblo lebaniego levantado en la mecedura de los ríos Deva y Nevandi. Este río es uno de los primeros afluentes que vierten sus aguas al Deva, concretamente el primero por la izquierda. Nace en los puertos de Áliva, colándose por la enorme abertura que desgaja el Macizo Central del Oriental (o de Ándara).
El camino que sube a Pido salva el curso del río Deva por un viejo puente acosado por la vegetación. Apenas diez minutos de marcha separan ambos pueblos. Pido se asienta en las más soleadas laderas de la margen derecha del Deva. Apartado de la carretera que sube al teleférico de Fuente Dé, se ve libre del trasiego que colapsa Espinama. Carece asimismo del peso específico de esta localidad, vinculada a uno de los nostálgicos episodios de la "conquista" de los Picos de Europa. Las minas de Áliva convirtieron al pueblo de Espinama (última localidad del valle que se encontraba antes de llegar a las explotaciones) en el punto obligado de parada y fonda para las expediciones que se adentraban en Los Picos.
Sin embargo, Pido goza del encanto que encierran los pueblos de la comarca lebaniega. Casas de piedra con corredores adornados de hermosas flores. Viejas cuadras y tenadas integradas en el conjunto rural. Bellas callejuelas que sorprenden al doblar cada recodo. La antigua iglesia, omnipresente en prácticamente todos los pueblos de Liébana, independientemente de su tamaño. Identidad puesta en peligro por la actual explosión turística que se traduce en la construcción de apartamentos y segundas residencias que pueden afectar el delicado equilibrio entre tradición y modernidad.
Pese a la proximidad con Espinama, el pueblo de Pido no está tan empozado como aquél. A la altura de Pido se produce un punto de inflexión del valle del Deva. El encajonamiento del río por el que sube serpenteando la carretera de Fuente Dé, comprimido entre las estribaciones de la Sierra Carielda y las boscosas faldas de la Cordillera Cantábrica, cede paulatinamente a medida que se aproximan las primeras casas de Espinama. En Pido se consuma esa franja de transición que se va abriendo hacia la cabecera del Deva. El frondoso bosque va cediendo ante el empuje de las praderías, que se van adueñando de las fértiles vegas de la vera de los ríos. El valle va girando hacia la derecha, bordeando los hayedos que recubren la individualizada falda de los Picos de Valdecoro. Se pierde tras la espesura del monte, escondiendo uno de los circos glaciares más imponentes de los Picos de Europa, cuna del río Deva.
El ramal asfaltado que entra a Pido traza una pronunciada revuelta, aislando una vieja casa de dos plantas. En la parte inferior se guardan los aperos, reservándose la planta superior (que, por la parte posterior, queda al ras de la carretera que rodea la edificación) para vivienda.
A la salida de la curva, se toma la primera callejuela a la derecha. Remonta directa por uno de los rincones más sugestivos de Pido. Una empinada cuesta de roto hormigón, ceñida entre las piedras del antiguo pueblo y las cuidadas restauraciones de las casas de siempre. A medida que la pendiente se va suavizando, se abren por la derecha las primeras fincas, irrumpiendo los desequilibrios urbanísticos de la pujante modernidad. Casas que empiezan a perder la identidad que las liga al pueblo en que se integran.
La calle se desdibuja. Va girando hacia la derecha, en dirección a un par de grandes cuadras sitas a las afueras de Pido. La estrecha caja de la pista ha sido recubierta con un piso de asfalto para facilitar el tránsito de vehículos a la cercana quesería. Antes de llegar a este complejo se encuentra una gran nave de reciente construcción. Durante este tramo la pista vienen delimitando los lindes del bosque, marcando la divisoria entre el monte y las praderías.
En las praderías de Pido confluyen tres grandes valles. El circo de Fuente Dé cierra por el Norte la cabecera del valle del Deva. Una inexpugnable muralla se extiende desde la Canal del Embudo, que desgaja Peña Remoña de la puntiaguda cima de La Padierna, hasta el Collao Valdecoro (donde nace el Valle del Aguasel, marcada vaguada que se interpone entre los Picos de Valdecoro y el Cueto Redondo). Sobre tan formidable bastión, sólo quebrado por el profundo corte de la Canal de la Jenduda, se asienta una vasta meseta de la que emerge la amesetada mole de Peña Olvidada.
Directo hacia el Oeste remonta el valle del río Cantiján. Por la cuerda cimera que cierra el abierto valle, istmo formado por la sucesión de lomas que engarzan las Peñas Cifuentes (Picos de Europa) con el Puerto de Pandetrave (Cordillera Cantábrica), devola la pista Fuente Dé - Valcavao - Pandetrave (el tramo de pista entre Espinama y Fuente Dé ha sido reconvertido en una ancha carretera turística de acceso al teleférico y al Parador Nacional construido en pleno circo) hacia la vertiente leonesa del Valle de Valdeón.
El valle del río Las Bárcenas se abre hacia el Sur. Este río, afluente del Deva, se alimenta a su vez de las aguas que le aportan tres arroyos: Salvorón, Canalejas y Mobeja. Tres cursos de agua que dan forma a los tres valles que van a ser mencionados en párrafos posteriores. Queda por reseñar una cuarta valleja que confluye con el valle principal del río Las Bárcenas, ajena a las principales entradas a la cuerda cimera de la Cordillera Cantábrica, por donde discurre el arroyo Llabajos.
Nada más pasar la quesería de Pido, se toma una de las dos pistas que se adentran en el valle del río Las Bárcenas. La otra deja el tramo asfaltado que retorna a la carretera de Fuente Dé cien metros más adelante, a la salida de Pontesqué, un disimulado puentecillo que salva el cauce del río mencionado.
El breve repecho inicial cede instantáneamente. La pista dobla la loma y entra en el valle. Discurre en llano entre el monte y las praderías de la margen izquierda del río (sentido ascendente de la marcha). La desfigurada muria que delimita el pastizal, reconvertida en singular alameda, cede intermitentemente para permitir el paso de los tractores a las fincas. Rústicas y funcionales entradas que permiten asomarse para gozar de una hermosa vista, no entorpecida por el arbolado, de las peñas que presiden el circo de Fuente Dé. Peña Remoña (Noroeste), presenta su cara más agreste; una escabrosa alineación de torres que se descuelga a través de unas abismales caídas en las que se intercala una franja de vertiginoso pasto sólo al alcance de las acrobacias de los rebecos. Al fondo, por un lateral de Remoña, empieza a individualizarse el crestón desafiante de la Torre de Salinas. A la altura de las últimas praderías, va adquiriendo un marcado sentido ascendente.
Ya en plena subida emboca una portilla de hierro. Es la entrada a una cerrada finca en la que suelen encontrarse uno o dos caballos. Una calva en pleno bosque que permite volver a contemplar, dentro del estrecho margen que ofrece la abertura del valle, la cumbre del Escaño. Una pelada mole que se apoya en una franja caliza diagonal. Barrera cárstica que va a adquirir entidad propia, dando forma a una escarpada crestería que se alarga hacia el Oeste. Por la valleja que delimita aquella montaña por la izquierda, baja una riega que da vida a una pequeña cascada. Salto de agua que rompe sobre un empinado cuenco que se entuba en las angosturas de Los Embudos.
La pista afronta un acusado repecho inestablemente asentado en el filo del alto talud de la finca. Se reinterna en el bosque con un desnivel mantenido. Llega a la única bifurcación conflictiva, un desdoblamiento de pistas en uno de los rincones más hermosos del hayedo. Firmes y esbeltos troncos que alcanzan una considerable altura, se alinean irregularmente en un suelo de hojarasca manchado por los tenues haces de luz que se cuelan entre el tupido ramaje. El amplio ramal de la derecha, inicia un ligerísimo descenso en busca del lecho del río. Contacto efímero con el frío torrente, del que se desentiende para subir a enlazar con la pista de la Vega de Arriba (que viene remontando por las laderas opuestas del valle).
Nuestra pista, por su parte, sigue faldeando por las boscosas laderas occidentales del valle. La espesura del monte impide apreciar el doble desdoblamiento del valle provocado por los cursos de los tres arroyos que lo alimentan. Al salir a la primera vega el montañero se encuentra encauzado en la cuenca del río Salvorón. Serpentea entre los plegamientos que se suceden por las faldas norteñas del cordal del Coriscao, tratando de alcanzar los altos puertos que se extienden por encima de los vastos hayedos asimilados administrativamente al bosque atlántico representativo del Parque Nacional de los Picos de Europa.
La pista atraviesa la vega en su integridad, ofreciendo unas postales sin parangón de la atormentada orogenia del Macizo Central. Retorna brevemente a los sombríos hayedos, recuperando el fuerte desnivel que la caracteriza. Cruza el arroyo de Salvorón, adentrándose en la pradería que la lleva a morir a las puertas de la Cabaña de Salvorón.
La Cabaña de Salvorón es la única construcción que se conserva en pie. Quedan vestigios de una antigua majada en un rincón del recogido cuenco. La cabaña se ha levantado sobre la loma frontal de la vega. Su envidiable situación la convierte en un privilegiado mirador de los Picos de Europa. Las vistas de la vertiente Sur del Macizo Central, omnipresentes a lo largo de todo el recorrido que se va pasará a describir, invitan a un nostálgico suspiro ante la sublime belleza de la alta montaña en estado puro. Dejo en un segundo plano la mención del Macizo Oriental, pues no alcanza la majestuosidad que se reserva para quienes gusten descubrirlo desde los mismos pueblos del Valle de Camaleño.
Cabaña de Salvorón - Los Embudos - Collao Bragatesa (1 hora 30 minutos)
Breve reseña orográfica
Al Sur de la Cabaña de Salvorón se adivina el circo en que se arrincona el lago de Salvorón. Los laterales del cuenco vienen delimitados por dos prominentes cerras. La de la izquierda impide ver la cima del Coriscao (por su roma llomba cabalga el sendero elegido para el descenso); en tanto que la de la derecha se individualizaba al afrontar el último tramo de pista hasta la cabaña. Ambas se enlazan a través de una línea de cresta interrumpida por oscuros peñascos que coronan las inclinadas laderas del circo. Engañoso terreno que encubre las suaves laderas de pasto de la vertiente Sur (aguas vertientes al Valle de Luriana). El frontal del circo viene cerrado por una franja de peñascos calizos dispuesta de forma cóncava, marcando la boca del cuenco. En el punto inferior del arco calizo, a ambos lados del peñasco central, se destacan las dos entradas al circo. Por su izquierda baja el breve encañonamiento de la incipiente riega de Salvorón; la segunda opción busca una collada más alta en la parte derecha de la peña de referencia.
Los caminos del ganado más frecuentados atraviesan el puerto hacia el Este. Doblan la collada que se recorta en la loma que cierra el puerto en esa dirección, faldeando las inclinadas laderas del Coriscao. Bajan a la majada de Peñalba, de gran importancia ganadera.
Para dar vista el estrechamiento de Los Embudos, ha de doblarse la sierra de matorral (plantas rastreras que alternan con un tupido bosquete de escobales) que delimita la vega por el Oeste. El paso se encontraría en la collada cimera de esta impenetrable loma, en la misma base de la franja rocosa que separa el puerto de las cerras cimeras del cordal del Coriscao. Aunque la ruta elegida implica acometer un largo rodeo (es una subida bastante directa si se pretende coronar la cima del Escaño, también llamado Tabla Mal Rota), la espectacularidad de la subida es preferible al monótono e interminable ascenso por la llomba que cierra el circo del lago.
Descripción de la ruta
Para entrar en la cabecera del río Canalejas, ha de alcanzarse una vega intermedia entre la Cabaña Salvorón y el lago. Puede subirse directamente desde la misma cabaña, remontando el fuerte desnivel de las cuestas de matorral que nos cierran por el Sur, aprovechando dos franjas de verde llamargal, a la derecha del encañonamiento del río Salvorón.
El camino, sin embargo, da un rodeo mucho más cómodo, evitando las cuestas de matorral que cierran la vega de la cabaña por el Sur por su flanco izquierdo. Curiosamente el camino atraviesa toda la hondonada en dirección Este, de espaldas a la loma que ha de doblarse para entrar en la cuenca del río Canalejas y de frente a las tomadas llombas que doblan los senderos que pasan a Peñalba. Pasa el camino junto a una cabaña semitroglodítica, construida aprovechando dos grandes piedronas. Enseguida gira hacia el Sur, entrando en una vaguada, donde crece un solitario mostajo, que conduce al lateral oriental de la vega intermedia a que nos dirigimos, al pie de la barrera caliza que forma la boca de entrada al circo del Lago Salvorón.
Al Este de la vega ascienden los caminos que pasan a la majada de Peñalba, devolando una alta collada. Nosotros bajamos a la vega. Quedan grandes círculos de ruinosas murias que evocan un pretérito aprovechamiento ganadero. Se atraviesa toda la vega en dirección Oeste, paralelos a la barrera caliza que sostiene el circo del lago. Ha de llegarse a la collada del otro lado, sita en el punto de confluencia de la peña y de la loma que baja separando la cuenca de los ríos Salvorón y Canalejas.
La collada -dije- une la barrera caliza, de la perpendicular loma de matorral que se interpone entre la vaguada del río Salvorón y la cuenca del arroyo Canalejas. El punto culminante de este cordal, a la derecha de la collada, ofrece una increíble panorámica del Macizo Central, pues a la belleza de ese desierto vertical de caliza, se une la espectacularidad de este rincón de la Cordillera Cantábrica que mira a Los Picos.
El arroyo Canalejas se nutre de las aguas que brotan en el Collao Bragatesa. Un hilo de agua se precipita por el desfigurado circo que se recoge en la vertiente Noreste del Escaño. Salta en una pequeña cascada que rompe sobre las inclinadas laderas que se encajonan en la angostura de Los Embudos. Un vertiginoso descenso que finaliza en un abrigado cuenco, empozado en los lindes del bosque.
La barrera cárstica que cierra el frontal del circo del lago de Salvorón, se continúa por la cabecera del cuenco del río Canalejas. Su silueta cóncava se vuelve más acusada, casi formando una figura en "V". En el vértice inferior de la pétrea franja de blanca caliza, el arroyo que alimenta el río Canalejas quiebra su continuidad, erosionando una estrecha brecha en que desagua el cuenco superior. Por ese estrechamiento llamado acertadamente Los Embudos, se cuela el sendero que sube al Collao Bragatesa. La barrera caliza remonta al Oeste de la angostura, cerrando el frontal de la oscura pirámide del Escaño (Tabla Mal Rota). La escarpada crestería que se extiende desde El Escaño hasta prácticamente los Altos de La Bejerina, delimitando la Vega de Arriba (cabecera del valle del arroyo Mobeja), no es sino la continuación de la ya tantas veces mencionada franja caliza que separa la zona de puerto de los circos y cerras cimeras del cordal del Coriscao. Barrera caliza dotada de entidad propia y denominada Altos de La Mostajal.
Devolando la collada, se bajan unos metros y se coge un sendero que faldea bajo los verticales farallones calizos que se ciñen sobre Los Embudos. La senda atraviesa las inclinadas laderas que forman el cuenco del arroyo Canalejas a gran altura, entrando en el estrechamiento de Los Embudos. La riega que desagua por este encañonamiento sube directa a la cascada.
Se remonta directamente por el lecho rectilíneo del arroyo hasta llegar al rompiente de la cascada. Este salto de agua se precipita por la parte más ancha de una franja de oscura roca que se interpone en el centro del valle. La barrera pétrea se estrecha hacia los extremos, formando una achatada y alargada figura romboidal. Se flanquea hacia la derecha, por la base del pequeño farallón. Reseñar al fuerte inclinación de esta zona del cuenco que se entuba en Los Embudos. Aunque se avanza en posición erguida, no es extraño que puedan echarse las manos al suelo en algún momento puntual. La sobrecatalogación del tramo como de primer grado (fácil), permite al neófito hacerse una idea de lo que se puede encontrar.
El reseco cauce de una riega (débil valleja que recoge el agua que arroya por las laderas superiores en días de fuertes lluvias) corta en perpendicular el extremo final de la barrera rocosa que interrumpe la vaguada, y que se viene faldeando. Apenas se suben unos pocos metros por este reguero, enlazando con las difusas veredas de los rebecos que atraviesan la ladera de derecha a izquierda. Vienen de una verde collada que marca el extremo inferior del roto cresterío nororiental del Escaño, en el punto en que se interrumpe al chocar contra uno de los peñascos calizos que se integran en el compacto farallón calizo que se ciñe sobre Los Embudos. La vereda se pierde al atravesar la zona de quebrada roca oscura que se interpone entre nuestra posición y la collada. Cruza la reseca riega y se interna en las pendientes laderas de matorral que cuelgan sobre la pétrea franja de la cascada que se acaba de flanquear. Encaramados en las pendientes vertientes que penden sobre la estrecha barrera rocosa, por cualquiera de las diversas sendas paralelas en que se va desdoblando esta vereda de rebecos, se faldea a media ladera retornando paulatinamente al centro de la vaguada principal, por donde discurre la riega que alimenta la cascada.
En la parte superior del valle los relieves se suavizan acusadamente. Remontando al Oeste-Noroeste, se puede coronar directamente la cima del Escaño (2.121 m.) sin tener que dar el largo rodeo por el Collao Bragatesa. El terreno descompuesto tapizado de oscuras piedras aconseja, sin embargo, buscar el más cómodo caminar por lo cimero del cordal.
La vaguada se interrumpe en un pequeño rellano donde se estanca el débil hilo de agua de la naciente riega. En los reducidos charcos de llamarga, que se resecan al entrar el estío, crecen varias crías de rana. El reguero conduce a un encañonamiento ceñido entre paredes de putrefacto grijillo negruzco. El paso se angosta al doblar el recodo que lo forma, quedando cegado por un estrecho resalte por el que arroya el débil curso de agua que brota unos metros más arriba, en la vasta depresión del Collao Bragatesa. Se evita por la izquierda la curiosa angostura, obra de una riega recién nacida, por un terreno de pastizal medio llamargoso. Poco a poco se va marcando un pisado sendero que entra directo al centro del amplio Collao Bragatesa (1.947 m.), señalizado con una de los postes que vienen delimitando los lindes del Parque Nacional de los Picos de Europa.
Devolando la collada se entraría en el Valle de Luriana, enorme puerto que se interpone entre el cordal del Coriscao y el destacado conjunto de los Picos Vallines. Por el Sur de este aislado cordal se forma un angosto desfiladero de conglomerado por el que baja la carretera de San Glorio a Portilla de la Reina.
Collao Bragatesa - Coriscao (1 hora)
Se asciende la suave pendiente de la cerra que delimita el Collao Bragatesa por el Este-sureste, siguiendo la cuerda cimera del cordal por el límite exterior del Parque Nacional. Desde su punto culminante ya se divisa la cima del Coriscao. Esta roma atalaya es un envidiable observador del Valle de Luriana que, prácticamente, nace en al misma ladera occidental del Coriscao. Dentro de los cordales que se extienden al Sur del Puerto de San Glorio, en el extremo, irrumpe la negra pirámide de Peña Prieta, máxima altura de la Cordillera Cantábrica. Panorámica que se vera ampliada con creces al coronar el punto culminante del cordal en que nos encontramos, el Coriscao (inconfundible por los afloramientos calizos que contrastan con el tipo de roca dominante en la Cordillera).
Se sigue el filo la cresta cimera (desdibujada por el plácido pastizal que se desliza hacia la vertiente de Luriana) que cierra el circo del lago Salvorón, apenas una lágrima en el enorme cuenco. Al otro lado se eleva la penosa cuesta que culmina en la antecima del Coriscao, una empinada llombona recubierta de matorral rastrero. Se pasa a la collada contigua, desde la que se afrontan los últimos metros que llevan a coronar la cúspide del Coriscao (2.234 m.).
El Coriscao es uno de los miradores más reconocidos del extrarradio de los Picos de Europa. No tiene a su lado ninguna otra cumbre que le haga sombra; goza pues de una panorámica en redondo sin parangón. La vista llega a perderse en el amarillo horizonte de La Meseta. El Valle de Luriana baja a perderse en los cordales que se intercalan entre Castilla y la España Verde. Al Este, también se agolpan las irregulares sierras que circundan el Valle de Liébana. El Collao de Llesba, collada lateral al Puerto de San Glorio, donde se ha levantado el monumento al oso. Un universo inabarcable de montañas que rinden pleitesía al reino de la caliza, los Picos de Europa; desde Peña Santa a la Morra de Lechugales, pasando por Torre Cerredo y el Llambrión. Los muros de piedra que circundan la cima denotan una posición estratégica, cartográficamente reconocida con la instalación de un vértice geodésico.
Coriscao - Lago de Salvorón (1 hora)
Se retrocede hasta la antecima (Noroeste), bordeando una hoya de pasto que parece descolgarse sobre las profundidades del curso alto del río Deva. Se desciende por toda la llomba, en dirección a la abertura del Duje, que desgaja los Macizos Central y Oriental (Norte). Esta inmensa loma separa el circo del lago de Salvorón de los pastos de Peñalba, recogido cuenco de verdes praderías donde muere la empinada pista que, desde el pueblo de Las Ilces, remonta por todo el valle del río Peñalba.
Por una calva pizarrosa, donde se acusa el desnivel del descenso, se baja a una collada de pasto asentada sobre los primeros afloramientos cársticos. En la collada se toma un marcado sendero que inicia una travesía descendente hacia el pozo del lago de Salvorón (izquierda). Baja a una segunda collada, junto un peñasco calizo, antes de afrontar la abierta travesía diagonal por las laderas que envuelven el cuenco inferior del circo.
El lago de Salvorón se arrincona en una esquina del pozo. Se alimenta del caudaloso manantial que brota a unos metros de la charca. En sus tranquilas aguas se reflejan las atormentadas torres cársticas del sector de Peña Vieja. Alrededor del lago, extendiéndose por la pequeña hondonada, un manto de fina hierba recubre toda la campera.
Lago de Salvorón - Cabaña de Salvorón - Pido (1 hora 45 minutos)
La salida del circo del lago de Salvorón presenta dos bocas. Varias sendas bajan por ambas márgenes de la riega por la que desagua la charca. Las sendas de la margen izquierda, salen por una collada más alta que el estrecho encañonamiento inicial de la riega. Por esta breve angostura se adentra el sendero más marcado, que discurre por la margen derecha del arroyo. Pasada la barrera que cierra el frontal del circo se da paso a la vega intermedia que se interpone entre el lago y la Cabaña de Salvorón, ya recorrida durante el camino de ascenso.