AMIEVA - COLLAO DE ANGÓN - SENDA DEL ARCEDIANO - COLLAO PARRIELLU - MAJADA LA TEXA - CABEZA LA TEXA - PIRIAÑES - JORCADA DE ABAJO - COLLAO DE ANGÓN - AMIEVA (semicircuito)

 

Punto de partida: Amieva.

Duración: 5 horas.

Desnivel: 700 metros (aprox.).

Dificultad: Sencilla ruta de montaña recomendada para principiantes.

Características: Se propone un bonito recorrido por una zona de transición entre la definida Porra del Valdepino y la individualizada Sierra de Amieva, integrantes del submacizo del Precornión.

Las distintas vertientes del cordal ofrecen perspectivas radicalmente opuestas entre sí. Si el recorrido por uno de los tramos más hermosos de la Senda del Arcediano, el único sector que se vincula directamente con la cuenca del río Dobra, es uno de los más abiertos miradores sobre la alta montaña del Cornión que rompe sobre las angosturas de este afluente principal del Sella; por el contrario, el encauzado descenso por el valle de Piriañes transporta al montañero a un mirar ceñido a ambas laderas del valle. El Valdepino y las sierras menores que se agolpan sobre las márgenes del Sella, apenas pueden compensar las hermosas postales que la alta montaña ha impregnado en nuestra retina. El desvío opcional a la Cabeza La Texa, mirador que preside la depresión del Collao de Angón, recuperará tan majestuosa estampa.

No obstante, los viejos caminos de las recónditas majadas de la media montaña de Amieva, esconden bellos rincones que compensarán el esfuerzo a que obliga un recorrido, que finalizará con una amplia y cambiante visión de la Sierra de Amieva y del valle que arropa el pueblo que da nombre al mismo concejo en que se integra.

En último término, reseñar que en esta ruta el principal protagonista es el bosque, que se intercalará con desigual intensidad entre los distintos rincones que jalonarán el recorrido.

 

 

Descripción:

Accesos

A unos veinte kilómetros de Cangas de Onís por la N-625 o carretera del Pontón, en la localidad de Ceneya, se toma la sinuosa carretera de montaña que sube al pueblo de Amieva (4 km).

Amieva - Collao de Angón (35 minutos)

Amieva es un pueblo de montaña perteneciente al concejo a que da nombre. Se recoge en un abierto valle, desgajado de la cuenca del Sella por las oscuras angosturas del desfiladero del río Vallegón, por cuyas entrañas serpentea la carretera que sube al pueblo. Enclavado en las faldas de la Sierra de Amieva, se concentra en un lateral del valle, bajo la protección del Picu la Cuesta.

La pista que sube al Collao de Angón se coge indistintamente a las puertas del pueblo, dando vista a la iglesia que en su día acogió la Virgen de Sabugo, o en la parte alta del mismo. La primera alternativa es la más evidente, pues evita las engañosas callejuelas de Amieva. Sigue la hormigonada pista que arranca a unos cincuenta metros del pueblo. Tras pasar junto al nuevo cementerio, dobla una peña y se interna en un mosaico de invernales y praderías, vertebrado por setos y bosquetes, reductos del primitivo bosque, recluido en las escarpadas peñas y valles circundantes.

La pista confluye con la que viene de la parte alta del pueblo (fusionada a su vez con la que llega de San Román, a través de La Collada). La unión de ramales no influye en el ancho de la vía, cuya estrechez se ha vuelto más acusada tras las obras de hormigonado. Destinada al servicio de la Central Hidroeléctrica del Restaño y a usos eminentemente ganaderos, se desaconseja el tránsito de vehículos particulares que reclamen una afección de la pista a una finalidad turística para la que no ha sido concebida.

Una sucesión de desiguales repechos, escoltados por una barrera de bosquetes que conservan la fresca humedad de las riegas que se intercalan en nuestro recorrido, se interna en las praderas de La Cotada de La Visitancia. El flanqueo del extremo sudoriental de la Sierra de Amieva, donde se recorta la modesta escabrosidad del Porrón de Valluengu, pequeño torreón que se sustenta sobre verticales contrafuertes que ciñen angostas y umbrías canales, finaliza en el Collao de Angón. Esta ingente depresión, puerta de entrada a la cuenca del Dobra, es una ventana abierta a la hermosa majestuosidad de la alta montaña del concejo de Amieva.

El Collao de Angón (815 m.) es una inmensa abertura que se interpone entre la Sierra de Amieva y la Cabeza la Texa, extremo de un boscoso cordal que se desprende de la individualizada Porra del Valdepino. Un suave manto de verdes camperas desciende de la misma collada hasta la misma orilla del río Dobra. Decenas de invernales se agolpan entre los cercados, en un intento de abarcar toda la riqueza de una vega regada por un río que es angostura y bravura desde su niñez.

Collao de Angón - Senda del Arcediano - Collao Parriellu (1 hora 30 minutos)

Al lado de la pista, en el mismo Collao de Angón, se extiende una explanada de la que divergen dos caminos. El de la derecha abraza las boscosas laderas norteñas de la Cabeza La Texa. Inicialmente es una pista que encubre el antiguo camino que entraba al Valle de Piriañes.

Por su parte, el otro camino (el que ha de cogerse) sigue de frente, dando acceso a las cuidadas cabañas del entorno. El piso terroso pronto recupera el característico empedrado que caracterizó una de las comunicaciones más frecuentadas con las tierras castellanas. La Senda del Arcediano flanquea la vertiente nororiental de la Cabeza La Texa. Gana altura rápidamente, suavizando el desnivel con el socorrido recurso de trazar pronunciadas revueltas. En tramos presenta un ancho desmesurado. El romo empedrado alterna -ocasionalmente- con grandes llastras naturales. El agua, elemento intrínseco a un relieve modelado por su flujo, va socavando la integridad del viejo camino, desfigurándolo hasta el extremo de formar profundas escorrentías.

Se corona la subida, entrando en una sucesión de falsas colladas. El empedrado apenas se conserva entre el permanente barrizal. El bosque cede, degenerando en un entramado de pequeños árboles de porte arbustivo. Escondida en un recogido cuenco, a la vera del camino, se oculta el remozado bebedero de la Fuente La Pandiella.

La Senda del Arcediano afronta el llamado Travesedu Cueries. Traza una línea recta que corta en dos partes bien diferenciadas la vertiente oriental del cordal que reclama la atención de nuestro recorrido, y que viene flanqueando la vieja comunicación con la Meseta. En las laderas superiores, recubriendo la escabrosa configuración de los Porros de La Garza y del Porro Los Tazos, se concentra la primigenia mancha forestal, núcleo matriz del que se desgajan los viejos árboles que se derrumban, muertos, sobre el camino. Las laderas inferiores a la línea de corte de la Senda del Arcediano, son peladas pendientes de matorral que caen sobre las angosturas del Dobra. En las camperas del canto que las delimita por el Norte, se encuentran las cabañas de Cueries.

El camino, "muriao", regala al caminante postales de ensueño. En la margen derecha de la cuenca del Dobra emerge todo un macizo que se eleva por encima de los dos mil metros. Verticales desventíos se ciernen sobre las angosturas del Dobra, desnuda caliza sólo quebrada por las escarpaduras de dos lúgubres canalones, el del Texéu y el Valle de Ozania; un paisaje emblemático de la alta montaña cantábrica.

Un terreno homogéneo de falso llano conduce al Cantal. En este punto, la senda dobla la sierra embocando el valle del río de Toneyu. La majada en que nace este arroyo deudor del Dobra, se esconde en la cabecera de esta depresión que se abre paso entre las moles del Cabronero y del Valdepino. En un plano inferior, parcialmente visible desde El Cantal, se escalona una segunda franja de hermosas praderas; ricos pastos bañados por el tortuoso río, ligados a las pequeñas historias de la Senda del Arcediano. En Sabugo (Saúgu), majada arrinconada en un rincón del vasto pastizal, llegó a existir una alberguería y una pequeña ermita, donde se veneraba la figura de Nuestra Señora de Sabugo. Sus campanas guiaban a los arrieros que se veían sorprendidos por la niebla a la caída de la tarde. Hoy son los cables del desproporcionado tendido eléctrico los que conducen al montañero a través de las vastas vegas en que se pierde la senda. A orillas del torrente que baña la majada, en las profundidades de su lecho, escondida en las frías humedades de la cueva de Cofría, una imagen de la Virgen de Covadonga, desposeída de su altar, retorna al contacto directo con la naturaleza que engrandeció su figura.

En El Cantal se abandona la compañía de la Senda del Arcediano, que inicia el corto descenso que precede el terreno ondulante que conduce a la majada de Sabugo. Con rumbo Oeste se inicia el ascenso al Collao Parriellu. Identificados el Canto Cabronero y el Valdepino, se facilita grandemente la descripción de la ubicación de esta collada. El Canto Cabronero es el torreón calizo que preside las vastas laderas que emergen hacia el Sur. La vertiente Este de la montaña, oculta a nuestra posición, supera en grandiosidad a sus faldas norteñas. Desciende desde el mismo espolón somital a las profundidades del Dobra; atormentado río que desgaja el Precornión de los laberínticos senderos pastoriles del Refuelle y de Corroble, en las accidentadas vertientes occidentales del Camperón. Por la majestuosidad de las laderas que sustentan el morro cimero del Cabronero, más propio que hablar de las faldas de la montaña sería compararlas con los faldones de un monje.

Separada de esta inmensa mole por el valle del río de Toneyu, se yergue la Porra del Valdepino. Aunque a simple vista esta montaña aparenta una simple unidad, el Valdepino no es sino la cima somital de una pequeña sierra que se integra de unos pocos porros, peñascos, jous y vaguadas. El predominio de la caliza sobre el matorral y el pasto, le dotan de esa blanquecina tonalidad que lo destacan del cordal que se desgaja al Norte de esta individualizada sierra.

Este cordal arranca del Raso de Gustalcuendi. A ambos lados de esta pelada y roma cerra, se forman dos colladas. A su izquierda, entre el Raso y el Valdepino, se encontraría la majada de Gustalcuendi, a caballo entre la vaguada que vierte hacia Sabugo y las riegas que arroyan por las praderías de Baeno (en la vertiente opuesta de la montaña). El Collao Parriellu se ubicaría al otro lado de la redondeada cima del Raso, entre éste y el Cueto Parriellu. Toda esta vertiente occidental del Raso se halla poblada por el Monte Trebustiellu.

Como decía, en El Cantal se toma el difuso desvío del Collao Parriellu. Se faldea en suave ascenso la Sierra Trapellera (la que dobla la Senda del Arcediano por El Cantal). Este canto calizo culmina en un cueto caracterizado por las pequeñas paredes desplomadas que miran hacia el poblado bosque. Los restos intuidos del antiguo camino transitan por una franja de transición entre el terreno calcáreo de la Sierra Trapellera y la ladera de cuesta que cae sobre la vaguada que atraviesa la Senda del Arcediano.

La vereda, prácticamente perdida, se adentra en el bosque. Rodea por la derecha un jou, por encima de un pisado sendero que sube a confluir con el nuestro. Esta hondonada da paso a un segundo jou, que se hunde sobre las lúgubres umbrías de una húmeda torca. De esta oscura boca apenas se guarda una mera referencia visual, pues el pisado sendero terroso del ganado evita este conjunto bastante a la derecha, bordeando un falso y pequeño jou contiguo a la hondonada de la torca.

Remonta unos metros por plena cuesta, para retornar en dirección a la falda de la Sierra Trapellera, recuperando la referencia de las desplomadas peñas del cueto que la preside. La vereda pasa por la base desgarrada de un gran árbol caído, en los lindes del bosque.

De nuevo se aparta ligeramente de las llambrias de la sierra, reentrando al bosque. Cruza una incipiente riega, y se encarama en las lomas de su margen izquierda (sentido ascendente de la marcha), donde crece un buen número de retoños de acebo. Se remonta por toda la vaguada de la reseca riega, en dirección a la collada que se adivina al final del bosque.

Collao Parriellu - Cuesta Gustacu - Vega La Texa - Cabeza La Texa (45 minutos)

El Collao Parriellu, pese a venir configurado por las suaves líneas del Raso de Gustalcuendi, parece desvincularse de la roma cerra. La relativa lejanía con esta calva intermedia entre el collado y la sierra del Valdepino quiebra la sencilla orografía que se perfilaba desde El Cantal.

Se devola la collada, pasando a la vertiente noroccidental del cordal. Unas sendas del ganado que salen a mano izquierda, evitan el tener que adentrarse en una pequeña mancha forestal. En llano, pues, se sale al terreno más abierto de la Cuesta Gustacu. Es en este momento cuando se inicia el descenso por toda la vasta ladera. Este despreciable rodeo, permite encarar la bajada por una tomada ladera libre de la descarada limitación visual de los recorridos por el bosque. Esta mayor amplitud de miras es interesante para ubicar con precisión los enclaves que jalonan esta apartado del recorrido. La Cabeza La Texa es el mogote que se destaca en el extremo del cordal, marcando su punto de inflexión. Esta escabrosa sierra, cierra en arco toda la margen derecha del Valle de Piriañes. En un costado de la Cabeza La Texa se recuestan las verdes camperas de la Majada La Texa.

Se baja la Cuesta Gustacu hasta la hondonada de la parte inferior. Este destacado jou se forma en el límite entre las laderas de la cuesta y los contrafuertes inferiores de las calcáreas formaciones de los Porros de La Garza (en los que se integra el Cuetu Parriellu). Las fuertes raíces de los ancianos tejos se aferran a la adherente superficie de la dura caliza. Nutriéndose de los más agradecidos suelos de la hondonada, crecen algunos acebos, confundiéndose entre las hayas que se desgajan del bosque que recubre parcialmente la sierra, algunas de ellas derrumbadas ante la incapacidad de sus viejas raíces de soportar su propio peso.

Se recorre el alargado jou hasta la collada que emboca directa el Valle de Piriañes. La Cuesta Gustacu forma parte de las laderas que configuran la desdibujada cabecera del valle. Monte abajo, el valle se va estrechando, cirniéndose sobre las encañonadas aguas de la riega que le da vida.

Se bajan unos cincuenta / cien metros. Restos de sendas del ganado atraviesan una alargada banda de campera que se extiende a la derecha. Se siguen en ligero ascenso, hasta el final de la larga franja de campera. Se dobla el canto que cierra la pradera por los vestigios de un viejo camino ganadero. Se retoma el sentido descendente, entrando en una vaguada que baja desde lo cimero de la sierra. La vaguada se corta en suave descenso. Matas de acebo crecen al amparo de las grandes hayas. El sendero entra en llano, a gran altura, en las laderas que caen sobre el fondo del Valle de Piriañes. El bosque va degenerando en una poco agradecida mancha de árboles arbustivos.

Un largo faldeo, por un camino acosado por la maleza y los tupidos espinos, conduce a la Majada la Texa. Una barrera de pequeños acebos detiene el empuje del boscaje a las puertas de la campera de la majada. En un primer momento sólo se muestran las ruinas del abandonado emplazamiento. A medida que se recorre el plácido alfombrado se va descubriendo todo el conjunto. En el centro se mantiene en pie una única cabaña, próxima al descuidado bebedero que proporciona el agua imprescindible a pastores y rebaños. El filo hilo que pinga anuncia un duro estío, en consonancia con el declive de la majada.

Desde la majada se sube a otra recogida campera en lo cimero del cordal. Un pequeño cueto, donde ondea una de las señales que marcan los límites del Parque Nacional de los Picos de Europa, domina la vasta planicie de la Cabeza La Texa. Quizás sea este promontorio un mirador más destacado que la misma Cabeza La Texa, acosada por los lindes del bosque que recubre sus vertientes norteñas. El macizo del Cornión y las angosturas del Dobra, son dos de las parciales postales con que sorprende este peñasco. Su mayor atractivo es la perspectiva que ofrece del Collao de Angón y de la Sierra de Amieva. El Canto Cabronero y el Valdepino, máximos exponentes del Precornión, completan un agradecido paisaje.

Majada la Texa - Majada de Piriañes (15 minutos)

Sitos en el bebedero de la majada, se camina hasta el frontal de la única cabaña que se conserva en pie. Antes de describir el descenso al fondo del Valle de Piriañes, conviene asomarse a un lateral de la majada para tomar una visión de conjunto. Manteniendo la dirección, en llano, se llega a una horcada que cae sobre una franja de cuesta que baja desde la línea cimera de la sierra. Por esta banda atraviesa un marcado camino que abraza por debajo este lateral de la majada de La Texa y se dirige al fondo del valle. Desde esta atalaya se contempla el angustioso encañonamiento de la riega de Piriañes. La Cabeza La Texa -como dije en su momento- marca el punto de inflexión del cordal. Tres son los accidentes más destacados que interesa destacar de sus modestas estribaciones. El primero de ellos es la Jorcada de Arriba, una amplia collada que se asienta bajo los desplomados paredones que cortan el cordal. En segundo lugar habrá que referirse a la Sierra del Chamozo, una cuesta cuasipiramidal que se erige en el vértice final de esta arqueada cordillera. Por último, entre la Sierra del Chamozo y la Jorcada de Arriba, se ciñe una estrecha abertura recubierta de boscaje, la Jorcada de Abajo, por donde traspone el camino que baja al Collao de Angón.

La bajada que se pasa a describir, probablemente sea la menos recomendada de las posibles alternativas, aunque no cabe duda que se trata de la vía más directa entre ambas majadas. Vestigios de veredas frecuentadas por los animales, aconsejan apuntar esta opción cuya escabrosidad escapa a la tónica del recorrido propuesto.

En el frontal de la cabaña se tira recto hacia abajo, hasta el límite inferior de la campera. Restos de una vereda, medio tomada por la maleza y los espinos, bajan con marcada tendencia a la izquierda. Entran en una colgada panda, que pende sobre un salto de unos pocos metros. Se atraviesa y se sale por la horcada del otro lado. A partir de aquí la ladera se abre y los senderos se multiplican. Basta bajar todo directo, con los oportunos desplazamientos laterales (con tendencia a la derecha) que permitan evitar las zonas más tupidas por el espeso entramado de árboles arbustivos. La ingente cantidad de sendas responde al paso sinsentido de las vacas que buscan resguardo entre las espineras. Es fácil constatar que la majada de Piriañes se recoge en el sector más tupido y ceñido del valle.

Majada de Piriañes - Jorcada de Abajo - Collao de Angón - Amieva (1 hora 55 minutos)

La majada de Piriañes se esconde en el centro del valle, entre las apreturas de las inclinadas laderas que lo conforman. Las peñas que resguardan los escasos vestigios del primitivo asentamiento, refuerzan una engañosa sensación de apertura del valle por la margen izquierda del río Piriañes. De la peña brota un torrente que arroya tumultuoso en un breve trayecto que le lleva a morir al río principal de la valleja.

Por debajo de la majada el río Piriañes se encañona ligeramente. El camino discurre por su margen derecha, separándose paulatinamente del lecho del río. El tupido bosquete se disgrega, cediendo ante árboles de mayor porte.

El breve estrechamiento del valle precede las amplias camperas a que se dirige el camino. Las dispersas manchas boscosas que vertebran el pastizal apenas entorpecen el análisis del entorno. Ha de pasarse a la vertiente opuesta del cordal que delimita el valle por la derecha, para lo que ha de trasponerse una de las ya referidas Jorcadas de Arriba y de Abajo.

A la entrada de la campera se encuentra la bifurcación de caminos. El de la Jorcada de Arriba (amplia collada asentada bajo el corte calizo que marca el punto de inflexión de la sierra de la Cabeza La Texa) sigue en llano. Su trazado se va desvaneciendo a medida que se aproxima a la collada. Esta evidente disgregación de la senda en múltiples veredas se debe a la ausencia de paso franco por dicha horcada. Una alambrada corta el paso de los animales a la otra vertiente del cordal.

El segundo sendero, el de la Jorcada de Abajo, discurre paralelo al antes reseñado, pero a menor altura. Confluye con el mismo un tercer camino procedente de la majada de Gustaviegu (valle contiguo al de Piriañes). La senda se remarca indubitadamente en su aproximación a la boscosa estrechura que se interpone entre la Jorcada de Arriba y la Sierra del Chamozo (último promontorio del cordal, que entra a modo de cuña entre los ríos Pandiello -fruto de la unión entre las riegas de Gustaviego y de Piriañes- y Vallegón).

Por la Jorcada de Abajo se devola a la vertiente norteña de la sierra, abandonando el encauzado descenso por el Valle de Piriañes. Se retorna a la compañía visual de la Sierra de Amieva, recuperando la referencia del pueblo que le da nombre y que señala nuestro punto de destino. El sendero se abre paso entre el tupido boscaje que recubre la horcada. Baja con leve tendencia a la derecha, tendencia que se vuelve más acusada al cruzar la cabecera de una reseca y angosta valleja, sobre la que se extiende un grueso manto de hojarasca. Las hojas desprendidas año tras año de las viejas hayas del bosque, forman una alfombra cuya putrefacción alimenta los brotes de los jóvenes retoños.

Abajo se encuentra la primera de las praderías del valle de Amieva. Tiene acceso por la parte inferior de la campera. Una pista, desvinculada de nuestro camino, es la comunicación que permite el cotidiano trasiego del propietario de la cabaña que preside la campera, adosada a un tendejón poco acorde con el entorno.

Lejos de bajar a este enclave ganadero, el sendero consolida su tendencia hacia la derecha, iniciando una larga travesía hasta el Collao de Angón. El frondoso bosque que se adhiere a estas vertientes norteñas de la Cabeza La Texa, cede ante la humanización de este lateral del valle. Dispersos prados se intercalan entre la mancha forestal, abriendo grandes claros en los que se asientan los invernales de Amieva. El camino se encauza entre las murias de las distintas praderías. Primero transita pegado a muria superior de la pradera colindante con la antes reseñada, que cuenta con un invernal y una chica cabaña a su lado. Inicia un corto repecho para guiarse por el cierre inferior de un nuevo prado. En la inclinada campera que se extiende por las faldas de la Cabeza La Texa se descubren dos nuevas cabañas, ambas arregladas y de buen tamaño. A continuación, es el lateral superior de un nuevo prado el que reconduce el sendero, embocándole a una horcada donde se ha levantado un gran invernal. La Sierra de Amieva se recorta enmarcando este bello rincón.

La senda, empedrada -cuando no reconvertida en un profundo barrizal- inicia un evidente descenso por los lindes de un humanizado bosque. Baja a morir a la pista que confluye en el Collao de Angón con la Senda del Arcediano.

La pista del Restaño volverá a acompañar nuestro plácido pasear por las praderías de La Cotada de La Visitancia, en el camino de retorno hacia la capital de los viejos arrieros de la Senda del Arcediano.

 

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