PIDO - PESANDOBRES - BUSTANTIVO - PUERTOS DE SOMO - ALTOS DE LA BEJERINA (ida)
Punto de partida:
PidoDuración: 4 horas 15 minutos. Deben calcularse unas tres horas más para el descenso, aunque éste puede acortarse o alargarse en función de las alternativas que la montaña ofrece.
Desnivel: 1.050 metros.
Dificultad: Nivel principiante. La ruta descrita rebasa ligeramente los límites del senderismo. El tratarse de una cima próxima a los dos mil metros, amén de la variante de entrada a la pradería de Pesandobres, desaconsejan rebajar el nivel de exigencia a la sencillez del senderismo. Con todo, los amantes de esta faceta deportiva, pueden encontrar variantes que les permitan disfrutar de un bello paseo por los valles lebaniegos. El consejo es que no sigan la descripción de la ruta más allá de la Horcada de Somo. Por otra parte, para subir a la pradería de Pesandobres es mejor que entren por la pista de Valcavao (por donde discurre el sendero de pequeño recorrido que sube a Bustantivo). En este caso han de salvar el curso del río Cantiján por el Puente Melendro. Desviándose por cualquiera de las dos pistas que arrancan del ramal asfaltado de la quesería de Pido, en el tramo comprendido entre este puente y la carretera de Fuente Dé, se saldría, en los invernales de Las Berrugas, a la pista de Valcavao. En un giro a la derecha de ésta, se toma el ramal que pasa junto al chozo de Pesandobres.
Características: La ruta plantea bellos recorridos por los valles que vierten a la cuenca del río Deva. La riqueza forestal de sus laderas ha propiciado la extensión del Parque Nacional de los Picos de Europa, más allá de sus fronteras naturales. Entre los ríos y arroyos que surcan las diversas vaguadas, cabe destacar la riega de Somo. Este torrente se precipita por los despeñaderos en que se asientan los Puertos de Somo, dando forma a una bonita cascada. El recorrido por los valles se completa con la ascensión a una cima, modesta en cuanto a su altura, pero que disfruta de bellas panorámicas sobre las montañas cantábricas.

Descripción:
Accesos
El pueblo de Pido comparte con Espinama la cabecera del Valle de Liébana. Para llegar a él se coge en la villa de Potes la carretera que se adentra en el Valle de Camaleño (cuenca del río Deva), más conocida como carretera de Fuente Dé. El ramal que se desvía a Pido se toma a escasos metros de Espinama (a unos veinte kilómetros de Potes), en el tramo añadido que sube hasta el teleférico.
Pido - Pesandobres (1 hora 30 minutos)
Apartado de la carretera turística del teleférico de Fuente Dé, Pido goza de la tranquilidad de los pueblos de montaña lebaniegos. Grandes casonas señorean los distintos rincones del pueblo. Pequeñas y antiguas casas de piedra, cuadras y algún invernal son el legado de un modo de vida integrado en el medio. Ancianas mujeres aún trabajan en sus reducidos huertos. Las gallinas corretean libres por las hormigonadas callejuelas. Andamios, materiales y un trajín de obreros anuncian nuevos tiempos, más ligados a los atractivos turísticos del valle que a su envidiable riqueza ganadera y forestal.
La carretera que entra en Pido traza una pronunciada revuelta aislando una autosuficiente vivienda. Se deja el asfaltado para subir penosamente por una pindia callejuela de levantado hormigón que arranca por su derecha. Una poco agraciada nave de grandes cristaleras confirma el cada vez más descuidado desarrollo urbanístico de los pueblos lebaniegos. De su techo penden pesados focos. Su ubicación en una finca particular parece rechazar el destino cultural a que suelen destinarse este tipo de construcciones tan individualizadas.
La desdibujada callejuela se va desviando hacia la derecha, en dirección a dos grandes invernales sitos a las afueras de Pido. La vieja pista del antiguo convento del Naranco, ha sido asfaltada para dar servicio a una quesería que se encuentra más arriba. Discurre deslindando la vasta mancha forestal que ha propiciado la extensión del Parque Nacional de los Picos de Europa más allá de los límites geográficos de este conjunto montañoso, de las praderías del pueblo.
Puede aprovecharse el abundante chorro que alimenta un pequeño bebedero que se asienta a la par de la pista para rellenar las cantimploras. Es una buena excusa para detenerse a contemplar la belleza del entorno. Los Picos de Valdecoro irrumpen sobre las faldas boscosas que cobijan las casas de Espinama. Más esbeltas se yerguen las irregulares torres de Peña Remoña, inconfundibles por la vertiginosa franja de verdes traviesas que se interpone en el centro de sus verticales paredes. A su izquierda se encontrarían los paredones sureños de la Padiorna, de cuya base se descuelgan las colgadas laderas por las que se retuercen los Tornos de Liordes (antiguo camino minero). Entre esta estilizada picuruta y los Picos de Valdecoro se extiende el imponente farallón rocoso que cierra el circo glaciar de Fuente Dé. Por encima de esta fortaleza pétrea emerge la ondulada meseta cimera de Peña Olvidada.
Subiendo por la asfaltada pista se pasa junto a una nave de reciente construcción. No mucho más allá se encuentra la quesería de Pido. En las praderías que rodean la nave principal, se ha cercado un pequeño recinto, donde se guardan las cabras. Una legión de mastines se encargan de su custodia cuando suben a pastar al monte.
Nada más pasar junto a la quesería, una buena pista se desgaja hacia el Sur. Remonta por la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) del río las Bárcenas, desviándose, aguas arriba, por el valle del río Salvorón. Muere al lado de la cabaña de Salvorón, en los puertos que le dan nombre.
Se continúa por la pista asfaltada, entrando en un recogido recodo entre los ríos Las Bárcenas y Cantiján. Por los valles que acogen ambos cursos de agua, remontan dos ramales. El primero sube por la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del río las Bárcenas. Muere en el chozo de la Vega de Arriba, una hermosa campera que se cobija en las faldas de los Altos de la Bejerina y de la Mostajal.
El segundo de los ramales que arrancan de la asfaltada pista principal dista escasos metros del que se acaba de mencionar. Entre ambos se interpone un camino / pista de fortísima pendiente, inutilizado para el acceso rodado en el mismo inicio. Se adentra en la cuenca del río Cantiján, remontando por su margen izquierda (sentido ascendente de la marcha). El valle del río Cantiján es el más abierto de los que confluyen en la cabecera de la cuenca del río Deva. Se extiende al Oeste de los pueblos de Pido y Espinama, separando las agrestes torres de los Picos de Europa de los contrafuertes calizos de la Cordillera Cantábrica. Por sus laderas remonta una de las pistas más frecuentadas del entorno. Comunica los pueblos cántabros que comparten el nacimiento del río Deva con el puerto leonés de Pandetrave.
Abandonado el duro asfalto, se gana altura por la segunda de las pistas que arrancan en el corto tramo comprendido entre los puentes Pontesqué (sobre el cauce del río Las Bárcenas) y Melendro (sobre el fluir del río Cantiján). Entre el ramaje de los avellanos alcanzan a verse las torres calizas de Peña Remoña. Vastas praderías se extienden a ambos lados del río. Nuestra pista discurre bastante alejada de su cauce. Los arbustivos avellanos van cediendo ante árboles de gran porte. Las laderas norteñas de este valle secundario están tapizadas de compactos hayedos. Pequeñas camperas sorprenden en dada recodo del camino. Trabajadas losas se alinean de pie, deslindando el cuidado pasto de la pista que le da servicio. Sobre el bosque irrumpen las peñas entre las que se despeña la cascada de Somo. La pista afronta una doble revuelta. Un perdido ramal, semioculto entre la hojarasca, evita este doble giro; mas es menos costoso seguir el trazado de la pista principal. Discurre entre el bosque y el hermoso muro en que se sustentan las praderías colindantes.
Se llega a una bifurcación. Se sigue en llano, por el ramal menos frecuentado. Entra en un pequeño claro del bosque, a través del que se descubre - parcialmente - la cascada de Somo (entre las peñas que cierran el valle por el Sur). Baja ligeramente a morir en la orilla del río Cantiján, cerca del punto en el que se le une el arroyo de Somo.
El tortuoso flujo de agua se salva por un puente de hormigón construido junto al rellano donde finaliza nuestra pista. Al otro lado del puente se coge un sendero. Deja atrás los últimos árboles y comienza a subir bruscamente por las laderas tomadas de matorral de la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del río Cantiján. Se recupera la compañía visual del pueblo de Pido. La vereda se dirige a un difuso cuenco. Sobre la línea cimera, caracterizada por las manchas terrosas que asemejan escombreras de viejas minas, irrumpen las torres somitales de Peña Remoña.
Nuestra vereda se diluye en el recogido cuenco. La cuesta que se acaba de remontar se suaviza. El matorral da paso a un entramado de riegas, llamarga, matorral y pedreras. Múltiples senderos del ganado entran en travesía a través de las cuestas de la derecha. El sendero de salida se intuye en el canto que nos cierra por la izquierda. Pasa por el pie de un árbol solitario que a duras penas se aferra al talud del camino. Se gana altura por la difusa vaguada. Más arriba se inicia una travesía hacia la izquierda, a través de una incómoda pedrera, retomando la traza del pisado sendero. Un grisáceo argayo se descuelga vertiginosamente sobre el cauce del río Cantiján. El inestable terreno se halla sometido a la inexorable ley de la gravedad. El pedregoso piso de fina gravilla se precipita por el argayo hacia el lecho del río, desgastando la caja de un camino que ha degenerado en un peligroso sendero. Un estrecho paso por la cabecera del argayo lleva al talud fijado por el solitario árbol de referencia.
Se dobla el canto por un camino / pista deteriorado y abandonado, reintegrándose en los dominios del bosque. Corta las laderas que se descuelgan sobre el río Cantiján. Se difumina entre el pasto, poco antes de llegar a un cierre metálico. Al otro lado se encuentra la Pradería de Pesandobres, en los lindes del bosque. Se halla atravesada por las rodadas de una pista. Es un ramal que se desgaja de la pista principal Fuente Dé - Valcavao - Pandetrave. Ésta corta a media ladera la cuesta que se eleva al Norte de Pesandobres, bajo unos peñascos de roca de conglomerado. Culmina la cuesta la alargada crestería de Remoña. Al Este de la pradería, siguiendo el trazado de la pista, se encuentra el chozo de Pesandobres.
Pesandobres - Bustantivo (1 hora)
En la Pradería de Pesandobres se toma la pista de Bustantivo, señalizada (¿?) como SPR (sendero de pequeño recorrido). Se continúa hacia el Oeste. Pronto reaparecen los primeros árboles de la extensa mancha forestal que recubre la cuenca del río Cantiján. Se atraviesan las inclinadas laderas que configuran la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) de este curso fluvial. La inestabilidad de la caja terrosa de la pista obliga a asentarla, armándola con grandes troncos que contengan los argayos que la carcomen.
El río acompasa el bello paseo por el bosque con su atormentado arroyar. Impregna nuestra retina con pequeñas cascadas, semiocultas por la arboleda. La distancia que nos separa de su cauce va decreciendo paulatinamente, recuperando su compañía en el entorno de la mecedura con el arroyo de Bustantivo. El contacto con el tumultuoso torrente es efímero. La pista cruza su cauce por un funcional puente, parecido al que se utilizara aguas abajo, pero preparado para el paso de tractores y vehículos todoterreno, y se desvía por las laderas de la margen derecha del río.
Las laderas norteñas de la cuenca del río Cantiján encierran una concentración forestal más vasta que la que recubre parcialmente las laderas orientadas al Sur. El árbol dominante es el haya. Sus pobladas hojas impiden el paso de la luz, dificultando el crecimiento del sotobosque. El suelo se enriquece con los nutrientes procedentes de la descomposición de la hojarasca.
La pista, que presenta un ancho considerable, se adentra en el tupido monte Valjierro. La subida es una sucesión incesante de revueltas, procurando mantener un desnivel asequible. En los límites del bosque se encuentran las primeras camperas, contiguas al chozo de Bustantivo. En la vega brota una incipiente riega. Su arroyar se adentra en un conjunto caótico de bloques calizos que preceden la tupida mancha boscosa en que se pierde. Junto al chozo se ha levantado un buen bebedero. Comparten la vega las viejas ruinas de la antigua majada.
Bustantivo - Horcada de Somo - Collao de Somo (1 hora)
Se sigue la pista que atraviesa la vega de Bustantivo. Por encima de la línea de bosque, gana altura por una tomada ladera de matorral. En el centro de la cuesta irrumpe un solitario peñasco calizo. El largo repecho finaliza en unas portillas, sitas en la Horcada de Somo, que dan paso a los Puertos de Somo.
Traspuesta la horcada se da vista a un recogido valle. Atrás queda la bella imagen de las Peñas Cifuentes. De este cadena de torres que precede al atormentado núcleo calizo del Macizo Central, se yergue airosa la Torre de Salinas, caracterizada por las verdes traviesas que se intercalan en sus contrafuertes sureños. Detrás de esta esbelta montaña se ocultan parcialmente otras dos torres, la del Hoyo de Liordes y la del Friero. Remoña, por su parte, se ha ido empastando, difuminada entre la caliza de un universo cárstico de altivas peñas.
Los Puertos de Somo se encierran en un alargado valle. Por su lecho discurre el arroyo de Somo. Al llegar a la boca inferior del valle se precipita en un espectacular salto, rompiendo sobre las boscosas laderas que vierten al río Cantiján. La Sierra del Caballo delimita la profunda vaguada por el Sudeste. La línea cimera de la sierra presenta una alargada llomba ascendente. Tomadas cuestas de matorral se deslizan hacia lo más profundo del puerto. En el límite Noroeste del valle se extiende un heterogéneo cordal que culmina en el Alto de la Triguera (1.916 m.). En su extremo nororiental, que cae sobre la Horcada de Somo, irrumpen los abruptos contrafuertes calizos sobre los que se asientan las cuestas cimeras del cordal. El Alto de la Triguera y la cuesta somital de la Sierra del Caballo (1.858 m. ) se unen en la cabecera del valle configurando el vasto Collao de Somo.
Se devola la Horcada de Somo y se descienden apenas unos metros por la pista que entra en los puertos. Ésta traza un marcado giro a la izquierda (primera curva de una doble revuelta), momento en el que se abandona su compañía. La pista baja hasta el fondo del valle. Cruza el arroyo de Somo y empieza a remontar por las cuestas de su margen derecha, alcanzando la cuerda cimera del sector inferior de la Sierra del Caballo. Como decía, en la primera revuelta se continúa de frente por un deteriorado camino carretero que se dirige (Sudoeste) en dirección al Collao de Somo. Por la abertura del valle se recupera la vista de la cuenca del río Deva, en cuyas entrañas se cobijan los pueblos de Pido y Espinama.
Nuestro camino se abre paso entre la pedregosa falda de los contrafuertes que delimitan los Puertos de Somo por el Noroeste. No se han caminado cincuenta metros cuando se llega a una bifurcación. El ramal de la derecha tiende a la base de la pared. Entra en un abrigado hoyo formado por una tremenda laja desgajada de la muralla caliza. Abandonados muros de piedra parecen reflejar un uso ganadero de este protegido refugio natural. El camino del Collao de Somo bordea esta aguja caliza por la izquierda. Discurre prácticamente en llano, paralelo a la barrera rocosa que domina las laderas de este extremo del valle de Somo.
Un segundo peñasco se pasa por su derecha. La travesía prosigue a media ladera en dirección a la vasta collada que cierra la profunda vaguada. Superado el punto intermedio del largo flanqueo, el Alto de la Bejerina empieza a aparecer por detrás de la voluminosa cuesta cimera de la Sierra del Caballo.
El camino se adentra entre las escobas y sale al Collao de Somo (1.679 m.). Un cierre metálico sigue la línea de la collada. Al otro lado se encuentra la cabecera de un angosto valle. Por sus entrañas discurre un tortuoso torrente que ha horadado un estrecho desfiladero. Confluye en su parte inferior con el valle del Escaño, en una extensa vega por donde serpentea la carretera del Puerto de Pandetrave (Portilla de la Reina - Puerto de Pandetrave - Santa Marina de Valdeón).
La cabecera del Valle de la Mostajal está presidida por el Alto de la Triguera. Esta plana cuesta amesetada se alza entre el Collao de Somo y el Collao Cadrieda. Por este collado se pasa a la vertiente del Valle de Valdeón, enlazando con la pista que baja al Puerto de Pandetrave (Fuente Dé - Valcavao - Puerto de Pandetrave).
Collao de Somo - Altos de la Bejerina (45 minutos)
Los Altos de la Bejerina se encuentran al Sur - Sudeste del Collao de Somo. Es fácil de identificar su morro somital por la marcada falla que lo recorre.
En el Collao de Somo se toma un sendero que bordea a media ladera la cuesta cimera de la Sierra del Caballo. La senda faldea, en cómodo ascenso, las tomadas laderas Sudoccidentales de esta extensa cuesta. A lo largo de la vereda se han ido depositando las pesadas estacas metálicas que se emplearán para continuar el cierre que divide los pastos cántabros y leoneses en el Collao de Somo. Flanqueada la Sierra del Caballo se afronta el último repecho, por la cuerda de la cordillera, a coronar los Altos de La Bejerina (1.977 m.).
Los Altos de la Bejerina están integrados por dos cimas. En la peña sureña se conservan los restos de lo que parecen viejas trincheras de la guerra. La cima que se observa desde el Collao de Somo se caracteriza por la profunda falla que quiebra sus laderas. La vertiente Noreste de la montaña presenta vertiginosos descuelgues sobre el Collao de La Bejerina. Junto a esta verde collada irrumpe un peñasco calizo que presenta verticales desplomes sobre una recogida vaguada. En el fondo del valle destaca la campera de la Vega de Arriba. Aún se conserva en pie un chozo, con chimenea y un catre para dormir. En la vega se coge una de las pistas que, por el valle del río las Bárcenas, baja a la quesería de Pido. Al Sur de la Vega de Arriba, presidiendo las laderas norteñas de este abrigado valle, se extiende el cortante cresterío calizo de los Altos de la Mostajal, que llega a elevarse por encima de los dos mil metros.
Los Altos de la Bejerina se integran en el sector de la Cordillera Cantábrica comprendido entre los Puertos de Pandetrave y de San Glorio. La cumbre dominante de este tramo de la Cordillera es el Coriscao (2.236 m.). No obstante, cualquiera de las diversas cimas de esta cuerda de cumbres goza de bellas panorámicas. La modestia de los Altos de la Bejerina respecto a este vértice geodésico sólo es predicable respecto de su altura. Ambas cimas disfrutan de un paisaje abierto a los cuatro puntos cardinales, aunque acaparado por la omnipresente hermosura de los Picos de Europa.