SOTRES - ALTOS DE BRANIELLA - PICO DEBORU - CUETO TEJAO - PICAS DEL JOU SIN TIERRE - PICOS DE LOS CAMPOS DE LOS SENDEROS - LAGO DE VALDOMINGUERO - POZO DE ÁNDARA - CASETÓN DE ÁNDARA - CANAL DE LAS VACAS - VEGA DEL TEJO - LA CABALLAR - SOTRES (circuito)
Punto de partida: Sotres.
Duración: 8 horas.
Desnivel: 1.100 metros (aprox.).
Dificultad: Fácil (Iº). La trepada al Pico Deboru por el espolón Noreste a la antecima es airosa, pero carente de dificultad. Quizás deba catalogarse de IIº (poco difícil) por el ambiente en que se desenvuelve. Otra sencilla trepada es la que ha de afrontarse en el cresteo de los Picos de los Campos de los Senderos. La aparente verticalidad del morro cimero de la cima oriental puede impresionar a primera vista; aunque cabría catalogarla de IIº (poco difícil), no admite comparación con otras cumbres así catalogadas de los Picos de Europa. En todo caso, se trata de variantes de subida a estas montañas forzadas por la belleza del entorno o por el sentido de la marcha. En último término estas cumbres no requieren de trepadas para ser coronadas.
Características: El Macizo Oriental es considerado como el más modesto de los tres que integran los Picos de Europa. Esta afirmación, si bien es cierta, no debe encubrir su grandeza intrínseca. Aunque se pueden enlazar las cumbres más renombradas del macizo en una sola jornada, reducir la identidad de todo un complejo entramado de sierras, cordales y canales a una docena de cimas de su núcleo principal sería simplificar demasiado. La forma de tridente que adquiere la línea imaginaria que une las cumbres que rebasan o rozan la barrera de los dos mil metros, facilita la comprensión de su estructura; mas encubre una riqueza montañera que no se circunscribe a la compleja red de pistas mineras que vertebran el macizo.
El hermoso circuito que se propone recorre parcialmente uno de los brazos que constituyen el núcleo kárstico del Macizo Oriental. El largo cresteo siguiendo la cuerda cimera del cordal es sólo uno de los atractivos de un circuito que esconde muchos rincones de gran encanto. El recorrido se acorta ostensiblemente si se toma como punto de partida una abierta explanada sita en las inmediaciones del Hoyo del Tejo (en la carretera que sube al pueblo cántabro de Tresviso). Reducir la dureza de una jornada de montaña no siempre es la mejor solución (nunca lo es cuando se suprimen artificialmente las marchas de aproximación para "hacer actividad", es decir, para subir un mogollón de cumbres desentendiéndose de la riqueza y variedad de ecosistemas y rincones que ofrece la baja y media montaña, de cuya conservación depende la grandeza e identidad de la alta montaña); aunque la carretera de Tresviso ha sido un notable avance para sus habitantes, no debe desviar la atención del montañero de las marchas de aproximación tradicionales a este sector del Macizo Oriental. Iniciar la ascensión en el Hoyo del Tejo implica entrar de lleno en la zona de alta montaña, prescindiendo de los viejos caminos que recorrían las praderías y manchas boscosas del entorno de Sotres. Esta franja de media montaña, pese a incrementar el desnivel a superar, favorece un descanso psicológico para el montañero que ha de pasar muchas horas inmerso en un desierto caótico de desnuda caliza. La dureza de las marchas de montaña se ve aminorada cuando se recorre una gran variedad de ecosistemas, pues la mente se dispersa y no se fija exclusivamente en el monótono ascender. Superar un desnivel de unos mil metros tampoco es un gran sacrificio, cuando se pretenden coronar varias cimas que superan los dos mi metros de altura. El desnivel de toda ruta debería ir en consonancia con la altura de la montaña que se trata de "conquistar". En todo caso, siempre quedan cumbres más modestas, mas no por ello menos hermosas, que nos permitirán gozar de hermosos rincones y vistas.
Al margen de las peladas cimas del Macizo Oriental, se conocerán dos lagos condenados a desaparecer. El primero de ellos es el Lago de Valdominguero, apenas una charca, donde puede apreciarse el avance de la vegetación sobre la superficie acuática. Respecto del segundo, cabe reseñar que su muerte no se debe al inexorable proceso de desecación natural a cargo de la vegetación lacustre, sino a una actividad minera desarrollada en un reciente pasado en que el respeto por el medio decaía frente al interés económico (aunque no mucho, algo hemos aprendido desde entonces). Las voladuras han precipitado varios siglos el irremediable final de uno de los lagos de montaña de los Picos, convirtiendo la hermosa laguna del Pozo de Ándara en una triste charca.
El Casetón de Ándara, único refugio de montaña del entorno, responde a un intento de aprovechar los vestigios de las viejas edificaciones mineras. El respeto a los valores que encierra la alta montaña pugna en este caso con el interés por preservar parte del patrimonio industrial. Además, ha de reconocerse que las instalaciones mineras se vinculan igualmente a la exploración científico-montañera de este sector de los Picos de Europa.
Junto a la riqueza minera del Macizo Oriental, destaca la riqueza de sus pastos de altura. Con la leche de los rebaños que pastan en las vegas más recónditas, se elabora el queso Picón. De apariencia y elaboración similar al queso de Cabrales, se circunscribe geográficamente a la vertiente cántabra (pueblos de Bejes y de Tresviso). Ligadas a la elaboración del queso, debe hablarse de las majadas, destacando la Jazuca (que cuenta con una de las cuevas donde se mete el queso a madurar) y la Majada de Ándara o el Redondal, una antigua majada troglodítica.

Descripción:
Accesos
Sotres dista unos dieciséis kilómetros de Arenas de Cabrales. En esta villa se coge la carretera de montaña que sube a Poncebos (5 kilómetros). A la altura de la central hidroeléctrica ubicada a la cabecera del embalse de Poncebos, se entra en un corto túnel. Al otro lado se encuentra el desvío para Sotres. La carretera, que cuenta con un buen piso, deja la cuenca del río Cares y se adentra en el desfiladero del río Duje. Superada la zona más abrupta del desfiladero, se sale al pueblo de Tielve. Más arriba la carretera se vuelve más tendida. Su trazado se pierde en la lejanía. Faldea las pedregosas laderas del Cabezo Sonllano, a gran altura sobre el lecho del río Duje, bajo la atenta mirada del Pico Deboru, majestuoso vigía que irrumpe visualmente a través de la abertura del desfiladero.
En la Concha del Pradón la carretera afronta un giro de ciento ochenta grados. Estaríamos en el punto de transición entre el desfiladero (erosión fluvial) y el valle glaciar (erosión glaciar) del río Duje. En plena revuelta arranca la pista de Áliva, común en los primeros metros con las pistas de la parcelaria del entorno de Pandébano. Un durísimo repecho de quinientos metros lleva hasta el pueblo de Sotres.
Sotres - Collao Medio - Collao Cima - Collao las Fuentes (1 hora 15 minutos)
La opinión más generalizada sostiene que Sotres es un lastimoso ejemplo de atentado urbanístico. No obstante, el pueblo vive resguardado en un enclave privilegiado. Los evidentes deslices constructivos, se difuminan en la distancia. Del mismo modo que la tenue luz del amanecer deja traslucir el oculto encanto de un pueblo cobijado en un marco natural incomparable.
El entramado complejo de pistas mineras ha convertido a Sotres en la puerta de entrada al Macizo Oriental. Esta proliferación de pistas ha favorecido el desarrollo de una floreciente actividad turística. Sotres se ha erigido en el centro neurálgico de una red de recorridos todoterreno de gran belleza. Lamentablemente, a los tradicionales circuitos por Áliva, Ándara o Bejes, se ha unido la apropiación turística de una pista integrante de la concentración parcelaria. Me refiero a la pista que llega al pie del Collao Pandébano. La ampliación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga al conjunto de los tres Macizos de los Picos de Europa, afecta al uso de esta red de pistas. El plan Rector de Uso y Gestión prohíbe la circulación por las pistas del Parque, con contadas excepciones.
Establece el referido Plan Rector: "El tránsito motorizado por pistas y caminos no asfaltados, conforme con la relación contenida en el anexo correspondiente, queda reservado a los residentes locales, propietarios y usufructuarios de fincas en sus actividades tradicionales, al personal de mantenimiento de infraestructuras de interés social y a las administraciones públicas por motivos de gestión o de seguridad. Excepcionalmente, la dirección del parque podrá autorizar a transportistas públicos, preferentemente locales y siempre con la regulación que en cada caso proceda y que así sea aprobada por la Comisión Mixta de Gestión, a realizar itinerarios interpretativos guiados en vehículos todo-terreno por las siguientes pistas:
Pista de la Vega de Enol-Pandecarmen-Mirador del Rey.
Pista de Sotres-El Texu-La Raya de Áliva.
Pista de lgüedri-Áliva.
Pista de Fuente Dé-Valcabao-Remoña.
Pista de Pandetrave-Remoña.
Pista de Sotres a Pandébano.
Pista de El Cable-Refugio de Áliva, con regulación.
Pista de Oseja-Vegabaño.
Pista de Soto-Vegabaño.
Pista del Valle de Angón.
Pista Llesma-Cosgaya.
Pista Mogrovejo-Áliva.
Pista Tresviso-Bejes por Hoyo del Tejo.
En el caso de la pista de Sotres-El Texu-La Raya de Áliva, y la de lgüedri-Áliva, la supresión de usos particulares de vehículos privados no recogidos en el apartado anterior se realizará de forma gradual y progresiva a lo largo de tres años desde la aprobación del presente plan" (letra E, del apartado segundo del punto cuatro del Anexo del Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional de los Picos de Europa).
Una interpretación literal de este apartado del Plan Rector, acorde con el espíritu de la Ley, supondría limitar el transporte público por las pistas del Parque sometiéndolo a una finalidad meramente divulgativa. La figura del taxista se reconvertiría en la de guía intérprete. El Plan Rector no está avalando un monopolio localista en el transporte de turistas y montañeros a la franja de media / alta montaña. No pretende enriquecer a los vecinos del Parque, permitiendo que se aprovechen de la prohibición de circulación privada por las pistas minero - ganaderas. La restricciones al uso del automóvil por esta red de pistas responde a un afán conservador, acorde con la finalidad de los Parques Nacionales, que permite fomentar el efecto protector del filtro del esfuerzo físico y garantizar el destino de las pistas al destino para el que fueron creadas; al tiempo que se somete a autorización un uso moderado ajeno a esta finalidad, pero acorde con el interés educativo y formativo de los Parques Nacionales.
Es ahora labor de la Comisión Mixta no equivocar los conceptos y separar convenientemente el impacto agresivo de una actividad de transporte de turistas montañeros más allá de los núcleos urbanos (que deriva en una incontrolable masificación de la alta montaña), de una actividad lucrativa privada en consonancia con los objetivos de un Parque Nacional. Si bien la distinción se recoge meridianamente en el texto del Plan, en la relación de pistas que se acompaña se integran todas aquéllas que se vienen utilizando como medio de penetración turístico - montañera en el corazón de los Picos de Europa. Mientras se confirma, por ejemplo, la prohibición de circular por la pista que sube al Casetón de Ándara (donde quedan los vestigios del pasado minero que sustentó la exploración científico - montañera del Macizo Oriental y acogió las cacerías reales); se deja traslucir un incomprensible interés lúdico - educativo de la pista que sube a los pastos de Pandébano (pistas de la concentración parcelaria de uso exclusivo ganadero, potencialmente abiertas al tránsito privado por el Plan Rector).
Sotres - decía - es la puerta de entrada al corazón del Macizo Oriental. Su estratégica ubicación y el laberíntico entramado de pistas mineras permiten una sencilla aproximación a las cumbres más representativas del macizo. Comodidad y altas cumbres son un reclamo irresistible para los turistas y montañeros del siglo XXI.
El pueblo se cobija en una bello valle, rodeado de modestas montañas. Al Norte, impidiendo el paso de los gélidos vientos invernales, se eleva el Cabezo Sonllano. En las peñas cimeras se destaca una vieja caseta con su antena. El bosque irrumpe tímidamente entre los afloramientos calizos somitales. La Pica Fuentesoles es la peña que preside el recogido valle. Emerge al Este - Sudeste entre las tomadas laderas de matorral. Una compacta llomba se extiende entre ambas montañas. La redondeada cuesta cimera está atravesada por líneas de tierra paralelas fruto de la parcelaria. Su cúspide asemeja un hermoso mosaico de retales de pradería y matorral. La carretera de Tresviso corta su ladera oriental, siguiendo la fina línea de bosque que interrumpe las praderías. En la venteada collada que separa esta llomba de las cuestas del Cabezu Sonllanu se asientan los invernales de la Caballar.
Una vasta cuesta de ingentes proporciones delimita el valle por el Sur. Culmina en el Cueto de los Calabreros. Por detrás irrumpe parcialmente el imponente torreón calizo del Picu Boru / Deboru. En la base de la cuesta se alinean, con la Pica de Fuentesoles, tres heterogéneas peñas calizas. Surgen en medio de las irregulares manchas forestales, formando aislados afloramientos kársticos, delatados por el tono blanquecino de la roca. El pequeño peñasco inferior (1.152 m.) se divisa hacia el Sur, detrás de los tejados de las casas de Sotres. En unas agujas desgajadas del cotero se ha habilitado una reducida escuela de escalada.
La segunda peña (1.247 m.) se encuentra a su izquierda (Este). Tras ellas se esconden las cabañas del Collao Medio. El tercero de los cuetos alcanza los 1.388 m.. A su vera se encuentra el Collao Cima. Esta alineación escalonada de peñascos calizos culmina en la Pica (de Fuentesoles), cuya silueta se recorta en el azul horizonte.
Hacia el Este, la hondonada de Sotres no es sino una enorme abertura al Macizo Central. El Collao Pandébano acapara el protagonismo. Sus tomadas laderas se recogen en la falda sureña de Peña Maín. Al Sur de Pandébano se eleva un conjunto heterogéneo de peñas. La Cabeza las Moñas es el punto culminante de esta sucesión de peñas, agujas, paredes y canales. Rebasa los dos mil metros y oculta la más renombrada montaña de Peña Castil.
El camino que sube al Collao Medio se ha visto seriamente afectado por la parcelaria. El laberíntico entramado de pistas ha cortado su trazado, condenándolo a un progresivo e inexorable proceso de abandono. Dicho camino salía por la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) de la riega que baja de las vaguadas inferiores de la Pica de Fuentesoles (Este). Inicialmente coincidía con la pista que subía al pueblo de Tresviso. Más arriba, ésta cruzaba la riega y continuaba remontando por su margen opuesta. El camino del Collao Medio seguía por la derecha de la riega, entre ésta y la muria de las praderías. Al poco de dejar la pista el caminante disponía de una buena fuente para rellenar su cantimplora. El asfaltado de la carretera de Tresviso ha variado el trazado de la pista en este tramo. El paso a la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) es algo más tardío. La carretera tapa parte de lo que era el antiguo camino, concretamente la zona en el que se encontraba la fuente. Aunque se ha respetado su ubicación, adecentando su entorno, se seca con suma facilidad y pasa, frecuentemente, desapercibida.
La riega, pues, desciende empozada entre la carretera de Tresviso y nuestro camino. Aquélla remonta junto a una cabaña en fortísima pendiente. El sendero presenta un desnivel más suave. Llega al final de las praderías (a la altura de la profunda revuelta que traza la carretera para iniciar la larga travesía hacia la Caballar) y, al igual que ésta, gira en dirección (opuesta) al Collao Medio. Discurre por los lindes de un tupido bosquete, sobre las ruinosas murias de las praderías superiores. Una pista de la concentración parcelaria corta por el centro la vasta extensión de pradería, adentrándose en un hermoso bosque y borrando el rastro del sendero en su inicio. Ha de subirse por su talud para enlazar con la diagonal que sube por los lindes del bosquete a las cabañas del Collao Medio.
Las mismas pistas de la parcelaria pueden seguirse para subir hasta el Collao Medio. En este caso, se saldrá del pueblo por el Sur. El arranque de la pista se toma en la calle principal de Sotres. Sale entre las casas, a mano derecha, antes de llegar al lavadero. En las afueras del pueblo se dirige, entre las praderías, a la escuela de escalada, unas agujas calizas al lado de una antena. Frente al cortante peñasco la pista se bifurca. Se coge el ramal de la derecha. Más arriba gira a la izquierda, embocando en dirección al Collao Medio (más o menos). Un pequeño canto de afloramientos calizos, donde crecen los avellanos, delimita la pista por la derecha. La vertiente opuesta se descuelga en un escabroso llambrial sobre el extenso sector inferior del Canalón de Braniella.
Se entra en un bello tramo de bosque. A la salida se abren nuevas praderas. Grandes invernales resolvían el problema de la relativa lejanía del pueblo. Un primer ramal baja a mano derecha, muriendo en la parte inferior de la verde vaguada que cae del Collao Medio. Esta valleja se estrecha en un agreste embudo, precipitándose sobre el canalón antes referido. Por las peñas que la comprimen se puede enlazar con la vereda que entra en la Canal de Braniella.
Se sigue por la pista principal, divisando la siguiente bifurcación. Un segundo ramal se adentra en la zona superior de la vaguada del Collao Medio, abrazando el peñasco que oculta las cabañas. Se remonta por toda la valleja, abandonando la pista principal que se interna en otra hermosa mancha boscosa (al otro lado se saldría a la carretera de Tresviso, cortando el trazado del sendero que subía al Collao Medio).
La pista muere en la majada del Collao Medio. Las cabañas se adhieren al cotero buscando su cobijo. Forman un bonito conjunto, semioculto entre el peñasco y el bosque que se extiende por la vertiente Norte. Devolando la collada hacia las boscosas laderas norteñas, se enlazaría con el primer camino descrito. Por nuestra parte, ha de continuarse remontando por toda la valleja, a fin de coronar el Collao Cima (1.369 m.). No existe un camino marcado, sino veredas de los bichos. Puede subirse en un principio por la izquierda de la riega. La vaguada está tomada por el matorral, la maleza y pequeños arbustos. Buscando los restos de sendas de los animales puede cruzarse a la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) de la riega. La pendiente se va suavizando a medida que se acerca al Collao Cima.
Traspuesto éste, se entra en plena cuesta. Por la derecha de la collada arranca el camino del Collao las Fuentes. Atraviesa en sentido ascendente la ladera, sobre el poblado bosquete que domina la franja inferior de la cuesta. Por la abertura que se forma entre la peña que preside el Collao Cima y la Pica de Fuentesoles se retoma contacto visual con la carretera de Tresviso y con los invernales de La Caballar. El sendero continúa la travesía ascendente. Alcanza un collado que se interpone en el centro de la cuesta (traza un par de retorcidas revueltas por la canaluca que lo precede) y se dirige definitivamente a la marcada collada que se extiende por el extremo Sudoccidental de la Pica de Fuentesoles.
Una pequeña hondonada se recoge al Sur de la Pica. Se bordea por la derecha, sobre un embarrado manantial que sacia la sed del abundante ganado que pasta en estos puertos. Este corto faldeo permite alcanzar el Collao Las Fuentes (1.568 m.), en la loma morrénica que viene delimitando la Pica de Fuentesoles por el Sur y por el Este. Esta llomba arranca de la collada que se interpone entre la Vega y el Hoyo del Tejo. La pista minera que sube al Casetón de Ándara se coge en la explanada contigua al Hoyo del Tejo (en la carretera de Tresviso, donde se desgaja la pista que baja a Bejes), atacando por el costado oriental de esta alargada loma. Es la misma pista a la que se da vista una vez que se corona el Collao Las Fuentes.
En el punto en que confluye esta pista con la Canal de las Vacas al pie de las paredes occidentales del Mancondíu, se recoge el Casetón de Ándara. La Pica del Mancondíu es una cuesta piramidal que se yergue en el centro del circo de Ándara. Su falda inferior está atravesada por una línea horizontal que corresponde a otra de las pistas mineras que vertebraban el macizo. A la izquierda del Mancondíu se une a la que baja de las Vegas de Ándara (hermosa hondonada protegida por esta montaña y las vastas laderas del Samelar y el San Carlos). Juntas continúan el descenso a través del Monte la Llama. En el Vao los Lobos se suman a una nueva pista, la que se desvía de la carretera de Tresviso en el Hoyo del Tejo. Por estas pistas se bajaba el mineral a los hornos de tostación del Dobrillo. La red de pistas confluía en La Hermida, en el desfiladero del mismo nombre, donde el mineral se embarcaba en barcazas para ser transportado hasta el mar.
Collao las Fuentes - Altos de Braniella - Pico Deboro (1 hora 45 minutos)
En el Collao las Fuentes se rola al Sudoeste. Se ataca la llomba que remonta por la derecha de la collada. Pronto se hacen evidentes las trazas de un frecuentado sendero. En la parte superior de la perfilada loma afloran los primeros peñascos calizos. Se superan y se inicia un ligero desvío por la vertiente de Sotres, perdiendo la línea de cresta. El sendero se difumina entre las llambrias y el matorral. En esta franja cimera de la cuesta que se eleva sobre el Collao Medio, se encuentra gran cantidad de gayuba. También llamada "uva del oso", es una planta rastrera de hojas pequeñas y redondeadas. De tonalidad verde oscura, sus frutos son pequeñas bolitas coloradas.
Se entra en una zona llana. Por una suave pendiente, tapizada por una suave alfombra herbácea, ascendemos las laderas de la roma cerra que preside el vasto pastizal de los Altos / Llanos de Braniella. En un costado del redondeado cerro, se han plantado dos cruces, en memoria de los malogrados integrantes de un helicóptero que participaba en labores de rescate. Pese a que han transcurrido cerca de veinte años desde el lamentable suceso, aún se pueden encontrar, desperdigados por la ladera, restos del desvencijado aparato.
En la collada (1.883 m.) que se oculta tras el cerro que se viene flanqueando (sudoeste del mismo), se coge un sendero que baja directo al Pozo de Ándara (primero baja a un hoya para, a continuación remontar hasta el collado que da paso al viejo lago). Sin llegar a esta collada, se sigue en travesía por los Altos de Braniella. Por encima del profundo canalón que les da nombre, y que se precipita directamente al río Duje, las veredas se encaminan a una marcada vaguada que delimita el Pico Deboro por la izquierda. Las dos cumbres que se recortan al sudoeste son el Cueto Tejao (izquierda) y el Deboru (derecha).
En nuestro caminar por los falsos llanos que preceden la vaguada de subida, detectamos la sutileza con la que una peña va ocultando visualmente la cima del Deboru. Con un evidente desvío a la derecha, se gana la collada inferior de su espolón Norte. Queda colgada sobre un sobrecogedor canalón que desgaja este espolón de la torre del Deboru. Como dijera en su momento, los desastres urbanísticos de Sotres se difuminan en la distancia, quedando sólo el grato recuerdo de la belleza de su emplazamiento.
Este espolón presenta una airosa trepada de gran sencillez. Se salvan unas tumbadas llambrias y se llega a la base del espolón propiamente dicho. Se acomete por las gradas herbosas de su izquierda. Una vez que se ha ganado bastante altura se sale a plena cresta. Ésta se estrecha. Por la izquierda cae una brecha sobre una sombría grieta. La vertiente opuesta presenta una caída a plomo sobre el canalón que vierte al de Braniella. Los tapinos han dado paso a un compacto llambrial. Una bella trepada (I-IIº) permite alcanzar una vira de verde pasto que sube a lo cimero de esta antecumbre. Contigua a la peña que se acaba de coronar, se encuentra una collada de gravera. No es sino un hombro del Deboru, aunque esta fisonomía sólo se aprecia en el cresteo hacia el Cueto Tejao. Desde el hombro (collada de salida del vertiginoso canalón que delimita el espolón de subida) se inicia un flanqueo bajo la cumbre, atravesando una bella sucesión de adherentes llambrias. En unos minutos se pone el pie sobre el punto somital de la torre del Deboru (2.129 m.).
La posición escorada del Picu Deboru en relación con el núcleo kárstico del Macizo Oriental, condiciona una visión parcial y atormentada de su configuración. Este bello baluarte, por el contrario, domina las modestas sierras que se agolpan en la vertiente Norte del macizo. Mira también al mar Cantábrico, a través de la abertura del desfiladero del río Deva. El Deboru es la primera torre de la línea de cumbres desgajadas del Macizo Central por el valle glaciar del río Duje. De ahí su condición de inigualable balconada sobre este valle, enmarcado por la vertiente oriental del macizo más escarpado de los Picos de Europa. Esta barrera montañosa se encuentra interrumpida por el valle glaciar de las Moñetas, coronado por los 2.601 m. de Tiro Navarro. Por encima de la barrera de los dos mil seiscientos metros también se eleva Peña Vieja, en el vértice Sur de esta formidable barrera caliza.
Pico Deboru - Cueto Tejao - Picas del Jou Sin Tierre - Picos de los Campos de los Senderos (1 hora 30 minutos)
El Pico Deboro es el vértice de uno de los tres brazos que conforman la estructura de tridente del núcleo cárstico del Macizo Oriental. Esta línea de cumbres está integrada por esta torre, el Cueto Tejao, las Picas del Jou Sin Tierre y el Valdominguero. Los Praos de Valdominguero son unos vastos pastizales de alta montaña que se interponen entre el Pico de Valdominguero y la Pica del Jierro, punto de unión al tronco común del macizo.
Se sigue toda la cresta, sobre las interminables laderas que vierten al valle glaciar del río Duje. El Cueto Tejao (2.159 m.) es un destacado promontorio que emerge en pleno cresterío. A su izquierda (Este-Noreste de su cima), bastante más baja (2.062), se remarca una collada. A ella se accede por la vaguada que se inicia en los Llanos de Braniella. Da paso a un pequeño jou, donde desagua la hondonada del Jou Sin Tierre, al pie de los Picos de los Campos de los Senderos.
Al otro lado del Cueto Tejao el cordal se desfigura ligeramente. Se entra en las Picas del Jou Sin Tierre. La cumbre digamos principal se halla algo desplazada a la izquierda de la cuerda cimera. Para evitar el pequeño hoy de gravera que la precede, se puede seguir la breve arista que lo bordea. Un filo de sencilla trepada que permite coronar esta modesta balconada sobre la vertiente del valle del Duje.
Entre las Picas del Jou Sin Tierre y los Picos de los Campos de los Senderos se extiende una alargada y suave hondonada terrosa que da nombre a aquellas picas. En el vértice Sur confluyen ambas líneas de cumbres. El largo cresteo de este brazo del Macizo Oriental se interrumpe repentinamente. El cordal se estrecha al extremo, degenerando en una aérea arista que complica el paso a la cima del Valdominguero.
Cruzando la hondonada terrosa, de fina gravilla y pequeños pozuelos, que configura el Jou Sin Tierre, se coronan los Picos de los Campos de los Senderos. Sus dos cumbres principales forman parte de un cordal que se desgaja de la cresta principal Deboru - Valdominguero. La más alta es la de la derecha (Pico Soriano, toponimia heredada de más de un siglo de explotación minera, en que se daba a estas montañas el nombre de algunos de los ingenireros encargados de las minas), con sus 2.179 m.. Por lo cimero del cordal se alcanza la base de la segunda peña, la más nororiental. Una estrecha brecha se descuelga por la abismal vertiente sur sobre la hondonada en que se cobija el Lago de Valdominguero. La peña que ha de treparse es un cueto calizo compacto atravesado por una grieta. La imponente trepada es una sucesión de sencillos y hermosos pasos de buena roca. No presenta mayores dificultades. Desde la misma cima no se alcanza a ver el lago, mas basta bajar unos metros y sentarse en la desplomada balconada que pende sobre este hoyo de pasto.
El Lago de Valdominguero se resguarda en un pequeño hoyo al pie de los Picos de los Campos de los Senderos. Por la base de este subcordal, hacia el Sudoeste, se extiende una rampa de pura llambria que busca la falda del Valdominguero. Esta montaña se caracteriza por la vira que la atraviesa en diagonal, por donde discurre su vía normal de subida. Toda esta alargada plataforma que se asienta en la base de este secundario cordal de los Picos de los Campos de los Senderos, corre paralela a un valle pedregoso más profundo que baja desde los Praos de Valdominguero al Pozo de Ándara. Entre el Jierro y los Grajales se extiende una imponente muralla pétrea, descompuesta en mil graveras que se descuelgan sobre la larga vaguada, que la delimita por el Sudoeste. La Pica del Jierro, el Grajal de Arriba, el Grajal de Abajo y el Castillo del Grajal (pétreo torreón delatado por la tonalidad ferruginosa de su roca), constituyen el tronco central de la ya tantas veces mencionada estructura de tridente del Macizo Oriental. El Mancondíu sería un mero apéndice de esta rama central. Por detrás sobresalen el Samelar y el San Carlos que, junto con los Llambriales Amarillos, formarían el tercero de los troncos en que se triplica la línea de cumbres que separa los Puertos de Áliva del Valle de Liébana.
Picos de los Campos de los Senderos - Lago de Valdominguero - Pozo de Ándara (45 minutos)
Se baja la vasta ladera de la vertiente Noreste de los Picos de los Campos de los Senderos, siguiendo la desdibujada línea de este subcordal. Se pierde altura con gran rapidez. Unas recogidas colladas, ligeramente por encima de los dos mil metros (2.002 m.), preceden los cuetos más modestos de esta desigual (en cuanto a su altura) línea de cumbres. Las verticales paredes que delimitan el Pozo de Ándara devuelven un protagonismo hurtado a estos cuetos secundarios por la posición dominante de los Picos de los Campos de los Senderos.
En el recogido pasto de estas colladinas, se toma una vereda de los animales que se tira a la vertiginosa vertiente que cae sobre el Lago de Valdominguero. Unas sencillas traviesas dan paso a las inclinadas laderas que se descuelgan sobre la hondonada del lago (1.884 m.). Esta chica charca está degenerando en un pobre llamargal sometido a un inexorable proceso natural de desecación.
La bajada al Pozo de Ándara es evidente, pues basta seguir la línea de vaguada (Noreste), por la falda de la barrera rocosa que configura esta vertiente del cordal de los Picos y del Cueto de los Senderos. La vaguada finaliza en una collada, desde la que se da vista al Pozo de Ándara. Por una inclinada y pedregosa pendiente se baja a la hondonada. En la verde vega de la cabecera del Pozo de Ándara brota el manantial que alimentaba el viejo lago. Aquí se toma la pista que asciende ligeramente, delimitando el alargado lecho de primitivo lago. Esta pista se adentra / sale entre los bloques desgajados de las paredes circundantes. Los enormes peñascos se han asentado en los márgenes de la vega. Semiocultas entre las redondas ( grandes bloques desgajados de las paredes circundantes) se resguardan las cabañas del Redondal. Esta majada troglodítica aprovecha los intersticios de las grandes rocas. Casi podría hablarse de construcción semirupestre, mitad cueva, mitad cabaña. En los dinteles de las puertas se conservan los números de las prehistóricas viviendas. Era el reino de la "Osa de Ándara", una mujer tan belluda que, hostigada por su fealdad, se recluyó largos años en estas apartadas peñas.
Las ruinas del tradicional aprovechamiento pastoril conviven con los vestigios de una fructífera y sacrificada al extremo actividad minera. Las profundas heridas abiertas en la peña son el duro legado que hemos heredado de nuestros ancestros. Un laberíntico entramado de túneles, pozos y galerías que ha encontrado su máximo exponente en la desaparición artificiosa de un hermoso lago de montaña.
Pozo de Ándara - Casetón de Ándara - Canal de las Vacas - Hoyo del Tejo ( 1 hora 30 minutos)
Una pista minera bordea en ligera subida la alargada hondonada del Pozo de Ándara. Del lago sólo queda una pequeña charca semiamenazada por las escombreras de las abandonadas minas. Al final de la hondonada la pista gira a la derecha y sale de este recogido valle por la derecha (Este). La collada que se deja a nuestras espaldas, abierta entre porosas paredes aprovechadas para su aprovechamiento pastoril, recibe el directo sendero que viene de los Altos de Braniella.
Traspuesto el Collao de la Aldea, una vez que se abandona la hondonada del Pozo de Ándara, se entra en una planicie. En el centro de esta encrucijada de pistas se mantiene a duras penas una reducida charca cercada con piedras. En este punto se gira a la izquierda (Norte), buscando la base de las verticales caídas del Mancondíu. A sus pies se encuentra el Casetón de Ándara, un refugio de montaña fruto de la rehabilitación y cambio de destino de una antigua construcción minera. Para bajar al Casetón existe tal entramado de pistas que desisto a hacer una descripción detallada. Lo mejor (al menos lo más rápido) es tirarse por el centro de la vaguada, todo recto, a caer sobre la explanada contigua al refugio. En esta llanada, junto a una bocamina en que se conservan viejos raíles mineros que salen de su boca, confluyen dos pistas. La de la derecha dobla por la pedregosa falda del Mancondíu y se encamina, a través de vastas y abiertas laderas, al Monte la Llama. Es la pista que bajaba al horno de tostación del mineral del Dobrillo. Primera escala de un largo recorrido que finalizaba en las barcazas del Desfiladero de la Hermida.
La pista de la izquierda es la que sube del Hoyo del Tejo. Para evitar el largo rodeo que afronta, se sigue el descenso por el fondo de la vaguada. Una sucesión de recogidas camperas precede a la boca en que se emboca (Norte) a la rectilínea Canal de las Vacas. Se baja por toda la canal. Por tramos se hace evidente el rastro de un viejo camino carretero que remontaba por toda la canal.
La canal muere en una abrigada vega. En las laderas sudorientales de la morrena que oculta la Pica de Fuentesoles (en cuya cuerda cimera se encuentra el Collao las Fuentes) se resguarda la majada de la Jazuca. Cuenta con una reconocida cueva de maduración del queso, al par de la pista que corta por encima de las cabañas, fuertemente candada para evitar actuaciones no deseables de los amigos de lo ajeno.
La plácida vega en que desagua la Canal de las Vacas es un recodo que enlaza esta canal con la escabrosa vaguada por la que discurre el reseco arroyo de Valdediezma. Se recorre la alargada vega (Noreste). Antes de embocar esta boscosa vaguada, se remontan unos metros por las lomas de la izquierda. Los restos de un terroso sendero van retomando la configuración de un calzado camino que asciende suavemente hasta confluir en la pista del Hoyo del Tejo.
La pista muere en una explanada, contigua a la carretera de Tresviso. En la llanada, aparcamiento provisional de montañeros, se coge la pista que baja a Bejes (se une en el Vao de los Lobos a la que viene por el monte de la Llama del Casetón de Ándara).
Hoyo del Tejo - Jitu de Escarandi - La Caballar - Sotres (1 hora 15 minutos)
La carretera de Tresviso separa el Hoyo de la Vega del Tejo. Las cabañas del Hoyo del Tejo reciben su nombre del hoyo sobre el que se asientan. Por su parte, la majada de la Vega del Tejo debe su nombre a la alargada campera que viene bordeando la carretera. Por esta campera, dando vista al Macizo Central (Oeste), se ataja. Se pasa junto a un alargado y seco bebedero y se retoma la carretera a la altura del Jitu de Escarandi. La carretera dobla la collada e inicia un largo faldeo por las cuestas que descienden de la Pica de Fuentesoles. Mantiene un suave desnivel descendente. El flanqueo finaliza en los invernales de la Caballar. En esta hermosa collada se disfruta de una de las perspectivas más bellas del pueblo de Sotres, enmarcado por las esbeltas torres del Macizo Central. Para no perder esta bella perspectiva y para evitar el penoso caminar por el asfalto, pueden seguirse las pistas de la concentración parcelaria. Reseñar que la primera pista que sale a la derecha de la carretera, ya en el descenso hacia el pueblo, queda cegada. Al llegar a su fin, basta tirarse ladera abajo, por un sendero, para enlazar con las pistas inferiores, por las que se retorna a Sotres.