COVADONGA - ORANDI - SEVERÍN - FANA - MOROÑES - VEGA DE ENOL - PAN DE CARMEN - CAMINO DE LA MADERA - CIARDA - VEGA LES POCES - LAS FUENTES DE CANGAS - ALTO DE LOS GURBIÑALES - CUENYE LOS PAVOS - LA RONDIELLA - VEGA DE ENOL - COVADONGA (semicircuito)
Punto de partida: Covadonga.
Duración: 9 horas 30 minutos / 10 horas 30 minutos.
Desnivel: 1.250 metros (aprox.). La vertiente Norte del Macizo Occidental obliga a tomar en consideración las largas distancias que separan las montañas de los pueblos del valle, dado que es una vertiente muy tendida. Aunque es una estimación personal, creo acertado decir que la importancia de la longitud con respecto a la dureza de una marcha es inversamente proporcional al desnivel de la ruta. Es decir, cuanto menor sea el desnivel a salvar, mayor ha de ser la longitud de la ruta para suavizar las pendientes; por el contrario, si el desnivel es considerable, es preferible un kilometraje menor. Una ruta larga con un modesto desnivel acumulado es muy asequible; por el contrario, aunque en un desnivel considerable la distancia matiza los porcentajes resultantes, el incremento en horas de marcha hará mella en el montañero y terminará pasando factura. En el recorrido que aquí se plantea, la longitud ya comienza a ser un factor muy a tener en cuenta.
Dificultad: Fácil (Iº), respecto de alguna de las variantes apuntadas. En general la ruta discurre por buenos caminos que no presentan mayores complicaciones. He de insistir en la idea de que la duración y el desnivel no influyen en la dificultad técnica de un recorrido; únicamente condicionan al montañero que carece de un fondo físico suficiente. Este condicionante ha de analizarse separadamente en los apartados correspondientes. En todo caso, la dureza de una ruta se atenúa o minimiza fraccionándola en dos o más jornadas. Reseñar en último término, que los condicionantes intrínsecos de estos dos factores objetivos únicamente concurren cuando se produce un alejamiento progresivo de cualquier elemento humanizador (consideración que van perdiendo las innumerables majadas que jalonan los Picos de Europa por el abandono de la actividad pastoril), lo que no es el caso del semicircuito que se propone.
Características: Los Gurbiñales se erigen en la máxima cota de un modesto cordal delimitado entre el Pomperi-Pelabarda y el Junjumia (zona de reserva del Parque Nacional de los Picos de Europa). Desgajado del macizo en que se integra por la profunda abertura horadada por estos cursos fluviales, goza de una panorámica hermosísima en todas las direcciones. Concretamente es uno de los mejores miradores de la cuenca de estos ríos, es decir, domina un gran sector de la zona del Parque Nacional objeto de un mayor grado de protección.
Las desperdigadas manchas forestales que matizan este rincón de la montaña de Covadonga acogerán bellos recorridos por la riqueza natural de este ecosistema forestal. La mano del hombre se ha dejado sentir en la extensión de la superficie arbórea, talando grandes extensiones de arbolado para crear pastos en plena montaña. Fruto de este aprovechamiento tradicional del puerto son las vegas y majadas que se encuentran en cada recodo del camino. El difícil equilibrio natural es muy sensible a los cambios. Un progresivo abandono de la actividad pastoril ha llevado a una alteración en el modo de explotación del pasto, degenerando las vastas camperas ganadas al monte en un estado intermedio entre el pasto y el bosque: el matorral.
Dentro del itinerario es posible acercarse a disfrutar de la belleza del lago más significativo de los Picos de Europa, el Lago de Enol. Al quedar ligeramente desviado de la ruta, apenas si se hará una breve reseña. No es el objetivo primordial del recorrido, quedando al arbitrio de cada uno decantarse por las variantes o modificaciones que más le enriquezcan. La proliferación de vegas y majadas ha favorecido la creación de una tupida red de caminos que se prestan a mil y una alternativas. El objetivo de la cumbre no es un fin inmutable y monótono que ignore la importancia de una hermosa marcha de aproximación, pues ambas forman una unidad que las complementa, de tal modo que la más bella montaña ha de afrontarse a través de los más bonitos y variados rincones.
El punto de partida se ha fijado en Covadonga, cuna de la Reconquista, germen de la red de Parques Nacionales y santuario mariano consagrado a la Patrona de Asturias.

Descripción:
Accesos
Covadonga es un Santuario Mariano sito a once kilómetros de Cangas de Onís; pero, además, es el germen del primitivo Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (actual Parque Nacional de los Picos de Europa). La carretera es común en sus cuatro primeros kilómetros con la que sube a Arenas de Cabrales (otro de los núcleos turísticos de penetración en el Parque Nacional).
Covadonga - Orandi - Severín - Fana - Moroñes - Vega de Enol (2 horas 45 minutos - 3 horas 15 minutos)
El recorrido que aquí se describe representa uno de los múltiples caminos del puerto, es decir, de la red de caminos que partían de los pueblos del valle, en dirección a las majadas y pastos del puerto. La elección de Covadonga como punto de partida es aleatoria (quizás influida por la especial significación de este Santuario en los asturianos en particular, y en los montañeros en general). Trato simplemente de señalar que existen alternativas a lo que en su día fue uno más de los caminos del puerto y en la actualidad es una infraestructura turística de penetración motorizada en las entrañas del Parque Nacional de primer orden.
La carretera de los Lagos no es sino una pista construida con motivo de la explotación minera del entorno de los lagos Enol y Ercina. Ese origen es lo que justificaría la clausura de este ramal al tráfico rodado. No es admisible que el asfaltado de una pista minera otorgue un privilegio especial a esta carretera respecto del resto de las pistas minero - ganaderas que vertebran los Picos de Europa.
El tránsito rodado de este tipo de pistas (en las que se incluye la carretera de los Lagos) debe restringirse al uso exclusivo de los ganaderos de la zona, a fin de no incrementar el efecto pernicioso de este tipo de infraestructuras viarias.
El uso de vehículos motorizados ha de limitarse al ámbito de los núcleos urbanos y a sus vías de comunicación. Este principio de protección integra las nuevas tendencias que propugnan el "filtro del esfuerzo físico". El montañismo es inherente a este tipo de condicionamietos, pues pierde su identidad a medida que la civilización se adentra en su campo de juego.
En términos generales puede asegurarse que la ascensión a la Vega de Enol es relativamente sencilla desde el punto de vista de la orientación. La simplicidad de su trazado convierte este itinerario uno de los más recomendados para los principiantes que se inician en el uso de la brújula y el mapa. Es una de las entradas a los Lagos más directas. El único inconveniente es común a los recorridos de la vertiente Norte del Macizo Occidental, la combinación entre desnivel y distancia. Es uno de los pocos sectores de los Picos de Europa en que la regla que marca un ritmo base de marcha establecido en cuatrocientos metros la hora (en una hora de camino se salvan cuatrocientos metros de desnivel) no es válida, sino que ha de matizarse. El ritmo de marcha en terreno llano (cinco - seis kilómetros hora) influye proporcionalmente en el tiempo final del recorrido. Así, aunque el desnivel que separa Covadonga de Peña Santa de Castilla (máxima altura del Macizo Occidental) es similar al desnivel Poncebos - Torre Cerredo, el horario final de ambas ascensiones difiere notablemente (seis horas para coronar el techo de los Picos; alrededor de ocho para afrontar una de las rutas más largas y con mayor desnivel de este conjunto montañoso).
La marcha se inicia al pie de la Santa Cueva, en la "curva de los leones" (250 m., aprox.). Se toma el antiguo trazado de la carretera de los Lagos, hoy reconvertido en un ramal adoquinado que sube al cementerio. Antes de una cerrada y empinada curva que dobla un peñasco, se coge un camino de tierra que se interna en el bosque. En el primer tercio de la ascensión remonta por la derecha de la muria de la pradera de La Tiese, único claro en toda la ascensión. El marcado sendero continúa serpenteando a través de la mancha forestal de La Matona. En ocasiones discurre paralelo a la traída del agua. Entra entre dos árboles y, tras recibir por la izquierda un falso camino, alcanza el Colladín de Orandi. Un suave ascenso por húmedas camperas precede a la collada que da vista a la Vega de Orandi (semioculta entre las ramas de los árboles). Se deja el camino que sube al lado de las ruinas de unas cabañas, eligiendo el ramal que baja a la vega.
Orandi (513 m.) es una recogida campera sita al Este de Peña Sienra (sierra que se eleva sobre Covadonga). En un rincón de la vega una lúgubre boca engulle el caudaloso discurrir del río Las Mestas. Este río de montaña se desvanece con gran estruendo en las entrañas de la peña, preludio del atronador salto que irrumpe, montaña abajo, a los pies de la Santina.
Se cruza toda la vega, y se continúa por la orilla del curso fluvial, un plácido paseo por la alameda del río Les Mestes. El reposo es efímero, pues en una campera contigua a la vega de Orandi, se deja el valle, para afrontar un repecho por una evidente vaguada que remonta, a mano izquierda, al abrigo de la frondosa mancha forestal. El sendero, desdibujado por el arroyar del agua a ras del desnudo suelo terroso, se detiene en la muria que cierra la vaguada (639 m.). Se entra en la pradera que aquélla delimita, retomando el rastro de la difusa vereda. El paso cruza por el centro de la pradería. Se evitará, en todo caso, salirse de la senda marcada, con el objeto de dañar lo menos posible la propiedad que se está atravesando. Si se va en grupo, lo más recomendable es intentar rodear la pradería.
Esta campera es la más occidental de la majada de Les Llaceries (Las Llacerias). La portilla se encuentra junto a un invernal, aunque se ha habilitado un paso en el muro en que aquélla se fija. El amplio camino empedrado baja a la majada de Bastañar. Reconvertido en pista enlaza con la carretera de los Lagos, en la revuelta de Boferos.
Desde Covadonga también se podría subir a les Llaceries sin pasar por Orandi. Habría que seguir el ramal que sube al cementerio, sin desviarse por el camino que sube a la vega. Pronto se vuelve al duro asfalto del nuevo trazado de la carretera de los Lagos. Doscientos o trescientos metros más arriba, en las boscosas laderas de su derecha, quieren apreciarse los restos de un antiguo camino que se adentra en el boscaje. El sendero entraba en La Raíz, en la parte inferior de la vaguada de camperas que sube hasta Bastañar. No es una variante muy aconsejable, pues el sendero se sume en el más profundo de los abandonos. La maleza se ha adueñado de los escasos vestigios del viejo sendero, confundiéndolo con el uniforme sotobosque colindante. En la espesura del monte sólo se contabiliza el paso de zorros y jabalíes.
Retomo la descripción de la ruta, que se había detenido en la majada de Les Llaceries, sita en un alto que domina las camperas que se extienden por la vaguada de La Raíz. Se cruza entre las cabañas con tendencia al Sudeste, saliendo a una hondonada más abierta. El amplio camino se cuela entre la muria de una vasta pradería y una pequeña valleja. Por su lecho discurre un regato casi seco, que baja a sumirse a un reducido jou, cerrado por la loma en que se asientan las cabañas y las camperas colindantes. En la valleja se ha preparado un funcional bebedero para dar de beber al ganado.
El camino continúa pegado a la muria. La valleja de la derecha da paso a un retal de campera, estropeado por los jabalíes, donde se desgaja el sendero que sube al Pandal. Esta senda atraviesa a media ladera, a gran altura sobre el valle del río les Mestes. Goza de bonitas vistas sobre la Vega de Orandi. Deja el xerro para entrar (hacia su mitad) en una alargada llomba de campera que se extiende al Este de la majada que da nombre al río. La majada de Les Mestes es la que se encuentra a la salida del desfiladero, según se sigue el curso del río que se adentra en la cueva de Orandi. Al Pandal (la alargada loma que se coge en la majada Las Mestas), se hará una breve remisión al hablar de Severín.
Sin desviarse por el sendero del Pandal, se prosigue bordeando la muria. Más arriba el camino entra en la cuesta trazando una larga revuelta. Sin haber dejado apenas las praderías de Les Llaceries entra en Collao Argomal. No se devola la collada, donde se ve un invernal. Junto al invernal se encontraría una pequeña cabaña. No logra verse por hallarse recogida tras la collada. En el tupido bosquete que hay bajo la cabaña se esconde una pequeña fuente. Cerca de ella, y pegado a la muria de la gran pradería que se extiende al Sudeste de Collao Argomal, discurre el sendero que sube a la Vega del Toral (Este). El sendero es común con uno de los que entran a la zona de antiguas minas. Oxidadas vagonetas y viejos raíles son el testimonio de una actividad que se adentró en las entrañas minerales de tres macizos eminentemente calizos. Las escombreras son la única evidencia de las antiguas bocaminas conquistadas por la maleza. Se dispersan por la parte inferior de una marcada vaguada que remonta hacia el Sur.
Sin trasponer, por tanto, la collada que caracteriza la toponimia de la majada, se continúa hacia su derecha (Sudoeste), entrando en un recogido rincón donde se cobijan un par de cabañas. Los grandes árboles de las dispersas manchas forestales que se extienden intermitentemente entre las praderías, las cuestas, los xerros y los valles del puerto bajo de Covadonga, proporcionan sombra y madera a estos heterogéneos grupos de cabañas. Se mantiene la dirección, dejando a la izquierda la cabaña grande. La pequeña, al abrigo de unos peñascos, queda a la derecha. El camino, embarrado, se encajona entre la peña y la alta muria de una nueva pradería. Es el paso a la última de las cabañas.
Un nuevo giro y se retoma el rumbo Sudeste, ascendiendo por una valleja en que alterna el pasto con el matorral. El camino continúa a media ladera, con un ancho similar al que presentaba en la subida al Collao Argomal. Entra por un lateral en una amplia vaguada. En párrafos precedentes ya se ha hecho alusión a ella. Las escombreras de las abandonadas bocaminas que se dispersan entre la maleza y el matorral son las mismas a las que se llega desde el Collao Argomal, desviándose del sendero de la Vega del Toral.
Devolando el collado superior de la vaguada (849 m.), el sendero se difumina. Enlaza con la también difusa senda que viene del Pandal. Se asciende suavemente por una loma de campera que, enseguida, deja ver las ruinas de Severín. Esta majada está abierta a la sucesión de sierras que se agolpan al Oeste. Las grandes torres del Macizo Occidental se muestran aún esquivas. Hacia el Sur apenas se destaca la uniforme mole del Porru Tresllué, peña dominante de Severín. Desde esta perspectiva pasan desapercibidas las paredes que presiden el Valle de Tresllué (cabecera del valle del río Les Mestes). Al otro lado de la montaña se encontraría la majada a que da nombre esta peña, en una recogida hondonada al pie del puerto de Pan de Colines.
Desde la Vega de Orandi también se puede llegar a Severín. Basta seguir el curso del río Les Mestes (Las Mestas) hasta la majada que le da nombre. A la altura de la majada se emboca la llomba del Pandal (Este). Matorral y aislados bosquetes se van adueñando de la húmeda campera. La tierra levantada por el jabalí es una constante de la Montaña de Covadonga. Con tendencia al Sudeste se sube toda la cuesta del Pandal (a mitad de subida entra por la sierra de la izquierda el camino que viene de Les Llaceries). Sin variar la dirección se evitan por la izquierda los contrafuertes norteños del Porru Tresllué, entrando en las más tendidas vallejas tomadas de matorral que llevan a la majada de Severín.
Con el rumbo ya fijado se continúa ruta desde la majada de Severín. Se traspone una verde y vasta collada. Un suave descenso conduce a una primera hondonada, integrante de una lineal vaguada que encauza sin pérdida nuestro caminar. Un primer bebedero aprovecha el agua que brota de las entrañas de la peña. Plácidas camperas se extienden a lo largo de las romas ondulaciones de la Vega de las Traviesas. Por el canto que delimita la vaguada por la izquierda entra el sendero que sube de la vega del Toral. Un segundo bebedero, menos rústico y aislado en el centro de una nueva hondonada, marca el inicio de la larga subida al Collao las Traviesas /Aspra de Fana. El terroso sendero evita el llamargal de la zona superior de la vaguada. Discurre ligeramente a la izquierda del fondo de la valleja, recuperando momentáneamente la fisonomía de frecuentado camino.
En el Collao las Traviesas se muestra con toda plenitud la alineación de cumbres cimeras del Macizo Occidental. Peña Santa de Castilla, semiescondida entre la Torre de la Canal Parda y la Torre de Santa María (Peña Santa de Enol), encubre su intrínseca grandeza. Su hermana, que mira con orgullo las tierras astures, refulge altiva en el centro de un universo de desnuda y desértica caliza. Las nieves perpetuas, mudos vestigios de un pasado glaciar, se ven constreñidas a recónditos rincones recogidos en las frías caras norte de las más altas montañas. Una nueva era climática favoreció la extensión de las grandes praderas alpinas al reino de la alta montaña. La Llampa Cimera y La Mazada, intercaladas entre la Torre Santa María y la redonda silueta del Requexón, son oasis de vida en el estéril universo cárstico.
Lejos están aún las nevadas cumbres. El caminante se halla inmerso en una sucesión de hermosas vegas y majadas. Camperas y xerros alternan con desiguales manchas boscosas. El hayedo se adueña del paisaje. Mas el humo de las cabañas se ha ido disipando. Un declive irreversible que se ha camuflado entre el ruido lujoso de los automóviles que serpentean por las camperas del primer Parque Nacional español, el de la Montaña de Covadonga.
El camino se reinterna en el bosque, en pleno descenso hacia la Vega Fondos. Esta recogida hondonada es la antesala de la majada de Fana. Las cabañas apenas arañan un rincón de la vasta extensión de pradera. En el centro de la vega se aisla una singular plantación de esbeltos árboles. Un ramal de pista se desgaja de la cercana carretera de los Lagos, dando acceso rodado a la majada. Coches y autocares circulan por los pastos que se extienden más allá de la vega, rodeando la Porra de Enol para dar vista al Lago que le da nombre.
El camino de Moroñes sale por el Sur de Fana, siguiendo el desagüe natural de la majada. Un corto tramo de pista atraviesa la cabecera de una profunda vaguada. Abajo se deja la majada de Acebéu. Las aguas que se encauzan en la vega de Fana discurren por el subsuelo de las camperas de Acebéu, brotando, en el centro de la soleada valleja, en un manantial que da vida al río Pelabarda. La cuenca de este río se abre paso entre la Sierra de los Gurbiñales (de donde recibe el aporte de los ríos Pomperi y Junjumia) y Pandecolines, embocando directa a la Sierra de Amieva. En lo más angosto de un profundo desfiladero cede sus aguas al más caudaloso cauce del Dobra.
La pista se adentra en un pequeño bosque, convertida en amplio camino. La hojas tapizan el suelo y confunden sus tonalidades con el musgo que recubre las peñas. El rumbo varía sin cesar, sin atenerse a un criterio claro. Al final se orienta al Sur, perdiendo fisonomía. Un sendero del ganado sale del bosque. Bordea un gran jou donde crece el tronco seco de un árbol. Atraviesa la tupida espesura de un bosquete, para entrar en la recóndita majada de Moroñes. Se recoge al pie de las tomadas cuestas occidentales de la pequeña sierra de la Porra de Enol. Monte abajo el terreno se torna más intrincado, delimitado entre el curso alto del río Pelabarda y las angosturas de la riega de La Beyera.
El paso hacia la Vega de Enol recorre en su integridad la marcada vaguada que sube hacia el Sudeste. La cotoya se adueña de toda esta vertiente occidental de la modesta y aislada sierra que cobija la majada de Moroñes. Las múltiples veredas aparecen y desaparecen entre el matorral con desesperante asiduidad. La alternativa más directa y menos escabrosa lleva por toda la vega de Moroñes. Se recorren sus camperas (Sur) hasta la hondonada final, en que se sumen las aguas que manan y se filtran a lo largo de toda la vaguada de subida.
Se emboca toda la valleja. La parte inferior es la más escabrosa. Un sendero comienza a ganar altura, pero se difumina en un primer jou que interrumpe la vaguada. Salvado este primer escollo, la valleja se va abriendo. Perfectamente delimitada por un canto calizo, que devola hacia la vertiente de La Beyera, la campera alterna con la cotoya. Para facilitar la subida es preciso enlazar con la buena senda, pues en otro caso el montañero se verá inmerso en las irregulares franjas de tupida maleza. El pasto va ganando terreno frente a este estado intermedio entre el pastizal y el bosque. En el estrechamiento final se entra en la zona caliza que aflora en los cantos y cuestas de la sierra. La ascensión culmina en la collada contigua al Porru les Llampes (1.168 m.). Este pequeño cotero es la última elevación de la cresta que se extiende al sudoeste de la Porra de Enol (1.279 m.).
La visión parcial que se ofrecía de la alta montaña del Macizo Occidental en el Aspra de Fana, se muestra aquí en todo su esplendor. Tras tres horas de marcha se disfruta del mismo entorno que recorren los miles de turistas que han llegado a la Vega de Enol al volante de sus automóviles. Dos mundos compartiendo un mismo territorio, pero divergiendo en sus vivencias. Una concepción de la montaña planteada en términos económicos, cuya única finalidad es ofertar panorámicas de postal atractivas, ajenas al ecosistema en el que se integran; frente a una intromisión respetuosa, que trata de integrarse en un medio extraño causando el menor perjuicio, con la única recompensa de encontrar aquello que se ha venido buscando, la riqueza de ecosistemas de montaña. Asfalto, remontes mecánicos, masificación y urbanización; frente a economías tradicionales, bosques, lagos, flora y fauna.
El sendero continúa a media ladera, por la vertiente sudoriental del cordal que sube a la Porra de Enol. El suave descenso se ve interrumpido por unas franjas calizas que caen desde lo cimero del cordal a la cabecera de La Beyera. Una pista ganadera se desgaja de la carretera de los Lagos. Recorre la Vega de Enol y continúa su trayecto hasta Pandecarmen. Su trazado servirá para completar el largo rodeo que ha forzado la cuenca del río Pelabarda
Vega de Enol - Pan de Carmen - Camino de la Madera - Ciarda (1 hora 45 minutos)
La Vega de Enol es un gran valle glaciar que se abre paso entre el Cantu la Piedra el Llagu y la Porra de Enol. En uno de sus extremos se recoge la cubeta del Lago Enol, próximo a los veinticinco metros de profundidad. Por el Oeste va dando forma a la vaguada que acoge el lecho de la riega de La Beyera. Los fresnos crecen dispersos entorno a los distintos conjuntos de cabañas. La vida de la vega gira alrededor de la Casa de los Pastores. Una edificación objeto de reciente reforma. Un pequeña capilla corona una de las romas lomas de la vega.
Al Sudoeste, por la gran abertura del valle de la Vega de Enol, se da vista a la sierra de Los Gurbiñales. Una franja de verde pasto se extiende bajo la línea de peña cimera del cordal. A modo de apunte señalar que esta ancha traviesa se inicia en la Vega Les Poces. En los jous que se ocultan en la vertical de su máxima altura, el Alto de Los Gurbiñales (1.497 m.), se encontraría la majada de Las Fuentes (de Cangas).
Se abandona el hermoso valle por una pista ganadera. Este ramal se desgaja de la carretera de los Lagos en el Collao Les Veleres, entre la Porra de Enol y el Cerro Sohornín. Faldea por encima de la Vega la Cueva. Las cabañas de esta majada se cobijan en una recogida hondonada. En el flanqueo descendente hacia la Vega de Enol se ha podido descubrir el emplazamiento de la cueva. Esta oquedad se halla en las peñas contiguas a la majada, pero en la vertiente opuesta, junto a una corta canal que cae sobre la cabecera del cañón de La Beyera. La fuente se encuentra al pie de la pista, relativamente alejada de las cabañas. Su agua, como las del entorno, no han superado los análisis. El helecho se extiende por todas las lomas que se asientan sobre el angosto desfiladero de La Beyera, acorralando las camperas.
En Pan de Carmen la pista se bifurca. De frente sigue el ramal que muere en el Mirador del Rey, una amplia explanada que domina todo el bosque de Pome (zona de reserva en parte). Este bosque crece entre los cauces del Pelabarda y el Pomperi.
La pista de la izquierda baja a una vasta planicie, utilizada como aparcamiento hasta la aprobación del Plan Rector de Uso Y Gestión. Ramón Sordo se refiere a este lugar como la Fuente Verdalles, pues en una roca arrinconada en una esquina de la llanada manaba esta fuente. Una cadena restringía el paso de vehículos hacia la cuenca del río Pomperi. Actualmente el tránsito rodado se limita estrictamente a la carretera de los Lagos, salvo las excepciones previstas en el Plan Rector.
Desde la pista se contempla la abertura del río Pomperi (que vierte al Pelabarda). Por las escabrosas laderas de su margen derecha se extiende la mancha forestal de Pome. El bosque de la Cerezal recubre las laderas de su margen izquierda, en el extremo noroccidental de la sierra de los Gurbiñales. A media ladera discurriría el "Camino de la madera" (utilizado para la extracción de madera).
Un estrechamiento entre las rocas precede un breve tramo de descenso a la sombra de una frondosa haya. Sigue un trecho llano y recto. En la campera de la derecha pervive un viejo y solitario ejemplar de acebo, con sus hojas desgastadas por el paso de los años. Permanentes charcos humedecen un trozo de pista. A su derecha se recoge un retal de campera. Se deja la compañía de la pista, que inicia un giro a la izquierda, forzada por una peña, para entrar en la Vega del Huerto. Se atraviesa el pequeño recodo de campera, bajando entre los árboles a la orilla del río Pomperi.
Ha de vadearse el río, pues el camino gana altura por su margen izquierda. Su caudal, intermitente a la altura del Puente de Redimuña, presenta un flujo constante. Si viene crecido puede evitarse su vadeo, afrontando un largo rodeo por la Vega de la Piedra.
El camino, amplio y pisado, pronto deja la compañía del río. Atraviesa el típico terreno cárstico que viene caracterizando la mayor parte de la ruta. Sin adentrarse en una sucesión de largas camperas que miran hacia Pandecolines (vastos puertos en cuyo lateral irrumpe la berruga caliza del Porru la Jermosa), el sendero dobla el canto de la izquierda. Un árbol anciano, cuyas hojas adquieren una fuerte tonalidad oscura, recuerda el solitario ejemplar de acebo que sobrevivía al lado de la pista de la Vega del Huerto. Se entra en una amplia vaguada, perpendicular al sentido de nuestra marcha. Procede de lo más profundo del río Pomperi, concretamente de su confluencia con el río Pelabarda. Alejado del curso del río, remontando por las pendientes laderas boscosas que se descuelgan de los contrafuertes noroccidentales de la sierra de los Gurbiñales, discurre el sendero que viene de Pan de Colines. Su trazado se hace evidente en las tomadas cuestas que caen al río Pelabarda por su margen derecha. Cruza el río por el Puente Pelabarda, y asciende por toda esta vaguada en que nos encontramos hasta la Vega la Piedra.
La campera que sustenta la majada se hallaría al otro lado de la collada cimera de la vaguada. Las cabañas se alternan con los grandes bloques desgajadas de las peñas que dominan la hondonada. Una de esas piedras, aislada en el centro de la pradera, da nombre a la majada.
El sendero atraviesa en llano la vaguada, encaminándose a la mancha forestal que preside las laderas de la margen izquierda del río Pomperi. Al dejar la zona de campera recupera su ancho original. Se interna en el bosque. Pendientes canalones se descuelgan entre los contrafuertes del cordal. El muriado camino traza cortas revueltas para evitar las peñas más compactas. Entre las peladas ramas de los árboles acierta a verse el atormentado despeñarse del río Pomperi, entre las peñas inferiores del Mirador del Rey.
El camino entra en una vega de llamarga, difuminándose momentáneamente. Se cruza toda la embarrada campera, llegando a una bifurcación. El ramal de la derecha, cerrado por una alambrada, inicia un largo descenso bosque abajo. Rodea las compactas paredes calizas para entrar en la vega de Ciarda por su desagüe natural. Esta alternativa es la más usada para alcanzar la vertiente de los Cabritales. La Mota de los Cabritales es un porro que se yergue sobre la Mecedura de los ríos Junjumia y Pelabarda, un jito natural sobre la zona de reserva del Parque.
La subida más directa a Ciarda se adentra en la canal de la izquierda (la Cuenye los Corrales). El camino se retuerce en sucesivas revueltas por el centro del canalón. El embudo se va estrechando. En el empinado resalte cimero se desvía por las peñas de la izquierda. Trepa por un lateral de la cuenye. La travesía final a través de las húmedas llambrias que caen sobre el estrecho canalón de subida, precede los moribundos tornos "muriaos" que restan de camino. Éste se pierde en plena cuesta de matorral, cortado por una muria de alambrada que delimita la propiedad privada de Ciarda.
Saltando la alambrada se sube hasta el canto contiguo, dando vista a la majada. Las ruinas de las cabañas se arrinconan en la hondonada inferior de la vaguada de campera. Los rebecos pastan en la pradera. Varios manantiales brotan de la tierra. Un pisado sendero terroso recorre toda la velleja. Es la continuación del camino que se desechó en la Vega de los Corrales, que bordeaba por los Cabritales. Sube a lo cimero de la sierra.
Ciarda - Vega Les Poces - Las Fuentes (de Cangas) - Alto de los Gurbiñales (1 hora)
Se sube toda la loma que delimita la vaguada de Ciarda por la izquierda. El cierre dificulta el paso a la horcada de salida, aunque puede evitarse el espinoso alambre por las llambrias de la izquierda. Devolando la horcada se entra en una amplia vega. La campera está muy dañada por los jabalíes, que levantan tapinos de tierra para buscar raíces y lombrices que comer. La visión, aún limitada por la cresta vertebral de la sierra, ofrece una panorámica sesgada de la alineación de cumbres que presiden la vertiente Norte del Macizo Occidental. Aparte de la Torre Santa María, inconfundible por la vira que la atraviesa, destacan Cotalba y La Armada. Aquélla es la última cumbre que rebasa los dos mil metros. Su figura piramidal sirvió a D. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, para pasar a la eternidad enterrado al pie de una pirámide natural digna del más fastuoso de los faraones. La Armada es la única cima que destaca a la derecha de Cotalba. Sus mil seiscientos ochenta y cinco metros caen en vertical sobre la cuenca del río Dobra. Mirador menos afamado que el de Ordiales, goza de una panorámica más escorada. Característico de esta montaña es su doble cima.
En esta parte alta de la sierra se ofrecen múltiples alternativas. Hacia la derecha (Oeste), buscando la cresta somital del cordal, se coronaría la cima de Las Vidriosas (1.360 m.). Como todas las montañas que dominan los extremos de las sierras, presume de una vista de ensueño. Esta modesta cumbre se erige en uno de los puntos más destacados para disfrutar de una vista aérea de un sector de la zona de reserva (cuenca del Junjumia- Pelabarda).
Una segunda alternativa sería seguir de frente (al final de la vega habría que desviarse unos metros a la izquierda, por el camino que se describirá a continuación). Se atravesaría toda la columna vertebral del cordal de los Gurbiñales, devolando a la vertiente del río Junjumia. En las vastas laderas que se descuelgan al río se esconde la recóndita majada de Gusteguerra. Una peña que irrumpe en mitad de la ladera es un jito natural para coger (por su derecha) la vereda que baja al Junjumia (zona de reserva). Perdida entre las llambrias y la maleza era el paso para adentrarse en la rectilínea, pindia y herbosa Canal de Chicidi / Chizidi. Quede aquí hecha la reseña en espera de que se cumpla el plazo de vigencia del Plan Rector. Me parece apropiado hacer una somera referencia a esta canal por ser la única que se individualiza en esa vertiente del desfiladero del río Junjumia. Una vez embocada la canal, el mismo terreno conduce a la base de La Armada.
Por último, opción elegida como principal en este recorrido, puede seguirse en toda su integridad el sector somital del cordal, a fin de coronar su máxima altura, el Alto de los Gurbiñales (1.497 m.). Al final de la campera se toma un sendero que sale a la izquierda. Éste no hace otra cosa que seguir la orientación de la sierra al Sudeste. Sube a una primera collada, donde se desvía (derecha la vereda de Gusteguerra). El atraviesa o bordea el hoyo contiguo, subiendo a una segunda collada. La altura ganada aconseja volver la vista atrás para contemplar la vasta depresión que vertebra el centro - oriente de Asturias, desgajando sus cordales costeros de los interiores.
El sendero se adentra en una laberíntica sucesión de joyucos. Su trazado es evidente por el frecuente paso de ganado y montañeros. Además, mantiene la dirección. Al fondo se divisa una amplia collada. Detrás se recortan las siluetas calizas de la Punta Gregoriana y la (Torre Blanca) de los Cabrones. A la izquierda de la collada, a un nivel superior, una horcada más pequeña reclama nuestra atención. Una vira de matorral sube directa a la misma. Al acercarse a la collada el sendero se desdobla. Uno asciende hacia ésta, en tanto que el otro se adentra en la estrecha rampa de matorral para ganar la horcadita superior.
Siendo nuestra intención coronar el Alto de los Gurbiñales, no habría mayor problema en seguir el sendero que devola la vasta collada. Apenas unos metros la separan de la horcadita contigua, pero al trasponer ambos accidentes, las sendas se adentran en dos mundos radicalmente opuestos. Mientras la senda que devola la amplia collada se pierde en un eskar de profundos jous, la otra emboca la franja de pasto que une las vegas y majadas del sector sudoriental del cordal. Aquél sendero es fácil de seguir, pues está muy transitado incluso por las mismas vacas. Rebasado el caótico escar inicial, llega a unas colladas que dan vista a la vertiente del Junjumia. El núcleo de altas cumbres del Occidental se muestra en toda su grandeza. A partir de aquí se difumina notablemente. Con un primer desvío que permite pasar, a través de la cresta somital de Los Gurbiñales, a la franja de pasto que une la Vega Les Poces / La Poza con la majada Las Fuentes, la vereda va llevando a través de evidentes vaguadas a las llambrias del punto dominante del cordal.
Si por el contrario se traspone la horcadita de la izquierda, será la misma configuración del terreno la que va guiando el sendero a través de las camperas que conducen a la majada de Las Fuentes. Esta alternativa permite atacar la cima de los Gurbiñales por la vertiente que mira a la Vega de Enol, cuya intrínseca hermosura irá acompañando nuestro caminar. La senda baja a la Vega la Poza, punto de inicio de una ancha franja de pasto sobre la que se yerguen las peñas que configuran el Alto de los Gurbiñales.
A la Vega Les Poces también se puede llegar desde la Vega la Piedra (acortando enormemente el trayecto). La pista que se dejó a la altura de la Vega el Huerto, entra en la cuenca del río Pomperi en Redimuña. La vega el Huerto es una redondeada hondonada contigua a este río. En un rincón de la vega se encuentra la Fuente de Frassinelli (no potable). Sustituye a una más antigua que brotaba de la misma peña, que hacía de pedestal, un estilo a la fuente de la majada de Las Bobias (en el camino que sube desde los pastos del Lago Ercina hasta la Vega de Ario). La vieja pista cortaba la vega por la mitad. A ambos lados acampaban los montañeros con sus tiendas de campaña. Prohibida la acampada, se procedió a variar el trazado de la pista que, en la actualidad, bordea la hondonada por un lateral.
La pista entra en Redimuña, situándose en paralelo al río. En este tramo discurre, frecuentemente, por el subsuelo. En la superficie quedan pequeñas pozas o bañeras. En una de ellas, dicen, se bañaba el "Alemán de Corao" (Roberto Frassinelli) cuando regresaba de sus correrías por el monte. De ahí que se la haya bautizado como "Pozo del Alemán".
Un puente salva el lecho del río. Amplio y con barandillas de madera recibe el nombre de este tramo de la cuenca del Pomperi (también llamado Redimuña por los mismos motivos). La recóndita Vega de Redimuña se recoge aguas arriba. Hasta ella llega un sendero por la orilla del Pomperi. A partir de la alargada campera, que pugna con helechos y matorral por el dominio del espacio, el sendero se difumina en la espesura del monte. El terreno hasta los Güeyos de la Teya, manatiales que proporcionan un sustancioso caudal al río, es sombrío y escabroso. La única salida franca es la cuesta de La Ingiesta, por donde se sube a la Vega del Llaguiellu, al pie del Diadiellu y caracterizada por una línea de llamarga que la parte en dos.
La pista remonta por Redimuña, desdoblando momentáneamente su trazado. Junto a un bebedero puede cogerse el airoso atajo que entra por el desagüe de la Vega la Piedra. La gran roca que hay al comienzo de la majada hace honor al nombre. La pista, convertida en camino carretero (restringida al tráfico rodado, salvo permiso especial), traza tres largos arcos, antes de alcanzar el Collao La Prida, antesala de la abrigada planicie de Canraso. El primer arco se efectúa en la misma majada. Una línea de piedras marca el camino cuando este se confunde con el pasto. Cruza toda la vega. Al final gira sobre el arranque de la vaguada que baja al Puente Pelabarda (por donde puede enlazarse con el "Camín de la Madera"), afrontando el flanqueo de las laderas que presiden la Vega la Piedra. El segundo arco, el intermedio, se inicia en una amplia revuelta, llana y tomada por el pasto. Al concluir ya se da vista al tercer arco, que finaliza en un collao colgado sobre el regón que discurría en otro tiempo por la Vega de Canraso. Una empalizada de madera protege el paso de las curiosas vacas.
Al finalizar el segundo arco, se remonta por las tomadas cuestas de matorral de la derecha. Se sube directamente hasta la base de la peña que sustenta las verdes vegas somitales de Los Gurbiñales. Una vez al pie del compacto farallón calizo, se gira a la derecha, caminando en paralelo a la base de la pared. Una vereda conduce al Seu Les Poces, parcialmente oculto desde la Vega la Piedra por la arboleda. El Seu les Poces es una estrecha tajada que quiebra la peña. La trepada (IIº) se ve dificultada por la humedad de la tierra que se adhiere a la roca. El breve encañonamiento finaliza en una hondonada boscosa. El terreno calizo se confunde con la hojarasca y el musgo. La salida a la Vega les Poces presenta una ligera tendencia a la derecha. Se trepan las limpias y secas llambrias que quedan fuera de la mancha boscosa, entorpecido el avance por las largas hierbas, los nacientes avellanos y el matorral. En unos minutos se entra en la vega.
Este largo inciso nos ha devuelto a la Vega Les Poces. Como ya he señalado repetidamente, el sendero se multiplica por la ancha banda de campera que, de collada en collada, conduce a la majada de Las Fuentes de Cangas. El complemento "de Cangas" se utiliza para distinguir a esta majada de las homónimas que pertenecen a los concejos vecinos de Onís y de Cabrales. Las Fuentes de Onís se recogerían en la vertiente norte del cordal de los Joulaguas (pequeña sierra que se interpone entre el camino que sube a la Vega de Ario y la Vega de Aliseda , en la falda de la Verdilluenga y la Punta Gregoriana). Por su parte, las Fuentes de Cabrales se abrigarían en la vertiente sureña del Cabezo Llerosos, sobre las vastas vegas que vierten al Desfiladero del Cares.
En la majada de Las Fuentes apenas se conserva una cabaña en pie. Al abrigo de un árbol, domina la collada que da paso a la abrigada hondonada en que se recogen las ruinosas construcciones. Los manantiales brotan de la misma tierra. Su entorno se halla muy embarrado por al cantidad de vacas que pastan en la vega. Sobre las llambrias que presiden la majada se halla la cima de Los Gurbiñales.
La cumbre no se ataca directamente. Por su izquierda (Este de la cima) se forma una canaletuca por donde pasan las vacas que entran por la vertiente opuesta (por el sendero que se describió someramente en su momento). Bajo la canaleta se extiende una panda de llambria y matorral que pende sobre un pequeño resalte rocoso. El llambrial inferior, sobre la campera de la majada, configura un típico terreno cárstico. Un complejo escar disimulado entre hierba y matorral.
La banda de campera que se extiende bajo el Alto de los Gurbiñales, se alarga más allá de la majada. Se estrecha progresivamente hasta morir en una pequeña horcadita. Se puede ascender unos metros por la pradera. De este modo será más fácil ganar la cresta de los Potrales (1.484 m.). Cresteando hacia el Noroeste se coronará la cima de los Gurbiñales (1.497 m.).
La vista es hermosísima. La Vega de Enol y cordales circundantes. Miles de vegas y majadas de este vasto puerto de la vertiente Norte del Macizo Occidental. Sus cumbres señeras, que son todas. Si algo es de destacar es su perspectiva de la cuenca alta del Junjumia. Junto al refugio nuevo de Vega Redonda, sito en los Campos de Cuenye Cerrada, en unas oscuras cavidades, mana a borbotones el espumoso caudal que alimenta el río. Su fuerza incesante ha horadado un profundo desfiladero que ha desgajado este subcordal de los Gurbiñales.
Alto de los Gurbiñales - Las Fuentes (de Cangas) - Paré Rubio / Cuenye los Pavos - Canraso - Vega la Piedra - Vega de Enol - Covadonga (4 horas - 4 horas 30 minutos)
Ambos caminos, el de Paré Rubio y la Cuenye los Pavos. Se toman en la majada de Las Fuentes. El primero es un atajo vedado al ganado vacuno. Se retrocede (Noroeste), en cómodo ascenso, por la franja de campera hasta la collada contigua a la de la majada. En la collada se gira a la derecha, abandonado el camino de subida. Se bordea por esta mano el reducido jou que se recoge al pie de la franja de campera. Restos de camino trazado en la peña y un pequeño cierre para impedir el paso de las vacas son sencillos indicios para dar con el paso. Se remontan un par de metros, superado el cierre, para coronar una chica muezca que se marca en el canto que da paso a la vertiente de Canraso.
Se devola la muezca, entrando en una pindia panda herbosa que cae sobre esta vega. Esta perspectiva aérea de la vasta planicie permite descubrir el reseco cauce de la riega que antaño la atravesaba. En días de fuertes lluvias o grandes deshielos, el río recupera sus dominios adentrándose en la vega. Por regla general se sume en la misma llanada, aunque con un nutrido caudal puede llegar a precipitarse por el cañón que se encajona bajo el Collao Cima, e incluso, llegar a inundar toda la planicie.
El sendero, que se confunde entre las altas hierbas, baja casi directo hacia Canraso. Antes de quedar colgado sobre las paredes en que se sustenta, se abre una canaletuca a su derecha. Un tejo nace en la misma peña que preside el embudo. Una travesía descendente airosa (Iº) permite ganar la cabecera de la canaluca que pronto se difumina en las extensas laderas de matorral que vierten a Canraso.
La Cuenye los Pavos es el camino de las vacas. Obliga a afrontar un largo rodeo, no obstante llega a la misma majada de La Rondiella. Al contrario que para coger la vereda de Paré Rubio, en la majada de Las Fuentes ha de subirse ligeramente hacia el Sudeste. Los primeros metros son comunes con una senda que remonta hasta la colladuca final de la franja de campera que caracteriza este cordal de los Gurbiñales. Es un viejo paso a la vertiente del Junjumia. El sendero bajaría por la Ingiesta Las Fuentes a la misma orilla del río (¿zona de reserva?), donde enlazaría con el camino que sube a la majada de Jul Paré. Desde la cima destacan las copas de los escasos árboles plantados para servicio de las cabañas de la majada. Se asienta en la margen izquierda del Junjumia, lejos del lecho del desfiladero, en una redondeada campera cerrada entre peñas. De la majada arrancan dos caminos que suben a la cueva del Jayáu, en ruta a La Armada o a Ordiales de Abajo.
Apenas se suben doscientos o trescientos metros por el sendero de la Ingiesta, abandonándolo por su izquierda. A esta mano se dejan unos pequeños jous (contiguos a la majada). Cerrando los pozos se destacan tres coteros. El primero está sobre la cabaña de las Fuentes; el segundo está cortado por un lateral, presentando una brecha por donde se cuela una rampa que muere en una amplia panda que pende sobre Canraso, y el tercer coteruco, pequeñín, cierra los jous que se acaban de mencionar. A continuación vendría un hombro, donde se coge el camino de la Cuenye los Pavos. Pasa a una canal va tomando forma a su derecha (embocando el amplio valle por donde sube el camino carretero de Vega Redonda). Más abajo el sendero deja la canal y se desvía, nuevamente, a la derecha. Su trazado ya es muy evidente, fruto del continuo tránsito de hombres y ganado. En las peñas de los laterales se forman una gran variedad de covachas.
El camino inicia una larga travesía, siguiendo la base de una pequeña franja rocosa, colgado sobre el camino carretero de La Rondiella / Vega Redonda. En la peña crecen varios servales, caracterizados por el tono pálido de sus hojas. Siempre pegado a la línea de peña termina saliendo a la vaguada de campera que discurre paralela al camino tantas veces mencionado. Vaguada arriba se llegaría a la majada de Paré la Cabeza, al pie de la peña de la Cabeza el Paré. Punto de confluencia de la vaguada con el camino de Vega Redonda (obviamente no hay que subir toda la vaguada, en cualquier momento puede pasarse a la majada de La Rondiella o recorrer la vaguada en sentido inverso -descendente-, si se pretende bajar a Canraso). A mitad de camino habría unas ruinas de cabañas. Por la brecha de la izquierda se entraría en la Cuesta los Meraos, otra de las bajadas al río Junjumia.
El enorme valle delimitado por la sierra de Los Gurbiñales, acaparado en su mayor parte por la Vega de Canraso, emboca la cuenca del río Pomperi. Es una opción rápida para bajar al Puente Pelabarda (zona de reserva). Reseño esta alternativa por ser la bajada más directa a Covadonga, pese a tener que atravesar la cuenca del río Pelabarda. Pero si de lo que se trata es de ir a la Vega de Enol ya no está tan claro que sea la opción más interesante. Es verdad que cuenta con un camino, casi pista, muy cómodo, pero en lo que a distancia se refiere no va mucho más allá que otras alternativas.
Simplemente apuntar que en la fuente (en la actualidad se ha construido un bebedero próximo) de la majada de La Rondiella (en las vallejucas que se suceden al final de la majada, paralelas al camino que sube a Vega Redonda), se toma el sendero de Orrial. Se pierde con frecuencia al finalizar un breve y sombrío canalón, una vez que enlaza con el que baja de Justillagar. Decir, que al salir de la angostura no ha de bajarse, sino subir a la collada de campera que hay de frente. Al otro lado la campera se entuba en una cuenye. La tendencia es siempre abajo y a la derecha. La mejor referencia es visual, pues se da vista a la majada y Peña de Orrial, cuyas aguas vierten al desfiladero del Pomperi. En la collada que se halla a la derecha de la peña, se toma el camino que, por la Vega del Llaguiellu, entra en el bosque Palomberu. Del bosque ya se sale directamente a las cabañas de la Vega de Enol.
De la Vega de Enol a Covadonga recomiendo, sino bajar por el camino de subida, hacerlo por uno que se conozca, no es hora el descenso de una cumbre de ponerse a buscar senderos. Este consejo es válido para la alternativa que se acaba de apuntar someramente. Que se describa un circuito no es una invitación a seguirlo al pie de la letra, sino a un análisis responsable de nuestras fuerzas, capacidades y experiencia. Cuando el regreso no coincide con el camino de subida es preferible desdoblar el circuito en dos o más jornadas de montaña. Una vez que se conocen las distintas alternativas puede empezar a convertirse una ruta de ida y vuelta en un circuito o en una travesía.