LA MOLINUCA - BORES - HUERTO COLLAO - PICA DE PEÑAMELLERA - HUERTO COLLAO - COLLAO LA SERNA - COLLAO TREMAÑO - COLLAO LAS SIELLAS - TORNA LAS HUERTAS - VALDANZA - CUÑABA - JARGÚ (travesía)

 

Punto de partida: La Molinuca / Orejuz (Bores). La travesía se inicia en este barrio de Bores. La estrecha carretera de montaña que sube al pueblo dificulta el paso de grandes autocares que faciliten la "logística" de la travesía para los grupos. Para evitar este inconveniente se incorpora un apartado en que se reseña una alternativa (semi)pedestre a la carretera principal.

Una consideración similar ha de hacerse respecto del punto de destino. Cuñaba, pueblo afincado en las laderas del Desfiladero de La Hermida, cuenta con acceso rodado. El trazado de la carretera es de gran espectacularidad y congoja. En la medida de lo posible ha de limitarse su uso, con el fin de no dificultar el tránsito de los vecinos y vehículos de servicio. La descripción del camino antiguo que bajaba al desfiladero (apenas media hora escasa de marcha) es una alternativa recomendada para los montañeros. Dicho camino muere en Jargú, en una vieja marquesina de autocares, en la misma carretera del Desfiladero de La Hermida.

Jargú es una zona de este desfiladero, incardinada entre las escasas y desperdigadas casas de Estragüeña y Rumenes (donde se encuentra el desvío hacia Cuñaba). Se ubica en un tramo recto de la carretera, con un ancho superior al normal de su trazado, próximo al punto kilométrico 169. De nuevo se plantearán problemas cuando se organice una excursión colectiva, pues apenas hay espacio para aparcar un autocar. Si la travesía se solventa con el uso de dos coches (la distancia kilométrica entre el punto de partida y el de destino lo permite), los problemas de aparcamiento, aunque posibles, no son acuciantes.

En último término se hará mención a una variante de la ruta que permitirá convertir la travesía en curcuito. Por Valdanza cruza el antiguo camino que pasaba de Cuñaba a Robriguero / Bores. Si la descripción original sigue las boscosas vertientes de Cuñaba, basta decantarse por el más abierto descenso a través de la vertiente Nororiental de la Peña Robriguero.

Duración: 6 horas.

Desnivel: 700 metros. El desnivel acumulado de la travesía gira en torno a los 1.100 metros.

Dificultad: Poco difícil (IIº). Prescindiendo de la ascensión a la Pica Peñamellera, la travesía se convertiría en una sencilla ruta de senderismo.

La Pica Peñamellera obliga a una sencilla trepada de segundo grado. Entre las dos tiradas de buena llambria se intercala un tramo herboso, algo resbaladizo al quedar al descubierto la humedecida tierra por el paso de las cabras. La ascensión es airosa, pudiendo evitarse una colgada travesía sobre el río Cares siguiendo la línea del compacto espolón de subida.

Características: En el extremo Nororiental del Macizo Oriental de los Picos de Europa se recoge un reducido apéndice de dispersas praderías. Pequeños pueblos de montaña e irregulares manchas boscosas dotan de colorido a este plácido rincón de la vera del Cares. Cierra por el Sur la uniforme mole de la Peña Robriguero. La Pica Peñamellera, iluminada en las rosáceas auroras que anuncian la salida del sol, se recorta en las penumbras rojizas de su puesta. Las estribaciones de la Sierra costera del Cuera protegen este epílogo de Ándara de los vientos del Norte. Sin embargo, ambos mundos se hallan desgajados por el filo cortante del río Cares. Este frío curso de aguas esmeralda vive sus últimos momentos de forzada soltería, previos al definitivo enlace con una corriente joven e impetuosa que se resiste a perder esa fuerza juvenil que desgarra las montañas y horada los desfiladeros, para pasar a una etapa de madurez que se recrea en los serenos meandros de una vida en común.

 

 

Descripción:

Accesos

La Ría de Tina Menor (frontera natural entre Asturias y Cantabria) separa los pueblos de Bustio y Unquera. Bustio es un pequeño pueblo pesquero asturiano. Un mal ramal se desgaja de los últimos metros de la vieja Nacional 624 (Oviedo - Santander). Remodelados bares ofertan los productos del mar. Las barcas fondean a merced de los flujos de la marea. Un compacto puente de hierro une dos comunidades diferenciadas por las caprichosas aguas de una ría.

La elaboración y venta de un dulce de hojaldre ha revolucionado la vida en Unquera. "Las corbatas" le han dotado de un aire más dinámico. Grandes cafeterías desdibujan su vieja vinculación con la mar. A esta localidad cántabra se llega a través de la Autovía del Cantábrico.

Bustio y Unquera, pueblos costeros vinculados a las no tan lejanas montañas. A Unquera llegaban las gabarras que portaban el mineral arrancado de las entrañas del Macizo de Ándara. Viaje fluvial por las escarpaduras del Desfiladero de la Hermida, previo al embarque hacia los países de destino. Bustio recibe el testigo como punto de encuentro de ilustres personalidades que se han labrado un hueco en la historia de los Picos de Europa.

En la Ría de Tina Menor las salobres aguas del Mar Cantábrico se fusionan con el reposado curso fluvial del Cares-Deva. La nieve que los negros nubarrones invernales han depositado sobre las altas cumbres de los Picos de Europa ha completado su ciclo. También el salmón retorna a las aguas que le vieron nacer para cumplir con el suyo.

La estela del salmón lleva por la retorcida línea divisoria entre Asturias y Cantabria. La larga recta que acompaña la cabecera de la ría es una ventana a las nevadas cumbres del Samelar y del Alto las Verdianas (Macizo Oriental). La carretera pronto deja la compañía del río, que pasará a ser una mera referencia visual en el fondo del valle. Su moderno trazado sustituye el sinuoso sube y baja de la vieja carretera.

El Mazo es un pueblo enclavado en un alto. Sus casas se agolpan en las empinadas laderas que bajan a una vasta vega de sembrados. Esta planicie bañada por el caudaloso cauce del Cares-Deva es un vergel de fertilidad que ya diera cobijo a nuestros prehistóricos antepasados. La cueva de La Loja es su más reconocido legado. Apenas se conserva un pequeño trozo del antiguo panel que recubría las paredes de la gruta. Más que pinturas rupestres, las figuras de animales vendrían representadas en un negativo. Untadas las paredes con una especie de brea, nuestros ancestros se limitaban a rascar la silueta de los animales que trataban de representar.

La Pica Peñamellera y Torna las Huertas, las dos cumbres que jalonan la travesía que se pasará a describir en los sucesivos apartados, se muestran en su plenitud a través de la abertura del valle del Cares-Deva. En este momento es de rigor completar la descripción de la orografía de este rincón del Macizo Oriental, interrumpida en el apartado de características. Desde El Mazo se perfilan varios de los accidentes más relevantes de la ruta. Este dato justifica esta breve referencia a la belleza del entorno en el, por lo general, seco apartado de los accesos rodados al punto de partida.

Parece mentira que un macizo integrante del Parque Nacional de los Picos de Europa, cuyas cumbres llegan a rebasar la barrera de los dos mil cuatrocientos metros, y que es el reclamo más hermoso de uno de los valles más bellos de España (La Liébana), ceda ante el esplendor de una modesta montaña de setecientos metros, a un suspiro de la costa cantábrica. La Pica Peñamellera (765 m.) no es más que un peñasco que ha despuntado en el extremo moribundo de un macizo de alta montaña. El viento, el agua y el frío han modelado su figura superando en belleza la magna orogenia del macizo en que se encuadra. Su silueta ha sido comparada con la de uno de los grandes colosos alpinos. Si bien sus romas formas quiebran toda comparación con el cortante filo de las aristas que guardan celosamente la épica conquista del Cervino, broche de oro de la época dorada del alpinismo.

La Pica (Peñamellera) irrumpe en la margen derecha del río Cares. Su escorada posición, respecto de las sierras menores del Macizo de Ándara, obliga al curso del río a un forzado escorzo. Al Sur de la solitaria montaña, la ondulada línea de Huerto Collao contrasta con la delimitación geométrica de las praderas circundantes. Una pista devola la collada hacia la vertiente de Mier. La alargada cresta del Canto Miravete se extiende a la izquierda de la misma.

La Peña Robriguero se erige como el último plegamiento de la sucesión de cordales que se agolpan en el extremo nororiental del Macizo de Ándara. Se halla separada del promontorio del Canto Miravete por un recogido valle. Esta vaguada abraza en curva el flanco occidental de este pequeño cordal. En su cabecera, al pie del oculto Collao Tremaño, se abrirían las heridas de las explotaciones mineras de Argayón. En el punto inferior del valle se recogería el pueblo de Bores.

La Pica la Cerezal (873 m.) es el punto culminante de la vasta uniformidad de la Peña Robrigero. Por detrás de la línea cimera de la peña (por el lado izquierdo de la Pica la Cerezal) se recorta la cresta más esbelta de Torna las Huertas / Pico Cerréu (889 m.). Ambas cumbres se integran en el mismo cordal, separadas por el Collao Las Siellas. El Valle de Valdanza baja delimitado entre el Pico Cerréu y el sector oriental de la Peña Robriguero.

La panda cimera sureña de Torna Las Huertas pende sobre los abismales desplomes de Paré Pedrón, un balcón natural sobre Cuñaba, en la cuenca del río Deva. El bosque que puebla estas laderas del Desfiladero de La Hermida es de corte mediterráneo, representado por la encina. Un árbol prieto y robusto de pequeñas hojas dentadas perennes.

Retomo la descripción del acceso rodado al punto de arranque de la travesía, detenida en El Mazo. Dos o tres kilómetros separan esta localidad de Panes, capital de Peñamellera Baja y "puerta de los Picos de Europa". Para seguir hasta La Molinuca ha de tomarse la carretera de Arenas de Cabrales (pasada la gasolinera de la entrada de Panes, el primer cruce a la derecha). La Molinuca es un establecimiento hostelero que se encuentra a unos seis kilómetros de la capital del concejo, después de rebasar unos corredores ganados a la peña que comprimen el curso del Cares. Un puente de piedra que salva el curso de este río en este volado tramo, es utilizado por los vecinos de Bores y Robriguero para evitar el largo rodeo a que obliga la carretera que sube a estos pueblos (si se tiene intención de subir a Arenas de Cabrales o demás pueblos del desfiladero del Cares).

Los demás puntos de partida o de destino de la travesía se vinculan al Desfiladero de La Hermida. Basta seguir la carretera nacional que cruza por todo el pueblo de Panes. La entrada del desfiladero se encuentra a unos dos kilómetros. Junto al pequeño conjunto de viejas y abandonadas casas adosadas de Puentellés, que aún conservan los vestigios del bar, arranca el ramal que sube a los pueblos de Bores y Robriguero. Sobre el desfiladero se eleva el sector oriental de la Peña Robriguero. Una amplia franja remonta en ligera diagonal por su flanco. Acoge las revueltas de la Calzada de Coperi, antiguo camino que bajaba de Valdanza a Robriguero.

Respecto de Jargú / Cuñaba solamente decir que se encuentran en pleno desfiladero. La vieja y solitaria marquesina de Jargú se hallaría a unas decenas de metros del punto kilométrico 169. La poco recomendable carretera de Cuñaba arrancaría desfiladero arriba, a la salida de una estrecha curva a la derecha, en Rumenes.

La Molinuca - Bores (45 minutos)

El establecimiento hostelero de La Molinuca se encuentra en la margen izquierda del río Cares. Para coger la pista que sube al barrio de La Serna (Bores), ha de cruzarse sobre el caudaloso curso del río, por un seguro aunque tambaleante puente colgante.

El camino discurre paralelo al curso descendente del Cares por las manchas de bosque atlántico de su margen derecha. Enseguida toma sentido ascendente, separándose progresivamente del cauce del río. Desgajando la línea de bosque de las vastas praderías de La Serna llega a este barrio de Bores.

En La Serna se coge el ramal asfaltado que baja de la carretera principal que sube de Puentellés. Las marcadas revueltas de este tramo suavizan el desnivel de subida. La Pica Peñamellera (Oeste) empieza a resaltar su faz más hermosa.

El duro asfalto se mantiene al llegar a la carretera principal. Se continúa al Oeste, entrando al pueblo de Bores (La Aldea). Las modernas marquesinas anuncian una línea regular suspendida hace años. La Pica Peñamellera domina las cuestas contiguas a las praderas del pueblo. En su falda se recoge el barrio de Orejuz, punto de destino de este tramo de la travesía y de la misma carretera. Desde esta perspectiva se perfila el profundo corte de su arista occidental. Un espolón cuasivertical por donde discurre la vía normal de subida.

Orejuz (Bores) - Huerto Collao - Pica de Peñamellera (1 hora 15 minutos)

La carretera muere en una arreglada plazuela, en el frontal de una ruinosa casona señorial. Sale por la parte alta de Orejuz reconvertida en una amplia y pisada pista. Las marcas paralelas blancas y amarillas señalizan el sendero de pequeño recorrido Bores - Cuñaba / Jargú. Su trazado es más directo que la travesía propuesta. Se adentra en el valle que se cuela entre la Peña Robriguero y el Canto Miravete. Sigue la red de pistas que ganan el Collao Tremaño, para pasar a la vertiente de Cuñaba.

Cerca del pueblo se encuentra el desvío en que divergen ambas rutas. Ha de elegirse el ramal de la derecha. Sube trazando largas revueltas a través de las praderías de Bores. Los retales del primigenio bosque encubren parcialmente la configuración de la sencilla orografía por la que se esparcen las parcelas de Bores. Ramales desgajados de la pista principal dan paso a las distintas fincas. Las mayores pendientes se han hormigonado para facilitar el tránsito de los vehículos de los ganaderos. Las continuas revueltas de la pista alejan una collada que parecía quedar al alcance de la mano.

Huerto Collao (494 m.) es una amplia y abierta collada de pasto que se incardina entre la peñona de La Pica Peñamellera y el alargado cresterío del Canto Miravete. Un retal cuadrangular, contiguo a la pista que traspone la collada, se ha delimitado de la pradera circundante. La vieja muria, reforzada por una línea de matas arbustivas, cerca este huerto de pasto que da nombre al collado.

La Pica, estilizado jito divisorio de las dos Peñamelleras, se eleva al Norte de Huerto Collao. La proximidad a la peña ha desdibujado su esbelta figura, transfigurándola en un compacto peñón de verticales peñas. El romo morro cimero se halla recubierto de un extenso manto vegetal. Al Norte se descuelgan abismales descuelges que vierten al río Cares. Tres son las vías utilizadas por los pastores para ir a buscar los rebaños que pastan en las gruesas mantas herbáceas que se sustentan en lo cimero de la peña. Al Oeste se descuelga la arista más definida de la peña. Vierte sobre la vertiente de Peñamellera Alta. Una roca ayudaba a superar un resalte de la peña, única dificultad digna de mención que los pastores reseñaban de la ascensión de esta arista. Esta vía es la menos utilizada desde que se desprendió la inestable roca que facilitaba el paso.

Por la cara que mira hacia el abierto territorio de Peñamellera Baja discurre la vía normal de subida. La vía se inicia ligeramente por encima de la Jorcadura, al pie del cuasivertical espolón que quiebra la relativa uniformidad de la arista oriental de La Pica. La Jorcadura es un marcada horcada que separa el espolón principal de un dentado canto rocoso semiindividulaizado de la peña. Este contrafuerte inferior, aunque parcialmente desgajado de la arista principal, contribuye a dotar a La Pica de la simpar silueta que enaltece el curso medio del Cares.

Al Sur del morro somital de la reina de Peñamellera, irrumpe el peñasco que preside Huerto Collao. Este desgarro de la peña modela, más que una tercera arista, el típico hombro de la montaña. En la cara Sudoccidental da forma a un falso circo. Un empinado cuenco que se recoge entre este hombro y la arista occidental. La tercera vía pastoril de ascenso a La Pica se encarama al mismo hombro. Sin embargo, no es una subida directa, sino que afronta una larga travesía a lo largo de esta cara sudoccidental de la montaña. La estrecha traviesa cuelga sobre las grisáceas llambrias veteadas de negro que cierran el falso circo por el Norte. Atraviesa directamente desde el hombro Sur de La Pica hasta las abiertas laderas de la parte superior de la arista Oeste.

La trepada a la peña seguirá la vía normal de la arista Este. Se inicia la aproximación a la vía desde el mismo Huerto Collao. Se remonta directamente por el lateral derecho del huerto que da nombre a la collada. Pradera arriba en dirección al vertical peñasco desgajado de La Pica. Se evita por la izquierda el alargado bosquete de avellanos que delimita la franja de pradería de la zona de cuesta. Matorral, largas hierbas, llambrias y graveras configuran la fisonomía de este terreno montuno de la falda sureña de La Pica. Desdibujados senderos de cabras se trazan intermitentes entre la vegetación. Su rastro se evidencia en la travesía hacia la derecha a través de la pequeña mancha de gravera. Se retoma el sentido ascendente bordeando el desgajado peñasco sureño de la montaña por su derecha. Se entra en las empinadas laderas de un recogido cuenco. Una franja de peña sustenta la collada por la que discurre la vía normal de subida, recortada en la suave línea de arista. Después de haber ganado bastante altura, pero sin llegar a la base de la arista, se dobla el canto de la derecha, que impide apreciar La Jorcadura. Vestigios de imperceptibles veredas ayudan a encontrar las traviesas utilizadas por las cabras para sortear el mal terreno de matorral, gravera y llambria. Aunque la mayoría de los montañeros suben directos a la Jorcadura, por las más abiertas laderas de la derecha, esta aproximación es más directa, evita adentrarse por el centro de la barrera de avellanos y enlaza con una estrecha vira que muere en el mismo arranque de la vía de trepada. Esta vira sube pegada a la pared del espolón de trepada. Las crecidas hierbas encubren largas tiras de roca y llambria. Muere en plena cresta, a unos cincuenta metros de la Jorcadura. El paso queda cortado por una abismal caída sobre las angosturas del Cares.

Una vez en la base del cuasivertical espolón que se destaca desde Bores, se da paso a la trepada de la peña. El arranque de la vía se encuentra protegido de la acongojante caída. Dos o tres metros de buena roca con grandes apoyos y abundantes agarres, preceden una canaluca herbosa más tumbada. El paso de las cabras y de los montañeros ha consolidado una marcada vereda terrosa que se vuelve muy resbaladiza con la humedad. En el vacío que se intuye a la derecha, por encima de nuestra posición, sobresale la copa de un pequeño árbol, junto al que ha de pasarse. Saliendo por la derecha del espolón se entra en una estrecha travesía herbosa, colgada sobre el abismal desplome que cuelga sobre el lejano curso del río Cares. La vereda de las cabras se intuye entre el piso de hierba. Las manos encuentran un aceptable pasamanos para ir asiéndose durante la travesía. El tronco del árbol, desafiando la ley de la gravedad, pende del abismo mitigando la angustiosa sensación de vacío que oprime al montañero.

Pasado el árbol se dobla la peña y se entra en una breve canaluca herbosa que devuelve la senda a la arista. Se sale a la collada que cerraba por arriba el cuenco por el que se efectuó la aproximación a la vía de subida (a la que se ha hecho una ligera mención con anterioridad). Esta amplia terraza se sustenta sobre el espolón cuasivertical que caracteriza a La Pica desde Bores. Se inicia un corto flanqueo por la izquierda de la arista. Los agarres son buenos. La caída, de unos diez metros sobre el recogido cuenco, obliga a extremar la precaución. Sigue una trepada que devuelve la vía a la misma arista. El paso es evidente al estar las llambria manchadas de la tierra que llevan las cabras en sus pezuñas. Este tramo de la arista es el más estrecho. Se trepa entre unas rocas y ya se entra en una canaluca que sube directa (muy protegida y sin sensación de altura) a la ondulación que antecede al morro cimero de La Pica (765 m.). El cresteo hasta la cima es largo y engorroso. Las largas hierbas ocultan los pozos que se forman entre los afloramientos calizos. No ha de relajarse la atención hasta pisar la suave alfombra de pasto que recubre su cúspide.

La aislada posición de La Pica Peñamellera la hace merecedora de una amplia y hermosa panorámica. Al norte la Sierra costera del Cuera, mucho más alta, impide la contemplación del Mar Cantábrico. En su soleada falda sureña se recogen las blancas casas de Alles, capital de Peñamellera Alta. A sus lados los distintos pueblos que se asientan en los sucesivos plegamientos de la sierra (Llonín y Ruenes). La cuenca del Cares-Deva se extiende al Este. Nuestra vista retorna a las imágenes pasadas: Panes, Robriguero y Bores con sus barrios. El río Cares viene desde el Oeste desgajando los Puertos de Era de la Sierra de Juan Robre. A nuestros pies, en el escorzo forzado del río por La Pica, un pueblo padece las sombrías humedades del río. Sus casas más recogidas no ven el sol hasta que el mes de Febrero comienza a ilumimarlas en las horas centrales del día. El recodo del Cares desgaja el pueblo en dos mitades: Mier "d'acá" y Mier "d'allá". Las tomadas laderas que remontan al Sur son las faldas norteñas de la Sierra Nedrina. Castañeos, hayedos, majadas, praderas muriadas y alguna charca artificial sorprenden al montañero que se adentra en esta infinita ladera. También al Sur, pero de La Pica, varios metros por debajo de la cumbre, se refleja el verde refulgente de Huerto Collao. La siguiente collada es el Collao La Serna. Entre ambos se interpone un largo promontorio en que sobresalen el Canto Miravete y el Canto Collao. Las escolleras de las minas de Argayón (al Sudeste) reclaman nuestra atención. Sitas bajo la recortada línea del Collao Tremaño, escarban la cabecera de la amplia vaguada que abraza la Peña Robriguero.

Por encima de las sierras menores del Macizo Oriental, emergen individualizados conjuntos de refulgentes torres nevadas. Los Picos de Europa irrumpen en la lejanía contemplados desde una de sus montañas más escoradas.

Pica Peñamellera - Huerto Collao - Collao La Serna - Collao Tremaño - Torna las Huertas (2 horas)

Puede considerarse este tramo como una etapa de transición. Viejas pistas mineras y modernas pistas de la concentración parcelaria se entremezclan conduciendo al caminante de la aún considerable fuerza erosiva del curso medio del Cares, a la gran obra modeladora de la cuenca del Deva, el Desfiladero de La Hermida.

De nuevo en Huerto Collao (el descenso de La pica se efectúa por la vía de subida), se inicia el flanqueo del pequeño y alargado cresteo del Canto Miravete. Unas antenas se han instalado en las primeras estribaciones de esta sucesión de cantos. La travesía sigue el trazado de la pista que devola Huerto Collao; mas, para evitar el rodeo a que obliga la primera revuelta de la pista, se faldea la loma en que se asientan las antenas sin perder apenas altura. Al doblar el canto contiguo se entra en una concha de llambria. Un cierre dificulta el paso. El desuso del viejo camino a borrado sus huellas. A media ladera se va perdiendo altura hasta caer sobre la pista que se acaba de dejar. Continúa el plácido paseo por la vertiente de Mier, disfrutando de los cómplices vistazos sobre el recodo de uno de los ríos señeros de Los Picos.

Antes del suave descenso al Collao La Serna (431 m.) se deja a la derecha la pista principal, que baja a Mier. Esta collada es el punto de conexión del brazo de cordal en cuya punta emerge La Pica Peñamellera y las ondulaciones que frenan las pendientes laderas de la Sierra Nedrina. Se sigue la línea de la collada, remontando por la pendiente pista que continúa por el Sur de la collada. En la campera de uno de los dispersos invernales que jalonan el recorrido, traza una revuelta para suavizar el desnivel. Se abandona definitivamente la vaguada que vierte a Mier, entrando en las lomas que cierran por el Sudoeste el valle que sube de Bores.

La pista se desdobla en dos ramales. El de la derecha entra a perderse en una valleja de praderas muriadas e invernales, donde nace uno de los caminos que suben a las majadas del puerto. La de la izquierda desciende al valle. De ésta se desgaja, a su vez, uno de los ramales que sube a las minas de Argayón. Se une con la vieja pista que asciende desde Robriguero doblando a media ladera las faldas occidentales de la peña Robriguero. Las torretas de la luz delatan su evidente trazado.

Puede evitarse el tránsito por las monótonas pistas tomando el camino que atraviesa las laderas nororientales de la Sierra Nedrina. Corta en sentido ascendente en dirección a la zona de minas. Sigue una evidente línea natural que se desdibuja al entrar en una hondonada de perdido pasto en el centro de la travesía. El sendero sale en llano desde la misma bifurcación de pistas que se acaba de referir someramente. Cruza la campera hasta chocar con unas llastras humedecidas por el agua. En estas resbalosas llambrias inicia la ascendente travesía hacia la izquierda. Muy marcado al principio, se va desdibujando a medida que se interna en lo que en su día fue una vasta zona de pastizal. Pinchos y tumbados helechos se van adueñando del viejo pasto. Entre los afloramientos cársticos crece algún árbol, desgajado de la poco compacta mancha forestal de las laderas norteñas de la sierra. Pasada la difusa planicie que se destaca desde las proximidades del Collao La Serna, el sendero queda más a la intuición del montañero que a la evidencia de su rastro. Ganando bastante altura, se enlaza con un amplio camino muriado que nos baja a las minas de Argayón, a la altura de un pequeño y cerrado embalsamiento de agua.

Se remonta toda la zona de minas, plagada de bocaminas y escolleras, hasta coronar el Collao Tremaño. En la vertiente opuesta se cobijarían los invernales homónimos, un mosaico de muriadas praderías que se apreciarán desde la cresta de Torna las Huertas. En el mismo collado se cogería una buena pista que baja a los invernales, ramal superior de la que sube hormigonada desde el pueblo de Cuñaba.

Subiendo al Noreste del Collao Tremaño, se alcanza el Collao las Siellas (791 m.). Devolando la collada se entra en el valle de Valdanza. Esta vaguada baja delimitada entre el canto occidental de la Peña Robriguero y la cresta de Torna las Huertas. La Pica la Cerezal (873 m.), al Noroeste de la collada, es el punto culminante de la Peña Robriguero. La cresta que arranca al Sudeste del Collao las Siellas culmina en los 889 m. de Torna las Huertas, también llamado Pico Cerréu.

La visita a este modesto canto es obligada. Por la abertura Norte del Desfiladero de La Hermida se da vista a la verde depresión del valle de Panes. Volviendo la vista a Tremaño, llama la atención el trabajado mosaico de redondeadas murias, entre las que se intercalan los rojos tejados de los invernales. La empinada panda herbosa sureña del pico queda colgada sobre Paré Pedrón. En las terrazas y oquedades de este desplomado corte anida una reducida colonia de buitres. Esta bella balconada natural se erige en privilegiado mirador de las plácidas laderas de pradería de Cuñaba, en las faldas orientales de la Sierra Nedrina. Este abrigado cuenco de praderas que giran en torno al abrigado pueblo de Cuñaba, se sostienen sobre la franja de peña quebrada por el río Deva. Las peculiares condiciones climáticas del desfiladero se reflejan en la proliferación de las encinas, árbol de corte mediterráneo a escaso kilómetros de la costa cantábrica.

Cuando el montañero se sienta en este balcón natural, los buitres salen de sus aposentos, dando largos giros en torno a su cabeza. La presencia humana asusta a estos inmensos carroñeros, alejándola de sus nidos. La molestia a la fauna puede ser muy nociva en determinadas épocas. En todo caso debe procurarse no alterar su ritmo de vida. Puede decirse que la puesta e incubación de los huevos se inicia en el mes de febrero, fase que se extiende hasta el mes de abril e incluso hasta principios de mayo. Es en estos meses cuando se inicia la crianza de los pollos. Estos meses pueden considerarse los más críticos.

Los buitres comparten las cavidades de Paré Pedrón con las cabras, cuyos rebaños se resguardan en una gran oquedad en la vertiente Sudoriental del Pico Cerréu. Dos son las veredas de entrada al paré. Arrancan de la cresta que cae al Este de Torna las Huertas. Discurren paralelas por las colgada vertiente Sur del cresterío. Pasos de cabras relativamente marcados sólo transitados por los pastores. La gran concavidad del paré es aprovechada por los buitres cuando están libres de ganado. El estruendoso ruido del fuerte aleteo de estas grandes aves al precipitarse al vacío retumba en la oscura bóveda asemejando un huracán ensordecedor.

Torna las Huertas - Valdanza - Cuesta Cerréu - Cuñaba (1 hora 30 minutos)

Aunque por la cresta oriental del Pico Cerréu se puede bajar directamente a la cuesta a que da nombre, la opción más cómoda sigue la vaguada del valle de Valdanza. Se entra por su cabecera, desde la misma ondulación del Collao las Siellas. Camperas y algún invernal se van escalonando en la recogida vaguada. Ha de descenderse prácticamente hasta los dos últimos grandes invernales (en la zona izquierda del valle), junto a los que pasa el antiguo camino de Robriguero a Cuñaba. La vaguada pierde desnivel hasta un falso rellano. Esta campera acosada por el helecho es la antesala de las pindias pendientes que caen sobre el Desfiladero de la Hermida. Punto de inflexión del valle que se transforma en pendiente canal por la que bajaban los caminos pastoriles a la carretera del desfiladero.

En los dos invernales referidos de la majada de Valdanza se plantea la alternativa de regresar a Robriguero / Bores, o continuar hasta Cuñaba. En el primer caso basta doblar el canto de la izquierda, que baja desde la Pica de la Cerezal delimitando el valle por esta mano. Traspuesta la collada, se enlaza con la Calzada Coperi. Un camino amplio y usado que desciende cómodamente en continuas revueltas. En la parte alta de la valleja por la que transita se encuentra la Fuente Coperi, un buen bebedero. Al llegar a las primeras praderías de la zona inferior de la cuesta nororiental de la Peña Robriguero, el sendero principal invita a bajar por su izquierda; no obstante, el antiguo camino, más difuso en este punto, se desgaja en llano a la derecha de la marcada senda, bordeando por esta mano el cercado prado. Se funde con una estrecha pista que desemboca a la que viene del Collao Tremaño (señalizada con las marcas rojas y blancas de los senderos de gran recorrido). La bajada lógica llevaría a Robriguero.

Con la intención de continuar hasta Cuñaba, se asciende hasta el marcado sendero que atraviesa en cuesta las laderas que delimitan el valle por la derecha. Alcanza el canto oriental del Pico Cerréu en su parte inferior, abierto y desfigurado en la inmensidad de la Cuesta Cerréu. El sendero se difumina a medida que dobla la cuesta, de tal manera que al dar vista a la vertiente de Cuñaba no queda sino un débil rastro de su glorioso pasado. Con una tímida tendencia descendente, se continúa dando vuelta a la cuesta. Aparecen los primeros ejemplares de encina, desgajados de las compactas masas que recubren las laderas más resguardadas del desfiladero. Pronto el descenso se va tornando más acusado. Por un mal terreno pedregoso, entorpecido por el crecimiento de las largas hierbas, se intuyen antiguos parches del viejo sendero. Entra en una empinada y rectilínea canaluca, por donde baja en esforzados requiebros. Se abandona el embudo por una asentada travesía en la peña.

Por una senda que va recuperando su deteriorada fisonomía se afronta el último tramo del pendiente terreno. El sendero cruza la gravera que desciende desde la enorme concavidad que cuelga en un extremo de las desplomes de Paré Pedrón. Una solitaria y voluminosa encina crece al par del sendero. Cientos de años contemplan sus arrugadas cortezas.

La senda se adentra tímidamente en el encinar. En la base de los contrafuertes de Paré Pedrón se ha aprovechado una covacha para recoger el ganado. En el centro del bosque se abren las aterrazadas praderas de los Curios. Un suave verde entre la oscura tonalidad de las prietas encinas. Estos prados se incardinan en el plegamiento que oculta la vista de Cuñaba. Al doblar el canto se afronta el último tramo de descenso hasta el pueblo. En los contrafuertes Nororientales del Cueto Cuñaba, un huerto muriado busca los pocos rellanos de la peña. Un camino casi de herradura le da servicio. Corta en llano esta vertiente de la peña. El Cueto Cuñaba preside el valle. En su cresta occidental un asa pétrea configura el ojal del Jorao, sobre el que se recorta la pequeña silueta de una cruz. La carretera de Cuñaba entra por la Vega de Linares, alargada depresión de verdes campos de cultivo que se recoge bajo las faldas de la Sierra Nedrina.

El sendero, estrecho y amenazado por el empuje de las encinas, la maleza y el desuso, llega a las primeras casas del pueblo de Cuñaba. Su incierto destino puede correr paralelo al de los viejos caminos que bajaban a San Esteban (de Cuñaba).

El pueblo de Cuñaba intenta abrirse al turismo. Una cuidada casa rural oferta la tranquilidad que busca el estresado habitante de las ciudades. La tertulia se garantiza en el bar del pueblo. Un reducido parque es la alternativa al retroceso del deporte de los bolos. Una alternativa para los pocos niños que se ven en las aldeas de montaña. Más de medio centenar de colmenas producen tarros y tarros de nutritiva miel. Quesos de Cuñaba y cabrito satisfacen el estómago de los más exigentes paladares.

Cuñaba - Jargú (30 minutos)

En la plaza del pueblo, donde muere la carretera, se toma el hormigonado ramal que baja al cementerio de Cuñaba. En las peñas de la margen derecha del Desfiladero de la Hermida, un solitario torreón pasa desapercibido.

La pista deja el cementerio a la izquierda, internándose en un bosque de castaños que ha ganado la partida a la omnipresente encina. La única confusión se presenta al llegar a un invernal. Antes de éste se gira a la izquierda para, inmediatamente volver a la derecha. Se deja la cabaña a la derecha. La pila de cuchu amontonado se extiende sobre el camino. Éste pronto va recuperando su empedrado original. Se retuerce en una sucesión incesante de retorcidos tornos. Una de las peñas que emergen entre las vallejas de la otra margen del desfiladero va adquiriendo una silueta familiar. El embudo que comprime el camino se va abriendo, así como se van espaciando las revueltas. Ya se da vista a la carretera, y al final de la travesía. Allí, en la marquesina donde se espera la línea, se amontona (amontonaba) el calzado de faena, sustituido por el calzado de los domingos para ir al mercado o a la ciudad.

El cansado montañero, sentado en su vehículo, vuleve a echar una mirada a las peñas que dominan las tomadas vallejas de la margen derecha del desfiladero. Aquel desdibujado peñasco que no llamaba la atención al iniciar el descenso en Cuñaba ha ido perfilando una silueta familiar. Si se ha tenido la suficiente imaginación como para ver la figura del Cervino en una modesta pica asturiana, no habrá mayor problema en reconocer la silueta del Naranjo en un peñasco del Desfiladero de la Hermida. Triolda llaman los vecinos a este falso Naranjo, pero esta peña cae fuera de nuestras competencias, conformémonos con el original.

 

VOLVER A CATÁLOGO