AMIEVA - COLLADA DE ANGÓN - GUSTAVIEGO - GUSTALCUENDI - VALDEPINO - COLLAO DE PASA - AGÜERGO - ORDES - LLERIMUNDI - AMIEVA (circuito / semitravesía)

 

Punto de partida: Amieva.

Duración: 7 horas 30 minutos.

Desnivel: 1.100 m.

Dificultad: Poco difícil (IIº). Corta la cara Sur de la Porra del Valdepino una línea herbosa que se destrepa con facilidad. Esta estrecha canal queda cegada en una colgada panda herbosa. La vía de escape obliga a una aérea travesía por plena llambria (IIº). Una variante de descenso es rodear por La Jastia, siguiendo una franja de traviesas que se asientan en plenos paredones occidentales del Valdepino.

Características: El Valdepino es un mole caliza que irrumpe en el centro de lo que vengo llamando Precornión. Este despunte cárstico vertebra un entramado de desiguales valles que orbitan por su entorno. Es balconada airosa en un individualizado plegamiento comprimido entre los ríos Sella y Dobra. Su altivo aunque relativo aislamiento, apoyarían su consideración como señor y gobernador del Precornión. Mas el Valdepino siempre ha vivido a la sombra del Canto Cabronero, al que rinde pleitesía. Reconvertido en fiel vasallo, no deja de ser un destino irrenunciable de los montañeros que quieren conocer los flancos del Cornión, la consagración de la obra modeladora de un afluente de primer orden como es el Dobra.

Entre el Cabronero y el Valdepino serpentea un valle donde se recogen dos de los referentes más emblemáticos de la Senda del Arcediano: Sabugo y Toneyo. De Sabugo apenas quedarán escuetas reseñas que delaten su ubicación. Sin embargo, el Valdepino es sin duda la única balconada que permite disfrutar de la hermosura de una de las vegas más importantes que jalonan la Senda.

Canto Cabronero y Valdepino; Amieva y Angón, son sin duda los grandes atractivos visuales de un Mirador visitado anualmente por cientos de personas: el Mirador de Ordiales, tumba del Marqués de Villaviciosa. Por tanto, si es bello mirar una montaña, más hermoso será conocerla.

Tan importante como la montaña es la marcha de aproximación a la misma. De todas las posibilidades que ofrece la montaña, me he decantado por una que engloba bellas majadas, amplios valles, recogidos ríos y la protección intermitente de vastas manchas forestales que se intercalan entre los pliegues orogénicos del Precornión. Tierra de cazadores, pero también tierra de pastoreo y cuna de primitivas culturas, como muestra el dolmen que se conserva en la majada de Ordes.

 

 

Descripción:

Accesos

La carretera de montaña que sube al pueblo de Amieva (4 km.) se desgaja de la N - 625 (Cangas de Onís - Puerto del Pontón) a la altura de Ceneya - puerta del Desfiladero de los Beyos -, a unos quince kilómetros de la vieja capital del reino Astur.

Amieva - Collao de Angón (35 minutos)

Recogido en las faldas de la Sierra de Amieva, el pueblo se desplaza a un lateral del amplio valle del río Vallegón. Busca la protección de las tomadas laderas del Pico la Cuesta, apéndice montuno de la caliza soledad del Aboguero. Amieva es tierra de bosque y pradería. El silencio reina en su plácido valle. Un corto desfiladero aísla la cabecera del río Vallegón del incesante tránsito que fluye por la carretera de Los Beyos. La pérdida de su ubicación preferente como punto de encuentro entre leoneses y asturianos le ha privado de la capitalidad de un concejo que lleva su nombre. Amieva llora tiempos pasados. Por las vastas praderías de la Cotada de la Visitancia, retumbaba el bullicio de las caballerías que procedían de la senda del Arcediano. Por los altos puertos del Precornión, sujeta a las inclemencias del tiempo y a los juegos de la niebla, discurría la primitiva comunicación entre asturianos y leoneses. Viejo camino conservado gracias al tesón y dineros de un viejo Arcediano de Villaviciosa, que guiaba a sus transeúntes al son de la campana y al amparo de La Virgen.

La carretera muere a las puertas del pueblo de Amieva, en una pequeña explanada frente a su iglesia. La hormigonada pista que sube a Angón se desvía de la carretera unos cincuenta metros antes de entrar en Amieva. Pasa junto al nuevo cementerio, antes de adentrarse en un mundo de invernales y praderías. Su estrechez dificulta la circulación de los vehículos, dejando escaso margen para que se crucen dos coches. La fuerte pendiente complica aún más una maniobra evitable si se respeta un uso exclusivo de los ganaderos y vecinos de la zona. Rodea un pequeño cerro, recubierto de arbolado, donde se desgajan malos ramales que bajan a los invernales circundantes. Retorna a la zona de pasto. Corta la pradera en dos vastas parcelas. Un solitario y frondoso árbol crece en uno de los recuadros. Una portilla cierra el paso. Al otro lado se enlaza con otra pista, también hormigonada. Es una variante a la ruta que se viene siguiendo. Este ramal es la continuación de la carretera de Amieva, que, tras atravesar entre sus casas, sale por su parte alta. Recibe, poco antes de unirse a nuestra pista, el también hormigonado ramal que viene de San Román a través de La Collada.

La pista atraviesa las faldas del extremo sudoriental de la Sierra de Amieva. Alterna los recodos de boscaje con las grandes invernales que se dispersan por las amplias camperas de la Cotada de la Visitancia. Entre las peñas de una sierra moribunda irrumpe el Porrón de Valluengu, modesto torreón quebrado por dos brechas que desgarran sus verticales paredones. Una sucesión de repechos discontinuos se alternan entre falsos llanos y cortas bajadas. La leve tendencia ascendente resultante lleva a coronar la Collada de Angón.

Collada de Angón - Jorcada de Abajo - Piriañes - Gustaviegu (1 hora 10 minutos)

La Collada de Angón es la ventana de Amieva a las escarpadas torres que se recortan en los lindes de la alta montaña del concejo. Esta ingente boca desgaja la Sierra de Amieva del cordal que remonta hasta El Raso (de Gustalcuendi), antesala del calizo entramado uniforme de joyos y peñas que culmina la Porra del Valdepino.

Por esta amplia abertura que se delimita entre Les Texuques (contrafuertes Sudorientales de la Sierra de Amieva) y la Cabeza la Texa (primer bastión de uno de los subcordales que se desgajan del Raso de Gustalcuendi), devola la pista que baja a la central del Restaño; central hidroeléctrica que aprovecha la fuerza del agua embalsada en La Jocica. El mosaico de praderías de La Cotada de la Visitancia, tiene su continuación en las onduladas vertientes de este rincón de la cuenca del Dobra. Un paréntesis de placidez en el atormentado curso de uno de los afluentes más activos de los Picos de Europa.

El hormigonado de la pista que traspone la collada, ha dejado al aire una amplia explanada de tierra. De ella divergen dos caminos carreteros que abrazan las laderas boscosas de la Cabeza La Texa (1.235 m.). La Senda del Arcediano asciende a través de sus faldas orientales, cortando a media altura las laderas que vierten al Dobra. Por su parte, la otra pista, sale a su derecha, atravesando las vertientes norteñas de esta mole recubierta de bosque, en la que afloran inexpugnables farallones calizos.

Al tomar esta segunda pista de tierra, se abandona el momentáneo contacto con la cuenca del Dobra. Atrás se deja la embriagadora visión de una de las caras más salvajes del Cornión, que se despeña en desplomados abismos y vertiginosos canalones sobre las frías aguas de este desgarrador curso fluvial. Nuestro referente se mantiene en el valle de Amieva, dotado de una riquísima variedad de colores que impregnan nuestra retina. Los rojos tejados de las blancas casas de pueblo contrastan con el suave verdor de las praderías circundantes. Irregulares manchas boscosas de una oscura tonalidad verdosa alternan en este abanico de prados que dominan la cabecera del valle. La marronácea línea del Picu La Cuesta, quiebra el blanco reflejo de la torre del Aboguero. Cuesta y peña, se conjugan asimismo en la Sierra de Amieva, repartiéndose irregularmente por sus faldas y por su heterogénea cuerda cimera.

La pista finaliza frente a la portilla de una de las dispersas praderas que se incardinan en el bosque. Ligeramente por encima de nuestra posición transita el camino que ha de cogerse. La umbría de esta vertiente Norte del monte, mantiene un nivel de humedad constante que dificulta la solidificación de la espesa capa de barro que recubre el sendero. Los cuidados tramos empedrados de la primitiva senda, rara vez logran sobreponerse al empuje de esta pasta marronácea.

El sendero pasa por la parte inferior de una amplia pradera. Ésta presenta un plano inclinado que remonta hasta los contrafuertes de la Cabeza La Texa. En plena campera se descubren dos remodeladas cabañas. El esmero y cuidado que delata su aspecto exterior, no parece corresponderse con su aislamiento con respecto a los invernales del valle. Varios senderos se desgajan del camino principal. Discurren paralelos al mismo, en el espacio margen que queda entre aquél y el cierre de la campera. Su única finalidad es evitar el profundo barrizal que desdibuja la vieja senda.

Se dobla la loma, siempre con la referencia del cierre de la pradería. Por una abierta vaguada se descienden unos metros. Abajo se descubre una vieja cabaña y alguna de las camperas que se esconden en el monte. Se abandona el sentido descendente que mantienen algunos senderos de tierra, iniciando la subida a la Jorcada de Abajo.

La senda cruza por la cabecera de una reseca valleja. Este recóndito rincón del bosque esconde uno de esos lugares comunes de la imaginación que han fraguado y sustentado el nacimiento de una rica mitología asturiana. Trasgos, cuélebres y xanas comparten las terrazas que se forman al pie de las peñas que irrumpen en los laterales de una empinada valleja. El nutritivo suelo se alimenta de la hojarasca desprendida durante años de las viejas hayas. La umbría de unos troncos frondosos que encajan sus brotes a modo de plaquetas, reteniendo los rayos de luz que tratan de penetrar en el inexistente sotobosque. Un rincón idílico donde el reino del agua, apenas ha dejado unas pinceladas de su poder modelador de la montaña.

El sendero entra en una canaluca. El gusto de cabras y ovejas por la peña, hace que se multipliquen los rastros de la vereda, remarcándose las viras que se han desgastado en la caliza de la izquierda de la subida. Salva los últimos metros que le restan para alcanzar la Jorcada de Abajo (927 m.).

La Jorcada de Abajo es una de las dos horcadas que se perfilan en el descendente canto rocoso que se desgaja al Oeste de la Cabeza la Texa. Este subcordal delimita por el Norte la parte inferior del arqueado valle de Piriañes. En el extremo del agreste canto irrumpe la sierra del Chamozo (960 m.), que entra en cuña entre los valles de los ríos Vallegón y Pandiello. Aquél se alimenta de las riegas que manan en las inmediaciones del Collao de Angón. El río Pandiello es un afluente del Vallegón que se nutre de las aportaciones de las riegas de Piriañes y de Gustaviegu.

La Jorcada de Abajo, contigua al Chamozo, es la más perfilada de las que dan paso al Valle de Piriañes. Devola a la vertiente sureña de la barrera que oculta las profundas vaguadas en las que se adentra nuestro recorrido, en los dominios del monte Tornos. Un tupido bosquete se arrincona en esta vertiente de la horcada, un oasis de maleza entre los limpios sotobosques de los vastos hayedos.

Desde la Jorcada de Abajo se abren ante nuestros ojos dos marcados valles. El de Piriañes es el de la izquierda, que baja en arco delimitado por el cordal que desciende del Raso (de Gustalcuendi) a la Cabeza la Texa. Por las boscosas laderas orientales de este curvo cordal, que vierten al Dobra, faldea la Senda del Arcediano. La riega Gustaviego ha modelado el más lineal valle de la derecha. Se halla delimitado por los contrafuertes que el Collao de Ordes desvía de otro de los cordales que se desprenden al Noroeste del Raso. El Valle de Ordes, aún más rectilíneo que el anterior, se encuentra más escorado al Oeste. Desde nuestra posición se oculta parcialmente. Sólo los desplomados contrafuertes calizos que lo delimitan permiten ubicar su situación. Por sus entrañas se retuerce la pista que entra en las praderías de Baeno. Este valle baja desde el Collao de Ordes hasta las praderías de Llerimundi, despertando la atención del visitante que se acerca al pueblo de Amieva.

Por los contrafuertes que delimitan los valles de Piriañes y de Gustaviego, atraviesa un tramo bastante conservado del viejo camino muriado que entra en la majada de Gustaviegu. Fijada la indubitada referencia visual se reemprende la marcha. Traspuesta la Jorcada de Abajo, el sendero faldea por las desnudas laderas de su izquierda, integrantes de la vertiente sureña del canto que separa las Jorcadas de Arriba y de Abajo, en la margen derecha de la riega de Piriañes. Desciende al fondo de este valle. Se desdibuja en las proximidades de la riega, aunque nada más cruzarla se retoma el evidente rastro del tramo que enlaza ambos valles.

De nuevo en las sombrías humedades del bosque asciende cómodamente, separándose instantáneamente del cauce de la riega de Piriañes. Inicia la travesía entre valles, buscando la compañía de la riega de Gustaviegu. Una alambrada protege el vertiginoso embudo que encauza el estruendoso precipitarse de este torrente. Es la antesala de las recogidas praderías de la majada que da nombre al río. Aún se conserva en pie una de las cabañas del antiguo asentamiento pastoril. Un plástico azul, desgarrado por el azote del viento, ondea por los resquicios de la vieja cabaña. Un rústico remedio para solucionar las inevitables goteras de la anciana construcción.

Gustaviegu - Gustalcuendi - Valdepino (2 horas)

En la majada de Gustaviegu se inicia propiamente la ascensión. Hasta este valle el desnivel se ha ido camuflando entre las largas travesías por la Cotada de la Visitancia o por los flancos de la Cabeza la Texa. Ha de remontarse todo el Valle de Gustaviegu. La pradera de la majada se encajona en una marcada valleja parcialmente recubierta de bosque. El viejo camino sólo conserva difusos restos de su amplia caja, desdibujados por la vegetación y la maleza. Se aprovechan las sendas del ganado que remontan por cualquiera de las márgenes de la riega, que con su suave arrullo acompasa nuestro cansino caminar. En las laderas de matorral de la derecha de la riega, en una zona de húmedas llambrias, se mantiene, a duras penas, un corto tramo de camino. Las manchas pedregosas son los únicos rincones en que la degradación de los caminos se atenúa, pues la caliza frena el empuje de la vegetación. Sigue una vereda terrosa que sube paralela a la línea de la vaguada. Sendero de los bichos que se bifurca en múltiples variantes.

La vaguada que comprime el curso del río Gustaviegu, se abre configurando un amplio e interminable valle. De la riega apenas quedan manantiales dispersos que brotan de la tierra cuando rebasan los acuíferos de sus entrañas. Un camuflado canchal, de grandes bloques de roca lúgubre, desprendida de no se sabe donde, se extiende por la franja inferior del valle. El matorral, la maleza y los líquenes se encargan de disimular un conglomerado pétreo ajeno al medio cárstico del Cornión.

Sin perder la línea de la vaguada, se busca la protección de las boscosas laderas del Pico el Monje (1.303 m.), encubierta cumbre del homogéneo cordal que delimita el valle por la derecha. Las suaves líneas de la cerra que cierra el valle por el Sudeste pertenecen al Raso (de Gustalcuendi). La pelada calva montuna de esta roma loma se eleva sobre las sombrías manchas forestales circundantes. Rapada de todo atisbo de plantas arbóreas por los gélidos vientos del Norte, goza de una amplia panorámica sobre el Cornión y los cordales de Ponga.

El cordal recubierto de bosque del Pico el Monje va cediendo. Una collada de campera permite pasar a la vertiente occidental del Raso. Una senda flanquea la roma cerra sin necesidad de coronar su cima (1.459 m.). Entra en las vastas camperas de Gustalcuendi (1.401 m.), una sucesión de ondulaciones que delimitan el Raso por el Sur.

La majada de Gustalcuendi, donde -dicen- poseía una cabaña Frassinelli ("el alemán de Corao"), se arropa al pie de los contrafuertes de la accesible vertiente norte del Valdepino. Se integra en un grueso brazo de campera que engarza El Raso con la elevación cárstica del Valdepino. Esta profunda hondonada que se intercala entre estas heterogéneas formaciones, se erige en la cabecera de dos importantes vaguadas. La primera baja hacia el Este, en busca de la majada de Sabugo, referente de los transeúntes que se aventuraban en los altos puertos del Precornión que atravesaba la Senda del Arcediano. La otra vaguada (al Oeste) se interna en un espeso bosque. En los pastos altos se recoge la majada de la Robellada. En los pastos inferiores, antes de que las distintas riegas se precipiten en los vertiginosos saltos que rompen sobre el Sella, se dispersan las majadas de Agüergo, Lloes, Ordes o Baeno.

Al lado del compacto grupo de cabañas de Gustalcuendi, se ha levantado una muria que cierra la entrada a La Becerrera. Una frecuentada senda se adentra en la alargada lengua de campera que penetra en los dominios calizos de esta vertiente norteña del Valdepino. Se sale de la encerrada vaguada con tendencia Sudoeste, entrando en el desértico mundo de los Joyos de la Porra. Las vastas camperas han cedido el terreno a la desnuda caliza. Un brusco tránsito a la zona de alta montaña, donde apanes crecen matorrales rastreros; plantas de hojas aciculares que minimizan al extremo cualquier pérdida de agua por la evaporación. El escaso pasto que se recoge en los resquicios de la peña es aprovechado por cabras y rebecos, dejando los troncos secos y desnudos de los prietos matorrales.

La subida mantenida culmina en el punto somital de la Porra del Valdepino (1.744 m.), uno de los pararrayos naturales más efectivo de los Picos de Europa. Erguido a la sombra de la mole del Cabronero, esta altiva peña es una auténtica balconada sobre la majada / vega de Toneyo. Sin otra montaña que le haga frente por el poniente, domina la incardinación de cordales que se suceden por tierras ponguetas y casinas. Omnipresente el Cornión, sólo reseñar los abismos que penden sobre los valles de Lloes y Agüergo, también al Oeste.

 

 

Valdepino - Collao de Pasa (45 minutos)

Desde la misma cima del Valdepino hay que tirarse, literalmente, al Sur. Un embudo entuba la vertiginosa canal de bajada. Esta línea de fuertes hierbas corta en vertical las paredes sureñas de la Porra del Valdepino. La canal en sí no es difícil. La destrepada inicial por las peñas que comprimen la canal de bajada, cede al mismo tiempo que lo hace la inclinación de la vertical vira. A medida que se pierde altura se va intuyendo el rastro de una difusa vereda de cabras que se retuerce en el escaso espacio de la destacada línea herbosa que quiebra la peña.

La canal muere en una pequeña e inclinada panda herbosa, que pende colgada sobre un desplomado farallón rocoso. A nuestros pies se abre una amplia canal de pasto que baja, paralela al Cubellón, hasta la vega del Toneyo. Aquí se encuentra el paso clave del descenso, una aérea travesía en llambria (IIº), colgada sobre la muralla rocosa en que se asienta esta cegada panda herbosa. El mismo rastro de las cabras es el que conduce la vereda a las llambrias de la derecha. Buenos agarres y una adherencia envidiable garantizan la seguridad de la airosa travesía a través de la desnuda llambria. Al otro lado se entra en una segunda mancha herbosa, de la que arranca una vertiginosa vira que sube a perderse en el espolón Sudoccidental del Valdepino. Nuestra vira de escape es más modesta y corta. Quiebra la muralla rocosa sobre la que nuestros cuerpos desafiaban la ley de la gravedad, depositándolos en la cabecera de la canal que baja a la vega del Toneyo.

Doblando por la franja de campera que se intercala entre el espolón sudoccidental y la Peña la Jastia, se entra en la vertiente occidental del Valdepino, donde se coge el canalón que baja a las laderas que configuran el Collao de Pasa.

La Peña La Jastia se eleva al Noreste del Collao de Pasa. Es la continuación natural del espolón que se erige en vértice divisorio entre las caras Sur y Oeste de la Porra del Valdepino. Separado del mismo por una franja de pasto, adquiere una fisonomía individualizada, conformando uno de los contrafuertes que irrumpen sobre el vasto collado de Pasa.

En la collada contigua a la Peña La Jastia, la canal que sube de Toneyo, paralela al Cubellón, se transforma en una amplia traviesa que corta la cara Oeste del Valdepino. Es otra de las variantes para descender de su cima. La travesía se coge en el Collao La Jastia, pegado a la Porra La Texuca (1.668 m.), única peña -aparte del Valdepino- que se recorta sobre la línea de pared de la vertiente Oeste de esta compacta mole caliza. En este caso, se descendería hacia el Norte - Noroeste de la Porra del Valdepino, sin perder la referencia de los paredones que delimitan esta vertiente de la peña por el Oeste. La línea descendente se interrumpe en la Porra la Texuca, que favorece una falla de pliegue en la uniforme muralla pétrea que delimita la vertiente Norte del Valdepino por el Oeste. El Collao La Jastia está pegado a la Porra La Texuca. Es el paso de entrada a la franja de traviesa que se intercala en plenos farallones occidentales del Valdepino. Pero no es necesario llegar al collado para entrar en la Jastia, sino que entre los peñascos que presiden esta amplia traviesa, se cuelan varios pasos de las cabras. El destrepe será tanto más difícil, cuanto más alejado se encuentre del Collao la Jastia.

Tanto esta opción, como la anteriormente descrita, utilizan el canalón que delimita la Peña La Jastia por el Norte para bajar al Collao de Pasa.

Collao de Pasa - Agüergo - Ordes (1 hora)

El Collao de Pasa es el engarce entre el Valdepino y la sierra de La Conia. Se encuentra a la misma altura, más o menos, que la Portilla del Tarabicu (Sudeste). La muria que sigue la línea de esta collada separa Asturias de León. Es el paso al Puerto de Beza y antesala de la collada del mismo nombre. Entre ambas se interpone una profunda hondonada. En los pastos de la vasta planicie que se comprime entre Peña Beza, La Conia y el Valdepino, se recoge la majada de Toneyo. La Senda del Arcediano entra en Asturias por la Portilla del Tarabicu, descendiendo por las amplias camperas que vierten a la vega de Toneyu. Por su parte, desde el Collao de Pasa desciende una amplia vaguada de pasto en que se intercala la vega del Cubellón. En la vertiente Nororiental de La Conia, se esconde la boca de entrada a la Red de Toneyu, una red de galerías que se aproxima a los diecinueve kilómetros de longitud.

Por Pasa traspone el camino del Cubellón, utilizado por los pastores para pasar de Agüergo a esta vega intermedia entre Pasa y el Toneyo. El camino desciende en travesía por las faldas occidentales del Valdepino. La franja de traviesas que se extiende por toda la base de esta vertiente de la peña son las traviesas de Pasa. En llano transitan las veredas que siguen hasta La Robellada, majada intercalada entre Gustalcuendi y Ordes. La majada de Agüergo se encuentra al Noroeste de la Collada de Pasa. Las cabañas se recogen al abrigo del Canto Viscalluenga. Esta peña caliza contrasta con las verdes camperas que recubren la vasta collada de Agüergo. El conjunto se torna inconfundible en la monotonía de las faldas occidentales del Valdepino.

Estas extensas laderas confluyen con la boscosa vertiente nororiental del Jucantu, dando forma a un alargado valle. En la cabecera se encontraría la majada de Gioves, que da nombre al bosque que recubre los flancos del Jucantu. En la parte inferior del valle, comprimida entre L'Impuebu (en un extremo de la larga crestería del Jucantu) y el Canto Viscalluenga, se cobijaría la majada de Lloes.

El Canto Viscalluenga separa, pues, las majadas de Lloes y Agüergo. De Lloes arranca el camino muriado que, doblando esta peña por el Norte, se fusiona con el que devola por la collada de Agüergo. El paso a la majada de Ordes traspone una segunda collada de pasto, sita al Norte - Noroeste de Agüergo. Aunque se encuentran a una altura similar, el camino ha de salvar al cuenca de la riega que nace en la vaguada de La Robellada. El bosque que protege esta margen izquierda de Les Llamargues de Agüergo, cede en su empuje ante la desnuda caliza que predomina en la sierra de la Colladiella. De nuevo reseñar que es en las zonas de roca donde mejor se conserva el trazado y fisonomía de los viejos caminos. Un buen camino muriao corta los flancos de la sierra. Este camino, llamado de La Herrería, es la continuación del camino del Carbón, que devola por la Collada de Joniella.

El camino asciende suavemente hasta alcanzar la verde collada que da paso a Ordes. Esta majada se recoge en un recodo de la pista que sube al collado homónimo. Dos son las colladas que se recortan en el cordal que se desgaja al Oeste del Raso de Gustalcuendi. El Collao de Ordes es fácilmente reconocible, pues por él cruza la pista que baja a Llerimundi. A su izquierda, separados por la pequeña sierra del Alto les Boleres, se hallaría el Collao Joniella. La Llampa, al Oeste, es la sierra final del cordal. Su extremo se conoce como los Cuchillones, y se caracteriza por la mata de arbolado que sobresale tras la línea cimera de su cresta. En las soleadas laderas de campera de su vertiente sureña, se abrigan los pastos de Baeno. Al Norte de La Llampa se recogería el agreste terreno de los Hoyos del Canellín. Reciben el nombre del puntiagudo peñasco que se alza sobre Ceneya, irrumpiendo entre las cuencas del Sella (Desfiladero de Los Beyos) y del Vallegón. Esta cumbre, se oculta tras la barrera de Los Cuchillones.

Para pasar a Ordes desde esta collada de pasto subsiguiente a la de Agüergo, el sendero se adentra en el sotobosque. Entra en la valleja de Entrambesrriegues, una riega que discurre entre la sierra La Colladiella y el Pico El Monje. El sendero muere en la pista de Baeno. Subiendo por ella, la última majada es la de Ordes.

Ordes - Llerimundi - Amieva / Ceneya (2 horas)

En la majada de Ordes, junto a una revuelta de la pista que sube al collado homónimo, se encuentra el dolmen de Ordes. Una pesada y alargada losa apoyada en un par de rocas cobija un pequeño habitáculo que, a juzgar por lo erosionado del terreno, proporciona techo a algún que otro animal. Junto al dolmen a duras penas se mantienen las ruinosas construcciones de la antigua majada. Frondosos árboles proporcionan abrigo a este rincón de campera a la vera de la pista. Sin embargo no es una majada abandonada. Cuenta con alguna cabaña bien arreglada, más acorde con las profundas reformas a que se someten las cabañas bien comunicadas del entorno de los pueblos.

La pista sale de Ordes, serpenteando entre las últimas manchas formadas por árboles arbustivos o de poco porte. Espineras, acebos y zonas de maleza. Por terreno abierto remonta los últimos metros que la separan del Collao de Ordes (1.142 m.).

El Collao de Ordes se integra en el cordal que acoge las sierras que se escalonan al Oeste del Raso de Gustalcuendi. El Cuetu el Monxe (Pico el Monje) se integra en la crestería contigua a las romas lomas noroccidentales del Raso. Separa la Cuesta La Granda, cabecera del valle en que brota el río Gustaviegu, de la valleja de Entrambesrriegues, una valleja secundaria del valle de La Robellada, aislada por La Colladiella. Delimitado entre los contrafuertes calizos de esta peña y el Alto les Boleres se recorta el Collao de Ordes, punto de paso de la pista que entra en las praderías de Baeno. El Collao Joniella aísla el último promontorio del cordal, La Llampa, en cuyo extremo se individualizan Los Cuchillones. Esta proa rompiente sobre los despeñaderos de los Beyos, no tiene contacto con la cuenca del río Vallegón. Un cuenco irregular de desiguales joyos en las umbrías de un frondoso bosque, se esconde en la vertiente Norte de La Llampa. Estos hoyos reciben el nombre de un pináculo que entra a modo de punta de flecha sobre la mecedura de los río Sella y Vallegón, escorado en el vértice noroccidental de este cordal. El Canellín es una balconada colgada sobre la puerta de entrada a Los Beyos. Aunque su altura y posición son una ventana abierta al valle de Amieva, sus caídas norteñas frenan su vertiginoso ímpetu ante las suaves praderas de Rañes y Llerimundi. Son las modestas peñas que cierran la vaguada que une ambos conjuntos de praderías quienes sufren el desgarro del último estrechamiento del río Vallegón.

En la vertiente Norte del Collao de Ordes se abre el valle homónimo. Por su cabecera serpentea la pista que baja a Llerimundi. En su cabecera apenas crecen aislados ejemplares arbóreos desgajados de los bosques colindantes. Esta parcial desnudez es una invitación a la contemplación del recogido pueblo de Amieva, cuyas casas se hacen visibles sobre las copas de los árboles que ciegan la zona media de nuestro valle. El Valle de Ordes baja paralelo al de Gustaviego, sólo separados por un subcordal que el collado de Ordes ha desviado del Pico del Monje.

La vaguada se comprime entre desplomados paredones. Entra de lleno en los dominios de los bosques que vertebran el territorio de Amieva. Del antiguo camino que subía a Baeno se intuyen los escasos vestigios de su esplendoroso pasado. Si quiera unos retales de un hermoso camino irrecuperable y condenado al olvido. Nostálgicos recuerdos de un cercano pasado ahogados entre el musgo y la hojarasca.

Las retorcidas revueltas de la parte inferior de la valleja, en las proximidades de la confluencia con la cuenca del río Pandiello, preceden los espaciados tornos que entran en las praderías de Llerimundi.

Llerimundi (545 m.) es una alargada collada que se deja a mano izquierda, en el descenso por la pista de Baeno a la carretera de Amieva. Cercados cuadros de pradera se extienden a lo largo de los lindes del Texedal de Ordes, hermoso hayedo que recubre las laderas norteñas que caen de los Hoyos del Canellín. Un ramal se desvía de la pista principal en dirección a las cabañas arrinconadas en un extremo de la collada.

Por el Texedal de Ordes baja el "camino del Carbón". Puede contemplarse como una alternativa a la pista de Ordes. En vez de subir a esta collada, habría que bordear el Alto de les Boleres por la izquierda, atravesando el alargado apéndice calizo que se extiende al Sur de esta sierra. El camino traspone el Collao Joniella, pegado al xerro del Alto de les Boleres. Se interna en el hayedo de la vertiente Norte del cordal, la que mira hacia el valle del río Vallegón. Por las empinadas laderas del Texedal de Ordes se retuerce en desiguales revueltas, apagando su rastro en las inmediaciones de Llerimundi.

Llerimundi se encuentra a escasos diez minutos de la carretera de Amieva; pero aún habría que subir un importante trecho por el duro asfalto. Opciones menos agresivas son las de bajar a Rañes o a Ceneya. Rañes es un caserío sito al lado de la carretera del Pontón, en la antesala del Desfiladero de los Beyos, a escasos trescientos metros de Ceneya. Las praderías circundantes ocupan la parte inferior de la vaguada que baja al Oeste de Llerimundi.

Si se sale de la vaguada por un collado que se abre en el modesto cordal que la delimita por la derecha, se pasaría a la vertiente del desfiladero del río Vallegón. Una vaguada libre de arbolado, pero tomada por la maleza, donde se pierde el rastro del antiguo camino, baja al río. En su margen izquierdo se uniría al viejo camino empedrado que subía al pueblo de Amieva, que hoy no es más que un atajo de las varias revueltas de la carretera. Cruza el lecho del río por el Puente Vallegón. La compañía del torrente es efímera. Mientras este se encajona en su último despeñadero, el camino transita por un falso llano muriao, bastante conservado, por las peladas laderas de la margen derecha. Al otro lado discurre la carretera de Amieva, volada en la peña, antes de las afrontar las retorcidas revueltas que retardan su llegada a Ceneya. Por su parte, nuestro camino se desdobla nuevamente, un ramal baja a Ceneya, en tanto que el otro sigue de frente, en llano, hacia el pueblo de Cien.

 

VOLVER A CATÁLOGO